22 de febrero de 2011

No a las redadas contra inmigrantes

Estoy harto. Hoy he visto por enésima vez cómo la policía se coloca en puntos estratégicos de mi barrio (y de muchos otros) para detener a algunos vecinos en función de su apariencia. Los lugares elegidos son estaciones de metro, intercambiadores, paradas de autobús, locutorios, puerta de colegios... Y el objetivo de su persecución, los inmigrantes.

Nunca me han preguntado. Nunca me han pedido la documentación. Sin embargo, si voy con algún amigo inmigrante le retienen, le piden los papeles y le hacen sentirse como un delincuente por tener distinta nacionalidad a la mía. ¿Por qué? 

Pero hoy me he dado cuenta de que no soy el único que siente vergüenza ajena de las autoridades madrileñas. Al pasar por la estación de metro de Oporto, acompañando a los policías había un grupo de vecinos, jóvenes y mayores, que repartían panfletos donde se leía que ninguna persona es ilegal. Y se pedía el cese de los controles racistas en nuestros barrios. Su blog: www.brigadasvecinales-ddhh.blogspot.com

“Las redadas policiales criminalizan la libertad de movimiento de las personas procedentes de países de la periferia económica, negándonos el derecho que todos tenemos a decidir nuestro lugar de residencia y de trabajo”, explican en el panfleto. Y es cierto, porque sea cual sea el motivo de la migración, las personas venidas de fuera sufren maniobras de segregación, persecución, encierro y expulsión, siendo tratadas como sospechosas y criminales.

Muchos inmigrantes, algunos conocidos míos, han perdido su empleo como muchos españoles. Y, por tanto, no pueden renovar su tarjeta de residencia. Ahora mismo, algunos de mis amigos son “ilegales”, o así es como injustamente se les cataloga. Amigos que han tenido que luchar mucho para cumplir los requisitos que les convertía en “legales” y que han sido tratados como mano de obra explotable más que como personas.

Pero, ¿y si esta persona, como puede pasarme a mí, ha olvidado sus papeles en casa? Esta mera falta administrativa, equiparable a una multa de tráfico, se ha legalizado de tal modo que ya es motivo suficiente para ingresar en un Centro de Internamiento de Extranjeros hasta por 60 días con el riesgo de ser expulsado del país.

Los controles de identidad son la expresión más cruda y extrema del control del espacio público, impiden relaciones de igualdad, el uso libre de las calles y cualquier iniciativa social naciente entre gentes de cualquier nacionalidad. Los inmigrantes tienen miedo de salir a las calles, de subir al metro o de esperar un autobús.

Estos controles policiales, alentados por el Gobierno (autonómico y estatal) extienden el miedo, el racismo y la desconfianza en barrios como Carabanchel. Porque las redadas a inmigrantes continúan, aunque el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba lo desmienta continuamente. Hace unos meses, Eduardo León, fotógrafo del periódico Diagonal, fue detenido por fotografiar una de estas redadas en Lavapiés y no querer entregar la cámara. León es un fotógrafo comprometido con los derechos humanos y, en especial, con los conocidos sinpapeles y en sus fotografías (como la que abre este reportaje) sólo denuncian la indefensión a la que son sometidos los inmigrantes en las redadas.

Ahora me tacharán de hippy, pero es una pena que los gobiernos occidentales practiquen una política destinada a favorecer a las entidades financieras a cambio de sacrificar a los ciudadanos. Es decir, que se permite la libre circulación de mercancías, de capitales... pero no de personas. Para acumular más riqueza son capaces de provocar desplazamientos de poblaciones, eliminar cultivos locales, usar cereales como combustible, imponer pago de deudas astronómicas a los países más pobres, obligar el pago de aranceles e impuestos desmesurados a productos que pueden hacerles competencia, emplear mano de obra barata de usar y tirar y, en definitiva, de contribuir al fomento de políticas al servicio del dinero y no de los seres humanos.

Conclusión, gracias a esto hemos llegado a una situación terrorífica, casi de película de ciencia ficción. Pocos serán los madrileños, e imagino que ocurrirá igual en otras grandes ciudades, que no hayan visto en sus metros, plazas o calles redadas policiales discriminatorias donde sólo se retiene y sólo se exige identificarse a aquellas personas que presentan rasgos diferentes a los nuestros. ¿Hasta cuándo?
  

1 comentario:

Jose Ortega dijo...

Por lo visto tienen que cumplir con el cupo, en Yecla hacen lo mismo, a la busqueda del emigrante sin papeles, mas le valia utilizar el tiempo en otras cosas mas importantes para la comunidad.