1 de diciembre de 2008

Entrevista a Martín Fiz: "Ir corriendo a la fábrica me sirvió para entrenar"

Muy buenas tardes a todos. En primer lugar quería pediros disculpas por estar tanto tiempo sin escribir, pero debido a un cambio de funciones en el trabajo he estado bastante liado. Aun así, os ofrezco hoy una entrevista que publiqué el pasado domingo en Infoempleo (dentro de los suplementos Empresa de ABC y Dinero y Empleo de los 12 regionales de Vocento, entre ellos, La Verdad). Tras haber entrevistado a Abel Antón y a Fermín Cacho, sólo me faltaba un grande para culminar con la terna de atletas que fueron mis ídolos de infancia: Martín Fiz. Disfrutadla.


David Val Palao

Martin Fiz (Vitoria, 1963) empezó su andadura profesional como muchos jóvenes de aquella época, es decir, ganándose la vida como podía. En su caso, en una empresa de productos químicos en su Vitoria natal. Hasta que no ganó el Campeonato de España de Cross en 1990 no decidió dedicarse profesionalmente al atletismo. Poco tiempo después se convertiría en uno de los reyes de la maratón: campeón de Europa en Helsinki 94', con un podio mítico acompañado de Diego García y Alberto Juzgado; campeón y subcampeón del mundo en Goteborg 95' y Atenas 97' y diploma olímpico tanto en Atlanta 96' (4º clasificado), como en Sidney 2000 (sexto). En definitiva, un grande de este deporte que, todavía hoy, sigue trabajando incansablemente para dignificarlo más.

¿Cuál fue su primer empleo remunerado?

Mi primer empleo fue trabajando en una empresa de productos químicos en la cual ejercía de todo. Llevaba el peso de la empresa, porque me tocaba desde cargar los productos químicos a hacer la contabilidad. Éramos pocos trabajadores. Era una empresa de distribución y fue una época de mi vida bastante buena. Yo tenía 22 o 23 años, y compaginaba el atletismo con el trabajo. Entre semana trabajaba y los fines de semana competía para ganar algo más de dinero. Esta empresa estaba en las afueras de Vitoria, y yo iba corriendo al trabajo, por tanto me valió mucho para entrenar. Es el entrenamiento invisible, que no se ve pero que vas haciéndolo día a día.

¿A cuánto ascendió su primer sueldo?

Recuerdo que estaba en torno a 60.000 pesetas. Era un buen sueldo para un chaval de 23 años en mitad de los 80… La economía española no era muy boyante, los padres te obligaban a trabajar, y tuve problemillas cuando dejé este empleo para dedicarme exclusivamente al atletismo. Para ellos eso era un juego y no una profesión. Y es que a mí siempre me ha gustado buscarme la vida, ser bastante independiente de mis padres… Por aquellos años, también tuve que recurrir a otros trabajos para poder ganarme la vida. Fui, por ejemplo, pastelero. Son trabajos que me han venido muy bien, que me han servido para endurecerme y convertirme en deportista de larga distancia. Este empleo me encantaba porque los fines de semana iba a repartir tartas y pasteles por las casas. Aunque lo mejor era cuando había bodas. Nos peleábamos por ir, pues las propinas subían considerablemente…

De aquella primera experiencia, ¿qué recuerdos conserva?

Recuerdos inolvidables, porque ahora mismo la gente no valora lo que es tener un puesto de trabajo. Quizá dentro de muy poco se valore mucho más, pues es a lo que va a llevar la crisis económica. Antes, a los grandes atletas, como Mariano Haro, se les premiaba con un puesto de trabajo en alguna institución. Actualmente, una vez que dejas de ser profesional, te percatas de que no tienes ningún puesto de trabajo y hay que buscarse la vida.

¿Y cuando decidió dar el paso de amateur a profesional?

En el año 1990, cuando consigo el título de campeón de España de Cross. Siempre ha sido un campeonato muy valorado en nuestro país, y ese año pude batir a mi ídolo Antonio Prieto. Después de ganar decidí dar ese importante paso en la vida y arriesgar. Sé que una lesión puede truncar la vida deportiva de un atleta, unas malas compañías, el que te confunda el éxito… Después es fundamental que la familia te apoye, decir a tus padres que dejas un trabajo para dedicarte a un hobby. Lo pensé en serio, decidí dedicarme un año a tope a ver si podía ser profesional. Empecé a ganar algo de dinero, pues sabía que algunas de las mejores pruebas de campo a través se organizaban en el País Vasco como el cross de San Sebastián o el de Amorebieta. Por suerte, durante mis años de profesional fui un atleta bastante valorado. Por mi forma de ser me pegaba con todos los africanos y al público eso le gustaba. Fui un atleta muy peleón y al final me pude hacer un hueco entre los grandes.

Y en 1992, aunque repite título de campeón de España de cross, tiene que conformarse con una discreta participación en los Juegos de Barcelona…

Es cierto. Ese año repetí título de campo a través, pero todos teníamos la mente puesta en los Juegos Olímpicos. Al menos, cumplí el sueño de haberme clasificado, pero la competitividad supuso que no obtuviera el resultado que a mí me habría gustado y me quedé un poco hundido. De hecho, ese año di el paso más importante de mi vida deportiva. Quiero más, pido más y los ánimos de mi entrenador Sabino Padilla [también fue el médico de Induráin y, desde hace unos años, es el del Athletic de Bilbaco] y de mi familia hacen que me decida, por fin, a correr la prueba de maratón.

De hecho, fue de de los pioneros, pues la maratón no era una prueba por la que se decantaran mucho los atletas españoles…

Igual es malo decirlo, que salga de mi boca, pero la gente que se pasaba a esta prueba era gente que tenía ya poco que hacer en pruebas de fondo, en 5.000 o 10.000. A la maratón se pasaba la gente “mayor”. Yo rompí un poco esa tendencia, y tras varias pruebas médicas, quedaba claro que por mi fisionomía ‑con 54 kg de peso y 1,69 m. de altura- tenía todo para ser maratoniano. Luego en la práctica lo demostré. [Tanto que en su primera maratón, en Helsinki, en 1993, cruzó la meta en primera posición].

Y empiezan a llegarle los éxitos… Campeón de Europa en 1994, con un podio memorable para el atletismo español, copado de españoles, y campeón del mundo en 1995. ¿Qué sintió tras cruzar la meta de Helsinki y ver detrás a Diego García y Alberto Juzgado?


Es una gran sensación de incredulidad. No te lo acabas de creer. Estuvimos los tres entrenando juntos en la sierra madrileña durante mucho tiempo. La maratón siempre suele cerrar este tipo de campeonatos, por lo que fuimos los últimos en viajar a Helsinki. Ahí sucedió una anécdota que nos marcó. Diego García nos transmitió que los medios de comunicación decían que los atletas de maratón iban a Helsinki de vacaciones. Que no teníamos ninguna opción. La verdad es que nos mosqueamos bastante. A los dos días, estábamos los tres en lo alto del podio. Sinceramente, creo que hay dos imágenes del atletismo español. La primera es de 1992, cuando Fermín Cacho entró en la meta con los brazos en alto en la prueba de los 1.500 en Barcelona, y la otra es la imagen de los tres atletas españoles abrazados en Helsinki. Y es cierto que la gente lo recuerda. Ahora vas por cualquier cross y, primero, ves que el número de atletas se ha multiplicado por mucho, y, segundo, ves que la gente todavía te tiene cariño y te agradece lo que has hecho por el atletismo. De hecho, me sorprende que con 45 años me sigan llamando de multitud de pruebas importantes. Me gusta estar lo más competitivo posible, pero el chasis ya no es el mismo. Aun así, cada prueba me la tomo como un homenaje que brindamos a la afición que tanto nos apoya.

¿Cambiaría algo de su carrera profesional si echa la vista atrás?

No cambiaría nada, ni cuartos puestos ni frustraciones ni alegrías. Hay que aceptar la vida como te viene. He aprendido mucho, he tenido tardes buenas y malas. En el aspecto familiar y en el laboral todo me ha ido bien, por lo que me siento una persona muy privilegiada, pues me he dedicado a lo que realmente me gustaba que era el atletismo. Muchas de las personas que estudian dos o tres carreras estudian para ser meros funcionarios, por eso, puedo decir que mi sueño lo he hecho realidad, he ido a los Juegos Olímipicos, he conseguido medallas en campeonatos de Europa y del mundo… Por tanto no cambiaría nada. Me he amoldado mucho a mi vida, por lo que se lo agradezco a toda mi familia. Por suerte, siempre hemos mantenido los pies en el suelo. Soy el mismo Martín Fiz que trabajaba de pastelero.

Aunque han pasado los años, su mejor marca sigue estando entre las diez mejores de la historia del atletismo español. Esa marca de 2h. 08’ 05’’, que fue récord nacional, la consiguió en 1997 en el maratón de Lake Biwa en Japón. ¿Se siente orgulloso?

No es mala marca, pero te voy a contestar como lo haría Abel Antón. Las marcas están para batirlas. Fue récord de España, pero ahora mismo el del mundo está por debajo de las 2h 4’ [En manos del etíope Haile Gebrselassie, 2h. 3’ 59’’]. Pero las medallas siempre estarán ahí. Las marcas están para batirlas. En su día fue una gran marca y ahora es una marca más.

Pero, como bien dice el dicho, donde hubo, retuvo, pues este año consiguió acabar en segunda posición la maratón que se organiza en su honor en Vitoria [por cierto, los yeclanos pinchad este enlace y decidme si el del dorsal 78 no es quien creo que es, justo al lado de Abel Antón]…

Yo es que sigo siendo muy competitivo [risas]. Aunque, también es cierto, que la cantidad de atletas es cada vez mayor, pero la calidad ha bajado un poco. Yo sigo teniendo la misma competitividad y cada vez que voy a un evento lucho todo lo que puedo. Voy a divertirme, no voy a ganar ni perder, pues hay que saber cómo funciona un cuerpo de 45 años. De hecho, es más importante pensar en la salud que en correr un segundo más rápido.

Y, además de seguir participando en multitud de pruebas, ¿qué más hace hoy en día Martín Fin?

Pues principalmente me dedico a promocionar el deporte base con hábitos de vida saludable. Además, colaboro en medios de comunicación y soy director de la revista Runner´s World en España. Me encanta estar cerca del atletismo, vivirlo en primera persona y seguir luchando en tantas pruebas como puedo.

¿Cuál fue su carrera más complicada?

En 1997 en el Campeonato del Mundo de Atenas. Es muy duro ir de campeón del mundo y saber que tu rival más directo no es ni de Kenia ni de Eritrea ni de Estados Unidos, sino que es un soriano, amigo tuyo, y que se llama Abel Antón. Eso muy duro asimilarlo, pues no pude aguantar su final portentoso. Además, en Atenas. En la cuna del atletismo donde, muchos siglos atrás un soldado llamado Filípides había corrido esa misma distancia desde Marathon a Atenas para anunciar la victoria griega sobre los persas. Además, fue dura porque había más de 30 grados, porque el porcentaje de humedad era altísimo… Ahora mismo, mirando con el paso de los años, veo que quedé segundo, y que fui subcampeón del mundo detrás de Abel. Pero en aquel momento, fue un día muy duro y bastante triste.

Quizá ya me ha contestado, pero ¿quién fue su rival más duro?

Sin duda Abel Antón y luego los africanos. También el mejicano Dionisio Cerón, los hermanos Castro de Portugal… Ha habido rivales muy fuerte y que, a la postre, ahora son grandes amigos, sobre todo Antón.

¿Hasta qué punto se han cumplido sus aspiraciones profesionales?


Creo que mis aspiraciones, ahora que ya me he hecho mayor y que tengo el pelo con muchas zonas blancas, sí que se han cumplido. Si hablamos en el progreso, quizá ha faltado esa medalla olímpica. Aquel cuarto puesto en Atlanta 96... Hace unas semanas le dije a Fermín Cacho que le cambiaba cualquiera de mis títulos por una medalla olímpica…

Pero, no sólo le ha pasado a usted, pues ningún maratoniano español ha conseguido medalla olímpica en la maratón…

Es cierto. Quizá el hándicap que hemos tenido es que hemos viajado con mucha presión, pues casi siempre hemos llegado con título de campeón del mundo, de Europa… Hemos sido los atletas más vigilados, aunque estoy seguro de que caerá alguna.

¿Qué queda de aquel joven que luchaba por abrirse camino en aquella empresa de productos químicos?

Esa época refleja un poco lo que soy ahora. Una persona muy trabajadora con un espíritu de luchador. Cargaba más de 1000 kilos al día, hacía la contabilidad… Y eso, quieras que no, es un gran recuerdo. Pues la vida te enseña a saber hacer un poco de todo y a aclimatarte ante las adversidades. Lo más gratificante no es que un crío sea presidente de una empresa, sino que para conseguirlo haya empezado limpiando los cristales del edificio.

Y además de los premios deportivos, otros tantos fuera de las pistas, pues fue nombrado Mejor atleta de 1995 y, además, recibió el Premio Príncipe de Asturias de 1997 junto al equipo de maratón.

En verdad, cuando estás en activo no valoras apenas este tipo de galardones. Sólo quieres entrenar, competir y estar concentrado. Pero cuando empiezas a madurar y a ser un carca, te das cuenta de que estos premios también tienen un valor especial. Son grandes reconocimientos al trabajo bien hecho.

¿Qué consejo daría a los jóvenes que ahora empiezan?

Pues a los jóvenes les diría que, aunque tengan una vida mucho más cómoda que la que teníamos antes, que recapaciten, que las cosas no se regalan y que hay que ganárselas a pulso. Lucha, perseverancia y respeto.

9 de noviembre de 2008

Verborrea real

Ha estado más de 30 años a la sombra y sin abrir la boca, pero hace una semana explotó. Y de qué manera. La reina doña Sofía se ha pronunciado sobre los temas más candentes del panorama social español en el libro La Reina de cerca, escrito por la periodista Pilar Urbano, la cual ha manifestado en multitud de ocasiones su afiliación al Opus Dei. Seguro que cuando don Juan Carlos viera los periódicos del 30 de octubre se echaría las manos a la cabeza. Hasta incluso es probable que le soltara a su consorte aquel famoso “pero por qué no te callas”. Y es que la casa real puede tener opinión, pero no puede expresarla. Sea del color que sea. De hecho, el rey lee discursos, no los escribe. Su opinión es la del Gobierno. Cada una de sus intervenciones está totalmente medida por la personalidad gubernamental que esté al frente del sector al que se dirija su majestad. Es decir, que si da un discurso a un grupo de médicos, el ministerio de Sanidad es quien se lo escribe. Sólo tiene libertad con el discurso de Navidad, que lo redacta el propio monarca con ayuda de sus asesores, pero que, a pesar de todo, ha de ser aprobado por Moncloa.

Es decir, que no debe expresar su opinión en público. Y lo mismo ocurre con la reina, los príncipes y hasta con el propio Urdangarín. El Rey no puede, como Jefe de Estado, tener opinión propia y manifestarla. Y su familia, tampoco. Por eso ha sorprendido mucho que, con motivo de sus 70 años, la reina se haya manifestado en contra de los matrimonios homosexuales y de la eutanasia, o a favor de que se enseñe religión católica en los colegios. Vuelvo a repetir, estas declaraciones no han sorprendido a nadie, ¿o acaso se piensan que la reina es ‘progre’, como diría Losantos? Aunque durante estos 30 años han sabido vender muy bien su imagen, no dejan de ser Borbones, con antepasados absolutistas y sanguinarios. Y eso nadie lo puede negar.


Con estas declaraciones, la reina ha incumplido la Constitución en casi todo su título II, el dedicado a la Corona. También es cierto que según la propia ley fundamental “La Reina consorte no ejerce funciones constitucionales salvo en el caso de que forme parte de la Regencia”, pero ello no la exime de la discreción institucional como miembro de la Corona y del deber de abstención en el debate público. Así reza el primer punto del artículo 56: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado Español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las Leyes”. Con sus declaraciones, la reina ha dejado de ser arbitraria y ha roto la unidad que ejercía sobre toda la ciudadanía española. Y su imagen, como una de las más altas representaciones del Estado Español, se ha desdibujado por completo. Miren, por ejemplo, como ha vapuleado también el primer epígrafe del artículo 61 de la norma primordial de nuestro país: “El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las Leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas”. Con sus declaraciones, la reina no ha respetado los derechos de los ciudadanos ni tampoco ha apoyado una ley aprobada por las Cortes Españolas, como es la del matrimonio homosexual.


Pero doña Sofía sabía a qué estaba jugando, pues en ningún momento envió el libro a Moncloa, como establece la Constitución en su artículo 64: “Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes”. Es decir, que como se imaginaba que iban a corregir sus palabras, prefirió hacer caso omiso a la Constitución. Pero, si ha incumplido la norma máxima del estado español, ¿por qué no se la denuncia? Si hubiéramos sido cualquiera de nosotros los que hubiéramos difamado contra la norma fundamental de este país, ya estaríamos metidos en problemas. Y bastante gordos. Pero claro, es que hay otro artículo mágico, el epígrafe tres del art. 56: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Válgame la nona, como diría aquél. Es decir, que todo lo que dice o hace don Juan Carlos o su familia no puede ser castigado ni reprochado, pues los pobres no son responsables de lo que dicen. Ahora, tú no les critiques en público que te llevan a la Audiencia Nacional por atentar contra la familia real. Es decir, que aunque la reina ha dicho que “se ha de enseñar religión en los colegios para explicar a los niños el origen del mundo y de la vida”, no pensó que esas palabras, que muestran un total rechazo a la teoría de la evolución de Darwin, podían afectar a muchos españoles, pues la apreciada señora, no es responsable de sus actos.


Pero tras esta espectacular metedura de pata hay un trasfondo mucho más importante. Según reza la propia Constitución, “El Rey recibe de los Presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su familia y Casa, y distribuye libremente la misma”. Y ese dinero es sufragado por los impuestos de todos los españoles, sean de derecha, de izquierda, de centro, monárquicos o republicanos. Entonces, debido a que esa familia tiene el derecho de vivir en un palacio y de recibir una cuantiosa cantidad de dinero anual, así como de ser inmunes a la justicia, no tienen ningún derecho a pronunciarse públicamente ni a expresar su opinión. Y para más inri, en un año en el que la economía ha caído en picado, en que se han congelado sueldos y presupuestos, nuestro querido Gobierno ha aumentado en un 2,7% el presupuesto asignado a la Casa Real, es decir, que durante 2009 tendrán a su entera disposición un total de 8,9 millones de euros. Y todavía se quejan sus majestades…


Y es que, ya lo decía el poeta trágico griego Sófocles allá por el siglo V a.C. en la vieja Atenas: "Los reyes son felices en muchas cosas, pero principalmente en esto: pueden decir y hacer lo que les plazca sin que les pidan cuentas de ello."

3 de noviembre de 2008

"Poder trabajar en Barcelona 92 fue lo más"

Muy buenas a todos! Os ofrezco hoy una entrevista que publiqué ayer en ABC y los regionales de Vocento. Es a María Escario, una mujer sencilla y simpática a la que tenía muchas ganas de entrevistar. Espero que os guste!

David Val Palao
En los albores de los años ochenta, una jovencísima María Escario (Madrid, 1959) entraba por primera vez en los estudios de Televisión Española. Pero esa vez «no fue la definitiva». Más adelante, en 1985, volvería para quedarse. Al final, se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la cadena. Pero para llegar hasta ahí ha tenido que recorrer un largo camino...

¿En qué consistía ese primer empleo en la televisión pública, allá por los ochenta?
Entré como secretaria de Joaquín Soler Serrano [popular periodista murciano que destacó en el programa A fondo]. En realidad era la secretaria de la secretaria, y estaba en tercero de carrera.

¿Recuerda a cuánto ascendió su primer sueldo?
Sí, fue de 35.000 pesetas. Aunque estuve varios meses sin cobrar...

Serán muchos los recuerdos que le queden de aquellos días...
Fueron días de pánico, pues no estaba muy cualificada para hacer aquel trabajo. No sabía ni escribir a máquina, bueno, ahora tampoco es que sepa usar todos los dedos [risas]. Tuve miedo y mucho vértigo por no poder estar a la altura. Creo que al final me quedé porque era buena chica. Pero cuando finalizó el programa se acabó mi contrato y cambié de empresa. No volví a TVE hasta 1985, pero en esa primera época cuajó una pequeña semilla que luego con el tiempo fructificó.

¿Aprendió alguna lección que aplique todavía hoy?
Que hay que ser honesto y muy humilde en todo lo que haces. Además, hay que ser muy observador, pues se aprende mucho. Me considero una persona bastante trabajadora, igual que considero que era una vaga en el colegio. Si tuviera pereza no podría estar en esto, pues a veces te tocan acontecimientos como unos Juegos o una Eurocopa donde hay maratón de trabajo. Pero también tengo la suerte de que es un trabajo que me gusta. Yo creo que lo duro es subir a un andamio todos los días a las siete de la mañana con un frío espantoso. Por eso me siento privilegiada, creo que hago un trabajo que me gusta que me divierto y que me ha regalado muchas cosas.

Y cuándo das el salto a la TVE no trabajas en programas deportivos…
Bueno, empecé en deportes como una redactora más de la redacción. Lo que pasa es que me dieron un poco el empujón para empezar a presentar un programa por las noches llamado Teledeporte. Ahí es cuando me ve Pedro Erquicia y me reclama para el programa Buenos Días. Luego permanezco en programas durante bastante tiempo, hago el 48 horas, primero con Erquicia y luego con Andrés Aberasturi, después hago el Informativo de fin de semana con Fernando Delgado… Doy unos cuantos saltos porque la casa me requiere para otras cosas y yo también voy ampliando mis conocimientos. Durante mucho tiempo fui la eterna sustituta, la que sustituía a todo el mundo, a Concha García Campoy, a Ángeles Caso…Cada vez que alguien se iba de vacaciones me tocaba la sustitución. He chupado banquillo, que también se aprende mucho, y después he sido titular y en muchas áreas diferentes. He hecho todos los telediarios: fin de semana, matinal, nocturno… No sé si ha habido más gente que los haya hecho todos. Ahora con este ERE los más veteranos que nos hemos quedado estamos en primera línea de playa, como digo yo.

Al final, tras pasar por todos estos programas, consigue su mayor deseo: entrar en deportes. ¿Fue de las pioneras?
Pues sólo había otras tres chicas: Mari Carmen Izquierdo, Elena Sánchez y Olga Viza. Abrimos la brecha, al igual que otras muchas mujeres en otros tantos ámbitos profesionales.

¿Cambiaría algo de su trayectoria profesional?
No, porque yo echo la vista atrás no con nostalgia, sino con cariño. El trabajo me ha regalado momentos preciosos, compañero estupendos... Y he aprendido mucho. Está claro que ha habido meteduras de pata que, evidentemente, sí rectificaría, pero afortunadamente han sido pocas. De lo que me siento más orgullosa es de no haberme apartado nunca del deporte, incluso cuando me ofrecieron otros programas importantes. Pues, por ejemplo, Diego Carcedo [afamado periodista, antiguo director de los Servicios Informativos de TVE, ex director de RNE…] me ofreció presentar la Tercera Edición del Telediario y lo rechacé porque yo sólo quería hacer deportes. Él no lo entendió, porque cualquier periodista aceptaría presentar un informativo, pero yo quería seguir mi camino de forma coherente.

¿Qué es lo que queda de aquella chica que entró por primera vez al edificio de Prado del Rey?
Queda entusiasmo. Soy muy entusiasta con las cosas que hago. Supongo que queda la misma honestidad, y sigo siendo la misma persona, pero con unas dosis enormes de madurez y sensatez. Las cosas te las piensas más y de otra manera, pero sigo manteniendo mi sentido del humor. Me encanta pasármelo bien mientras trabajo.

¿Qué consejo daría a los jóvenes que empiezan ahora en esta profesión?
Que no desistáis, que creáis profundamente en lo que queréis hacer y luchéis por eso. No hay que tirar nunca la toalla. También tenéis que formaros mucho porque el mundo laboral es muy competitivo. Hay que perseverar. Cuando uno cree que tiene talento para algo, hay que luchar por eso y creer en uno mismo. Cuando ves a alguien entusiasta, que cree en sí mismo y que es honesto ya dices: “me gusta esta persona”.

Ya para terminar, ¿quién no recuerda a María Escario bailando «Amigos para siempre» en Barcelona 92?
–[Risas] Qué gran momento. ¿En serio te acuerdas de eso? Me siguen preguntando que cuáles fueron los mejores Juegos y sigo diciendo que los de Barcelona. Evidentemente, unos Juegos superan a los anteriores en creatividad, innovación, diseño… Pero en Barcelona fue todo espectacular. Hubo mil detalles que fueron innovadores y acabaron con la estética “Walt Disney” que tenían los Juegos. Estar ahí, ha sido lo más. Allí hubo algo rompedor que no he vuelto a ver, desde la mascota hasta la ceremonia. Fueron muy transgresores.

Por cierto María, ¿quién va a ganar la Liga?
[Risas] Vaya, qué buena pregunta. La verdad es que no tengo ni idea, pero va a andar entre Barcelona y Real Madrid. Aunque uno es más favorito que otro… El Barça ha empezado como un tiro…

19 de octubre de 2008

Restituyendo la dignidad

Han pasado 72 años. Es cierto. Pero, antes o después, tenía que llegar el momento. El juez Baltasar Garzón se ha declarado competente para investigar los crímenes cometidos por los vencedores de la Guerra Civil entre el 17 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1951, fecha marcada “por la eliminación de guerrilleros y personas que les apoyaban”, según explica la propia resolución. Por primera vez en 72 años, un juez ha dicho que Franco fue un asesino y que cometió, junto a los otros altos cargos de la dictadura, miles de crímenes contra la humanidad y que el desencadenante de la guerra fue un golpe de estado ilegal que pretendía acabar con la República y con el gobierno legítimo de España mediante el uso extremo de la violencia. Una vez firmada esta resolución, el proceso ha echado a andar.

Es cierto que las investigaciones comenzaron en junio, cuando Garzón solicitó a instituciones públicas y privadas, entre ellas la Conferencia Episcopal, que entregaran toda la información que tuvieran sobre fusilados y desaparecidos en la represión. En total, 114.266 personas que “descansan”, todavía hoy, en fosas comunes repartidas entre cunetas, descampados y tapias de cementerios. Y, ¿qué pasa ahora? Muchos medios de comunicación han ridiculizado a Garzón por el hecho de solicitar a los registros civiles los certificados de defunción del general Francisco Franco y de todos los que le apoyaron en el golpe de estado. Esto, que parece una mera tontería, es un formalismo judicial para extinguir la responsabilidad penal sobre el dictador. Es un formalismo similar al de solicitar al Congreso que acredite la condición de un diputado de alguien que todo el mundo sabe que lo es antes de encausarle por algún delito. Es decir, mero trámite. En segundo lugar, el juez Garzón ha solicitado al Ministerio del Interior que identifique a los máximos dirigentes de la Falange Española entre el 17 de julio 1936 y el 31 de diciembre de 1951. Si han muerto, el trámite será el mismo que el seguido con la cúpula militar franquista, pero si están vivos serán imputados, aunque ninguno ingresará en prisión debido a su avanzada edad y por razones puramente humanitarias. Esto no significa, como ha declarado Falange Española, que se intente ensuciar el nombre de este partido político. Actualmente, es un partido democrático y, lo único que se va a hacer es buscar a aquellos falangistas que cometieron delitos contra la humanidad. De ningún modo se les va a culpar por defender una u otra ideología. Y mucho menos si está aceptada por la Constitución.

Ahora, la pregunta está clara: ¿Por qué desenterrar muertos 72 años después? Porque ha de hacerse. Porque estamos hablando de más de 100.000 personas que están enterradas en fosas comunes, abandonadas como perros, simplemente por defender unas ideas diferentes a las de los vencedores. Por sus familias, por haber tenido que permanecer en silencio durante años por temor a convertirse en nuevas víctimas y, desde la Transición, por tener que callarse debido a una Ley de Amnistía firmada en 1977 y que declaraba impune, incomprensiblemente, a todo culpable. Porque el resto de la sociedad española y de las fuerzas políticas del Estado les obligaron a olvidarse de sus seres queridos. Hoy, hijos, nietos y sobrinos de los fusilados han alzado la voz. ¿Por qué podemos juzgar en España a las víctimas de Pinochet o de la dictadura argentina (procesos ambos muy alabados) y no a las españolas? ¿Por qué parece que, 72 años después, no puede hablarse con libertad de esta dura represión sin mirar a un lado y a otro con síntomas de terror? Hoy, por fin se ha hablado claro. Las innumerables ejecuciones sumarísimas, sin las más mínimas garantías de un proceso justo, las torturas, el expolio de los bienes de los vencidos, las ejecuciones extrajudiciales seguidas de la desaparición forzada de personas ya eran entonces, con arreglo al derecho internacional, crímenes contra la humanidad. Además, los crímenes contra la humanidad se han considerado inprescriptibles, es decir, que no pueden prescribir, según toda la doctrina y la jurisprudencia de los tribunales internacionales, cuya legitimidad reconoce el Estado español. Por tanto, todos aquellos puristas que opinan que Garzón no tiene competencia (entre ellos el fiscal de la Audiencia Nacional) y que no se puede abrir una investigación sobre crímenes de hace 72 años porque ya han prescrito o han sido amnistiados, se equivocan. Y así lo avala la prensa internacional, que ha apoyado con firmeza la decisión del juez Garzón para limpiar el nombre de las víctimas del franquismo.

Es más, la Ley Orgánica de 25 de mayo de 1988, encomienda a la Audiencia Nacional la instrucción y enjuiciamiento de los delitos cometidos por personas relacionadas con elementos rebeldes. De hecho, el Código Penal existente en 1932 y el actual castigan cualquier acto de rebelión. Y todavía existen más argumentos para demostrar que el juez Garzón es totalmente competente para abrir este proceso, pues la Ley de Amnistía que libró de toda culpa a los exaltados es preconstitucional (1977), por lo que cualquier juez puede, de acuerdo con la disposición derogatoria del texto constitucional, declararla inaplicable. No queda otra, por tanto, que atenerse a las libertades que ensalza nuestra Constitución, la cual reconoce como norma totalmente efectiva a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Por todas estas razones, es totalmente legal y constitucional la intervención del Juzgado de Instrucción Central nº5, por lo que ninguna institución, pública o privada, puede poner obstáculo a lo que este juzgado le solicite, sin el riesgo de incurrir en el delito de obstrucción a la justicia.

¿Y por qué no procesar a los rebeldes republicanos?
No hay duda de que durante los casi tres años que duró la Guerra Civil, la República trató de hacer frente a la situación con las armas legales que tenía a su alcance. También es cierto que, desbordados por la presión de los sectores más extremistas, no pudieron contener acciones criminales, ejecuciones extrajudiciales, torturas y desaparición forzada de personas que incuestionablemente constituyeron crímenes contra la humanidad. Pero, los vencedores ya se encargaron de castigarlos y, a su vez, de cometer muchísimos crímenes más. Sólo cabe citar, por ejemplo, al general Queipo de Llanos en uno de los bandos de guerra que redactó: “Serán pasados por las armas los directivos de los partidos del Frente Popular y si no fueren encontrados un número proporcional de afiliados”.

Y como era de esperar, a Garzón se le cuestionó sobre Paracuellos. El juez explicó por qué no admitió a trámite la querella presentada en 1998 por lo ocurrido allí. “Tras la finalización de la contienda civil, tales hechos se investigaron, se sancionó (y fusiló) a los responsables y las víctimas fueron identificadas”. Además, investigar este hecho tampoco sería competencia de la Audiencia Nacional, pues el desencadenante de tal tropelía no fue ningún golpe de Estado.

No hay duda de que el tema es peliagudo. De que muchos ven este proceso como un motivo para reabrir heridas cicatrizadas a golpe de años y años de silencio. Pero para que la herida cicatrice bien es necesario coserla con hilo y aguja, y no sanarla cada equis tiempo a base de agua oxigenada.

Como dice Carlos Piera en la introducción a la novela Los girasoles ciegos: “Superar exige asumir responsabilidades, no pasar página o echar en el olvido”.
También podrán encontrar este artículo en elperiodicodeyecla.com

15 de octubre de 2008

No estaba muerto, ¡estaba de parranda!

Texto publicado en www.elperiodicodeyecla.com

Nuestro homenaje a "El Portu" y su guitarra. Por aquellas tardes de frío, en las que encarando la calle San Francisco dirección a la Plaza Mayor escuchabas su canción. Su única canción. En honor a aquellos chavales que subíamos por esa calle tras salir del Azorín. Qué buenos años.


Quizá esta noticia no se adapte a ningún canon de Periodismo, pero aun así, nos vemos en la obligación de ofrecerla. Y es que, el pasado 7 de octubre apareció un vídeo en Youtube que emocionó a los nostálgicos de nuestra ciudad: “El Portu” está vivo. ¿Quién no recuerda a este portugués, guitarra en mano, cantando su mítico “Madre por qué me abandonaste” en plena calle San Francisco? Hace unos años, el Portu, que, según explica el chaval que ha subido el vídeo a Youtube, en realidad se llama Carlinho, desapareció sin dejar rastro de nuestras calles. Nadie supo nunca su paradero. Nadie dijo qué le había pasado. Los rumores saltaron por todos lados. Que si había muerto, que si se lo habían quitado de encima, que si le habían obligado a salir de Yecla a toda prisa… Leyenda o no, aquel hombre al que todos dábamos por enterrado está más vivo que nunca. Según los yeclanos que han hecho público el vídeo, sigue haciendo su música en las calles de Almería, tras haber estado una temporada en Francia. Por eso, y contentos también por saber de él, desde el periódicodeyecla.com queremos darle este pequeño homenaje. Por aquellos días de invierno en los que, aunque hiciera un frío del carajo, lograba sacarnos una sonrisa. Siempre con su guitarra, en la calle San Francisco.

La foto no se ve del todo bien, pero está sacada del vídeo de Youtube. Si pincháis en la dirección podréis verlo y escuchar su afamado tema, que dedica a su madre, la cual lo abandonó de niño.

¡El Portu en Youtube! Entra

Sin duda alguna, un placer volver a verle, maestro.

13 de octubre de 2008

"Si no sabes administrar el éxito puedes acabar muy mal"

Os ofrezco hoy una entrevista que realicé hace unas semanas en Infoempleo.com al periodista José María Íñigo. Sus comienzos fueron complicados, sobre todo debido a una dura posguerra que no dejó indiferente a nadie. Primero en Bilbao, donde gracias a la radio se convirtió en uno de los locutores más famosos de la capital vasca. De ahí a Londres, pero con el único objetivo de llegar a Cadena SER en Madrid. Aun así, no todo el mundo puede decir que ha pasado por la BBC londinense y ha cosechado éxito. Y el salto a la SER y a TVE, realizando varios programas de reconocido prestigio como Estudio Abierto. Hoy en día, José María colabora en el programa No es un día cualquiera de RNE y acaba de publicar otro libro titulado "¿Quién dijo miedo a volar?". Que la disfrutéis, sinceramente, es un señor genial. Y poder escuchar esa voz en directo es todo un privilegio.

¿Cuál fue su primer empleo remunerado?

Empecé en una empresa de suministro de material eléctrico en Bilbao llamada Ismesa: Importación y Suministro de Material Eléctrico. Fue a los 14 años y un día, porque esa era la edad reglamentaria y mi flamante sueldo ascendía a 625 pesetas, que en aquel momento me supieron a gloria, sobre todo el poder contarlas y tenerlas en mi mano.


¿Y en qué consistía ese trabajo?

Era chico para todo, con traje y corbata y una bicicleta roja donde hacía todos los recados. Iba a por tabaco para el jefe, archivaba las cartas, iba a cobrar, a los bancos… Una especie de botones ilustrado. Ahí estuve algún tiempo hasta que, paralelamente, y debido a que tenía gran vocación por el Periodismo, empecé a enviar reportajes a La Gaceta del Norte que era el periódico líder en Bilbao. Y también tuve la suerte de entrar en Radio Bilbao. Incluso tenía otros dos trabajos más de forma simultánea, pues era profesor de inglés en una academia, a pesar de tener sólo 16 años. También trabajaba en la librería Villar, la más famosa de Bilbao. Allí traducía libros y folletos del inglés relacionados con la siderurgia.


Y es que usted fue todo un autodidacta con eso del inglés…

Es cierto, igual que a otros les da por jugar al fútbol, a mi me dio por el inglés. Me compré con la paga del domingo un libro, me lo aprendí de memoria, después me compré otro… Y yo hablaba un inglés que pensaba que era inglés de verdad…


De aquella primera experiencia, ¿qué recuerdos conserva?

Era muy alocado. Hacía cosas que, pudorosamente, no haría hoy. Eso de ir al director de un periódico y decirle que me dejara escribir sin haber escrito nada en mi vida… Es cierto que con la locura de esa juventud tan rabiosa me apunté a todo y tuve muy buena suerte, pues me dieron oportunidades que supe aprovechar.


¿Aprendió alguna lección que todavía aplique hoy en su trabajo?

Aprendí a levantarme una hora más temprano que los demás. Aprendí también a no decir nunca que no si me preguntan si sé hacer algo, y aprenderlo de un día para otro. Yo creo que en eso reside todo. Hoy cuando me viene un chico que quiere trabajar lo primero que pregunta es cuánto va a cobrar y cuándo se libra. Cuando yo empecé, eso era lo último que se preguntaba. Y he trabajado muchos meses sin cobrar, por adquirir la experiencia y por intentar hacerme imprescindible. Y eso funciona. Pero los tiempos han cambiado, y entiendo que a los chavales les interesa más cobrar que aprender y trabajar.


¿Qué hitos considera fundamentales desde aquellos primeros empleos hasta hoy?

El primer momento importante fue cuando vine a Madrid a pedir trabajo en la SER. Cuando dije que era de Bilbao, de la SER de allí, me dijeron que de provincias como que no. Así que me mandaron para casa. Entonces decidí ir a Londres para llegar a Madrid desde allí y no desde provincias. Mi estancia en la capital inglesa fue fundamental. Y lo pasé muy mal. Estuve dos años comiendo tortillas de patatas por la mañana, por la tarde y por la noche, porque mi presupuesto no daba para más. Mi idea era venir a Madrid. Años más tarde, otro punto fundamental fue cuando entré en televisión para dirigir un programa que fue uno de los históricos de la tele, que es Estudio Abierto, con el que estuve diez años. Esos puntos fueron muy interesantes. Mi paso por Cadena Ser y TVE han sido fundamentales en mi carrera para poder luego estar en otros sitios.

¿Y se puede vivir de la música sin ser apasionado de ella?

Sí, claro que sí. Se puede vivir de todo sin que te guste todo si no hay más remedio. Yo elegí la música porque era la única vía que tenía de entrada en la radio. Si hubiera habido otra, quizá la habría elegido igual. Después me empezó a entusiasmar la música hasta el extremo de que durante muchos años me dediqué de lleno a la música, como discjockey… Incluso he escrito algún libro sobre el tema.


De hecho, fue uno de los primeros DJ que hubo en Epaña…

Entonces esa palabra no se utilizaba, sonaba muy rara. Casi parecía una cosa mala, pero sí, fui quizás el primero que se auto tituló diskjockey. Le echaba yo mucho cuento al asunto y en menos de un año era el amo de las ondas. Ponía discos, los comentaba, daba gritos, decía "hello boys...". En fin, el típico presentador de discos de los años sesenta. El típico y casi el único. Eran los tiempos en que Los Brincos triunfaban con su "Sorbito de champán"...


¿Cambiaría algo de su carrera profesional si echa la vista atrás?

Cambiar no. Todo me ha servido, ahora con la perspectiva del paso de los años hay cosas que me parecen ridículas, como eso de hacerme llamar Mister Ritmo con 17 años. Me sonrojo nada más de escucharlo.

¿Hasta qué punto se han cumplido sus aspiraciones profesionales?

Todo, yo quería ser lo que he sido y lo que soy. Incluso he sobrepasado mis expectativas. Nunca pensé, por ejemplo, escribir libros, y al final he publicado casi 50. Ni tampoco pude nunca pensar que habría tenido tanto éxito. Estas cosas pasan, si las sabes asimilar bien, si no lo puedes pasar mal, pues, sobre todo en el mundo de la televisión, un día puedes estar arriba y al siguiente, abajo. Lo mismo eres el número 1 que el 100 o un fenómeno y no te conoce nadie. Y estas cosas hay que saberlas administrar y encajar, porque si no tienes la cabeza en su sitio puedes acabar muy mal.

¿Qué queda de aquel joven que luchaba con directores de periódico y de radio por abrirse camino?

Pues queda, la verdad es que no sé… Supongo que el orgullo de haber empezado de cero y de haber conseguido todo por mi propio esfuerzo. También la lección de trabajar para poder comer, una lección que te sirve para saber apreciar lo que consigues posteriormente.


¿Qué consejo daría a los jóvenes que ahora empiezan?


Tal como están las cosas, si ya no hay más remedio porque has hecho la carrera, apechugar con ello. Si no, estudiar electricista o fontanero que creo que tiene más futuro que el periodismo. Si eres periodista, es fundamental especializarse en algo, ser el que más sabe de algo, hablar inglés, pero también algún otro idioma complicado que no sea accesible a los demás, para que cuando haya que ir a Afganistán o a Japón te envíen a ti porque conoces el idioma del lugar. Tienes que tener un plus más que tus compañeros, porque hay demasiados periodistas y puede valer cualquiera. Además, tienes que ser un gran fotógrafo, saber utilizar programas de maquetación, manejar una mesa de mezclas…


4 de octubre de 2008

¿Querido maestro?

Mañana domingo es un día importante. Es 5 de octubre. Seguro que casi nadie sabe a lo que me refiero. Pero 659.590 profesionales sí. Y es que mañana es el Día Mundial de los Docentes. Casi 700.000 personas que decidieron desempeñar esa reconfortante profesión por pura vocación y que ahora se encuentran agobiados e irritados. “Los alumnos nos han perdido todo el respeto”, me contaba uno de mis antiguos profesores del Azorín. ¿Y por qué este cambio tan radical? Yo salí de Yecla hace seis años, tras haber terminado segundo de bachillerato, y no recuerdo a ningún profesor de los tantos que conocía que no siguiera ilusionado. Ahora, todo ha cambiado. Cuando les visito o me los cruzo por la calle, casi todos dicen lo mismo: “Estoy deseando jubilarme”, o “voy a ver si a los 60 lo dejo”. Y peor aún, “no sé si acerté con esta profesión”... A mí, estas afirmaciones me dan en qué pensar.

¿En qué se diferencian los chavales de 15 o 16 años, de los de mi quinta, que ahora tenemos 23 o 24 años? Es cierto que siempre ha habido alumnos problemáticos, pero nunca se llegaba a las manos, como está ocurriendo hoy en día. Ayer, leí en varios medios una entrevista que se realizaba al portavoz del sindicato de profesores, Augusto Serrano. Para él no había duda: “Ahora, el estatus de los alumnos en casa es más alto que el de los docentes”. Y estoy totalmente de acuerdo con él. Los padres han empezado a dudar de la palabra de los docentes y han perdido el respeto a la labor que desempeñan. Sólo los hijos llevan razón porque los padres han dejado de preocuparse por la educación de sus pequeños. O, al menos, se preocupan mucho menos que antes. Y esto se demuestra cuando cada vez hay más agresiones en las aulas, ya no sólo por parte de los jóvenes, sino que incluso ya han sido varios los padres que han pasado por los Tribunales por haber defendido a sus hijos ante el “malvado profesor” asestándole varios puñetazos en la mandíbula.


En la sociedad actual es normal que los hijos pasen solos en casa la mayor parte del tiempo. Según un estudio publicado recientemente por la Fundación SM, el 27% de los niños de 6 a 14 años se siente solo cuando llega a casa después del colegio, y se refugian en la televisión o en el ordenador. Esto supone que la educación que antes aportaban los padres se concentre ahora casi exclusivamente en la escuela. Los profesores han de ser psicólogos, instructores y animadores. Es decir, que su labor exclusivamente docente se ha diluido en demasía. Después, está el mal de la televisión. Los jóvenes ven que para “hacerse famoso” y ganar mucho dinero no es necesario estudiar. Simplemente necesitan un golpe de suerte o salir en un plató pegando cuatro gritos. Los chavales tienen la imagen de que estudiar es sólo propio de ‘pringados universitarios’, y, además, los padres ya no ven los estudios como un síntoma de progreso social, sino como una carga económica que quizá no repercuta en sus hijos como ellos esperan. Es decir, que muchos padres ya no creen que una carrera universitaria sirva de algo, por lo que, con ese pasotismo, han desprestigiado la labor del enseñante. Y los chicos, que no son tontos, se han percatado de eso. Piensan que para tener una vida fácil no es necesario estudiar, simplemente porque sus padres tampoco lo creen así. Éstos les dicen que estudien, pero no les controlan como antes, y, además, permiten que en sus habitaciones haya televisiones, ordenadores, videoconsolas y demás aparatos que son mucho más divertidos que sentarse a leer un libro de Historia. ´

Pero la culpa no es sólo de los padres, sino también de los propios profesores. No es lógico que en el siglo XXI, caracterizado por el avance fugaz de las nuevas tecnologías, la tiza y la pizarra sigan siendo el método docente por antonomasia. Los alumnos, enganchados a los blogs, al Messenger, al Facebook o a la Wii, se aburren como ostras al comprobar que su maestro sigue encallado en el uso del encerado. En otros países europeos se está potenciando, desde los propios gobiernos, la utilización de aparatos tecnológicos en las aulas. Las clases son mucho más interactivas y los alumnos se sienten importantes, es decir, se rompe esa barrera de autoridad y lejanía que casi siempre ha existido entre el alumno y el profesor. Y esa autoridad es la que conlleva a que los jóvenes se rebelen. Ellos, acostumbrados a no tener hora de llegada a casa desde muy críos, a conseguir casi todo lo que quieren porque los padres son cada vez más permisivos en su labor educativa, no entienden que en el colegio haya una persona delante de ellos que, sin ser ni siquiera su padre, les trate con una autoridad para ellos inusual. Por tanto, la solución creo que ha de venir de ambas partes. Los padres han de volver a confiar en los profesores de sus hijos y deben inculcar de nuevo en sus vástagos ese ‘chip’ que antes teníamos, ese que nos hacía estar seguros de que unos buenos estudios servían de algo. De hecho, nunca podré agradecer a mis padres tanto como querría que ellos me educaran con esa firme idea. Y mi padre tuvo, además, una buena táctica. Me enseñó a valorar la importancia que tenían los estudios llevándome a trabajar de fontanero con apenas 10 o 12 años verano tras verano y Navidad tras Navidad. Y vaya que si lo aprendí...


Y, por otro lado, los profesores han de modernizarse. Es cierto que la libertad de cátedra les permite, ciñéndose a un programa, dar sus clases como quieran, pero espero que por el bien de la educación y de las próximas generaciones sepan adaptarse al devenir de los tiempos. El fracaso escolar que existe hoy en día y, especialmente en Yecla, es alarmante. A esto hay que sumar también los despropósitos de los políticos en materia educativa, pues legislatura tras legislatura cambian las leyes y crean el caos en las instituciones docentes. Parece que nadie se toma en serio el futuro de nuestra sociedad. Yo, desde mi humilde rincón, espero que sirva de algo este artículo, pues como decía, allá por el siglo VI a.C., el filósofo chino Confucio, “donde hay educación, no hay distinción de clases”.

P.D. También podrán encontrar este artículo en http://www.elperiodicodeyecla.com/

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