30 de enero de 2012

Campanes a mort: Los sucesos de Vitoria de 1976

  • La Policía del gobierno de Arias Navarro y Fraga asesinó a cinco obreros que celebraban una asamblea en la iglesia San Francisco de Vitoria
Dedicado a las noches de cine en el EKO de Carabanchel
    El 3 de marzo de 1976, Vitoria se vistió de luto. En enero, los trabajadores habían comenzado una serie de protestas para defender sus derechos más básicos. En las fábricas de la ciudad se pedía un aumento lineal de sueldo de 6.000 pesetas, 40 horas de trabajo a la semana o un seguro por accidentes y enfermedad. El sindicato vertical no permitía ningún tipo de derecho. La huelga estaba prohibida, las asambleas de trabajadores, también.

    El primer choque con la patronal surge por la representación, pues la empresa se niega a recibir a los trabajadores ya que quiere seguir negociando con el sindicato vertical franquista. Estaba prohibido elegir a los propios representantes. Así que los obreros luchan por alcanzar un mundo nuevo, con dignidad. 

    Hubo tres llamamientos a huelga general, los dos primeros fracasaron, pero el del día 3 de marzo tuvo un seguimiento total. La represión parecía la única manera de frenar este movimiento masivo. El seguimiento de la huelga fue total. Las fábricas cerraron por la mañana y los trabajadores convocaron asambleas en las iglesias de los barrios, entre ellas la de San Francisco, en el barrio de Zaramaga. Se dan los primeros enfrentamientos y se suceden los primeros disparos por parte de la policía. Los jóvenes salen de los institutos y se dirigen también a reunirse con los trabajadores.

    En esas primeras horas, la policía responde con balazos en las rodillas, los testículos e incluso en la cara. Las reuniones en las iglesias parecían seguras. Pero ese día, todo iba a cambiar. Cientos de trabajadores se congregan en la iglesia de San Francisco. A primera hora de la tarde, las fuerzas de seguridad acordonan todo el edificio y prohíben el paso a los trabajadores que todavía estaban llegando a la iglesia. Quienes logran cruzar el cerco entran en la iglesia después de recibir cargas policiales. Asimismo, quienes atemorizados deciden salir, son recibidos de la misma forma.

    La Policía pide desalojar, pero la asamblea decide no hacerlo al tratarse de una reunión pacífica. “Si hay gente, a por ellos”, ordenan los superiores a los policías que acordonan la zona. “Si desalojan por las buenas, bien; si no, a palo limpio”, decretan. “O traen refuerzos o habrá que usar las armas de fuego”, amenazan los de abajo. “¡Vamos a por ellos! ¡Gasead la iglesia!”, gritan al final. Y así es. A los pocos minutos, y tras romper las ventanas de San Francisco, la Policía lanza botes de humo al interior. El caos se adueña de los cientos de trabajadores, trabajadoras y niños que abarrotaban el edificio. Comienzan las carreras y los empujones. Las puertas se abren y comienzan a salir corriendo, en tropel. Y la policía... DISPARA. Dispara contra cientos de manifestantes desarmados. “¡Que manden fuerza aquí que hemos tirado más de 2.000 tiros!”, gritan por sus transmisores. Decenas de heridos caen al suelo. El pánico es inmenso. No son pelotas de gomas. Las balas atraviesan los cuerpos de los trabajadores. Hay tres muertos.

    Las víctimas
    “Esto es una batalla campal”, exclaman los policías por sus transmisores para avisar a sus superiores. “Dile a Salinas que hemos contribuido a la paliza más grande de la historia”, alardean los asesinos. “Por cierto, aquí ha habido una masacre. Pero de verdad una masacre”, repiten insistentes por sus walkies. La revolución estalla en Vitoria. La gente se echa a las calles. Miles de ciudadanos se enfrentan con la policía. Hay más de 500 heridos en total, más de 100 por bala. Dos de ellos morirían horas más tarde. Tres habían muerto ya a las puertas de la iglesia. Vitoria es una ciudad tomada.

    Romualdo Barroso, de 19 años. Francisco Aznar, de 17 años. Pedro María Martínez, de 27 años. José Castillo, de 32 años. Bienvenido Pereda, de 30 años. Todos ellos murieron masacrados a balazos por la policía del régimen, la actual Policía Nacional.

    Sin perdón

    Hoy, 30 años después, los máximos responsables de aquella masacre siguen defendiendo la actuación de la policía. Manuel Fraga, fallecido plácidamente en su cama no hace muchos días y colmado de homenajes y agasajos, era el Ministro de Gobernación en aquel entonces. Nunca fue capaz de reconocer la masacre que se cometió. “La actuación no fue excesiva”, recalcó en una entrevista hace unos años. De viaje en Alemania, Fraga encargó dirigir la situación a Adolfo Suárez, primer presidente de la democracia y, por aquel entonces, secretario general del Movimiento.

    Rodolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales, que dirigió la cartera de Gobernación bajo el primer gobierno de UCD, también estuvo al frente de este sangriento ataque. “Reconozco que hubo poca fuerza de seguridad, que fue arrinconada y que reaccionó como reaccionó”, explica Martín Villa en el documental que acompaña a este artículo. “Yo soy bastante comprensivo con la actuación de la policía”, añade. Las fuerzas de seguridad se vieron acorraladas por unos trabajadores que se manifestaban pacíficamente y sin armas. Paradójico.

    Fraga y Martín Villa visitando a los heridos
    Pero la crueldad de Fraga y Martín Villa se multiplica el 4 de marzo. Ese día, el ministro de Gobernación y el de Relaciones Sindicales viajan a Vitoria para visitar a los heridos. Se encuentran una ciudad rota por el dolor, destrozada y presa del caos. Donde la policía dispersaba a palos a los grupos de más de cuatro personas, generando más y más heridos. A pesar de todo, ambos ministros tuvieron la caradura de quejarse porque algunos les recibieron al grito de asesinos, preguntándoles si venían a rematar a los heridos.

    Fraga culpó a los empresarios de esta situación y, cómo no, a los trabajadores. “La situación económica de España y del mundo es seria y preocupante por lo que las reformas salariales y laborales han de adaptarse a las reglas de juego civilizadas. Que no es posible aceptar planteamientos anarquistas o utópicos en un momento como este es absolutamente indudable. ¡Que el país no los va a tolerar! ¡Que el gobierno no los puede aceptar!, es evidente también. Que este triste ejemplo sirva de gran lección para todo el país en los meses próximos”. Fraga, 4 de marzo de 1976. Unas palabras que, sin duda, tienen eco en el presente.

    La memoria

    Entierro de los asesinados en Vitoria
    Aquella noche, Lluis Llach estaba siguiendo la noticia por televisión. El piano entre las manos. Le llovieron las llamadas, asegurándole que habían asesinado a gente joven. Muy joven. También le contaron que había muchos heridos, información que no dio TVE. Sus manos empezaron a tocar. Y de ahí nació Campanades a morts. Sin duda, una de las canciones más viscerales del cantautor catalán. Una canción de lucha. De victoria. Porque la democracia llegó con el sacrificio de muchas vidas. Con terrorismo de Estado. Y casi cuatro décadas después, siguen sin reconocerlo. Sin pedir perdón. Que sirva este homenaje para que Romualdo, Francisco, Pedro, José y Bienvenido siempre estén en nuestra memoria. Y en la de sus asesinos.


    La Revolta Permanent

    19 de enero de 2012

    Urgente: Yecla está en la UCI

    Tocada y a punto de hundirse, la salvación de Yecla está en nuestras manos

    Nuestra ciudad está en depresión. Yecla está fuera de la red de ciudades activas, es una ciudad llorosa donde la calidad de vida es cada vez más difícil. Es una ciudad burocrática, desactivada, atrofiada, desahuciada. Pero no se da cuenta. Sigue anclada a un principio obsoleto: el continuismo. El no entender nada para hacer menos. Yecla ya huele.

    Estos días, Madrid acoge la Feria Internacional de Turismo (FITUR), un evento que el pasado año sirvió para presentar la tan comentada Ruta del Vino de Yecla. Pero, por desgracia, se ha vuelto a cometer el error. Este año Yecla ya no está allí. Nos esforzamos por algo, lo conseguimos y nos olvidamos. Siempre hacemos lo mismo.

    Algunos de ustedes recordarán el revuelo que supuso para la ciudad la adquisición allá por 1979 de las espléndidas réplicas de toda la obra de El Greco surgidas de la mano del pintor Juan Albert. La gran mayoría, apenas sabrá de qué les hablo. Este pintor nació en Yecla porque en algún sitio hay que nacer, pero desde muy temprana edad se dedicó a recorrer el mundo, sobre todo Estados Unidos y Latinoamérica.

    Pues bien, tan perfectas son sus copias de la obra de El Greco que el propio Juan de Contreras y López de Ayala, Marqués de Lozoya, director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y reconocido crítico de arte de la primera mitad del siglo XX reconoció poco después de estudiar la obra de Albert Roses que solo un perito muy experto podría distinguir cuáles eran las de El Greco y cuáles las del yeclano. Las obras, que fueron expuestas en medio mundo, se compraron y se colocaron con gran orgullo en la Casa de Cultura. Han pasado más de tres décadas y nada se ha hecho para dar a conocer tan importante adquisición.

    Si miran a su alrededor, verán que el de Juan Albert no es un caso único: tenemos yacimientos arqueológicos tan inigualables como desconocidos para los propios yeclanos, monumentos y edificios emblemáticos que se caen por abandono o que, simplemente, fueron derruidos años atrás fruto de la ola urbanística que arrasó España. Rutas del Vino sin turistas o colecciones privadas de escritores que solo sirven para coger polvo. En las últimas décadas Yecla y todos sus actores (gobierno, oposición, motores económicos, asociaciones y CIUDADANOS) han conseguido acabar con la idiosincrasia de la ciudad para crear una ciudad común, simple y ordinaria. Las buenas ideas se guardan en el cajón por “falta de financiación”, pero, sobre todo, por miedo al cambio, a lo nuevo. A romper con lo que conocemos.

    Yecla se ha convertido en una ciudad envidiosa y derrotista, donde la crítica despiadada y el miedo al qué dirán son seña de identidad. Las diferencias no suman, sino que separan. En parte, todo esto surge a raíz del partidismo reinante, que defiende lo suyo como verdad intocable y a los que están con él como ciudadanos magníficos. Los otros partidos no existen o se ningunean. A las organizaciones ciudadanas, a las empresas... apenas se las escucha. A los críticos se les boicotea. Y la mayoría de los ciudadanos, se resigna. Acato, obediencia, sumisión. Silencio.

    Es entonces cuando empiezan a surgir los lloros. Lloros eternos: el Estado nos margina, no nos hacen una autovía, las empresas no apuestan por nuestra ciudad, los centros comerciales se van, no tenemos recursos para innovar... Somos líderes del victimismo oportunista. Un victimismo que es falso, puesto que lo que no tenemos es porque no se ha luchado lo suficiente. Porque no nos creemos lo que valemos.

    Las empresas cierran. Los pequeños y medianos comercios se tambalean, Los buenos profesionales emigran y los jóvenes despiertos se buscan la vida en otras ciudades. Las calles y los barrios están cada vez más deteriorados. La pobreza es palpable. Da la sensación de que mañana, Yecla no estará. La polarización entre muy ricos y muy pobres es cada día más visible. Al final, sucumbiremos bajo esta ola de derrotismo, quedando fuera del circuito de oportunidades actuales, de ser diferentes. Yecla es la ciudad de la decepción.

    Pero reconocerlo es el primer paso. Estas conclusiones no son del todo mías. Muchos expertos en márketing coinciden en que para rediseñar las ciudades del siglo XXI hay que alejarse de todos los parámetros anteriormente expuestos. Por desgracia, Yecla los cumple a rajatabla. Pero, si nos damos cuenta a tiempo, si asumimos que nos hemos equivocado y actuamos desde ya, todavía habrá esperanza para nosotros.

    Y los primeros que han de asumirlo no son los gobernantes, sino los propios yeclanos. Los ciudadanos son quienes han de capitanear el rediseño de una nueva Yecla. Porque ya es hora de que estemos en Primera División. Porque las diferencias SUMAN, no separan. Porque es el momento de actuar. De rediseñar una estrategia y de trabajar con la participación de todos, capitaneados por un liderazgo municipal responsable, con el alcalde a la cabeza. Un alcalde que ha de explicar, comunicar y abrir la mano al talento. Es decir, no debe mandar, ni dictar ni ordenar, sino administrar este cauce de ideas.

    Nuestra ciudad está herida de muerte y hemos de buscar el futuro. Pero esto solo será realidad con el trabajo de todos y todas: sector del mueble, del vino, turístico, asociaciones, comercios, Ayuntamiento, hostelería y, sobre todo, VOSOTROS, nosotros, los ciudadanos. Porque, y parafraseando a Luther King, yo tengo un sueño, pero sin vuestro apoyo no sé por dónde empezar. Ese sueño se llama YECLA. Ha llegado la hora de actuar. ¿Os atrevéis?


    14 de enero de 2012

    Del ostracismo a la locura

    Ayer pasé un buen rato con el autor de una de las novelas de moda en Internet. Y de ese encuentro surgió todo esto...

    Juan Soto Ivars nació hace 26 primaveras en Águilas, pero su vida le hizo volar pronto de allí. Pasó por Tánger, Madrid, Asturias, hasta recalar en Barcelona, donde actualmente reside. Un error de corrección en Ediciones B le abrió las puertas del éxito. Su primera novela, La conjetura de Perelman se está haciendo hueco entre los libros más recomendados del año. Reseñas en importantes medios nacionales así lo atestiguan. No se esperaba el boom mediático, pero poco a poco lo está asimilando. Silencio, soledad, ostracismo y hasta violaciones. Los temas de sus novelas atraen desde la primera página, ¿algún problema psicológico inconfesable? Asegura que no. Hoy sábado lo descubriremos,  porque a las 19:00 horas estará en el Bare-Tito (calle San Antonio, 38) para firmar algunos ejemplares.

    La conjetura de Perelman. Se habla de ella en los foros,  se reseña en medios de renombre nacional... ¿Te esperabas el éxito que está teniendo?
    Ciertamente, no me esperaba el éxito mediático ni la atención que ha recibido. Todo esto viene por lo de Nuevo Drama (de lo que hablaremos más adelante). Hubo gente que nos puso un poco a caldo en Internet, pero nos sirvió para hacernos propaganda. La gente se interesó más por saber lo que era y nos pilló un poco por sorpresa.

    Sin duda, no está mal para ser la primera, pero ¿esta novela nació indie con estructura de best-seller?
    En un principio, a la editorial le presenté una novela muy literaria, y aunque les gustó el estilo, les pareció muy reflexiva. Me dijeron que probase a escribir una novela de trama y coincidió con que yo quería, pues tenía en mente hacer historias para todo el mundo. Quien la ha leído dice que es fácil de leer, pero que los personajes tienen mucho recorrido, por lo que no es un best-seller al uso.

    ¿Qué hay que hacer para que Ediciones B te publique tu primera novela: qué sea buena, saber venderla o ser un hacha de las redes sociales?
    No, el contrato estaba hecho antes. La historia es más rocambolesca. A Ediciones B llegué como corrector, pero metí una “morcilla” en un libro y me la pilló la editora. Entonces me dijo que estaba despedido. Aun así, le gustó mi creatividad y me pidió que enviara algo que tuviera escrito. La “morcilla” sirvió para que se interesaran en mí.

    He leído por ahí que incluso soltabas párrafos de la novela en Facebook para ver la impresión de los lectores. ¿Los cambiabas si había críticas negativas?
    Como era la primera novela y nunca me habían hecho una crítica, era muy inseguro. Ahora menos, porque sé que las cosas que yo creía que iban a funcionar, funcionan. Y que las que me parecieron un poco más flojas son las que la gente ha notado como tal. Pero cuando estaba escribiendo no tenía ni idea si lo que se me había ocurrido era una genialidad o una tontería. Entonces lo ponía en Facebook para ver la reacción de la gente. Funcionara o no, normalmente no lo cambiaba.

    La imagen del escritor es la del tío solo, desesperado delante de la pantalla, fumando y en calzoncillos. ¿Te identificas con ese estereotipo?
    Cuando escribo sí. De hecho, me fui seis meses a Águilas y me aislé. Facebook era mi única vía de escape. Estuve casi seis meses sin ver a nadie, a excepción de la novia que tenía entonces y que es en quien se basa el personaje femenino de la novela. No hay duda de que es mucho más agradable irse de copas que escribir.  

    Tu apuesta por las nuevas tecnologías hace que por el módico precio de 1,99 euros Amazon venda tu libro para e-books...
    Pues sí, la editorial le ha echado huevos. Se ha movido como si fuera una editorial independiente, porque es un riesgo y puede perder dinero. Hace poco Lucía Etxebarría decía que dejaba de escribir por ese motivo. Así que una editorial con tantos títulos apueste por casi regalar los libros de manera digital, sorprende. Creo que están intentando ser pioneros en esto.

    ¿Y qué tiene que ver el Nuevo Drama con todo esta historia?
    El Nuevo Drama surge a raíz de una conversación de bar entre Manuel Astur, Sergi Bellver y yo. Es una especie de pataleta contra dos cosas: la literatura totalmente inaccesible para el lector medio y que solo reflexiona sobre asuntos muy actuales (literatura postmoderna) y contra el best-seller de mala calidad. El Nuevo Drama es contar nuevas historias que llenen a la gente donde el autor asuma una exigencia bastante alta. Es salir de la literatura comercial para hacer algo parecido, pero de más calidad, más de autor.

    Vayamos a Perelmán, el matemático ruso que resolvió la Conjetura de Poincaré y decidió vivir en el ostracismo y huir de la fama, ¿algo de autobiográfico?
    Absolutamente nada. Yo soy totalmente social, aunque sí me obsesionan los personajes como Perelman. Mi autor favorito es el noruego Knut Hamsun, que recibió el Nobel en 1920, pero casi lo pierde porque siendo ya un anciano apoyó a Hitler al empezar la Segunda Guerra Mundial. Se convirtió en un personaje parecido a Perelman, antisocial y aislado del mundo. Este tipo de personajes interesan a todo el mundo. El éxito de la película Una mente maravillosa se debe a su personaje más que a la historia que cuenta. Hay personajes que precisamente por huir de la gente son perseguidos. Perelman es uno de ellos. Es un genio que actúa como un simple ciudadano que hace vida normal y que atrae a todo el mundo por eso.

    El silencio es sin duda el otro tema estrella de tu novela. ¿Has sentido ya el vértigo a  quedarte sin nada que decir?
    Tengo miedo a quedarme sin ideas. Por suerte tengo unas cuantas todavía. Cuando llegue a cierta edad, veré qué pasa. Hay escritores que siguen publicando por publicar. Novelas sin ideas.

    El silencio que reflejas en tu novela es el que llega ante la falta de respuestas. La protagonista casi enloquece ante los silencios de Perelman. ¿Tenemos todos un poco de Mary Parsons?
    Sin duda. Reaccionamos muy mal ante el silencio cuando alguien nos importa. Me escribe gente por el Facebook que me dice, “me ha pasado tantas veces sentirme así, como esa chica”. Esa tendencia a no dar explicaciones es algo que tenemos que sufrir todos al menos una vez en la vida. Esta incomunicación es la que destruye el mundo.

    ¿Qué pretendías que sintiera el lector al leer tu novela?
    Es una pregunta complicada. Cuando escribía pensaba solo que el lector pudiera leerla de un tirón y que le divirtiera, que me acompañase hasta las reflexiones básicas sobre este tema del silencio que tanto me importa. Pero ahora que está escrita y que veo estas reacciones, lo único que espero es que el lector se quede ahí y que vuelva a ella. Que tenga una reacción hacia mí. Al estar muy accesible me agrada que el lector me haga comentarios, aunque sean negativos.

    No hay duda de que tuviste una ayuda importante para escribir esta novela, que fue la beca Pepita Moreno, una beca muy especial...
    Esa beca es fabulosa. Muchísimo mejor que las que dan en el Ministerio. Está enchufada por mi abuela Pepita Moreno, que fue quien me salvó durante los seis meses que escribí la novela. Me cocinaba y me daba conversación. Fue la única persona que estaba conmigo todos los días. Creo que los escritores necesitan un mecenas, sobre todo con esta crisis, y si es la abuela de uno, mejor todavía.

    Naciste en Águilas, viviste en Tánger, pasaste por Madrid, ahora en Barcelona. ¿Qué pinta Yecla en todo esto?
    Además de que tengo a parte de mi familia aquí, esto va a ser una exclusiva. La próxima novela que va a salir, mucho más pequeña e independiente, habla de una violación, y su final está ambientado en Yecla. Pero es una novela mucho más personal y reflexiva.

    Sabes cómo acabaron Azorín y Castillo-Puche por escribir sobre Yecla...
    Sí, lo sé. Además, en la novela hay una reflexión sobre eso. Un personaje pasa por la placa que hay en la Plaza Mayor en homenaje a Azorín y reflexiona sobre cómo sufrieron los escritores que se quedaron en provincias, desaparecieron. Madrid fue tan necesario para ellos que se podría hablar casi de dictadura de la capital

    ¿Ya no ocurre eso? ¿No siguen siendo Madrid y Barcelona los focos culturales de España?
    Está claro que sí, que hay que pasar por ahí, pero también hay muchos escritores que no lo hacen y gracias a las redes sociales han conseguido gran renombre. Aun así, la ciudad da muchas más ideas para escribir, aunque, a la hora de escribir hay que volver al pueblo. La tranquilidad y el sosiego ayudan. 

    Esta tarde, Juan Soto Ivars estará en El Bare-Tito a partir de las 19:00 horas.


    9 de enero de 2012

    ¡La Osera de Usera resiste!

    “La Utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
    Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. ¿Entonces, para qué sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar”
    Eduardo Galeano

    La Osera de Usera no se cierra. Ese fue el lema más comentado ayer por los cientos de personas que durante toda la mañana acompañaron a los vecinos y vecinas de este barrio del sur de Madrid (y donde pasé los primeros tres años que estuve en la capital) para apoyar la apertura de este nuevo centro social. 

    La historia de la Osera se remonta a 1992. En ese año, los vecinos del barrio de Almendrales, en el distrito de Usera, esperaban con emoción la construcción del Centro Cívico-Cultural proyectado en la remodelación del barrio de 1987. Las obras se iniciaron ese año olímpico, pero en 1995, y por circunstancias que se desconocen, el proyecto se estancó y la obra se paró sin que ni el Ayuntamiento ni el IVIMA (Instituto de Vivienda de la Comunidad de Madrid) dieran un por qué.

    Hasta 30 cm. de excrementos encontraron en el edificio
    Desde entonces han pasado 17 años. Pero hace tres meses, los vecinos y vecinas de este olvidado barrio madrileño decidieron ponerse manos a la obra para liberar este espacio público y dotar así al distrito del centro cultural que se le prometió años atrás. Durante semanas, decenas de personas trabajaron insistentemente para retirar kilos y kilos de escombro y excrementos, consiguiendo dejar el edificio en perfectas condiciones para el uso y disfrute de las personas que así lo deseen. Los propios vecinos y vecinas, con sus manos y sus recursos, enyesaron el local, lo pintaron y hasta completaron una instalación eléctrica que, gracias a un generador, da luz a todo el complejo.

    Hace una semana, La Osera abrió sus puertas y comenzó a ofrecer cursos y talleres gratuitos a todos los habitantes del barrio. El proyecto asambleario, horizontal y ecológico, da cabida a quien esté interesado en aportar algo. Durante los primeros días ha habido talleres de danza y hasta de japonés. Además, se ha abierto una biblioteca que ya cuenta con varios centenares de libros. Para esta semana, los vecinos y vecinas se han puesto las pilas y han organizado ya talleres gratuitos de fotografía, de ganchillo, de iniciación a la coeducación, de formación en discapacidad, de malabares, sin olvidar el reiki, la meditación y hasta el videofórum.

    Día de la inauguración del CSCA "La Osera"
    Hasta aquí, todo perfecto. Un barrio olvidado que se pasa a la acción tras 17 años de abandono y reabre un teatro público cerrado e inacabado para devolverlo de nuevo a la vida cultural de la zona. Pero, casualidades de la vida, hace unos días el IVIMA, que había permitido durante casi dos décadas que ese edificio se derrumbara poco a poco, envió una carta al centro para exigir su desalojo. Pero, ¿por qué?, se preguntaban ayer todos los vecinos del barrio que se acercaron al edificio. “Estamos combatiendo la crisis con iniciativas autogestionadas”, explicaban en la rueda de prensa que ofrecieron en La Osera para denunciar esta injusticia.

    Porque ya es hora de que los ciudadanos dejen de ver la “okupación” de forma tan distorsionada. Estas liberaciones de espacios cerrados y olvidados, con los que la administración solo pretende especular, demuestran la inteligencia de la gente. La ocupación no es más que una denuncia pública a la especulación que se está produciendo. Y, aunque no sea legal, no hay duda de que es una opción totalmente legítima. No se hace daño a nadie y se da un servicio importante a los ciudadanos, ¿dónde está el problema? Dirán, en la propiedad privada. Sí, pero este “derecho” desaparece en el momento en que ayuntamientos y empresas deciden saltarse a la torera la propia Constitución Española, que en su artículo 47 dice lo siguiente: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

    Por tanto, si el IVIMA y la Comunidad de Madrid deciden enviar a los antidisturbios para desalojar un edificio que durante tres meses los vecinos y vecinas del distrito de Usera han rehabilitado para ofrecerlo para uso y disfrute de todos y todas, yo estaré allí para intentar evitarlo. Porque ayer, en el acto convocado en apoyo de La Osera había niños, jóvenes, adultos y ancianos. Estaban los presidentes de todas las asociaciones de vecinos del barrio y el pensamiento fue generalizado: “Si en 17 años el IVIMA ha consentido que este lugar se convierta en una escombrera ilegal y en un palomar anexo a un centro de salud, ¿cómo vamos a permitir que lo vuelva a cerrar?”.

    Durante tres meses han trabajado muy duro y a contrarreloj para desescombrar, limpiar y habilitar el centro. Trabajo voluntario y desinteresado, apoyado con decenas de aportaciones y donaciones de material. Lo único que han hecho estos ciudadanos es dar cumplimiento con su propio esfuerzo a lo que se les prometió hace casi dos décadas. Es ahí donde se percibe la ilusión de este barrio que durante años ha estado olvidado por la administración pública que, casualmente, ahora parece acordarse de nuevo. Los vecinos y vecinas de Usera están poniendo en práctica nuevas formas de relación y producción no mercantilistas, actuando de forma solidaria y sin pensar en el dinero. ¿Y saben qué? Está funcionando a la perfección.

    La Osera está dando cobertura a las actividades socio-culturales, formativas y artísticas del barrio, y también a iniciativas que contribuyen al cambio social y a la integración en el distrito. Por eso, no vamos a permitir este desalojo, al igual que no permitiremos, en caso de que se produzcan, los de los nuevos centros sociales que han surgido en Madrid: El Eko en mi barrio, Carabanchel, y la Salamankesa en el distrito de Salamanca. Ha llegado el momento de actuar contra la especulación. No os preocupéis compañeros: ¡La Osera resiste!

    Fotos: fotograccion
    La Osera en Facebook y Twitter 
     

    2 de enero de 2012

    Disculpas aceptadas

    Acabo de recibir una importante llamada de quien me golpeó hace un par de días. Me ha llamado arrepentido y pidiéndome disculpas. Hemos hablado de todo lo ocurrido y el tema está zanjado y olvidado. Sinceramente, me alegro de que la palabra haya vencido a los puños.

    Entiendo que fue un momento muy difícil para ellos, tras dos días sin pegar ojo luchando por lo que creían y por no dejar a tanta gente sin la Nochevieja que esperaban. Por eso no le guardo rencor, porque sé la impotencia que se siente cuando luchas mucho por algo y después se hunde por culpa de terceros y sin que puedas hacer nada por evitarlo. Aunque la violencia jamás es justificable.

    Por tanto, como ya le he dicho personalmente, acepto sus disculpas y ojalá pronto se solucionen los problemas burocráticos del local y puedan celebrar otra fiesta para satisfacer a todos los que no pudieron disfrutar de la Nochevieja que habían organizado. Sin rencores.

    También quería dar las gracias a todos los que me habéis apoyado estos días. Amigos, compañeros de profesión e incluso "rivales" ideológicos. A todos, de verdad, muchas gracias.

    1 de enero de 2012

    Mi primera agresión física por ser periodista

    A algunos yeclanos les cuesta entender la profesión de periodista, pero quiero pensar que algún día cambiarán

    No diré nombres. Pero ayer por la tarde, tras vociferar varias amenazas y sin darme tiempo a reaccionar, uno de los organizadores de la discoteca Seven me propinó un puñetazo en la cara porque elperiodicodeyecla.com había publicado la nota policial en la que se anunciaba el cierre del local donde habían preparado la fiesta de Nochevieja. Quién me iba a decir a mí que mi primera agresión física como periodista iba a llegar después de un contenido puramente informativo de tres líneas, enviado por la Policía, y no después de ninguno de mis, para algunos, polémicos artículos. Hasta ahora, esos solo me han traído insultos, menosprecios y amenazas. Espero que siga siendo así.

    Sin duda, 2011 ha sido un año fluctuante. Empezó regular, tuvo unos meses centrales de ensueño y acabó mal, con la guinda final de un ojo morado, un pómulo dañado y un diente desportillado. Parece que la profesión de periodista no se entiende muy bien entre algunos yeclanos, pero yo quiero dar otra  oportunidad a este tipo de personas. No he denunciado a quien me agredió, porque puedo llegar a entender su momento de rabia e ira tras la difícil situación que tuvieron que vivir ayer. De hecho, les defendí hasta el momento de mi encontronazo, pues habiendo organizado su fiesta desde hacía semanas no es de recibo que se la suspendan el día de antes con todo vendido y preparado. Si la Policía Local actuó de oficio como me aseguraron, habría sido más acertado que lo hubiera hecho unas semanas antes y no el día previo.

    Tras leer estas líneas, quien ayer me propinó el puñetazo en la cara puede enrabietarse más (entonces ya actuaré de otra forma) o reflexionar sobre lo que hizo. Porque, además de errar su objetivo, estas no son las formas. No me voy a callar ni a acobardar, pues debería de entender que los periodistas no somos más que "altavoces" y que si se decidió publicar ese contenido fue también buscando el beneficio de los propios organizadores, pues habría sido mucho más peligroso que cientos de personas se hubieran reunido en el local en cuestión ante el fuerte cordón policial que se colocó en la zona. Entonces, las consecuencias habrían sido bastante peores. Nunca me ha gustado defenderme con los puños, prefiero hacerlo con la palabra. Cosas de la evolución. Sin más, espero que pronto podáis solucionar los problemas que, según alegó la Policía, tuvo la sala Darko y que podáis organizar otra fiesta cuanto antes.

    Feliz año nuevo. Sin rencores