12 de febrero de 2011

Angola, el país de los contrastes

Contento por la gran acogida que tuvo el artículo sobre la crisis del coltán en Congo, hoy he decidido hablar de su vecino del sur: Angola. La más extensa y rica de las antiguas colonias portuguesas, es hoy el país de la desigualdad y la pobreza. Su extraordinaria riqueza en recursos naturales ha convertido a Angola en el primer exportador de crudo de África y uno de los principales productores de diamantes.

Es uno de los países con mayor potencial en exploraciones de petróleo y cuenta con unas reservas estimadas de 30.000 millones de barriles. De hecho, hace unos días la empresa española Repsol YPF se adjudicó tres bloques exploratorios en aguas de Angola. Su economía creció el 18% en 2005, el 26% en 2006 y el 17% en 2007. Y su capital, Luanda, es la ciudad más cara del mundo, después de desbancar a Tokio hace apenas un año y donde alquilar una buhardilla cuesta unos 3.000 euros mensuales. Sin embargo, el 70% de la población vive en la más absoluta miseria con 1,7 dólares al día de media. ¿Y esto como se entiende?

Desde 1975 a 2002, el país estuvo sumido en una cruenta guerra civil que se convirtió en el conflicto más largo de la historia de África. Se libró una vez que Portugal dejó libre a su colonia y enfrentó a varios movimientos angolanos antagonistas y a sus respectivos aliados.



El conflicto de Angola enfrentó al gobierno del MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola y de ideología marxista) y sus aliados de Cuba y la SWAPO, que luchaba por la independencia de Namibia, contra UNITA(Unión Nacional para la Independencia Total de Angola y que fue movimiento armado durante más de 35 años), el FNLA  (Frente Nacional para la Liberación de Angolamovimiento guerrillero de tendencia derechista y prooccidental) Sudáfrica y Zaire. Los primeros recibieron apoyo y material de la URSS y los segundos de Estados Unidos. 

La contienda comenzó por el rechazo del FNLA a compartir el poder con el MPLA, pero se perpetuó por el apoyo internacional a cada uno de los bandos: y luego por la negación de Jonás Savimbi de aceptar los resultados electorales. La guerra terminó sólo tras el asesinato de éste en 2002, dejando casi 1.000.000  de muertos, cuatro millones de refugiados y unos 100.000 mutilados, especialmente por las minas antipersonal. Desde entonces, el presidente de la República de Angola es José Eduardo dos Santos del MPLA y tras haber ganado dos elecciones. Y es este señor, presidente de un país aceptado en la Internacional Socialista, quien controla todos los recursos del país y los reparte a las multinacionales y a sus amigos.

Luanda es una ciudad de negocios. Diariamente, se cierran cientos de acuerdos y se mueven cantidades impresionantes de dinero. El petróleo, los diamantes, el gas... los recursos son innumerables y las multinacionales lo saben. Las grandes empresas de Occidente explotan el país, pero sólo dan trabajo a 15.000 angoleños. Tras la guerra, las zonas rurales de Angola están pobladas de bombas antipersona, por lo que los ciudadanos se han concentrado en cinco grandes ciudades:

§  Luanda (2.800.000 habitantes) – Hasta siete millones si contamos el extrarradio

§  Huambo (203.000 habitantes)
§  Begkouela (155.000 habitantes, con industrias del puerto)
§  Lobito (150.000 habitantes, el puerto más grande en el estado con infraestructura adecuada)
§  Lumbago (105.000 habitantes, centro comercial, aeropuerto, oficina de la universidad)



Y la precariedad es infinita. En los barrios pobres que circundan la capital se pasan días enteros sin luz ni agua. La marginación, la miseria, las enfermedades y la basura se bañan en un mar de petróleo. Una pequeña Dubai en un país que tiene unos índices de pobreza similares a Haití. Además, en situaciones como esta, quienes más sufren son los niños.

La mortalidad infantil, es decir, antes de que se cumplan los cinco años de edad, ronda el 20%, así como las de las muertes postparto. Los niños son abandonados maltratados, fruto de abusos sexuales... Los orfanatos están saturados, y los cuidadores, pertenecientes a organismos como UNICEF, no son capaces de atenderlos a todos. Incluso han creado programas de tutela, por el que algunas familias en buena posición cuidan temporalmente a los niños más desfavorecidos.

Pero la situación empeora en las zonas rurales, pues aunque el 60% de la población angoleña se agrupa en las cinco ciudades anteriormente citadas, el otro 40% se reparte por 1,5 millones de kilómetros cuadrados donde no hay acceso a ningún tipo de recurso. El agua potable es muy cara y esta parte de la población no puede costeársela, por lo que malviven con el agua que ofrecen pozos inseguros. Las muertes por diarreas, malaria... crecen sin freno. De hecho, según las estadísticas, cada 15 segundos muere un niño por consumo de agua, falta de higiene...

Pues bien, a todo esto, hay que sumar el virus VIH, el del SIDA. Durante la guerra, las fronteras estuvieron cerradas y apenas había movimiento de población. Por eso, los virus no se propagaron tan rápido como en el resto de países africanos. Todavía hay tiempo de controlar la expansión, pero ni siquiera hay recursos para que los afectados lleguen a los centros donde podrían ser atendidos. Así que el rechazo hacia los contagiados por parte de la población angoleña es máximo. Son tratados como muertos en vida que, aun siendo tratados, no tienen solución alguna.

Angola, otro claro ejemplo de las “dictaduras” apoyadas por las multinacionales y Occidente. Otro país que a ojos del capitalismo no es más que un gran negocio. Una ciudad, Luanda, construida por y para blancos. El lujo en el centro de la capital de Angola produce el más repulsivo e hipócrita de los contrastes. Hoteles de ensueño, coches de película, negocios, dinero, explotación... y a escasos metros niños muriendo de hambre y miseria. Un país que crece a un impresionante 17% y que tiene a más del 70% de la población viviendo en la más absoluta miseria. No se invierte en formación, no hay profesores, no hay médicos... No hay nada, ni futuro. Y el dato más escalofriante de todos: Según datos de 2010, sus 13 millones de habitantes cuentan con la menor esperanza de vida a nivel mundial, con una expectativa al nacer de 38,48 años

En conclusión, Angola tiene un discurso socialista, un mercado capitalista y una estructura fascista. Y de paso se aprovecha Occidente. ¿Sabéis qué? Este mundo cada vez me da más asco.

Documental: "Angola, un país en construcción"


Angola from Nacho Salgado on Vimeo.

2 comentarios:

Andrés dijo...

Angola lleva varios años mejorando la situación gracias al dinero del petróleo, el problema es que no se puede hacer de la noche para la mañana.

Después de la Guerra los profesionales cualificados o habían muerto o habían emigrado y los que quedaban eran poquísimos.

Por otra parte, Angola no tenía ingresos con los que atraer profesionales por lo que seguía sumido en un pequeño problema.

Cuando el dinero del petróleo llega, Angola se convierte en el tigre africano y comienzan a volver los profesionales cualificados u ofreciendo ofertas de trabajo a portugueses y gallegos, por lo del idioma.

Es una labor que requiere tiempo (mucho) en un país inmenso y con grandísimos contrastes, por lo que las cosas se logran poco a poco, no de un día para otro.

David Val Palao dijo...

Ojalá pudiera creerlo. Pero no...

Según un informe del Senado de Estados Unidos, con el dinero que la petrolera Exxon-Mobil da a Guinea Ecuatorial por explotar sus yacimientos petrolíferos, cada ecuatoguineano, de los 500.000 que viven en el país, podría tener una renta per cápita anual superior a los 35.000 dólares y no de 500 como tienen ahora.

¿Quién roba el dinero? El presidente Obiang y sus allegados que, mediante sociedades pantalla, lo guardan, casi en exclusividad, en Madrid, en el Banco Santander.

Además, los países pobres han de hacer frente a la deuda externa, que supone el capital prestado más los intereses. Esa cantidad es cinco o seis veces más grande que la ayuda al desarrollo que se envía desde el primer mundo.

¿Así es como les ayudamos? Dejemos de hacer demagogia barata... Los ciudadanos no ven absolutamente nada y siguen muriéndose de hambre.