9 de febrero de 2011

Hoy respiro mierda gracias a Gallardón y Botella

Hoy respiramos mierda en Madrid. Sí, así de rotundo. Y todo gracias a que el “mejor” alcalde del mundo para algunos, el señor Alberto Ruiz Gallardón, no ha tomado ninguna medida preventiva para evitar esta situación. La “boina” de contaminación que asfixia estos días a Madrid, y también a Barcelona, ha disparado las alertas y ha reabierto la polémica en torno a qué medidas se deben adoptar. Pero sólo eso, “polémica”, porque hacer, aquí nadie hace nada.

Los expertos advierten de que los niveles de polución que se están alcanzando suponen un riesgo grave para la salud, la Unión Europea los califica directamente de “ilegales”, pero el alcalde Gallardón asegura que la contaminación que se registra estos días en la capital se consideraba “normal” hace cinco años y está “muy lejos de los niveles de alerta”. Aun así, y según datos de la Comisión Europea, la contaminación atmosférica provoca actualmente unas 370.000 muertes prematuras en la Unión Europea, unas 16.000 en España.

¿Y qué se hace para evitarlo? Nada. Absolutamente nada. Anoche, Buenafuente emitió un vídeo imitando el nuevo spot de Coca Cola. Sus afirmaciones, esclarecedoras: “Por cada político que pide que usemos el transporte público, salen 30.000 coches oficiales a la calle” o “se multa más por contaminar con un cigarrillo que con una central nuclear”. En Madrid las políticas de movilidad sostenible no existen. Nadie usa la bicicleta y ni siquiera hay servicio de alquiler como existe en otras ciudades españolas y europeas. Los transportes públicos casi siempre van a rebosar y los ciudadanos siguen usando el coche como si les fuera la vida en ello.

Y a Gallardón lo único que se le ocurre es pedir a los ciudadanos que usen más el transporte público y  pedir al Gobierno de España que no siga bonificando los coches diesel, los más contaminantes, ya que “esta política lo que haces es contribuir de forma muy importante a que las ciudades no alcancen los niveles de aire limpio que marca la UE”.

La confederación de Ecologistas en Acción pide soluciones al alcalde. Pero éste hace oídos sordos. Las medidas no pueden improvisarse en un día, sino que deben prepararse con antelación suficiente. El Ayuntamiento debería tener preparados protocolos previos o planes de calidad del aire para cuando se superen los niveles máximos de contaminación permitidos, tener bien informada a la población y ponerlos en marcha de forma inmediata.

Para los ecologistas, la medida del Ayuntamiento que consistió en solicitar en los paneles de información de la M-30 que se utilizara el transporte público, “es casi indignante, ya que el consistorio tiene la obligación legal de poner en marcha medidas que reduzcan en el menor plazo posible la contaminación a límites tolerables”. Y es que hoy ha habido los mismos atascos de siempre, por lo que los niveles de contaminación van a seguir creciendo, ya que el anticiclón que descansa en Madrid forma una boina cada vez mayor.

Es más, según datos de Europa Press de esta misma mañana, la circulación en la zona urbana (interior de la M-30) ha aumentado en hora punta (entre las 7:00 y las 10:00 horas) un 0,27 por ciento respecto a ayer y un 0,50 por ciento respecto a la jornada del lunes. En cuanto al tráfico en la propia M-30 (descubierta), se ha reducido el tráfico un 0,33 por ciento respecto a ayer martes, pero ha aumentado un 0,66 por ciento en comparación con los datos registrados el lunes.
Personalmente, me parece indignante la autocomplacencia de Gallardón y de su ministra de Medio Ambiente, la señora Ana Botella en un tema que afecta directamente a la salud pública. La ley dice claramente, según Ecologistas en Acción, que tiene que haber protocolos y planes de actuación a corto plazo para poder actuar de forma inmediata, pero no hay nada.

El 75 por ciento de la contaminación proviene del tráfico, por lo que habría que reducir el tráfico con medida a corto plazo. ¿Cómo se consigue eso? Restringiendo el acceso al interior de la M-30 y cerrando carriles. Pero eso no puede improvisarse de un día para otros, ya que crearía el caos en la ciudad. Hay que avisarlo y tener un protocolo de actuación para que la gente sepa con antelación que no puede venir con su coche a Madrid.

Gallardón contra la polución

Esta mañana, Ignacio Escolar ha publicado en su blog un breve, pero interesante artículo donde recogía las medidas que Alberto Ruiz Gallardón ha tomado para frenar la contaminación de la capital en los últimos años. Reproduzco una parte a continuación:

El 9 de febrero de 2006, el alcalde se comprometió a vetar la entrada de los coches más contaminantes al centro de Madrid para 2008. No lo cumplió. En el año 2008, la concejala ‘ecologista’ Ana Botella anunció que esta medida arrancaría en 2010. Tampoco lo cumplió. Dicen que para el próximo mandato. Habrá que verlo.

Y sigue Escolar: Pero no hablemos sólo de lo que no ha hecho el alcalde para quitarnos la boina de mierda que enferma Madrid. Más allá de peatonalizar algunas calles y renovar la flota de autobuses, las medidas estrellas de Gallardón contra la polución son cinco:

1. Cambiar los medidores de sitio y alejarlos de las zonas más sucias. Según Esperanza Aguirre, presidente de la Comunidad, se cambiaron porque estaban situados “en sitios con niveles más altos de contaminación, por lo que se ubicaron en zonas con contaminación más representativa”. Casualmente, los índices registrados bajaron de inmediato un 20% pero, a pesar de ello, se seguían incumpliendo los máximos que marca la UE.

2. Renovar la flota de vehículos del Ayuntamiento por modelos híbridos de bajo consumo. Medida que apenas se ha notado en los niveles de polución.

3. Un descuento del 75% en el impuesto de circulación para los coches eléctricos. Una increíble exención de la que se benefician dos coches –¡dos!– de los 1.740.000 que hay en Madrid.

4. Animar a los madrileños a que usen el transporte público. Sin ningún éxito, como ya demostré más arriba.


En definitiva, que mientras la señora Botella y el señor Gallardón obvian el problema, nosotros, los sufridos ciudadanos, seguimos respirando mierda. Ni se han creado las prometidas ZEB (Zonas de Emisión Baja) para vetar a los coches más contaminantes al centro de Madrid ni se han tomado las medidas que exige la UE. Lo único que ha hecho Ana Botella ha sido pedir una moratoria a Europa de cinco años más para llegar a los límites exigidos en 2010... Vergonzoso.

La única solución es tomar medidas drásticas. Londres (en la foto de la izquierda) tiene un peaje urbano desde 2003. Si un coche quiere entrar al centro de la ciudad, tiene que pagar ocho libras (9,5 euros) al día. Y a esta zona de peaje la circunda una ZEB por la que no pueden circular los vehículos más contaminantes. El tráfico se redujo un 25% en cinco años. En las grandes ciudades alemanas también hay una “zona ecológica” que prohíbe circular a los coches más sucios. Roma cuenta con un sistema de prohibiciones que varía en función de la zona y el tipo de vehículo. Además, cuando los niveles de contaminación se disparan se restringe la circulación a los vehículos con matrícula par o impar, según el día. O si se considera que la situación es extrema, se prohíbe completamente la circulación.

Y mientras tanto, Gallardón sigue echando la culpa a ZP. Qué país y qué ciudad más ridículos. Cada vez lo tengo más claro: en junio diré bye, bye Madrid. Y durante un tiempo espero que también bye, bye Spain. Con lo bien que se respira en Córdoba... 
  

8 de febrero de 2011

La máquina que venció a Napoleón al ajedrez

En aquel otoño de 1769, el barón húngaro Wolfgang von Kempelen no podía imaginar la que se le venía encima cuando fue invitado a la corte de la emperatriz Maria Theresa de Austro-Hungría. Al llegar allí, la emperatriz le anunció que había sido invitado para ser testigo de la actuación de un prestidigitador francés. Kempelen, entendido en física, mecanismos e hidráulica, debía intentar explicar a Maria Theresa los trucos del francés aplicando la ciencia. Pero más que eso, la actuación dio una idea magistral a Kempelen que le hizo famoso: construir una máquina extraordinaria que combinando 'magia' y ciencia supiera pensar y jugar al ajedrez.

Tras seis meses de arduo trabajo, presentó el autómata: un hombre mecánico, vestido con un atuendo oriental, sentado detrás de un gabinete de madera y capaz de jugar al ajedrez. Antes de cada partida, Kempelen retiraba el ropaje al “Turco”, que así se llamó más tarde a la máquina, para demostrar que dentro no se escondía ningún hombre. Aseguraba que todo era fruto de un milagro.
Pero el “milagro” se le fue de las manos. En aquellos tiempos era común elaborar juguetes automatizados y mecánicos para entretener a la realeza, por lo que pronto se corrió la voz de la gran máquina ideada por Kempelen. Tanto que su fama se extendió a través de toda Europa, llegando incluso a América. La desesperación del inventor era cada vez mayor...

Durante los 85 años de historia de la máquina, el famoso autómata de Kempelen consiguió vencer a personalidades como Benjamin Franklin, Catalina la Grande, Napoleón Bonaparte, Charles Babbage y Edgar Allan Poe. Pero, ¿fue este artilugio el primer ordenador o máquina pensante?

A los ojos modernos, en una era en la que se requiere de una supercomputadora para derrotar a un campeón de ajedrez, parece obvio que la máquina de Kempelen tenía algo de truco. En realidad, se la conoce como “el falso autómata”, puesto que se demostró que la máquina de ajedrez funcionaba bajo un fraudulento control de un operador humano, algo así como un títere movido por hilos. La cabina era una ilusión óptica bien planteada, que permitía a un maestro del ajedrez esconderse en su interior y operar al Turco como si fuera un maniquí.

El Turco se hizo tan famoso que robaba la atención a los otros inventos de Kempelen y el Barón desesperado se lo vendió a Johann Nepenuk Maelzel, el inventor del metrónomo, que se lo llevo a América. Allí, como ya cité más arriba, venció a Edgar Allan Poe, que escribió un ensayo para desenmascararlo, titulado El jugador de ajedrez de Maelzel, donde decía: “Existe un sujeto, un tal Schlumberger, que acompaña a Maelzel donde quiera que va... nunca se deja ver durante las exhibiciones del jugador de ajedrez, pese a que frecuentemente se encuentra visible antes y después de las mismas... Hace algunos años Maelzel visitó Richmond con su autómata, Schlumberger cayó súbitamente enfermo y durante su enfermedad no hubo exhibiciones del ajedrecista. Las inferencias de estos hechos las dejamos, sin más comentarios, al lector”.

Aun así, durante el siglo XVIII se construyeron verdaderos autómatas de extraordinario ingenio. Como, por ejemplo, el pato mecánico de Jacques de Vaucanson, el toca-clavicordio de Henri Louis Jaquet-Droz y la Dama bailarina de John Joseph Merlin. Estos dispositivos mecánicos ya parecían mágicos, por lo que el hecho de pensar que la máquina de Kempelen realmente pudiese jugar al ajedrez no era descabellado. Aun así, hay investigadores que critican la teoría anteriormente expuesta del “experto en el interior”, ya que alegan que el hueco era demasiado pequeño. ¿Se trataba de trucos mecánicos, magnetismo? ¿O realmente se encontraba un enano, un niño o un hombre sin piernas en el interior? ¿Era la máquina controlada remotamente desde otro cuarto o bajo el suelo? Nunca lo sabremos.

De lo que no hay duda es de Kempelen consiguió que la gente debatiera y se cuestionara acerca de si las máquinas eran o no capaces de razonar. ¿Podrían llegar a imitar facultades y reacciones humanas? Según se recoge en el libro “El Turco”, publicado en 2002 por Walter & Company, “el debut de la máquina coincidió con los principios de la Revolución Industrial, cuando las máquinas por primera vez empeazaban a desplazar a los trabajadores humanos y se estaban redefiniendo las relaciones entre máquinas y humanos. El jugador de Ajedrez presentaba un desafío hacia cualquiera que se refugiaba en la idea de que las máquinas podían ser capaces de superar a los humanos físicamente, pero no mentalmente”.

El Turco fue donado al Museo Peale de Filadelfia. En 1854, 85 años después de su construcción, fue destruido en un incendio. Según un libro publicado por Silas Mitchell, hijo de John Mitchell, último dueño de la máquina, al menos 15 jugadores de ajedrez habían operado al autómata a lo largo de su existencia. Aun así, nadie pudo demostrar que verdaderamente ese fuera el secreto de la extraordinaria máquina de Kempelen. 

Si deseas conocer más anécdotas sobre esta máquina, pincha aquí
  

7 de febrero de 2011

Chumilla y Sancho demuestran que el grafiti no tiene edad

Para ser gafitero no es necesario tener 20 años. Sin duda, fue una de las frases más escuchadas cuando los cientos de curiosos que ayer abarrotaron el barrio de Malasaña en el centro de Madrid se encontraban con dos artistas que, espray en mano, superaban el medio siglo: el yeclano Vicente Chumilla y su compañero Paco Sancho.

El barrio de Malasaña se convirtió ayer en una verdadera galería de arte al aire libre donde casi un centenar de artistas del grafiti, nacionales y extranjeros, dieron vida a más de 100 persianas cedidas por los comercios para ser pintadas. Durante toda la jornada, el barrio respiró ambiente de fiesta. Miles de personas pasearon por todas las calles admirando las creaciones, algunas de ellas espectaculares, que decoraron los cierres metálicos de la zona.  
Ilusionados por el proyecto, promovido por el colectivo artístico catalán Persianes Lliures (Persianas Libres) y el diario digital Somos Malasaña y apoyado por la asociación de vecinos del barrio, Vicente Chumilla y Paco Sancho no dudaron en lanzarse a la aventura. Nunca antes habían pintado con espray ni habían reflejado su arte en la calle. Ambos se conocieron hace décadas, cuando Chumilla dejó Yecla para venir a estudiar a Madrid. “Amigos y rivales”, aseguran, ayer disfrutaron como niños. “Cuando empiezas a coger el tranquillo al bote, te das cuenta de que si no es con espray, no hay forma de pintar un cierre metálico con formas redondeadas”, explicaba Chumilla, ensimismado en su trabajo.

Pero pronto, sobre todo cuando pintaron sus dos primeros grafiti en plena Plaza del Dos de Mayo, se convirtieron en foco de atención. Gran parte de los medios de comunicación que se hicieron eco del espectáculo eligieron a Chumilla y a Sancho como protagonistas. No es normal encontrarse con dos “abuelos”, como ellos mismos se denominaban, decorando un cierre metálico. Les gusta innovar. De eso no hay duda. Ver a dos pintores consagrados trabajando un grafiti es, cuanto menos, inusual. Quizá no les acompañe la estética hiphopera, punk o hippy, pero sí el espíritu creador y rompedor.

Sancho nació en Madrid en 1951. A lo largo de su vida hay una dedicación predominante a la pintura, comenzando su aprendizaje en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid en las modalidades de pintura, dibujo, grabado, litografía y serigrafía. Desde 1973 lleva realizando exposiciones en las galerías más importantes de España y a nivel internacional su fama se extiende a varios países de Europa y América, con obra en los principales museos y colecciones particulares de Francia, España, Puerto Rico, Israel, Portugal, Japón, Alemania e Inglaterra. Resaltan exposiciones en la Galería Madrid-Berlín y en el Auditorio de música de la capital alemana. Lo más predominante de su obra son figuras de payasos, personajes de la vida, música y paisajes donde el color y la luminosidad son los verdaderos protagonistas.


Por su parte, poco hay que decir de Vicente Chumilla que no se sepa. Apenas hay palo artístico con el que no se haya atrevido este yeclano residente en Madrid desde 1981. “Aprendí a dibujar con una gubia, trabajando sobre madera”. Así empezó todo. “Comencé tallando madera y haciendo grabados sobre este mismo material, aunque siempre he tenido dentro la idea del color y, por ello, me pasé a la pintura, sobre todo de paisajes, paisajes que en el transcurso del tiempo han perdido la línea del horizonte y se han convertido en cuadros abstractos”, explicaba en una entrevista hace unos años. “Antes hacía una pintura más gris, pero la evolución me ha llevado a colores más intensos y a una aplicación más moderada de la materia”. En sus inicios también se apoyaba en una pintura figurativa un tanto geométrica, que se acercaba al primer cubismo, “pero acabé huyendo de la pintura figurativa porque no encontraba temas para expresarme. Descubrí que lo que me emocionaba no eran cosas concretas. (...) Y a fuerza de ir perdiendo poco a poco las formas me encontré, casi sin enterarme, haciendo abstracto”.

Ayer decidieron probar con algo nuevo, el grafiti. Este tipo de pintura, generalmente sobre mobiliario urbano, no es nuevo. Los romanos, como puede apreciarse en la ciudad de Pompeya, ya hacían pintadas en las calles de tipo reivindicativo. Hoy se ha rebautizado como uno de los cuatro elementos básicos de la cultura hip-hop, resurgido con fuerza en la década de los 60’ en Estados Unidos, afianzado después del Mayo del 68 parisino.

En España, la cultura del grafiti comenzó casi de forma espontánea, al contrario que en el resto de Europa que se desarrolló por influjo estadounidense. Fue en la década de los 80’, en plena Movida Madrileña, cuando varios jóvenes se pusieron a escribir en las calles, los metros, las estaciones... primero con rotuladores y más tarde con espray. En aquellos primeros años, Muelle (Juan Carlos Argüello), muy imitado ayer en las calles de Malasaña, fue el primero en aparecer alrededor de 1980. Más tarde surgieron otros como Bleck (la Rata) y Glub. Era un movimiento descontrolado que empezó a denominarse como grafiti autóctono madrileño. 

Con el paso de los años, el grafiti sigue reivindicándose. Ilegal, perseguido y penalizado, la pintura urbana, a pesar de su vistosidad, sigue sin tener hueco en la sociedad. De hecho, el Ayuntamiento de Madrid no apoyó la iniciativa de Persianes Lliures y Somos Malasaña, que ayer demostró a los miles de ciudadanos que se pasearon por el barrio que el arte va mucho más allá del lienzo o la escultura.

Además, me voy a permitir la licencia de aconsejaros la película Exit Through The Gift Shop, nominada al Oscar en 2010 como mejor largometraje documental. Narra la historia de Thierry Guetta, un francés residente en Los Ángeles, obsesionado con grabar todo con su cámara de vídeo. De cómo se metió en el mundo del arte urbano y conoció al que es el grafitero más famoso de la historia, Banksy. Un artista que ha demostrado que el street art es mucho más que una filosofía reivindicativa.

Vicente, un “pintor convencional” como él mismo se definió ayer, dio forma a un ángel negro en la persiana de un estanco situado en la Plaza del Dos de Mayo. Era su primera intervención urbana. Una imagen llamativa porque el arte en la calle “tiene que llamar la atención. El mensaje ha de llegar más rápido”. Sin duda alguna, lo ha conseguido. Su ángel caído ha aparecido en multitud de medios de comunicación. Y es que, el señor Chumilla, que ayer disfrutó junto a Sancho como si tuviera 20 años, sigue demostrando tener un alma tan creativa como reivindicativa. ¡Y por muchos años!
  
Fotos:
1. Chumilla y Sancho delante del grafiti de Sancho en calle Barco, 40
2. Grafiti de Chumilla en calle Barco, 40
3. Los dos artistas en plena faena
4. Grafiti de Sancho en el estanco de la Plaza del Dos de Mayo
5. Grafiti de Chumilla en el estanco de la Plaza del Dos de Mayo

5 de febrero de 2011

La guerra del agua ha empezado

Los analistas empiezan a preocuparse. Ya no hay duda alguna: el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI va a ser el del agua. En 2025 la demanda de este elemento vital para la vida humana será un 56 por ciento superior que el suministro, y quienes posean agua podrían ser blanco de un saqueo forzado. Si todo sigue igual, dentro de unas décadas Brasil se convertirá en el Oriente Medio del agua. El acuífero Guaraní, la mayor reserva de agua dulce conocida hasta ahora, ocupa más de 840.000 kilómetros cuadrados bajo su territorio. Por si acaso, Estados Unidos ya ha instalado algunas bases militares en la zona. El control de ese territorio se presume primordial en un futuro. Pero empecemos por el principio.

Desde la Antigüedad, el agua ha sido siempre motivo de preocupación para las distintas civilizaciones. Los egipcios crecieron en torno al Nilo, los romanos difundieron su imperio gracias a su perfección en la canalización de las aguas mediante acueductos... El agua era una diosa más a las que adorar y dar gracias.

Pero hoy, cientos de años más tarde, ya nadie se preocupa del agua. Ni organizaciones internacionales ni Estados, ni los propios ciudadanos. Nadie. Y el mundo se está quedando sin agua. El 97% del agua de la tierra es salada. Sólo el 3% es dulce. Pero de ese pequeño porcentaje, una parte importante está contaminada y no es apta para el consumo. Una contaminación que, en gran parte, se debe al vertido de residuos industriales. Por ejemplo, en la frontera de México y Estados Unidos está el Río Nuevo, que es el más contaminado de Norteamérica. El agua contiene los virus de la polio, tuberculosis, hepatitis... Ese río, que discurre por el noroeste mexicano, riega los campos de cultivo que después alimentan a Ciudad de México.

Pero además, el agua se consume y se derrocha sin ningún tipo de control. Los acuíferos se están secando a velocidades inusitadas, tanto que se están produciendo corrimientos de tierra por las oquedades que se crean. Los subsuelos se quedan vacíos y el terreno se hunde. Y es que extraemos hasta 15 veces más de agua de la que se regenera. Ante este consumo irresponsable, los suelos se erosionan, las inundaciones se suceden y apenas se filtra agua al subsuelo.

Pero, ¿cómo hemos llegado a la situación actual? Muy sencillo: en los 80’, los gobiernos neoliberales de Reagan, Thatcher e incluso del socialista Mitterrand permitieron la privatización del agua. Empresas como Suez, Veolia o RWE Thames, que comenzaron por aquellos años a comercializar con el agua, son hoy grandes multinacionales que tratan el agua como un bien económico más.

Además, organizaciones como la ONU vio con buenos ojos que se privatizara el agua de países en desarrollo a cambio de que se les condonara la deuda internacional. Así que pronto estas grandes empresas antes mencionadas se adueñaron de las aguas de Argentina, Puerto Rico, Indonesia, Chile... creando así otra forma más de colonialismo salvaje.

Y algunos dirán que el agua siempre puede desalinizarse. Sin duda, otra forma de negocio de la que se están aprovechando las grandes empresas. Incluso de la descontaminación de las aguas. Son procesos muy costosos que encarecen el precio final del agua potable. Es decir, más dinero para estas empresas. 

Además, entran donde nunca antes lo ha hecho. Sin pedir permiso y desoyendo las voces que se alzan en contra. Por ejemplo, Nestlé está embotellando el agua de los Grandes Lagos. Los ciudadanos del estado de Wisconsin se amotinaron en contra de la multinacional y, a pesar de las extorsiones, consiguieron ganar el juicio. Pero Nestlé recurrió y al final se le concedió el permiso de extracción de agua.

Pero estas empresas no han entrado sólo a los grandes países, como decía antes, también han irrumpido en países como Kenia, donde se cosechan las rosas que día tras día se venden por toneladas en Europa. Por ejemplo, cada docena de rosas necesita unos 120 litros para poder salir adelante, mientras que a escasos kilómetros los kenianos tienen que andar durante horas para poder encontrar algo de agua potable.

Guerra del Agua


El agua ya es sinónimo de poder. Allá donde un río fluye en libertad, una empresa ve una fuente de ingresos. Como si fuera petróleo. Por ejemplo, en países como China se paga a avionetas para que provoquen la lluvia antes de que las nubes lleguen al siguiente pueblo. Esto crea fuertes conflictos entre ciudades vecinas.

En la India, hay una violenta guerra alrededor del Río Kaveri. Los dos grupos étnicos que dependen del río están incluso secuestrando a ciudadanos importantes de ambos bandos y pidiendo agua como rescate. Sin embargo, muchos problemas de este tipo se presentan como problemas religiosos cuando en verdad son guerras por recursos básicos como el agua.

Otro claro ejemplo se produjo en Bolivia en 1999. El Banco Mundial impulsó a la multinacional Bechtel a que firmara un contrato con Hugo Banzer, presidente boliviano y antiguo dictador, para privatizar el suministro de agua en Cochabamba, la tercera ciudad más grande de Bolivia. De hecho, Bechtel entró porque antes el propio Banco Mundial había rechazado conceder un préstamo al país para crear una cooperativa que controlara el agua de la ciudad. Pues bien, el pueblo de Cochabamba salió a la calle, se rebeló contra Bechtel y el presidente sacó el ejército a las calles. Tanto se recrudeció la situación que incluso se prohibía a los ciudadanos almacenar agua de lluvia.

El encarecimiento del agua fue insoportable para muchas familias que se vieron obligadas a retirar a sus hijos de las escuelas o a dejar de visitar médicos como consecuencia de los precios del agua. Se declaró la ley marcial y la policía mató al menos a seis personas e hirió a más de 170 participantes de las protestas. Pero esta vez ganó el pueblo. Finalmente, el gobierno boliviano no vio más salida que rescindir el contrato de aguas con Bechtel y expulsar a la empresa del país.

El futuro

Brasil, Canadá y Rusia son ahora mismo los tres países que más reservas de agua tienen en el mundo. Por tanto, empiezan a tomar posiciones como potencias. Estados Unidos ha firmado acuerdos comerciales de agua con Canadá, pero nadie ha criticado la medida. Es más, Estados Unidos, como ya comenté al principio del artículo, ha colocado bases militares en Brasil y Paraguay, una zona conocida ya como el Oriente Medio del agua en el futuro. El acuífero Guaraní, el más grande del mundo, se extiende por el subsuelo de Brasil, aunque también por parte de Paraguay, Argentina o Uruguay.

La única solución es garantizar el acceso de todo el mundo al agua para que no se comercialice. Es un bien fundamental para la vida y es vergonzoso que se haga negocio con ella. Países como Yemen, donde el agua es un bien escasísimo, están sufriendo gravemente las consecuencias de esta brutal comercialización. En este país árabe, cada habitante sólo dispone de 125 metros cúbicos anuales, frente a los 2.500 de media mundial. El ritmo de consumo supera al de reposición y las guerras por el control de la poca agua que queda están derramando demasiados litros de sangre.

Los gobiernos deberían volver a controlar el abastecimiento de agua, cortando de raíz el control privado de este recurso fundamental para la vida. Se tiene que frenar la desalinización y dejar que los acuíferos se regeneren sin extraer de forma tan inconsciente. Porque si el dinero empieza a ser más importante que el agua, ¿a dónde vamos a llegar? Los Estados y las organizaciones internacionales son quienes deben actuar si no, las guerras por controlar los escasos acuíferos del mundo se sucederán en los próximos años. Y sin petróleo podemos vivir, pero ¿sin agua?

Oro Azul: La Guerra del Agua

4 de febrero de 2011

Pedro Rubio marca una época en la historia del clarinete en España

Tener la suerte de departir con el clarinetista yeclano Pedro Rubio es un verdadero placer para los sentidos y el intelecto. Los conocimientos musicales de este ilustre yeclano son inabarcables para cualquier aficionado medio. El amor por este arte y, especialmente, por el clarinete y el clarinete bajo lo han convertido, sin duda alguna, en uno de los mayores especialistas que tiene nuestro país en la materia.

Seguro que cuando lea el titular que le dedico me dirá que exagero, pero es eso mismo, la humildad, lo que convierte al maestro en genio. Y es que, el Genio, como cariñosamente se le conoce entre los músicos yeclanos, acaba de marcar un hito en la historia de la música española. Aunque no quiera darle la importancia que merece, Pedro Rubio Olivares se ha convertido en el primer profesor especializado en clarinete bajo del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid.

El clarinete bajo, instrumento inventado por Adolph Sax (creador también del saxofón) en la primera mitad del XIX, pertenece a la familia del clarinete, por lo que los conservatorios españoles siempre lo han asumido como una asignatura complementaria. Pero por fin, y tras varios años de lucha, en noviembre pasado se convocó una plaza para incorporar al amplio y prestigioso elenco de profesores del Superior de Madrid a un profesor especialista de este instrumento.

Tras las pruebas pertinentes, el yeclano Pedro Rubio, que fue director de la Banda de Yecla entre 1987 y 1990, sacó la mejor puntuación y se llevó la plaza. La relación de Pedro con el clarinete bajo nació hace unos años. Después de haber obtenido importantes distinciones como clarinetista (por ejemplo posee el Clarinet Performing Diploma otorgado por el Royal College of Music de Londres) y haber perfeccionado sus estudios con virtuosos del clarinete como Andrew Mariner, Pascal Maragues o Alois Brandhofer, entre otros muchos, decidió enfocar su mirada en el hermano mayor de la familia, el clarinete bajo.

Por aquel entonces, allá por 2003, la especialización en clarinete bajo sólo se podía desarrollar en el Conservatorio de Rotterdam (Holanda), gracias al profesor Henri Bok. Tras varios años estudiando, Pedro Rubio obtuvo el Bass Clarinet Diploma, convirtiéndose así en el primer español que conseguía dicha distinción.

Desde entonces, Pedro siempre ha luchado por que el clarinete bajo tuviera en España un reconocimiento similar al que tiene en países como Holanda, Inglaterra o Alemania. Fundó y presidió la Asociación Española de Clarinete Bajo, organiza conciertos y audiciones, congresos y seminarios. Cuando hablas con él te preguntas cuándo duerme, pues además forma parte de la junta directiva de la Asociación Española de Clarinete (ADEC) y es el representante en España de Eurocass, la asociación europea de dicho instrumento.

Además, con esta última asociación está organizando el próximo congreso europeo de clarinete, que se celebrará en diciembre de este año en Madrid. Esta asociación europea, que nació con la idea de unificar en una sola voz a las diferentes asociaciones nacionales de Europa, pretende organizar en España, gracias a la perseverancia de Pedro Rubio, el congreso mundial de clarinetistas en 2015, coincidiendo así con el bicentenario del nacimiento del prestigioso clarinetista y editor Antonio Romero y Andía, al que le debemos la edición de más de 6.000 obras en el complicado siglo XIX.   

Labor investigadora

Pero además, Pedro Rubio es investigador, sin duda la tarea que más tiempo le ocupa y que compagina con su labor de profesor en el Conservatorio Joaquín Turina y ahora, también en el Real, donde cuenta ya con doce alumnos para su especialización en clarinete bajo.

Esta tarea investigadora, donde se introdujo gracias a su mujer, la pianista Ana Benavides, con la que ofrece múltiples conciertos, le ha sumergido de lleno en el siglo XIX. Todo comenzó un día en que Ana, que ha publicado decenas de grabaciones y partituras para piano que estaban “perdidas” en archivos históricos repartidos por todo el país, encontró un original para clarinete del que Pedro no tenía constancia. Hoy, tras muchos meses de ardua búsqueda, la conclusión que obtiene es esclarecedora: “La música del XIX existe, pero no la conocíamos. El XIX no importaba. Se editaban obras para piano, guitarra... pero para clarinete se quedaban manuscritas y guardadas en archivos porque su edición no era rentable”.

Pedro Rubio dirigió la banda a finales de los 80'

Pedro Rubio ha recuperado obras de Barbieri, de Antonio Romero, de Hilarión Eslava, de Emilio Arrieta... es decir, de grandes compositores del XIX, que veían como sus composiciones dedicadas a instrumentos de viento y, concretamente a clarinete, habían caído en el olvido más recóndito. Y para dar a conocer todos sus apasionantes hallazgos, Pedro y Ana abrieron Bassus Ediciones, una editorial donde publican partituras, manuales, métodos de estudio y cedés grabados por ellos mismos dedicados al piano, el clarinete y el clarinete bajo, todo fruto de la investigación y de la pedagogía que ambos desarrollan.

Coleccionista de clarinetes

Por último, de manera anecdótica, cabe destacar que Pedro Rubio es coleccionista de clarinetes antiguos. Esta afición siempre le ha acompañado, de hecho, a finales de los 90’ estudió clarinete histórico con el profesor Carles Riera en el Conservatorio de Granollers. Hoy, una década después, Pedro, además de pertenecer a un grupo de instrumentos antiguos con el que actúa de vez en cuando, atesora una flamante colección de 35 clarinetes, fabricados entre 1780 y 1950, es decir, antes de que todas las marcas estandarizaran la fabricación. 

En conclusión, Pedro Rubio se ha convertido en un referente nacional e internacional en el mundo del clarinete y del clarinete bajo. Su labor pedagógica e investigadora está dejando un legado que ya empieza a ser admirado por los amantes de este instrumento. Sus manuales, sus estudios y las partituras que está rescatando de archivos de catedrales, bibliotecas, museos... no dejan impasible a ningún clarinetista. Además, su lucha constante por la puesta en valor del clarinete está consiguiendo resultados tangibles. Sin duda, Pedro Rubio, "el Genio", desde ahora también nuevo profesor del Real Conservatorio Superior de Madrid, merece el mayor de los reconocimientos.

2 de febrero de 2011

Aquí lo tenéis: Pepe, el frutero

Ayer pasé una divertida tarde. En muy buena compañía. Fui a visitar la nueva frutería que ha abierto mi amigo Pepe, el frutero. Seguro que muchos de vosotros me habréis oído hablar de él, y algunos incluso lo conoceréis, pero aun así os pongo en antecedentes.

Pepe, José Rivera según su DNI (pues tanto él como su mujer tienen ya nacionalidad española) nació en Ecuador hace 42 años. Nuca recuerdo bien si tiene 20 o 22 hermanos, así que podéis haceros a la idea de cómo fue su infancia. Su padre, un señor donde los haya, crió a sus hijos con más mano dura que sonrisas, algo que Pepe recuerda con gracia. Siendo un niño, con apenas doce años, empezó a trabajar. Tocó muy distintos palos: pintor, ayudante de fotografía... Pero Ecuador no acababa de darle lo que buscaba, así que con 17 años probó suerte en Venezuela.



En aquellos años, el país venezolano vivía un boom económico gracias al petróleo, a pesar de la crisis de los 80. Pepe aprovechó muy bien esa época y consiguió el título de técnico en electrónica. Fue allí donde obtuvo trabajos de renombre, siendo oficial en algunas empresas de electrónica y tecnología. Y desde entonces el frutero es un manitas: instala alarmas, pone hilo musical en toda la casa, repara todo lo reparable y hasta restaura y construye con desechos espectaculares coches con motor que colecciona con pasión.

Tras varios años viviendo en Venezuela con Mónica, su mujer, nació su primera hija, Diana. A los años, llegó también Jefferson, el segundo. La vida le sonreía. Tenía una bonita casa, una divertida familia y un trabajo enriquecedor. Pero, como dice Pepe, llegó el "güevón" de Chávez y la cosa se torció. Tanto que en 2002 decidió dejar Venezuela. La decisión fue complicada. Llevaba años sin visitar a su familia en Ecuador, sus hermanos se habían desperdigado por el mundo (a algunos no los ve desde hace 25 años) y en aquel país el futuro se preveía complicado.

Así que ni corto ni perezoso, Pepe decidió hacer las maletas y viajar con su familia a España. Aquí fue complicado empezar. Pero a este tío lo que más le sobra son ganas de trabajar. “Desde los doce años estoy sacándome la mierda”, dice siempre. “Eso sí, o mis hijos se lo curran o estos güevones no ven nada cuando me muera”, dice entre risas. Y es que Pepe asegura que a este ritmo se lo deja todo a su nieto, el pequeño Brian, que nació hace un par de años.

Pero vayamos por partes. Cuando Pepe llegó a Madrid comenzó a trabajar en una pescadería. Y el primer día casi se lleva un dedo por delante. El profundo corte todavía se nota. La verdad es que no empezó con buen pie. Pronto, vio la oportunidad de ponerse a trabajar en una frutería. Dio la casualidad de que el dueño de esa tienda tenía varias más repartidas por el sur de Madrid, así que pronto acabó en la calle Nuestra Señora de Valvanera, a escasos diez metros del portal de mi casa.


Conocí a Pepe en noviembre de 2007. Natalia, mi compañera de piso por aquel entonces, se hizo muy amiga de Pastor, uno de los trabajadores de la frutería. Y gracias a Pastor, conocí a Pepe, que ya entonces era el encargado. Al principio nos íbamos los tres a tomar cañas a un bar colombiano que hay en esta calle. Allí fueron tantas las anécdotas que vivimos que me pasaría horas contándolas... También fue por aquel entonces cuando comencé a llamar a Pepe, “el Gran Varón”, en honor a la famosa salsa de Willie Colón. Y es que... "no se puede corregir, a la naturaleza".

Nuestras aventuras por aquellos meses fueron memorables. Noches de cena, risas, copas... La verdad es que lo pasábamos “del puta madre”, como dice. Cada noche, después de llegar de la universidad, entraba a la frutería mientras Pepe y Jenny, la cajera, hacían los números del día. Imaginaos... me ponía fino a mandarinas, nueces, aceitunas, albaricoques, habas... Otros días bajaba a verlos y preparábamos patacones con queso en el microondas que tenían, o yo llevaba algo que había cocinado en casa para desayunar.

Pero pronto llegó la crisis. El dueño de las fruterías se vio obligado a vender y Pepe fue a parar con Jenny a otra de la cadena situada un poco más lejos de casa, a unos 300 metros. Aun así, siempre iba a comprarles a ellos. Fue en esa época cuando conocí a Mónica, la mujer de Pepe, que como supe más tarde me tenía un poco de tirria porque yo era el “culpable” de que su marido llegara a las tantas en alguna que otra ocasión... Y comenzaron las cenas en “familia”. Mónica es una mujer entrañable, así que cada dos por tres me planto en su casa para tomar una cerveza, hablar un rato y degustar los suculentos platos latinos que preparan ambos, pues Pepe también es un cocinillas.

Gracias a ellos conocí los placeres de la cocina latina: plátano macho al horno, patacones con queso, arepas con carne mechada, ceviche de gambas y cebolla, mote, frutas tropicales... Todo un sinfín de sabores  que hasta entonces me eran totalmente desconocidos.

Pero la crisis siguió golpeando. Pepe cambió a otra frutería a varios kilómetros de aquí y finalmente se quedó en paro porque el dueño de la cadena tuvo que cerrar. Además, su rodilla no aguantó más y tuvo que ser operado. Tras estar de baja varios meses, sin apenas poder andar, el paro se acababa y el seguro no cubría más gastos. Pepe decidió que no podía esperar más. Reunió todo el capital que pudo y se lanzó a la aventura. Hizo una oferta a un frutero de Móstoles que quería vender y tras regatear lo indecible (me sorprende lo bueno que es para eso) consiguió por un módico precio el traspaso del puesto y un camión para poder cargar el género.

Empezó su nueva vida, pero se acabó “su vida”. Pepe abrió “Frutería la Huerta”, dentro de un mercado situado en la calle Simón Hernández de Móstoles. Justo a la espalda del Parque Cataluña. Su mujer y su hijo le echan un cable algunas tardes a la semana, los sábados... pero normalmente Pepe está solo. ¿Os cuento su jornada laboral? Se levanta a las 3 de la madrugada, sube al camión y llega a Mercamadrid antes de las 4:30 horas. Allí compra fruta y se dirige a su frutería. Carga la cámara, arregla el puesto (¡como podéis ver en las fotos es súper vistoso!) y despacha fruta con una sonrisa y con frases amables y bonitas para todos sus clientes de 9 a 14 horas y de 17 a 20 horas.

Ayer comprobé su buen hacer: “¿Cómo están estas mandarinas?”, preguntaba una clienta. “Más dulces que beso de novia”, contestaba Pepe. “Oye, ¿cómo están los plátanos?”, decía otro. “Tenga, pruebe. Ya verá como compra”. Sus puntuales piropos y su buen sentido del humor alegran la galería. A pesar del cansancio acumulado, siempre tiene ganas de chanza. Y cuando a las 8 de la tarde cierra el mercado, todavía queda guardar en la cámara la fruta que pueda dañarse, humedecer el resto con una pistola de agua, hacer caja y recoger todo. Hora de llegada a casa: 21:00 horas, si no hay ningún problema. Cena, ducha y a dormir. Las 3:00 de la madrugada están al caer.

Pero su fuerza es digna de admiración. “Con diez minutos que duerma estoy preparado para ponerme en marcha otra vez”, asegura siempre. Además, hace reparto de fruta y verdura a domicilio... Pero qué fruta. No es porque sea mi amigo, pero tiene productos de primerísima calidad. Siempre lo dice y es cierto. De hecho, he probado con otras fruterías que me pillan más cerca de casa y no ha funcionado. Al final, he acabado siguiéndole. Me trae la fruta y la verdura a casa una vez a la semana... aunque creo que a partir de ahora y viendo el buen ambiente reinante en Móstoles, voy a visitarle de vez en cuando. 

Por ahora, tres meses después de abrir su frutería en el Mercadito de la Huerta de la ciudad de Iker Casillas, el negocio está empezando a funcionar. El antiguo dueño la tenía un poco abandonada y la clientela había desaparecido. Pero, poco a poco, Pepe va ganándose a los vecinos. Él, la calidad de su género y, claro está, sus buenos precios. Así que si vivís en Móstoles, no dudéis en visitarle. Si conocéis a alguien allí, comentádselo. Merece la pena. Y si estáis en Madrid, ya sabéis, pedido a domicilio. Su móvil: 680 225 887. ¿Por qué no probar? No os arrepentiréis. Además, si le caéis bien, algo que es muy probable, algún día os deleitará con su espectacular piña colada. Insuperable.


P.D. A veces le cuesta contestar al móvil porque siempre va con lío. La mejor hora para pillarle, a las 14:00 horas o por la noche.


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