7 de febrero de 2011

Chumilla y Sancho demuestran que el grafiti no tiene edad

Para ser gafitero no es necesario tener 20 años. Sin duda, fue una de las frases más escuchadas cuando los cientos de curiosos que ayer abarrotaron el barrio de Malasaña en el centro de Madrid se encontraban con dos artistas que, espray en mano, superaban el medio siglo: el yeclano Vicente Chumilla y su compañero Paco Sancho.

El barrio de Malasaña se convirtió ayer en una verdadera galería de arte al aire libre donde casi un centenar de artistas del grafiti, nacionales y extranjeros, dieron vida a más de 100 persianas cedidas por los comercios para ser pintadas. Durante toda la jornada, el barrio respiró ambiente de fiesta. Miles de personas pasearon por todas las calles admirando las creaciones, algunas de ellas espectaculares, que decoraron los cierres metálicos de la zona.  
Ilusionados por el proyecto, promovido por el colectivo artístico catalán Persianes Lliures (Persianas Libres) y el diario digital Somos Malasaña y apoyado por la asociación de vecinos del barrio, Vicente Chumilla y Paco Sancho no dudaron en lanzarse a la aventura. Nunca antes habían pintado con espray ni habían reflejado su arte en la calle. Ambos se conocieron hace décadas, cuando Chumilla dejó Yecla para venir a estudiar a Madrid. “Amigos y rivales”, aseguran, ayer disfrutaron como niños. “Cuando empiezas a coger el tranquillo al bote, te das cuenta de que si no es con espray, no hay forma de pintar un cierre metálico con formas redondeadas”, explicaba Chumilla, ensimismado en su trabajo.

Pero pronto, sobre todo cuando pintaron sus dos primeros grafiti en plena Plaza del Dos de Mayo, se convirtieron en foco de atención. Gran parte de los medios de comunicación que se hicieron eco del espectáculo eligieron a Chumilla y a Sancho como protagonistas. No es normal encontrarse con dos “abuelos”, como ellos mismos se denominaban, decorando un cierre metálico. Les gusta innovar. De eso no hay duda. Ver a dos pintores consagrados trabajando un grafiti es, cuanto menos, inusual. Quizá no les acompañe la estética hiphopera, punk o hippy, pero sí el espíritu creador y rompedor.

Sancho nació en Madrid en 1951. A lo largo de su vida hay una dedicación predominante a la pintura, comenzando su aprendizaje en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid en las modalidades de pintura, dibujo, grabado, litografía y serigrafía. Desde 1973 lleva realizando exposiciones en las galerías más importantes de España y a nivel internacional su fama se extiende a varios países de Europa y América, con obra en los principales museos y colecciones particulares de Francia, España, Puerto Rico, Israel, Portugal, Japón, Alemania e Inglaterra. Resaltan exposiciones en la Galería Madrid-Berlín y en el Auditorio de música de la capital alemana. Lo más predominante de su obra son figuras de payasos, personajes de la vida, música y paisajes donde el color y la luminosidad son los verdaderos protagonistas.


Por su parte, poco hay que decir de Vicente Chumilla que no se sepa. Apenas hay palo artístico con el que no se haya atrevido este yeclano residente en Madrid desde 1981. “Aprendí a dibujar con una gubia, trabajando sobre madera”. Así empezó todo. “Comencé tallando madera y haciendo grabados sobre este mismo material, aunque siempre he tenido dentro la idea del color y, por ello, me pasé a la pintura, sobre todo de paisajes, paisajes que en el transcurso del tiempo han perdido la línea del horizonte y se han convertido en cuadros abstractos”, explicaba en una entrevista hace unos años. “Antes hacía una pintura más gris, pero la evolución me ha llevado a colores más intensos y a una aplicación más moderada de la materia”. En sus inicios también se apoyaba en una pintura figurativa un tanto geométrica, que se acercaba al primer cubismo, “pero acabé huyendo de la pintura figurativa porque no encontraba temas para expresarme. Descubrí que lo que me emocionaba no eran cosas concretas. (...) Y a fuerza de ir perdiendo poco a poco las formas me encontré, casi sin enterarme, haciendo abstracto”.

Ayer decidieron probar con algo nuevo, el grafiti. Este tipo de pintura, generalmente sobre mobiliario urbano, no es nuevo. Los romanos, como puede apreciarse en la ciudad de Pompeya, ya hacían pintadas en las calles de tipo reivindicativo. Hoy se ha rebautizado como uno de los cuatro elementos básicos de la cultura hip-hop, resurgido con fuerza en la década de los 60’ en Estados Unidos, afianzado después del Mayo del 68 parisino.

En España, la cultura del grafiti comenzó casi de forma espontánea, al contrario que en el resto de Europa que se desarrolló por influjo estadounidense. Fue en la década de los 80’, en plena Movida Madrileña, cuando varios jóvenes se pusieron a escribir en las calles, los metros, las estaciones... primero con rotuladores y más tarde con espray. En aquellos primeros años, Muelle (Juan Carlos Argüello), muy imitado ayer en las calles de Malasaña, fue el primero en aparecer alrededor de 1980. Más tarde surgieron otros como Bleck (la Rata) y Glub. Era un movimiento descontrolado que empezó a denominarse como grafiti autóctono madrileño. 

Con el paso de los años, el grafiti sigue reivindicándose. Ilegal, perseguido y penalizado, la pintura urbana, a pesar de su vistosidad, sigue sin tener hueco en la sociedad. De hecho, el Ayuntamiento de Madrid no apoyó la iniciativa de Persianes Lliures y Somos Malasaña, que ayer demostró a los miles de ciudadanos que se pasearon por el barrio que el arte va mucho más allá del lienzo o la escultura.

Además, me voy a permitir la licencia de aconsejaros la película Exit Through The Gift Shop, nominada al Oscar en 2010 como mejor largometraje documental. Narra la historia de Thierry Guetta, un francés residente en Los Ángeles, obsesionado con grabar todo con su cámara de vídeo. De cómo se metió en el mundo del arte urbano y conoció al que es el grafitero más famoso de la historia, Banksy. Un artista que ha demostrado que el street art es mucho más que una filosofía reivindicativa.

Vicente, un “pintor convencional” como él mismo se definió ayer, dio forma a un ángel negro en la persiana de un estanco situado en la Plaza del Dos de Mayo. Era su primera intervención urbana. Una imagen llamativa porque el arte en la calle “tiene que llamar la atención. El mensaje ha de llegar más rápido”. Sin duda alguna, lo ha conseguido. Su ángel caído ha aparecido en multitud de medios de comunicación. Y es que, el señor Chumilla, que ayer disfrutó junto a Sancho como si tuviera 20 años, sigue demostrando tener un alma tan creativa como reivindicativa. ¡Y por muchos años!
  
Fotos:
1. Chumilla y Sancho delante del grafiti de Sancho en calle Barco, 40
2. Grafiti de Chumilla en calle Barco, 40
3. Los dos artistas en plena faena
4. Grafiti de Sancho en el estanco de la Plaza del Dos de Mayo
5. Grafiti de Chumilla en el estanco de la Plaza del Dos de Mayo

2 comentarios:

MANUELA dijo...

Bravo por mi paisano y amigo, Chumilla. Manuela

Anónimo dijo...

Nos queda tanto por saber de graffiti, al menos yo tengo alguien que me enseña sobre ello, y es realmente apasionante, lástima que haya mucha gente que lo desvirtue y lo critique sin saber.

Saludos,

Escritora