13 de octubre de 2008

"Si no sabes administrar el éxito puedes acabar muy mal"

Os ofrezco hoy una entrevista que realicé hace unas semanas en Infoempleo.com al periodista José María Íñigo. Sus comienzos fueron complicados, sobre todo debido a una dura posguerra que no dejó indiferente a nadie. Primero en Bilbao, donde gracias a la radio se convirtió en uno de los locutores más famosos de la capital vasca. De ahí a Londres, pero con el único objetivo de llegar a Cadena SER en Madrid. Aun así, no todo el mundo puede decir que ha pasado por la BBC londinense y ha cosechado éxito. Y el salto a la SER y a TVE, realizando varios programas de reconocido prestigio como Estudio Abierto. Hoy en día, José María colabora en el programa No es un día cualquiera de RNE y acaba de publicar otro libro titulado "¿Quién dijo miedo a volar?". Que la disfrutéis, sinceramente, es un señor genial. Y poder escuchar esa voz en directo es todo un privilegio.

¿Cuál fue su primer empleo remunerado?

Empecé en una empresa de suministro de material eléctrico en Bilbao llamada Ismesa: Importación y Suministro de Material Eléctrico. Fue a los 14 años y un día, porque esa era la edad reglamentaria y mi flamante sueldo ascendía a 625 pesetas, que en aquel momento me supieron a gloria, sobre todo el poder contarlas y tenerlas en mi mano.


¿Y en qué consistía ese trabajo?

Era chico para todo, con traje y corbata y una bicicleta roja donde hacía todos los recados. Iba a por tabaco para el jefe, archivaba las cartas, iba a cobrar, a los bancos… Una especie de botones ilustrado. Ahí estuve algún tiempo hasta que, paralelamente, y debido a que tenía gran vocación por el Periodismo, empecé a enviar reportajes a La Gaceta del Norte que era el periódico líder en Bilbao. Y también tuve la suerte de entrar en Radio Bilbao. Incluso tenía otros dos trabajos más de forma simultánea, pues era profesor de inglés en una academia, a pesar de tener sólo 16 años. También trabajaba en la librería Villar, la más famosa de Bilbao. Allí traducía libros y folletos del inglés relacionados con la siderurgia.


Y es que usted fue todo un autodidacta con eso del inglés…

Es cierto, igual que a otros les da por jugar al fútbol, a mi me dio por el inglés. Me compré con la paga del domingo un libro, me lo aprendí de memoria, después me compré otro… Y yo hablaba un inglés que pensaba que era inglés de verdad…


De aquella primera experiencia, ¿qué recuerdos conserva?

Era muy alocado. Hacía cosas que, pudorosamente, no haría hoy. Eso de ir al director de un periódico y decirle que me dejara escribir sin haber escrito nada en mi vida… Es cierto que con la locura de esa juventud tan rabiosa me apunté a todo y tuve muy buena suerte, pues me dieron oportunidades que supe aprovechar.


¿Aprendió alguna lección que todavía aplique hoy en su trabajo?

Aprendí a levantarme una hora más temprano que los demás. Aprendí también a no decir nunca que no si me preguntan si sé hacer algo, y aprenderlo de un día para otro. Yo creo que en eso reside todo. Hoy cuando me viene un chico que quiere trabajar lo primero que pregunta es cuánto va a cobrar y cuándo se libra. Cuando yo empecé, eso era lo último que se preguntaba. Y he trabajado muchos meses sin cobrar, por adquirir la experiencia y por intentar hacerme imprescindible. Y eso funciona. Pero los tiempos han cambiado, y entiendo que a los chavales les interesa más cobrar que aprender y trabajar.


¿Qué hitos considera fundamentales desde aquellos primeros empleos hasta hoy?

El primer momento importante fue cuando vine a Madrid a pedir trabajo en la SER. Cuando dije que era de Bilbao, de la SER de allí, me dijeron que de provincias como que no. Así que me mandaron para casa. Entonces decidí ir a Londres para llegar a Madrid desde allí y no desde provincias. Mi estancia en la capital inglesa fue fundamental. Y lo pasé muy mal. Estuve dos años comiendo tortillas de patatas por la mañana, por la tarde y por la noche, porque mi presupuesto no daba para más. Mi idea era venir a Madrid. Años más tarde, otro punto fundamental fue cuando entré en televisión para dirigir un programa que fue uno de los históricos de la tele, que es Estudio Abierto, con el que estuve diez años. Esos puntos fueron muy interesantes. Mi paso por Cadena Ser y TVE han sido fundamentales en mi carrera para poder luego estar en otros sitios.

¿Y se puede vivir de la música sin ser apasionado de ella?

Sí, claro que sí. Se puede vivir de todo sin que te guste todo si no hay más remedio. Yo elegí la música porque era la única vía que tenía de entrada en la radio. Si hubiera habido otra, quizá la habría elegido igual. Después me empezó a entusiasmar la música hasta el extremo de que durante muchos años me dediqué de lleno a la música, como discjockey… Incluso he escrito algún libro sobre el tema.


De hecho, fue uno de los primeros DJ que hubo en Epaña…

Entonces esa palabra no se utilizaba, sonaba muy rara. Casi parecía una cosa mala, pero sí, fui quizás el primero que se auto tituló diskjockey. Le echaba yo mucho cuento al asunto y en menos de un año era el amo de las ondas. Ponía discos, los comentaba, daba gritos, decía "hello boys...". En fin, el típico presentador de discos de los años sesenta. El típico y casi el único. Eran los tiempos en que Los Brincos triunfaban con su "Sorbito de champán"...


¿Cambiaría algo de su carrera profesional si echa la vista atrás?

Cambiar no. Todo me ha servido, ahora con la perspectiva del paso de los años hay cosas que me parecen ridículas, como eso de hacerme llamar Mister Ritmo con 17 años. Me sonrojo nada más de escucharlo.

¿Hasta qué punto se han cumplido sus aspiraciones profesionales?

Todo, yo quería ser lo que he sido y lo que soy. Incluso he sobrepasado mis expectativas. Nunca pensé, por ejemplo, escribir libros, y al final he publicado casi 50. Ni tampoco pude nunca pensar que habría tenido tanto éxito. Estas cosas pasan, si las sabes asimilar bien, si no lo puedes pasar mal, pues, sobre todo en el mundo de la televisión, un día puedes estar arriba y al siguiente, abajo. Lo mismo eres el número 1 que el 100 o un fenómeno y no te conoce nadie. Y estas cosas hay que saberlas administrar y encajar, porque si no tienes la cabeza en su sitio puedes acabar muy mal.

¿Qué queda de aquel joven que luchaba con directores de periódico y de radio por abrirse camino?

Pues queda, la verdad es que no sé… Supongo que el orgullo de haber empezado de cero y de haber conseguido todo por mi propio esfuerzo. También la lección de trabajar para poder comer, una lección que te sirve para saber apreciar lo que consigues posteriormente.


¿Qué consejo daría a los jóvenes que ahora empiezan?


Tal como están las cosas, si ya no hay más remedio porque has hecho la carrera, apechugar con ello. Si no, estudiar electricista o fontanero que creo que tiene más futuro que el periodismo. Si eres periodista, es fundamental especializarse en algo, ser el que más sabe de algo, hablar inglés, pero también algún otro idioma complicado que no sea accesible a los demás, para que cuando haya que ir a Afganistán o a Japón te envíen a ti porque conoces el idioma del lugar. Tienes que tener un plus más que tus compañeros, porque hay demasiados periodistas y puede valer cualquiera. Además, tienes que ser un gran fotógrafo, saber utilizar programas de maquetación, manejar una mesa de mezclas…


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