6 de septiembre de 2008

La crisis económica en Yecla

Una vez finalizado el verano, volvemos a la rutina de siempre, pero este mes de septiembre no es como los demás. España está viviendo la crisis económica más importante de la democracia. Y si cada vez afecta con mayor fuerza a los bolsillos de los españoles, a los de los yeclanos mucho más. Pero en nuestra ciudad se veía venir, pues desde hace 20 años hemos estado creciendo sin freno, pero con pies de barro. ¿Y quiénes son los culpables? Está claro que no quiero hablarles de cifras macroeconómicas, ni de subidas incontroladas del petróleo ni del despertar chino. En Yecla, la crisis tiene culpables claros: trabajadores, empresarios y sindicatos. No hay la menor duda de que Yecla es un pueblo trabajador, pero sólo se puede ser trabajador cuando, lógicamente, hay trabajo. No voy a achacar más o menos culpa a unos que a otros. Creo que los tres grupos sociales que he citado se han ganado a pulso la situación actual, y simplemente por no tener un plan estratégico claro ni una visión de futuro.

En primer lugar, los sindicatos. El sector de la madera está mayormente representado en nuestra ciudad por la USO. Este sindicato, de orígenes cristianos, nació en torno a 1960 y aunque ganó fuerza en la Transición nunca pudo acercarse ni de lejos a los dos sindicatos fuertes y vertebrales de este país, tanto por historia como por tradición: la UGT y Comisiones Obreras. Y el ser la tercera fuerza sindical a nivel nacional repercute mucho a la hora de negociar convenios, pues el peso que tiene la USO es mínimo comparado con el de los sindicatos mayoritarios. Esto conlleva a que las negociaciones siempre sean irrisorias y las mejoras sociales y laborales, prácticamente inexistentes, aunque nos intenten vender lo contrario. ¿De verdad quieren que me crea que el sector de la madera tiene un buen convenio en Yecla cuando el salario base está en torno a 700 euros (tirando a lo alto)? ¡A quién pretenden engañar! Por tanto, el primer culpable: el sindicato mayoritario en Yecla por su incapacidad a la hora de negociar con la patronal y los dos minoritarios (UGT y CCOO) por no haber sabido remediar esta situación.

En segundo lugar, tenemos a los trabajadores. Yecla es pueblo de currantes, pero de currantes sumisos. El echar tres horas extras al día y trabajar los sábados es más que normal para el yeclano medio. Un sueldo base de 700 euros que asciende a los 1400 gracias a las extras en negro. ¡Qué bonito es tener que declarar sólo ese ‘sueldecillo’ base! Y como teníamos dinerillo fresco hemos entrado en el círculo consumista por la puerta grande. Y no me refiero al consumismo que padecemos todos, es decir, a ese de ir al Corte Inglés un par de veces al mes. No. Me refiero a ese consumismo típico del yeclano: dos coches, casa en el campo, casa en el pueblo y apartamento en la playa. Es decir, hipotecas mensuales de 1.500 euros a 30 años. Pero el yeclano confía. Si estoy ganando 1.600 euros al mes, y mi santa otros tantos, ¿cómo me voy a preocupar? Además, mi vecino que trabaja también en la madera tiene un Audi. Y hasta mi jefe, que hace dos días no era nadie, tiene otro. ¡Yo no puedo ser menos! Ahora con la crisis llegan los problemas. Los trabajadores curran sus ocho horitas, cobran 700 euros y no saben cómo afrontar las fuetes hipotecas que les ahogan, y si van al paro, la ayuda por desempleo que les ofrecen es mucho más pequeña.


Por último, está el empresario. En Yecla hay un prototipo de empresario que no se encuentra en muchos otros sitios. Y es que, gran parte de los empresarios locales hace 15 años no eran ni la mitad de lo que son ahora. Han aprovechado las vacas gordas y han pasado de tener un Renaul 7 a tener un Mercedes, y de tener un pisito de 50 metros a vivir en una mansión de 800 metros con jacuzzi y piscina aclimatada. Y como se les queda grande lo del puro, el caviar y el whisky con hielo, pues no han sabido prevenir. Les pondré un fácil ejemplo: si a una empresa entraban 50 pesetas al mes, el empresario decía: 20 para los trabajadores y 30 para mí. Cuando lo lógico hubiera sido, 20 para mis empleados, 20 para mí y 10 a la hucha, por si alguna vez hay que romperla. Pero no, mejor todo para mí. De ser un don Nadie a ser un don Juan. Y todo en unos añitos. ¿Y qué ocurre ahora? Pues que llevamos unos meses en crisis y la única solución es despedir a sus trabajadores y declararse en quiebra o insolvente. ¡Ah! ¡Y echarle la culpa a ZP! Estas empresas han demostrado que tenían pies de barro o, simplemente, empresarios a los que la chaqueta les quedaba demasiado grande.


Pero también quiero destacar que hay buenos patronos, inteligentes y consecuentes. No todos se ajustan al prototipo anterior. De buena tinta conozco a algunos que han ofrecido a sus currantes un sueldo base de 1.200 euros por ocho horitas trabajadas. Pero, ¿saben cuál fue la respuesta de algunos de los obreritos capitalistas yeclanos de esa empresa? Na nai de la China. ¿Por qué? Muy fácil. “A mí déjame con mis 11 o 12 horitas diarias y mi sueldo de 700 euros. Lo demás en negro. Así me devuelve Hacienda una pasta, le dan buenas becas a mis hijos y todos somos más felices”. Después vendrán los madremías cuando les quede una pensión que no les dé ni para comprarse el Marca los domingos o un paro que no les dé ni para pagar la mitad de la hipoteca.


¿Las soluciones? A estas alturas lo veo bastante negro. El Gobierno, tanto central como regional y local, deben estudiar seriamente la situación. El Ayuntamiento todavía no ha ofrecido ningún tipo de solución, y en este mes de septiembre ya hay más de 2000 parados en Yecla. La Región de Murcia tampoco parece hacer nada, cuando nuestra Comunidad es una de las que está decreciendo con más fuerza. Un panorama oscuro para nuestra Yecla, eso es lo que diviso. Creo que es demasiado tarde para encontrar soluciones eficaces. Como la crisis mundial siga adelante y el gigante chino e indio siga abriendo los ojos, nos espera una buena... La única solución factible, si no se produce un reajuste económico a nivel mundial, es empezar de cero como hizo Elda hace unos años con la crisis del calzado e intentar diversificar un poco nuestra economía. No podemos depender al 80% del sector del mueble. Pero no se preocupen, siempre podrán gritar a los cuatro vientos una sentencia que ha puesto de moda el Gran Wyoming: Señores, ¡la que está liando Zapatero!


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