17 de enero de 2011

Adentraos en el fascinante mundo de "El nombre de la rosa"

Como ya sabéis, con el nuevo año decidí que uno de mis objetivos de 2011 iba a ser mantener al día el blog. Pues bien, otro de los propósitos del nuevo año fue leer más. Ya que, aunque diariamente leo artículos, reportajes... es cierto que tenía un poco olvidados los libros de toda la vida. Los que te hacen conocer el mundo y crecer como persona. 

Pues bien, sin más rodeos, he decidido que, además de leer más, voy a escribir también acerca de los libros que me lea. Mejor dicho, acerca de los libros que me lea y que me aporten algo. Pues, por desgracia, muchas veces caen en mis manos publicaciones que no sirven, por desgracia, ni como papel higiénico.

Y este 2011 ha comenzado por todo lo alto gracias a Umberto Eco y su espectacular novela El nombre de la rosa. Imagino que muchos de vosotros la habréis leído, pero sé de otros muchos que no habréis tenido oportunidad, por lo que espero que este artículo os despierte la curiosidad por la sabia pluma del semiólogo italiano.

Todo comienza una hermosa mañana de finales de noviembre del año 1327 cuando fray Guillermo de Baskerville, monje franciscano y antiguo inquisidor, junto a su inseparable discípulo, el novicio Adso de Melk (que es quien narra, ya anciano, la historia “de los hechos asombrosos y terribles que me fue dado presenciar en mi juventud”), llega a una abadía benedictina situada en el norte de Italia, famosa por su impresionante y casi inexpugnable biblioteca, para intentar esclarecer la muerte del joven fraile miniaturista Adelmo da Otranto.

Durante su estancia en la abadía, que se prolonga hasta siete intensos días, más monjes van muriendo en extrañas circunstancias. Tras estudiar las primeras pesquisas, fray Guillermo llega a la conclusión de que las muertes siguen la pauta de un pasaje del libro del Apocalipsis. La situación cada vez es más enrevesada, ¿por qué están muriendo tantos hermanos en tan sospechosas situaciones? ¿Quién es el asesino? ¿Cuál es el móvil de tan feroces crímenes?


Sin duda, este es el argumento de esta fascinante y misteriosa novela policíaca y que, tras más de 700 intrigantes páginas va solucionando con magistral destreza el por qué de tan grave situación. 


Pero la obra de Umberto Eco aporta mucho más. La primera mitad del siglo XIV es recordada en el seno de la Iglesia por el polémico papado de Juan XXII, que estuvo al frente de los católicos de 1316 a 1334. Y es en esta parte de la novela donde Eco aporta su meticuloso conocimiento histórico sobre la Edad Media.

En 1245, el seno de la orden franciscana se dividió en los llamados “conventuales”, seguidores de San Francisco de Asís, y los “espirituales”, radicales que defendían un ideal de pobreza absoluta, alegando que tanto Jesús como sus apóstoles carecían de posesiones individuales y comunales. Es decir, como defensores a ultranza de la pobreza de Cristo protagonizaban una vida de mendicidad, sin propiedades y ligada a lo espiritual. ¿Os imagináis el revuelo que levantó esta división en el seno de la Iglesia?

Tanto que, en 1318, Juan XXII publicó una bula en la que condenó la postura de los espirituales, también conocidos como “fraticelli” (a los que prometo dedicar un artículo exclusivo), calificando a sus seguidores como heréticos y obligando al general de la Orden, Michele da Cesena, a comparecer en la sede papal de Avignon, que había sido trasladada allí desde Roma por el papa Clemente V en 1305. 


Pues, según el Papa, si los paupérrimos feligreses se sentían identificados con las teorías expuestas por los “fraticelli”, podrían rechazar la opulencia en la que vivía la Iglesia y todos los que la conformaban. Y tanto se le fue la mano a Juan XXII con este tema, que hasta ordenó tallar crucifijos donde Cristo aparecía clavado sólo de una mano, puesto que la otra la tenía dentro de una bolsa de monedas para dar así a entender a los desgraciados devotos que Jesús tuvo posesiones y que no vivió en la más penosa pobreza.

Pero da Cesena, que no pertenecía a la fracción radical de los franciscanos, se negó a aceptar la orden papal y se buscó la protección del rey Luis IV de Babiera, que en esos años estaba en plena guerra con el papa Juan XXII por el trono de Alemania y por ser coronado como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Tras esta decisión, Michele da Cesena fue expulsado de la orden franciscana y excomulgado.

Tras esta breve contextualización histórica, que en el libro es mucho más completa y esclarecedora, puntualizaré sobre la conexión que Umberto Eco crea entre este entramado político-social y el argumento de la novela. Fray Guillermo de Baskerville, además de ser reclamado por el abad para esclarecer los crímenes de la abadía, debía organizar una reunión entre los delegados de Juan XII y los líderes de la orden franciscana, donde se discutiría sobre la supuesta herejía de la doctrina de la pobreza apostólica promovida por los espirituales.

Y es en esos brillantes pasajes donde Umberto Eco da voz a los más polémicos personajes de la época (Ubertino da Casale, Bernardo Gui o Guillermo de Ockham, entre otros), defendiendo sus diversas posturas y donde se aprecia claramente el poder que tenía la Iglesia gracias al miedo que infundía en todos los que estaban por debajo de ella. Pero no era un miedo unilateral, pues como descubriréis a lo largo de la novela, la Iglesia también vivía atemorizada. Atemorizada de que las obras de los grandes clásicos grecorromanos, que se basaban en la razón y no en la fe, salieran a la luz, pudiendo así fulminar el gran poder del que disfrutaba.

En conclusión, una obra magistral donde la crónica medieval, la novela policíaca e histórica y la alegoría narrativa convierten a El nombre de la rosa en una novela de obligada lectura. No tengáis miedo por sus pasajes en latín (las ediciones contemporáneas los traducen al final del libro, por lo que es fácil seguirlo) ni por la dificultad de comprensión en la que se apoyan algunos detractores de la buena literatura y que sólo disfrutan con Los pilares de la tierra. Sin duda, nos encontramos ante una de las novelas clave del siglo XX. Sólo hay que adentrarse en ella con valentía. ¿Estáis preparados? Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.

Fotos

1. Portada del libro, editorial Contemporanea DeBolsillo


2. Fotograma de la película "El nombre de la rosa", dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Sean Connery (en la imagen)

3. El papa Juan XXII

4. Abadía Sacra di San Michele, en la región del Piamonte italiano, y en la que se inspiró Umberto Eco para su novela

1 comentario:

Martin José dijo...

Yo leí esta novela hace muchos años y es un genial compendio de la vida altomedieval en todos los conceptos: civil y religioso.
Las descripciones de las habituales torturas con las historias que merced al dolor relataban los torturados, los síbolos de las portadas y canecillos, etc, son geniales.