11 de noviembre de 2011

La guerra de Libia: Todo lo que no nos contaron

El apoyo a Gadafi fue masivo, aunque los medios de comunicación occidentales lo ocultaron desde el primer momento

Desgranar en un artículo todos los intereses que ha llevado a Occidente a invadir y destrozar el gobierno de Muammar Gadafi en Libia podría ser tedioso e incluso inviable. Hacer un juicio de valor sobre la figura del mandatario libio resultaría excesivo. Cada uno que lo juzgue como desee, ya que ni siquiera ha tenido ese derecho, puesto que lo asesinaron a quemarropa y sin opción a defenderse.

Sin embargo, hay muchos puntos negros en esta guerra. Tantos que, después de asimilar toda la información, me pregunto: ¿Quién es el “malo”: Gadafi o la OTAN? Los ciudadanos de Occidente parece que hemos interiorizado, gracias a los manipulados medios de comunicación, que siempre somos los buenos y salvamos al mundo de los malos. EEUU y Europa son como el Supermán del siglo XXI. Ayudamos a los más débiles para salvarlos de las tiranías que los oprimen. Así fue en Afganistán (¡hay que acabar con la amenaza de los talibanes!), en Irak (¡hemos de fulminar a Sadam Hussein porque quiere destruir el mundo!) y ahora en Libia (Gadafi está asesinando a su pueblo, ¡salvemos a los pobres libios!). ¿Vosotros os lo creéis? Yo no. Si Occidente fuera una especie de Madre Teresa de Calcuta salvadora de pueblos habría actuado en Somalia, en Siria, en Yemen o hasta en Birmania, donde han muerto más de 150.000 personas en una guerra fratricida que empezó en 1948. ¿Entonces?

Como imaginaréis, los intereses políticos, principalmente estratégicos, y energéticos (petróleo, gas) están  detrás del  papel protagonista de Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña en la operación militar en Libia.  El 2 de marzo de 2011, con la revuelta en Libia ya iniciada, la OTAN manifestó no estar dispuesta a intervenir en el país africano. Casualmente, una semana después, el ejército de Gadafi bombardea algunos enclaves petrolíferos del país alegando que los rebeldes estaban apoyados por Occidente con el único objetivo de controlar las fuentes energéticas del país. Una semana más tarde, Estados Unidos y la OTAN cambiaban su visión del conflicto y decidían intervenir. ¿Casualidad?

No, porque como comentaba antes, no es la primera vez que potencias occidentales atacan regiones en crisis por meros intereses económicos y geopolíticos, eso sí, ocultándolo siempre bajo un velo humanitario. Los bombardeos de la OTAN en 1994 y 1995 sobre tierra serbobosnia o contra Yugoslavia en 1999 son clara muestra de ello. Y cómo no, las acciones bélicas en Afganistán e Irak que, al igual que ha ocurrido en Libia, se enmarcan dentro de unos “nobles” motivos. Pues, ¿saben qué? Todo mentira. Por poner solo un ejemplo, los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia fueron los que ocasionaron la verdadera catástrofe humanitaria, expresada en el éxodo de un millón de refugiados a países vecinos y de la destrucción de infraestructuras.

Hace unos días, vi en un canal británico una entrevista a una periodista inglesa que había estado cubriendo la guerra de Libia. Como bien dice, esta guerra ha sido una guerra a África. La OTAN ha atacado a multitud de civiles, civiles que se ofrecieron a defender su país cuando el imperialismo norteamericano decidió ampliar sus fronteras. Más de 100.000 libios, hombres y mujeres, lucharon para defender su capital.

Pero, como suele ocurrir, quien paga, manda. Así que, por enésima vez, los medios de comunicación manipularon según los parámetros marcados desde arriba. Todos dijeron que Gadafi asesinó a más de 600 personas en Bengasi, la capital de los rebeldes, pero nunca nos mostraron ni una sola imagen donde se corroborara. Repitieron hasta la saciedad que el gobierno libio estaba atacando a su propio pueblo desde el aire, pero tampoco lo demostraron. También nos contaron que Gadafi había contratado a mercenarios de otras partes de África, basándose solo en supuestas opiniones de testigos aparecidas en medios sin apenas reputación como el diario sueco Expresen. En cambio, sí que pudimos ver vídeos de libios negros y otros africanos negros siendo linchados en plazas públicas por rebeldes bajo la atenta mirada de tropas de la OTAN. Los rebeldes defendían una “limpieza étnica” de Libia, matando a los inmigrantes negros, simplemente por el color de su piel. Ninguna gran televisión se hizo eco de esto, y en Youtube solo es posible encontrar imágenes grabadas por vídeoaficionados:




(En este enlace tenéis otro ejemplo) Y, ¿se quejo alguien? Nadie.

Nos decían repetidamente que Gadafi era odiado por su pueblo, sin embargo, estos mismos medios nunca nos enseñaron a los casi dos millones de personas (1.700.000 personas, 95% de las censadas en la capital) que en un país de apenas seis millones ocupó el 1 de julio la Plaza Verde de Trípoli para apoyar a su mandatario. Tampoco nos mostraron a las miles de personas que salieron en Bani Walid, Sirte, Tarhuna o Sabha. Todos a una con Gadafi y con la Yamahiriya (“estado del pueblo”, nombre que recibía Libia hasta la caída de Trípoli y Sirte). Multitudes en apoyo a Gadafi que se repitieron a finales de julio y septiembre sin que resultaran interesantes para los medios occidentales.




Nunca nos mostraron a los miles de ciudadanos que se prestaron a defender a sus familias, a sus vecinos y a su país de las tropas que deseaban condenarlos a la esclavitud del Imperialismo. No cuentan tampoco que, aunque el 20 de agosto Trípoli cayó sin resistencia alguna, horas después, durante la noche, la OTAN masacró a más de 1.300 personas e hirió a otras 900.



Y a pesar de que Trípoli cayó sin resistencia armada, tampoco nos enseñaron las miles de personas que, a pesar del miedo, salieron a las calles de la ciudad el 22 de agosto ondeando banderas en apoyo a Gadafi.



Unas calles, que horas después, fueron bombardeadas por las tropas de la OTAN hasta en 63 ocasiones.



Tampoco nos contaron cómo acudía gente desde todo el país para defender la capital de los ataques de la OTAN ni como fueron atacados con misiles y helicópteros apache. Ni nos mostraron a los vecinos del distrito más pobre de Trípoli, Abu Salim, que durante cinco días resistieron al ataque de la OTAN. Finalmente, el ejército occidental decidió atacar a todo lo que se movía en ese barrio y montañas de cuerpos yacieron en sus calles. El vídeo es bastante duro, pero creo que necesario.



Y aunque el país parecía “liberado” de las garras del “tirano”, algunas ciudades como Beni Walid se mantenían fieles a Gadafi. Tanto que la OTAN decidió el 18 de octubre contraatacar de la forma más salvaje conocida: lanzando bombas de fósforo blanco sobre la ciudad. Unas armas químicas prohibidas por los convenios internacionales, que mata a todas las personas en un radio de 150 metros y deja graves secuelas en los supervivientes. Estas bombas queman los cuerpos y los disuelven hasta el hueso, dejando intacta la ropa. Y aquí van las pruebas aunque, como en el anterior, la dureza del vídeo ha llevado a Youtube a permitir su visión solo a usuarios registrados.


Pinche aquí para verlo


En este que os dejo se ve el lanzamiento de esas bombas.




Es decir, la resistencia nacional popular libia fue tan fuerte, a pesar de lo que nos quisieron contar, que la OTAN tuvo que recurrir a este armamento prohibido para poder concluir su plan de conquista e invasión. Dos días después, el 20 de octubre, Gadafi fue asesinado en Sirte, su ciudad natal y la otra que se mantenía firme, por tropas rebeldes.

El giro de Al-Jazeera

También sorprende el giro de la televisión Al-Jazeera, que pasó de ser una voz crítica con las guerras del Imperialismo en Irak, Afganistán o Palestina, a ser un facilitador abierto de la misma agresión contra Libia o Siria. Sin duda un grandísimo truco de propaganda. Este apoyo a los rebeldes fue un paso importante para conseguir que todos los círculos progresistas de Occidente se unieran en la criminalización de Gadafi, cuando por el contrario, estos mismos círculos deberían haber defendido la Yamahiriya libia y aprendido de ella.

¿Por qué ese cambio? Porque ya no se pueden esconder. Ahora todas las cartas están ya sobre la mesa. El director general de Al-Jazeera, Wadah Khanfar, dimitió después de que los cables de Wikileaks revelaran que mientras estuvo al frente de este medio solo siguió mandatos de la CIA. Tras su dimisión, fue reemplazado por un miembro de la familia real qatarí, familia que mantiene relaciones de amistad con el gobierno estadounidense. De hecho, Estados Unidos tiene en Qatar su mayor base militar de Oriente Medio.

Pero a pesar de que estaba claro el papel de Al-Jazeera en esta guerra, nadie criticó sus acciones y siguió tocando la fibra sensible de las audiencias occidentales con sus historias sobre la tragedia que vive el hemisferio sur por no “disfrutar” de las democracias de Occidente.

En definitiva, nos vendieron a Muammar Gadafi, como ese líder “odiado” por su pueblo. Por un pueblo que rogó ayuda a la OTAN... Cuando en verdad, gran parte del pueblo libio apoyaba a su mandatario y dieron su vida por él. Fueron tantas las pruebas en contra de la OTAN que hasta medios conservadores ingleses como el Telegraph tuvieron que sacar algunas a la luz. De hecho, este periódico publicó informes que mostraban que los rebeldes carecían del apoyo popular del que disfrutaba Gadafi.

Libia con Gadafi

“Vivíamos en democracia con Gadafi. No era un dictador. Las mujeres libias teníamos todos los derechos. No es que necesitemos a Muammar Gadafi de nuevo, solo queremos vivir como vivíamos antes”. Estas palabras pertenecen a Susan Fardan, una libia de Sirte. Y en verdad, no le falta razón. Con Gadafi, Libia se había convertido en uno de los países más fuertes de África, con una renta per cápita de 13.846 euros, (puesto 54 de 170) superando a países europeos como Rumanía, Bulgaria o a otros tan importantes como Brasil, China o Egipto.

En 1951 Libia era uno de los países más pobres del mundo. En 2011, justo antes de la invasión de la OTAN, los libios disfrutaban de la Renta per Cápita, el Índice de Desarrollo Humano y el nivel de vida más alto de África, más alto que el de Rusia o Arábia Saudí. Gadafi consideró la vivienda como un derecho humano (no como en España). Cada nuevo matrimonio recibe 50.000 dólares para la compra de una vivienda y la electricidad es gratis para todos, nacionales o extranjeros. Asimismo, se comprometió a dar una casa a todos los libios antes de que sus padres murieran. Es más, afirmó que sus padres serían los últimos en recibirla. Tan fielmente cumplió su palabra, que su padre murió apenas unos días antes de poder ser alojado en la vivienda que se le había asignado.

Antes de Gadafi la alfabetización en Libia era del 20% de la población, ahora, según datos de la ONU, es del 83%, todo gracias al sistema de enseñanza pública y gratuita que instauró, tanto elemental como universitaria. La Sanidad también era pública, gratuita, universal y de gran calidad. Además, si algún libio no puede encontrar la educación o sanidad que necesita en Libia, el Estado sufraga todos los gastos para que los obtenga en el extranjero independientemente de su situación económica. El 98% de la población accede a agua potable en sus viviendas.


El gobierno sufragaba el 50% de la compra de un coche a todo libio sin excepción. El precio de la gasolina estaba fijado en 0,14 dólares por litro en todo el país. Si un ciudadano solicitaba convertirse en agricultor, el gobierno le entregaba gratuitamente tierras, casa, equipamiento y semillas.
Asimismo, el Banco Central de Libia era propiedad del Estado. Por tanto, todos los créditos se concedían sin ningún tipo de interés. Y los beneficios bancarios, que no caen en manos privadas, eran los que se reinvertían en todas estas ayudas a la sociedad.
La esperanza de vida en Libia era de 77 años, la más alta de África. La Constitución reconocía total igualdad entre hombres y mujeres, y aunque los valores tradicionales persistían sobre todo en las zonas rurales, a nivel legal no había diferencias entre hombres y mujeres.  La poligamia era frontalmente rechazada por gran parte de la sociedad y los niveles educativos entre hombres y mujeres se habían reducido hasta casi igualarse.

En definitiva, Libia consiguió con Gadafi tener los niveles de vida más altos de África, un alto grado de alfabetización, asistencia sanitaria universal, educación gratuita universitaria y un alto estatus para las mujeres en la sociedad y el mayor grado de igualdad para la gran población negra de todo el norte de África y Oriente Medio.

¿Qué viene ahora?

A medida que Libia se encamina hacia las elecciones, empezamos a comprender lo que está por llegar. Los rebeldes ya se han pronunciado, y la Sharia (Ley Islámica) será el nuevo código que dirija el país. Esto supone una directriz mucho más conservadora y una limitación de los derechos de las mujeres. De hecho, el mismo día que fue proclamada la liberación del país, el líder provisional, Mustafa Abdul Jibril, dijo que en una nueva Libia quería que los hombres “fueran autorizados a tener cuatro esposas, sin tener que pedirle permiso a ninguna otra”. Además, añadió que cualquier ley que contradiga los principios del islam “será nula a todos los efectos”.

Resulta paradójico que la única intervención de la OTAN en la llamada “Primavera Árabe” haya sido en Libia, el único país de toda la región donde los rebeldes no buscaban una mejora de sus derechos ni mayores libertades (así ocurrió en Túnez o en Egipto), sino que luchaban, casi sin apoyo ciudadano, por instaurar un sistema más represivo y conservador.

Parece que la guerra colonial ha empezado. Hay que conseguir el resurgimiento de un golpeado sistema capitalista. Probablemente, Venezuela sea el próximo objetivo, y en ausencia de medios de comunicación antiimperialistas eficaces que puedan plantar cara a esta guerra sin precedentes, somos las personas quienes debemos alzar la voz y defender la soberanía de los estados del sur. De lo contrario, la mano de hierro norteamericana, paradójicamente dirigida por un premio Nobel de la Paz, irá acabando uno a uno con todos ellos en su afán por controlar todas las fuentes energéticas que se reparten por el mundo.

3 de noviembre de 2011

Internet y la comunicación no verbal


El investigador Albert Mehrabian, profesor emérito de la Universidad de California, descompuso en porcentajes el impacto de un mensaje, llegando a la conclusión de que se podría llegar hasta este extremo: 7% verbal, 38% vocal (entonación, tono, matices y otras características) y 55%  de el lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de las manos y los ojos...). El componente verbal se utiliza para comunicar información y el no verbal para comunicar estados y actitudes personales. Mehrabian afirma asimismo que en una conversación cara a cara normal el componente verbal es un 35%, mientras que más del 65% es comunicación no verbal.

Tras analizar estos datos, entenderéis mi preocupación hacia los chats que, a mi modo de ver, tienen más aspectos negativos que positivos. Hoy he decidido darles un descanso (Facebook y Messenger, principalmente, así como Wassap, una de las últimas modas de los smartphone). Tras mi decisión que, como muchas veces ha sido unilateral y sin reflexión, he publicado este debate en mi muro de Facebook y en mi perfil de Twitter. Y pronto ha llegado la “anhelada” interacción. Y digo anhelada porque ese es otro aspecto intrínseco al ser humano que se ha desarrollado exponencialmente con el uso de la Web 2.0. Seguro que a muchos de vosotros os molesta publicar algo que os parece realmente interesante en vuestro muro y que pase desapercibido por vuestros “amigos”. Ni un me gusta, ni un comentario. Necesitamos ese mínimo reconocimiento. Pero bueno, ese es otro tema sobre el que alguna vez volveré.

Volviendo a lo nuestro. Tras el debate surgido, me saltan muchas dudas. ¿Habré hecho bien “apagando” temporalmente mis diversos chats? Para aclararme he decidido escribir este post donde voy a intentar explicar los motivos por los que voy a descansar de esta cómoda, gratuita y directa forma de comunicación que, a veces, tan poco me satisface.

Cuando en 2003 fui a estudiar a Madrid, ni existía Facebook ni Tuenti y Messenger no era más que un programa rudimentario con tres años de vida y sin apenas funcionalidad. Además, por aquellos años, Internet era todavía un lujo del que muchas casas no podían hacer uso. Hablar con mis amigos se convirtió en algo costoso porque no podíamos pagar altas facturas de móvil ni teníamos opción gratuita para contarnos qué tal nos iba todo. Todavía recuerdo como los viernes avisaba a algunos de ellos vía sms para, a una hora concreta, hacer una quedada en casa “del amigo con Internet” para hacer conversaciones conjuntas vía Messenger, mientras yo me conectaba desde el locutorio que había dos calles más abajo de mi casa. Una hora, un euro.

Y ahí se acababa todo. En una hora cronometrada de conexión los tres o cuatro que nos juntábamos escribíamos lo más rápido que podíamos para contarnos todo lo que nos había pasado en la semana o dos semanas sin noticias. En aquellos momentos, los viajes a Yecla se convertían en una macrofiesta donde todos los que estábamos fuera quedábamos con el resto para organizar noches memorables.

Con el paso de los años, Internet llegó a mi casa. Al principio, no usaba el ordenador más que un par de horas al día, principalmente para hacer uso del Messenger. Pero claro, como mis amigos seguían sin disponer de internet, mi apartado de “conectados” se reducía al mínimo.

Ha llovido mucho desde entonces. Hoy, por motivos de trabajo, vivo pegado a un ordenador. Hasta hace unos meses vivía tan atado al correo electrónico que tuve que comprarme un Smartphone para poder salir de casa con libertad, pues muchas veces no podía hacerlo por tener que esperar un mail importante. Pero hoy, todavía se ha rizado más el rizo. Hasta hace apenas un año, las redes sociales no eran para mí más que una válvula de escape entre tanto mail, llamada, nota de prensa y dossier. Sin embargo, actualmente también se han convertido en parte de mi trabajo (administro cinco páginas de Facebook, tres perfiles de Twitter y una página de Tuenti, además de las mías propias).

¿Qué quiere esto decir? Que lo que antes era una válvula de escape donde pasaba una hora de mi larga jornada frente al ordenador, ahora se ha convertido en una serie de páginas que han de permanecer obligatoriamente abiertas en la barra de tareas. Y ahí ha surgido el problema. Los chats están abiertos y la interactividad ha pasado de ser diaria a ser casi de minuto a minuto.

¿Qué ha ocurrido? Creo que he dejado de echar de menos a la gente y viceversa. ¿Por qué? Porque si hablo con alguien diariamente, no tengo nada nuevo que contar. Estamos enterados de todo el uno del otro y ni siquiera fluyen las palabras. Además, cuando hablas con algún amigo a menudo por las redes sociales te encuentras, como comentaba en Facebook, con el problema de la carencia de comunicación no verbal. Es decir, y volviendo a la división de Albert Mehrabian, se pierde gran parte del sentido del mensaje.

Anteriormente, esto no ocurría tan frecuentemente porque si llevabas sin hablar con alguien durante dos semanas, cuando te conectabas a Internet pasabas la mayor parte del tiempo aportando información, sin más. En cambio, ahora, al pasar más tiempo interconectados, se llevan a la vida virtual conversaciones propias de la vida “real”, es decir, del face to face. Conversaciones e ideas que pueden llevar a malentendidos impensables en el cara a cara, pero que en un chat surgen por esa pérdida de comunicación no verbal. Es difícil saber lo que la persona al otro lado quiere realmente decir al perder el 65% del lenguaje, es decir, el que emana de los gestos, la entonación o el tono. Por eso, el uso frecuente e ininterrumpido de los chats me asusta, porque provoca tontos malentendidos que después son difícilmente superables.

Asimismo, en el Facebook ha surgido el tema de los emoticonos como sustitutivos de esta comunicación no verbal. Es un paso, pero sinceramente, creo que muy limitado para poder completar un mensaje de pleno significado.

Además, como comentaba antes, esta macro-interconectividad me está llevando a saber tanto de mis amigos, que no es que no me apetezca verlos, decir eso sería tergiversar la realidad, sino que no tienen nada nuevo que contarme. En cambio, no me importaría echarme una birra con amigos que quizá no lo son tanto por el mero hecho de que al no hablar con ellos tan asiduamente por los chats, el desconocimiento mutuo es mayor.

Así que, tras este breve análisis, me quedo con usar el chat solo esporádicamente para preguntar “qué tal” y poco más. Si lo sigo usando para complementar mis relaciones interpersonales creo que voy a salir mal parado. A partir de ahora, me abro a Skype que, al menos, solo te hace perder parte de la comunicación no verbal.

Porque, como dice mi sabio amigo Juan Martínez, no hay que olvidar que por Facebook no se habla, solo se escribe. ¿Quieres que hablemos? Descuelga el auricular o prepara las cervezas.

23 de octubre de 2011

Tras los pasos de los Barones de Yecla

La Baronía de Yecla es un título nobiliario español creado el 7 de mayo de 1890 por el rey Alfonso XIII a favor del Ingeniero de Caminos Pablo Cáceres y de la Torre, sobre un antiguo Señorío de su Casa, según recoge el Elenco de Grandezas y Títulos Nobiliarios Españoles, que se encuentra en el Instituto de Genealogía, Heráldica y Nobiliaria "Luis de Salazar y Castro”, que pertenece al CSIC.

Poco más se sabe de la historia del primer Barón de Yecla y mucho menos sobre el porqué del mencionado título nobiliario. En el libro Un instituto enraizado en la sociedad, de Juan José Alzugaray, publicado en 2005 por Ediciones Encuentro, he podido encontrar algo más acerca de la vida de Pablo Cáceres de la Torre. En esta obra se recoge la historia del Instituto de Ingenieros Civiles, hoy Instituto de la Ingeniería de España. El capítulo dedicado a su persona, dice lo siguiente:

Hay ocasiones en que el investigador fracasa en sus pesquisas. Por más que se obstina en abrir puertas y celosías, no acierta a encontrar la llave salvadora. Todo en su derredor permanece oculto, inaccesible. Y ésta es desgraciadamente una de ellas. Tras la desesperada búsqueda, casi el vacío absoluto. Algunos datos sueltos del personaje, incapaces de componer un apunte biográfico bien armado. Y nada más.

Nace Pablo Cáceres de la Torre hacia el año s1857 en un lugar que no sea podido precisar. Decide estudiar la novedosa carrera de ingeniero industrial. Marcha a Barcelona, donde radica la única escuela. Termina la carrera de Ingeniería Inddustrial en 1877, en la especialidad química, con el número uno de su promoción. No contento con ello se gradúa también en la especialidad de mecánica en 1879.

Sabemos que ejerce la enseñanza como catedrático en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid. Y que el Rey Alfonso XIII le concede el 13 de mayo de 1890, por méritos que desconocemos, el título de barón de Yecla. Es el primer barón de Yecla.

Cáceres tiene inquietudes profesionales y una buena visión de futuro. Pertenece a la Junta Directiva de la Asociación Nacional de Ingenieros Industriales. Y allí se le ocurre la excelente idea de reunir las cinco asociaciones nacionales de ingenieros existentes (Agrónomos, Caminos, Industriales, Minas y Montes) en una sola institución, que pasa a llamarse Instituto de Ingenieros Civiles, al objeto de aunar esfuerzos y saberes, y alcanzar un mayor provecho y prestigio.

Cáceres redacta los Estatutos, convence a unos y otros, y logra al fin su propósito. El Instituto de Ingenieros Civiles se pone en marcha en enero de 1905. Pablo Cáceres de la Torre es su primer presidente. Su idea ha triunfado.

Cinco años más tarde, en 1910, vuelve a corresponderle la presidencia del Instituto a la Asociación de Ingenieros Industriales, por riguroso turno anual rotatorio, y nuevamente Cáceres desempeña el cargo de presidente a satisfacción de todos. Con el tiempo, será designado Miembro de Honor de la distinguida corporación.

Tras esa fecha, ha sido imposible encontrar más datos. Se sabe que un Pablo Cáceres de la Torre murió asesinado en Madrid a consecuencia de la guera en los últimos meses de 1936, pero se desconfía que pudiera ser el fundador del Instituto de Ingenieros Civiles. Tendría al morir, en ese caso, cerca de 80 años.

Después de leer esta página, única que he encontrado sobre la vida de Pablo Cáceres de la Torre, pocas conclusiones se pueden obtener. Asimismo, he encontrado que el segundo barón de Yecla fue Toribio Cáceres de la Torre, hermano de Pablo, ya que éste murió sin descendientes.

De Toribio Cáceres, poca información hay. Al parecer, siguió los pasos de su hermano, y durante 1915 fue presidente de la Real Sociedad Española de Física y Química. También parece que estuvo casado con María del Carmen de la Bastida y Careaga, III condesa de Ardales del Río y I baronesa de Yecla, puesto que 3 de agosto de 1951, ABC publicaba una esquela con motivo del primer aniversario de la muerte de Doña María del Carmen, otorgándole tales títulos nobiliarios.

Tras su muerte en 1954, el título pasa a manos de Cristian de Nogales Quevedo, convirtiéndose así en tercer barón de Yecla. El tal Nogales Quevedo era tercer nieto de una hermana de Toribio y Pablo Cáceres de la Torre, que era la poseedora del Señorío de Yecla, sobre el que se creó la Baronía.

Para encontrar los orígenes del Señorío de Yecla, hay que remontarse a la Baja Edad Media.Tras la muerte del infante Don Manuel, padre del linaje de los Manueles y Señor de Yecla, su hijo, el Infante don Juan Manuel (1282-1348), le sucede en el cargo, por tanto, se convierte en Señor de Yecla y de Villena. El infante don Juan Manuel, además de ser un magnífico escritor, autor de “El conde Lucanor”, era sobrino del rey Alfonso X y nieto de Fernando III “el Santo”.

Pero volvamos al siglo XX. De Cristian de Nogales Quevedo solo he podido encontrar que se casó con José Fina Pérez de Hoyos y Calvo y que se especializó en Endicronología. Además, hizo grandes avances en esta ciencia, como por ejemplo, relacionar las glándulas de secreción internas con el psiquismo. En 1945 publicó un artículo en el Anuario Médico XXXII titulado “Patogenia del síndrome de Cushing. Breve examen crítico de la teoría suprarrenal”.

A su muerte en 1989, le sucedió en el título su hijo Vasco de Nogales y Pérez de Hoyos, que se convirtió así en el IV Barón de Yecla. De Vasco no he encontrado nada, excepto que murió en 2008. El 14 de octubre de ese año, su hijo Vasco de Nogales y Balada se convirtió en el V Barón de Yecla, persona que ostenta el título nobiliario en la actualidad.

17 de octubre de 2011

Tenemos la fuerza: creamos en el cambio

Todavía algo ando aturdido por el inesperado éxito que tuvo mi artículo de ayer. Sabía que la manipulación mediática que existe en España, sobre todo en referencia al movimiento 15-M, era un tema candente, pero no me imaginaba tal avalancha de visitas, referencias, mensajes y críticas. Pero tras el aturdimiento inicial, me puse a pensar. Pensé en lo importante que es Internet en general y, la web 2.0 en particular, para hacer crecer este movimiento.

Hace una década, o incluso menos, cualquier periodista que luchara por hacerse un hueco fuera de la órbita establecida, no podría imaginar que un artículo suyo tuviera en cuestión de horas más de 18.000 visitas. Por eso, quiero remarcar la importancia que tienen las redes sociales y su buen manejo para construir este futuro justo e igualitario que muchos de nosotros anhelamos.

Porque Internet, aunque ha traído sin duda más control y una pérdida relevante de la personalidad y la vida privada, ha aportado, a su vez, una igualdad social, aun siendo virtual, que hasta no hace mucho resultaba utópica. En la red todos somos iguales, no hay ricos ni pobres, ni súbditos ni esclavos. Todos partimos desde la misma línea de salida. Y por primera vez, esa “virtualidad” está plasmándose en la vida real. Ya no somos entes que interactuamos en Twitter, Facebook o en el ya en desuso Second Life, sino que nuestras protestas, ideas y “utopías” están rompiendo la barrera de lo virtual para bajar a la Tierra.

Desde los inicios de Internet, siempre ha habido foros donde los ciudadanos han expresado su opinión más o menos crítica. Pero con el Movimiento 15-M estamos demostrando que el uso acertado de las herramientas que nos proporciona la Web 2.0 nos está ayudando a organizarnos y a fortalecernos. Una voz aislada en un artículo de prensa deja de serlo en Internet, donde la interacción con miles de usuarios sirve bien para corroborar lo expuesto, bien para rechazarlo pero, ante todo, para difundirlo.

Gracias a un truco tan sencillo como el crear hashtags (#) en Twitter nos ha ayudado a convocar a miles de ciudadanos con un mismo propósito, a intercambiar ideas de forma global y a darnos cuenta de que no estamos solos. Porque eso es lo que ha querido siempre el Capitalismo, crear seres independientes que ensartados en el traje de la competencia piensan más en sí mismos que en el de al lado. El Capitalismo ha roto las relaciones entre las personas, creando un mundo competitivo donde el compañero ha dejado de serlo para convertirse en un rival más con quien pelear para alcanzar la cima (ya sea laboral, social, económica...).

Pero, de pronto, surge el 15M y las redes sociales, las asambleas, los debates... empiezan a despertarnos de nuestro letargo casi sin darnos cuenta. Hasta ahora, el mundo capitalista nos había sumido en un profundo sueño donde el aislacionismo y la guerra social (izquierda contra derecha, autóctonos contra inmigrantes, ricos vs. pobres...) eran los buques insignia.

“O aprendemos a vivir como hermanos, o moriremos como idiotas”, decía Martin Luther King. Y así es. Todavía nos queda mucho que hacer, pues miles de personas siguen pensado que no son capaces de aportar nada. ¿Qué puedo hacer yo? Quizá, nada por ti mismo, pero muchos ‘yo’ conforman un todo consistente. Da el paso y encontrarás tu sitio. Si no hubiera sido por vuestra masiva respuesta, mi artículo habría pasado desapercibido. Si no hubiéramos estado juntos en mi anhelado Carabanchel, no habríamos podido parar ninguna de las redadas racistas que hemos conseguido frenar. Si no hubiéramos estado juntos, no habríamos parado ningún desahucio. Luchemos juntos. Mirad afuera, veréis que muchos piensan como vosotros.

Y cuando nuestras opiniones no concuerdan, no pasa nada, simplemente, aprendemos. Porque el 15M está consiguiendo rescatar otro de los valores que parecía haber muerto: la dignidad humana. Es decir, el otro, piense o no como yo, es un ser humano y, por tanto, su opinión ha de ser respetada. Somos tolerantes. No os creáis lo que dicen los medios de comunicación. No son todos rojos, ni comunistas ni anarquistas. Hay gente de toda ideología y pensamiento. Los medios y los grandes poderes fácticos, incluido el PPSOE, están deseando que volvamos a la sumisión impuesta por el sistema. Quieren que nos volvamos a aislar cada uno en nuestro nicho. Quieren que volvamos a ser insolidarios. En definitiva, quieren que dejemos de vernos como hermanos y sí como enemigos. No les demos el gusto.

Pues recordad: Ahora, somos más, mejores y más fuertes que ellos.

16 de octubre de 2011

La manipulación mediática en España


La manipulación mediática en este país no tiene límites. Después del éxito de la convocatoria mundial de ayer a favor de un mundo más justo, los periódicos españoles han jugado con lo ocurrido sin importarles nada las miles de personas que abarrotaron las calles de medio mundo. Pero, como suele ocurrir a menudo, la manipulación más visceral e insultante proviene de los medios más escorados a la derecha que no cejan en su empeño de intentar  convencer al mundo de la violencia que desprende el movimiento 15-M. ¿Pero qué violencia ven? Violencia es lo que muchas veces sale de sus bocas.


Es cierto que ayer, a 200 romanos malnacidos se les fue la cabeza y aprovecharon una manifestación pacífica, con más de 200.000 participantes, para destrozar y provocar el caos en la capital italiana. Es decir, el 0,1% de los manifestantes que ayer salieron a protestar y a pedir un mundo más justo en las calles de Roma son los que han copado hoy las portadas y titulares de la mayoría de medios españoles. Algunos citándolo en segundo plano (El PaísPúblico), otros dándole tanta importancia como al resto de movilizaciones pacíficas en todo el mundo (La Razón, La Gaceta y El Mundo) y otro, ABC, haciendo la manipulación más insultante que recuerdo en años, sacando a todo color y copando gran parte de su portada una imagen de un vándalo en Roma lanzando un extintor junto a un coche en llamas y bajo el siguiente titular: Los indignados “festejan” su protesta planetaria.


Manipulada e insultante portada de ABC de hoy. Poco más que añadir



Como periodista, he de decir que esta burda manipulación mediática me parece simplemente vomitiva. Pero todavía me parecen más tristes los miles de ciudadanos que creen a pies juntillas lo que dictan estos recetarios panfletarios. Y me da igual uno que otro, porque si leyeran Público cada día verían que, aunque intenta ser más imparcial con los indignados, según ellos Zapatero es un dios mundial al que deberíamos adorar. Es decir, mi crítica no se centra exclusivamente en los panfletos de la derecha (La Razón, La Gaceta, ABC, El Mundo), sino también en los que, supuestamente, se catalogan de izquierda. Aun así, muchos de ustedes dirán, bueno, es que en representación de la población total de España (o del mundo) no es mucha gente... Solo les digo que si la Iglesia o el PP organizan una manifestación de esas que tanto les gusta (en contra del aborto o a favor de la familia) y consigen sacar a las calles de toda España a más de un millón de personas, a saber qué dirían. Entonces seguro que sus medios afines hablarían de éxito rotundo y pedirían dimisiones y elecciones anticipadas sin cesar. 


Los medios de comunicación han dejado de respetar a los ciudadanos. Han dejado de contar las noticas para contar "sus" noticias, manipuladas ya de forma burda y descontrolada. Telemadrid y Canal 9 son claro ejemplo de ello. Y cito estos dos porque me parece denunciable que se manipule la mente de los ciudadanos con sus propios impuestos. Lo que haga un medio privado puede ser criticado, pero poco más, pues el neoliberalismo ha traído estas cosas, es decir, confundir libertad con libertinaje, pero que lo haga una televisión pública me parece vergonzoso.

Hace unos años, nos explicaban en la carrera que la subjetividad periodística debía acabar en el momento en que un medio elige hablar de una o de otra noticia. Pero esa línea se ha superado claramente. En la actualidad, la subjetividad más malintencionada se adentra en las noticias como si de artículos de opinión se tratara. No hay derecho.

El periodismo está cavando su tumba, porque no ha sabido renovarse. Porque se ha vendido a multinacionales (PRISA, Mediapro, RCS, Planeta) o a grandes empresas nacionales (Vocento, Intereconomía) convirtiéndose en meros productos publicitarios. El periodismo ha perdido su esencia para convertirse en un instrumento propagandístico que solo sirve para defender a los de siempre. Y no me refiero a los zapateros o marianos de turno, sino a los que de verdad tienen el poder: el sector financiero y las grandes multinacionales. 

La Razón, que esta vez se ve que no podía borrar a gente de la foto sin que se notara, decidió pasar de imágenes


Ya estamos los radicales ocupando Sol para hacerle campaña a Rubalcaba... Simplemente, patético


Una portada medianamente decente, al menos informa de todo y no opina


Mitad y mitad, foto de los disturbios y de la concentración de Sol, pero sin que se note todo el gentío que había


Público y sus portadas raras... dando a entender la globalización del movimiento 15M. No citan a Roma en portada


ESTA ES NUESTRA VIOLENCIA




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