19 de octubre de 2008

Restituyendo la dignidad

Han pasado 72 años. Es cierto. Pero, antes o después, tenía que llegar el momento. El juez Baltasar Garzón se ha declarado competente para investigar los crímenes cometidos por los vencedores de la Guerra Civil entre el 17 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1951, fecha marcada “por la eliminación de guerrilleros y personas que les apoyaban”, según explica la propia resolución. Por primera vez en 72 años, un juez ha dicho que Franco fue un asesino y que cometió, junto a los otros altos cargos de la dictadura, miles de crímenes contra la humanidad y que el desencadenante de la guerra fue un golpe de estado ilegal que pretendía acabar con la República y con el gobierno legítimo de España mediante el uso extremo de la violencia. Una vez firmada esta resolución, el proceso ha echado a andar.

Es cierto que las investigaciones comenzaron en junio, cuando Garzón solicitó a instituciones públicas y privadas, entre ellas la Conferencia Episcopal, que entregaran toda la información que tuvieran sobre fusilados y desaparecidos en la represión. En total, 114.266 personas que “descansan”, todavía hoy, en fosas comunes repartidas entre cunetas, descampados y tapias de cementerios. Y, ¿qué pasa ahora? Muchos medios de comunicación han ridiculizado a Garzón por el hecho de solicitar a los registros civiles los certificados de defunción del general Francisco Franco y de todos los que le apoyaron en el golpe de estado. Esto, que parece una mera tontería, es un formalismo judicial para extinguir la responsabilidad penal sobre el dictador. Es un formalismo similar al de solicitar al Congreso que acredite la condición de un diputado de alguien que todo el mundo sabe que lo es antes de encausarle por algún delito. Es decir, mero trámite. En segundo lugar, el juez Garzón ha solicitado al Ministerio del Interior que identifique a los máximos dirigentes de la Falange Española entre el 17 de julio 1936 y el 31 de diciembre de 1951. Si han muerto, el trámite será el mismo que el seguido con la cúpula militar franquista, pero si están vivos serán imputados, aunque ninguno ingresará en prisión debido a su avanzada edad y por razones puramente humanitarias. Esto no significa, como ha declarado Falange Española, que se intente ensuciar el nombre de este partido político. Actualmente, es un partido democrático y, lo único que se va a hacer es buscar a aquellos falangistas que cometieron delitos contra la humanidad. De ningún modo se les va a culpar por defender una u otra ideología. Y mucho menos si está aceptada por la Constitución.

Ahora, la pregunta está clara: ¿Por qué desenterrar muertos 72 años después? Porque ha de hacerse. Porque estamos hablando de más de 100.000 personas que están enterradas en fosas comunes, abandonadas como perros, simplemente por defender unas ideas diferentes a las de los vencedores. Por sus familias, por haber tenido que permanecer en silencio durante años por temor a convertirse en nuevas víctimas y, desde la Transición, por tener que callarse debido a una Ley de Amnistía firmada en 1977 y que declaraba impune, incomprensiblemente, a todo culpable. Porque el resto de la sociedad española y de las fuerzas políticas del Estado les obligaron a olvidarse de sus seres queridos. Hoy, hijos, nietos y sobrinos de los fusilados han alzado la voz. ¿Por qué podemos juzgar en España a las víctimas de Pinochet o de la dictadura argentina (procesos ambos muy alabados) y no a las españolas? ¿Por qué parece que, 72 años después, no puede hablarse con libertad de esta dura represión sin mirar a un lado y a otro con síntomas de terror? Hoy, por fin se ha hablado claro. Las innumerables ejecuciones sumarísimas, sin las más mínimas garantías de un proceso justo, las torturas, el expolio de los bienes de los vencidos, las ejecuciones extrajudiciales seguidas de la desaparición forzada de personas ya eran entonces, con arreglo al derecho internacional, crímenes contra la humanidad. Además, los crímenes contra la humanidad se han considerado inprescriptibles, es decir, que no pueden prescribir, según toda la doctrina y la jurisprudencia de los tribunales internacionales, cuya legitimidad reconoce el Estado español. Por tanto, todos aquellos puristas que opinan que Garzón no tiene competencia (entre ellos el fiscal de la Audiencia Nacional) y que no se puede abrir una investigación sobre crímenes de hace 72 años porque ya han prescrito o han sido amnistiados, se equivocan. Y así lo avala la prensa internacional, que ha apoyado con firmeza la decisión del juez Garzón para limpiar el nombre de las víctimas del franquismo.

Es más, la Ley Orgánica de 25 de mayo de 1988, encomienda a la Audiencia Nacional la instrucción y enjuiciamiento de los delitos cometidos por personas relacionadas con elementos rebeldes. De hecho, el Código Penal existente en 1932 y el actual castigan cualquier acto de rebelión. Y todavía existen más argumentos para demostrar que el juez Garzón es totalmente competente para abrir este proceso, pues la Ley de Amnistía que libró de toda culpa a los exaltados es preconstitucional (1977), por lo que cualquier juez puede, de acuerdo con la disposición derogatoria del texto constitucional, declararla inaplicable. No queda otra, por tanto, que atenerse a las libertades que ensalza nuestra Constitución, la cual reconoce como norma totalmente efectiva a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Por todas estas razones, es totalmente legal y constitucional la intervención del Juzgado de Instrucción Central nº5, por lo que ninguna institución, pública o privada, puede poner obstáculo a lo que este juzgado le solicite, sin el riesgo de incurrir en el delito de obstrucción a la justicia.

¿Y por qué no procesar a los rebeldes republicanos?
No hay duda de que durante los casi tres años que duró la Guerra Civil, la República trató de hacer frente a la situación con las armas legales que tenía a su alcance. También es cierto que, desbordados por la presión de los sectores más extremistas, no pudieron contener acciones criminales, ejecuciones extrajudiciales, torturas y desaparición forzada de personas que incuestionablemente constituyeron crímenes contra la humanidad. Pero, los vencedores ya se encargaron de castigarlos y, a su vez, de cometer muchísimos crímenes más. Sólo cabe citar, por ejemplo, al general Queipo de Llanos en uno de los bandos de guerra que redactó: “Serán pasados por las armas los directivos de los partidos del Frente Popular y si no fueren encontrados un número proporcional de afiliados”.

Y como era de esperar, a Garzón se le cuestionó sobre Paracuellos. El juez explicó por qué no admitió a trámite la querella presentada en 1998 por lo ocurrido allí. “Tras la finalización de la contienda civil, tales hechos se investigaron, se sancionó (y fusiló) a los responsables y las víctimas fueron identificadas”. Además, investigar este hecho tampoco sería competencia de la Audiencia Nacional, pues el desencadenante de tal tropelía no fue ningún golpe de Estado.

No hay duda de que el tema es peliagudo. De que muchos ven este proceso como un motivo para reabrir heridas cicatrizadas a golpe de años y años de silencio. Pero para que la herida cicatrice bien es necesario coserla con hilo y aguja, y no sanarla cada equis tiempo a base de agua oxigenada.

Como dice Carlos Piera en la introducción a la novela Los girasoles ciegos: “Superar exige asumir responsabilidades, no pasar página o echar en el olvido”.
También podrán encontrar este artículo en elperiodicodeyecla.com

15 de octubre de 2008

No estaba muerto, ¡estaba de parranda!

Texto publicado en www.elperiodicodeyecla.com

Nuestro homenaje a "El Portu" y su guitarra. Por aquellas tardes de frío, en las que encarando la calle San Francisco dirección a la Plaza Mayor escuchabas su canción. Su única canción. En honor a aquellos chavales que subíamos por esa calle tras salir del Azorín. Qué buenos años.


Quizá esta noticia no se adapte a ningún canon de Periodismo, pero aun así, nos vemos en la obligación de ofrecerla. Y es que, el pasado 7 de octubre apareció un vídeo en Youtube que emocionó a los nostálgicos de nuestra ciudad: “El Portu” está vivo. ¿Quién no recuerda a este portugués, guitarra en mano, cantando su mítico “Madre por qué me abandonaste” en plena calle San Francisco? Hace unos años, el Portu, que, según explica el chaval que ha subido el vídeo a Youtube, en realidad se llama Carlinho, desapareció sin dejar rastro de nuestras calles. Nadie supo nunca su paradero. Nadie dijo qué le había pasado. Los rumores saltaron por todos lados. Que si había muerto, que si se lo habían quitado de encima, que si le habían obligado a salir de Yecla a toda prisa… Leyenda o no, aquel hombre al que todos dábamos por enterrado está más vivo que nunca. Según los yeclanos que han hecho público el vídeo, sigue haciendo su música en las calles de Almería, tras haber estado una temporada en Francia. Por eso, y contentos también por saber de él, desde el periódicodeyecla.com queremos darle este pequeño homenaje. Por aquellos días de invierno en los que, aunque hiciera un frío del carajo, lograba sacarnos una sonrisa. Siempre con su guitarra, en la calle San Francisco.

La foto no se ve del todo bien, pero está sacada del vídeo de Youtube. Si pincháis en la dirección podréis verlo y escuchar su afamado tema, que dedica a su madre, la cual lo abandonó de niño.

¡El Portu en Youtube! Entra

Sin duda alguna, un placer volver a verle, maestro.

13 de octubre de 2008

"Si no sabes administrar el éxito puedes acabar muy mal"

Os ofrezco hoy una entrevista que realicé hace unas semanas en Infoempleo.com al periodista José María Íñigo. Sus comienzos fueron complicados, sobre todo debido a una dura posguerra que no dejó indiferente a nadie. Primero en Bilbao, donde gracias a la radio se convirtió en uno de los locutores más famosos de la capital vasca. De ahí a Londres, pero con el único objetivo de llegar a Cadena SER en Madrid. Aun así, no todo el mundo puede decir que ha pasado por la BBC londinense y ha cosechado éxito. Y el salto a la SER y a TVE, realizando varios programas de reconocido prestigio como Estudio Abierto. Hoy en día, José María colabora en el programa No es un día cualquiera de RNE y acaba de publicar otro libro titulado "¿Quién dijo miedo a volar?". Que la disfrutéis, sinceramente, es un señor genial. Y poder escuchar esa voz en directo es todo un privilegio.

¿Cuál fue su primer empleo remunerado?

Empecé en una empresa de suministro de material eléctrico en Bilbao llamada Ismesa: Importación y Suministro de Material Eléctrico. Fue a los 14 años y un día, porque esa era la edad reglamentaria y mi flamante sueldo ascendía a 625 pesetas, que en aquel momento me supieron a gloria, sobre todo el poder contarlas y tenerlas en mi mano.


¿Y en qué consistía ese trabajo?

Era chico para todo, con traje y corbata y una bicicleta roja donde hacía todos los recados. Iba a por tabaco para el jefe, archivaba las cartas, iba a cobrar, a los bancos… Una especie de botones ilustrado. Ahí estuve algún tiempo hasta que, paralelamente, y debido a que tenía gran vocación por el Periodismo, empecé a enviar reportajes a La Gaceta del Norte que era el periódico líder en Bilbao. Y también tuve la suerte de entrar en Radio Bilbao. Incluso tenía otros dos trabajos más de forma simultánea, pues era profesor de inglés en una academia, a pesar de tener sólo 16 años. También trabajaba en la librería Villar, la más famosa de Bilbao. Allí traducía libros y folletos del inglés relacionados con la siderurgia.


Y es que usted fue todo un autodidacta con eso del inglés…

Es cierto, igual que a otros les da por jugar al fútbol, a mi me dio por el inglés. Me compré con la paga del domingo un libro, me lo aprendí de memoria, después me compré otro… Y yo hablaba un inglés que pensaba que era inglés de verdad…


De aquella primera experiencia, ¿qué recuerdos conserva?

Era muy alocado. Hacía cosas que, pudorosamente, no haría hoy. Eso de ir al director de un periódico y decirle que me dejara escribir sin haber escrito nada en mi vida… Es cierto que con la locura de esa juventud tan rabiosa me apunté a todo y tuve muy buena suerte, pues me dieron oportunidades que supe aprovechar.


¿Aprendió alguna lección que todavía aplique hoy en su trabajo?

Aprendí a levantarme una hora más temprano que los demás. Aprendí también a no decir nunca que no si me preguntan si sé hacer algo, y aprenderlo de un día para otro. Yo creo que en eso reside todo. Hoy cuando me viene un chico que quiere trabajar lo primero que pregunta es cuánto va a cobrar y cuándo se libra. Cuando yo empecé, eso era lo último que se preguntaba. Y he trabajado muchos meses sin cobrar, por adquirir la experiencia y por intentar hacerme imprescindible. Y eso funciona. Pero los tiempos han cambiado, y entiendo que a los chavales les interesa más cobrar que aprender y trabajar.


¿Qué hitos considera fundamentales desde aquellos primeros empleos hasta hoy?

El primer momento importante fue cuando vine a Madrid a pedir trabajo en la SER. Cuando dije que era de Bilbao, de la SER de allí, me dijeron que de provincias como que no. Así que me mandaron para casa. Entonces decidí ir a Londres para llegar a Madrid desde allí y no desde provincias. Mi estancia en la capital inglesa fue fundamental. Y lo pasé muy mal. Estuve dos años comiendo tortillas de patatas por la mañana, por la tarde y por la noche, porque mi presupuesto no daba para más. Mi idea era venir a Madrid. Años más tarde, otro punto fundamental fue cuando entré en televisión para dirigir un programa que fue uno de los históricos de la tele, que es Estudio Abierto, con el que estuve diez años. Esos puntos fueron muy interesantes. Mi paso por Cadena Ser y TVE han sido fundamentales en mi carrera para poder luego estar en otros sitios.

¿Y se puede vivir de la música sin ser apasionado de ella?

Sí, claro que sí. Se puede vivir de todo sin que te guste todo si no hay más remedio. Yo elegí la música porque era la única vía que tenía de entrada en la radio. Si hubiera habido otra, quizá la habría elegido igual. Después me empezó a entusiasmar la música hasta el extremo de que durante muchos años me dediqué de lleno a la música, como discjockey… Incluso he escrito algún libro sobre el tema.


De hecho, fue uno de los primeros DJ que hubo en Epaña…

Entonces esa palabra no se utilizaba, sonaba muy rara. Casi parecía una cosa mala, pero sí, fui quizás el primero que se auto tituló diskjockey. Le echaba yo mucho cuento al asunto y en menos de un año era el amo de las ondas. Ponía discos, los comentaba, daba gritos, decía "hello boys...". En fin, el típico presentador de discos de los años sesenta. El típico y casi el único. Eran los tiempos en que Los Brincos triunfaban con su "Sorbito de champán"...


¿Cambiaría algo de su carrera profesional si echa la vista atrás?

Cambiar no. Todo me ha servido, ahora con la perspectiva del paso de los años hay cosas que me parecen ridículas, como eso de hacerme llamar Mister Ritmo con 17 años. Me sonrojo nada más de escucharlo.

¿Hasta qué punto se han cumplido sus aspiraciones profesionales?

Todo, yo quería ser lo que he sido y lo que soy. Incluso he sobrepasado mis expectativas. Nunca pensé, por ejemplo, escribir libros, y al final he publicado casi 50. Ni tampoco pude nunca pensar que habría tenido tanto éxito. Estas cosas pasan, si las sabes asimilar bien, si no lo puedes pasar mal, pues, sobre todo en el mundo de la televisión, un día puedes estar arriba y al siguiente, abajo. Lo mismo eres el número 1 que el 100 o un fenómeno y no te conoce nadie. Y estas cosas hay que saberlas administrar y encajar, porque si no tienes la cabeza en su sitio puedes acabar muy mal.

¿Qué queda de aquel joven que luchaba con directores de periódico y de radio por abrirse camino?

Pues queda, la verdad es que no sé… Supongo que el orgullo de haber empezado de cero y de haber conseguido todo por mi propio esfuerzo. También la lección de trabajar para poder comer, una lección que te sirve para saber apreciar lo que consigues posteriormente.


¿Qué consejo daría a los jóvenes que ahora empiezan?


Tal como están las cosas, si ya no hay más remedio porque has hecho la carrera, apechugar con ello. Si no, estudiar electricista o fontanero que creo que tiene más futuro que el periodismo. Si eres periodista, es fundamental especializarse en algo, ser el que más sabe de algo, hablar inglés, pero también algún otro idioma complicado que no sea accesible a los demás, para que cuando haya que ir a Afganistán o a Japón te envíen a ti porque conoces el idioma del lugar. Tienes que tener un plus más que tus compañeros, porque hay demasiados periodistas y puede valer cualquiera. Además, tienes que ser un gran fotógrafo, saber utilizar programas de maquetación, manejar una mesa de mezclas…


4 de octubre de 2008

¿Querido maestro?

Mañana domingo es un día importante. Es 5 de octubre. Seguro que casi nadie sabe a lo que me refiero. Pero 659.590 profesionales sí. Y es que mañana es el Día Mundial de los Docentes. Casi 700.000 personas que decidieron desempeñar esa reconfortante profesión por pura vocación y que ahora se encuentran agobiados e irritados. “Los alumnos nos han perdido todo el respeto”, me contaba uno de mis antiguos profesores del Azorín. ¿Y por qué este cambio tan radical? Yo salí de Yecla hace seis años, tras haber terminado segundo de bachillerato, y no recuerdo a ningún profesor de los tantos que conocía que no siguiera ilusionado. Ahora, todo ha cambiado. Cuando les visito o me los cruzo por la calle, casi todos dicen lo mismo: “Estoy deseando jubilarme”, o “voy a ver si a los 60 lo dejo”. Y peor aún, “no sé si acerté con esta profesión”... A mí, estas afirmaciones me dan en qué pensar.

¿En qué se diferencian los chavales de 15 o 16 años, de los de mi quinta, que ahora tenemos 23 o 24 años? Es cierto que siempre ha habido alumnos problemáticos, pero nunca se llegaba a las manos, como está ocurriendo hoy en día. Ayer, leí en varios medios una entrevista que se realizaba al portavoz del sindicato de profesores, Augusto Serrano. Para él no había duda: “Ahora, el estatus de los alumnos en casa es más alto que el de los docentes”. Y estoy totalmente de acuerdo con él. Los padres han empezado a dudar de la palabra de los docentes y han perdido el respeto a la labor que desempeñan. Sólo los hijos llevan razón porque los padres han dejado de preocuparse por la educación de sus pequeños. O, al menos, se preocupan mucho menos que antes. Y esto se demuestra cuando cada vez hay más agresiones en las aulas, ya no sólo por parte de los jóvenes, sino que incluso ya han sido varios los padres que han pasado por los Tribunales por haber defendido a sus hijos ante el “malvado profesor” asestándole varios puñetazos en la mandíbula.


En la sociedad actual es normal que los hijos pasen solos en casa la mayor parte del tiempo. Según un estudio publicado recientemente por la Fundación SM, el 27% de los niños de 6 a 14 años se siente solo cuando llega a casa después del colegio, y se refugian en la televisión o en el ordenador. Esto supone que la educación que antes aportaban los padres se concentre ahora casi exclusivamente en la escuela. Los profesores han de ser psicólogos, instructores y animadores. Es decir, que su labor exclusivamente docente se ha diluido en demasía. Después, está el mal de la televisión. Los jóvenes ven que para “hacerse famoso” y ganar mucho dinero no es necesario estudiar. Simplemente necesitan un golpe de suerte o salir en un plató pegando cuatro gritos. Los chavales tienen la imagen de que estudiar es sólo propio de ‘pringados universitarios’, y, además, los padres ya no ven los estudios como un síntoma de progreso social, sino como una carga económica que quizá no repercuta en sus hijos como ellos esperan. Es decir, que muchos padres ya no creen que una carrera universitaria sirva de algo, por lo que, con ese pasotismo, han desprestigiado la labor del enseñante. Y los chicos, que no son tontos, se han percatado de eso. Piensan que para tener una vida fácil no es necesario estudiar, simplemente porque sus padres tampoco lo creen así. Éstos les dicen que estudien, pero no les controlan como antes, y, además, permiten que en sus habitaciones haya televisiones, ordenadores, videoconsolas y demás aparatos que son mucho más divertidos que sentarse a leer un libro de Historia. ´

Pero la culpa no es sólo de los padres, sino también de los propios profesores. No es lógico que en el siglo XXI, caracterizado por el avance fugaz de las nuevas tecnologías, la tiza y la pizarra sigan siendo el método docente por antonomasia. Los alumnos, enganchados a los blogs, al Messenger, al Facebook o a la Wii, se aburren como ostras al comprobar que su maestro sigue encallado en el uso del encerado. En otros países europeos se está potenciando, desde los propios gobiernos, la utilización de aparatos tecnológicos en las aulas. Las clases son mucho más interactivas y los alumnos se sienten importantes, es decir, se rompe esa barrera de autoridad y lejanía que casi siempre ha existido entre el alumno y el profesor. Y esa autoridad es la que conlleva a que los jóvenes se rebelen. Ellos, acostumbrados a no tener hora de llegada a casa desde muy críos, a conseguir casi todo lo que quieren porque los padres son cada vez más permisivos en su labor educativa, no entienden que en el colegio haya una persona delante de ellos que, sin ser ni siquiera su padre, les trate con una autoridad para ellos inusual. Por tanto, la solución creo que ha de venir de ambas partes. Los padres han de volver a confiar en los profesores de sus hijos y deben inculcar de nuevo en sus vástagos ese ‘chip’ que antes teníamos, ese que nos hacía estar seguros de que unos buenos estudios servían de algo. De hecho, nunca podré agradecer a mis padres tanto como querría que ellos me educaran con esa firme idea. Y mi padre tuvo, además, una buena táctica. Me enseñó a valorar la importancia que tenían los estudios llevándome a trabajar de fontanero con apenas 10 o 12 años verano tras verano y Navidad tras Navidad. Y vaya que si lo aprendí...


Y, por otro lado, los profesores han de modernizarse. Es cierto que la libertad de cátedra les permite, ciñéndose a un programa, dar sus clases como quieran, pero espero que por el bien de la educación y de las próximas generaciones sepan adaptarse al devenir de los tiempos. El fracaso escolar que existe hoy en día y, especialmente en Yecla, es alarmante. A esto hay que sumar también los despropósitos de los políticos en materia educativa, pues legislatura tras legislatura cambian las leyes y crean el caos en las instituciones docentes. Parece que nadie se toma en serio el futuro de nuestra sociedad. Yo, desde mi humilde rincón, espero que sirva de algo este artículo, pues como decía, allá por el siglo VI a.C., el filósofo chino Confucio, “donde hay educación, no hay distinción de clases”.

P.D. También podrán encontrar este artículo en http://www.elperiodicodeyecla.com/