15 de marzo de 2011

Cuando la música y la pintura se dan la mano: 'Dutch Master Suite'

Hoy ha sido un día de los que merece la pena. Ni siquiera he tenido tiempo de salir de casa y he estado trabajando durante horas, pero a mediodía, como un rayo de luz que surge entre tinieblas, una buena amiga, y mejor escritora, me ha aconsejado escuchar a Hans Zimmer, uno de los mejores compositores de bandas sonoras de la actualidad. Tras deleitarme con sus emotivas composiciones fui, casi sin querer, dirigiendo mi oído hacia la Banda de Yecla, a la que hacía tiempo que no escuchaba. Cuando le di al play comenzó a sonar el espectacular concierto que prepararon para Santa Cecilia del pasado año y que interpretaron en el teatro Concha Segura a finales de noviembre.

Después, de la mano de otro de los grandes compositores de la actualidad, el holandés Johan de Meij, descubrí Dutch Master Suite, una espectacular obra donde la música y la pintura se fusionan para consagrar por enésima vez en la historia el hermanamiento sublime de estas dos apasionantes expresiones artísticas.

Kandinsky consideraba que todo cuadro podía ser la representación visual de una composición musical. Para el pintor ruso la música era el referente de toda creación artística, y base de la pintura que él mismo desarrollaba. No se equivocaba. En 2006, un estudio realizado por neurocientíficos londinenses confirmaba que los sentidos de la vista y el oído están fuertemente relacionados en el cerebro.

Pero si la interacción se da de una parte, también se da en la otra. Por ejemplo, el maestro Manolo Sanlúcar supo fusionar magistralmente pintura y música en su composición La voz del color, donde la obra del pintor sevillano Baldomero Romero Ressendi se estrecha en un cordial abrazo con las cuerdas de la guitarra flamenca del genio sanluqueño.

Ámsterdam, siglo XVII
Y Johan de Meij no se ha quedado atrás con este espectacular Dutch Master Suite (Suite para los maestros holandeses). Sin duda alguna, el siglo XVII fue el siglo de esplendor holandés. La Edad de Oro neerlandesa fue una época en la que el país experimentó un extraordinario florecimiento político, económico, científico, comercial, cultural y artístico. De ese volcán de conocimiento surgieron algunos de los mayores maestros barrocos de la pintura. Tres de los cuales han sido homenajeados por De Meij en esta sublime composición: Rembrandt, Vermeer y Jan Steen.

Tras el Tratado de Westfalia (1648), que puso paz a 80 años de guerra por la independencia frente al imperio español, Holanda se convirtió en un estado muy diferente al resto de naciones europeas:
  • Se convirtió en república, mientras que el resto de países vivía todavía bajo el yugo monárquico
  • Se declaró calvinista frente al catolicismo que reinaba en el resto de Europa
  • Se dejó de poner trabas a la burguesía, que empezó a crecer en riqueza y dinamismo, dando realce a la economía neerlandesa


Autorretrato de Rembrandt
Tras todos los cambios que produjo la independencia, el arte holandés tuvo que reinventarse por completo, sobre todo tras la brusca ruptura que se dio con la tradición católica y monárquica. Además, el apogeo económico de la burguesía multiplicó el número de encargos y los pintores de la época se vieron saturados, aunque no por ello bien pagados, gracias a los importantes mecenazgos renacientes.

Tales diferencias sociopolíticas respecto a sus vecinos supone que, aunque muestre características similares al Barroco europeo, el Barroco holandés carezca de la idealización y del amor por el esplendor típico de gran parte del arte barroco. En Holanda, los grandes pintores del XVII como Vermeer, Rembrandt o el propio Jon Steel se fijan más en la tradición detallada del realismo heredado de la pintura flamenca primitiva. Las obras de temática religiosa desaparecen debido a que el calvinismo las vetaba en las iglesias. Hubo mucha pintura histórica y multitud de retratos donde los nuevos burgueses veían reflejada su riqueza.

Pero, ante todo, el barroco holandés se caracteriza por el costumbrismo: la vida cotidiana, en el campo y en la ciudad. La naturaleza, los animales, los bodegones y las flores, junto a la vida urbana de un Ámsterdam en plena efervescencia. Los artistas del momento se preocupan por la vida de las gentes. Por sus diversiones, por sus pasiones, por sus miedos.

Los extranjeros se sorprendían de las enormes cantidades de arte que se producía en los Países Bajos. Las ferias proliferaban y el volumen de producción era tan alto que pronto los precios cayeron en picado. Los artistas que no gozaban de gran reputación pasaban pronto de moda y tenían que buscarse otro trabajo. Incluso los más grandes del siglo (Vermeer, Hals o Rembrandt) fueron engullidos por este afán artístico y murieron en la pobreza, sumidos en el olvido.

Todos los holandeses tenían obras en casa. Los zapateros y los herreros trabajaban bajo la atenta mirada de espectaculares obras dignas hoy de los más destacados museos. Pero llegó la invasión francesa de 1672, que trajo consigo una depresión severa en el mercado del arte. Y Holanda nunca volvió a vivir un esplendor como el anteriormente narrado.

Rembrandt

Sin duda, fue un pintor con mucha personalidad. Es el pintor del hombre, mostrando una visión oscura de su destino, lo que lleva al dramatismo de sus cuadros. Las pinturas de Rembrandt tienden a la oscuridad, a la noche, a la vejez. En el primer movimiento de Dutch Master Suite, Johan de Meij pone música a uno de sus cuadros más valorados: La ronda de noche.



Rembrandt pintó este cuadro entre 1640 y 1642. La obra fue un encargo de la Corporación de Arcabuceros de Ámsterdam para decorar la Kloveniersdoelen, sede de la milicia. Debido a esto, y en contra de lo normal, Rembrandt usó monumentales dimensiones para este lienzo.

En el cuadro aparece la milicia del capitán Frans Banning Cocq en el momento en que éste da la orden de marchar al alférez Willem van Ruytenburch. Detrás de ellos aparecen los 18 integrantes de la Compañía, que pagaron una media de cien florines al pintor por aparecer en el cuadro, una suma bastante considerable para la época. Los personajes se representan tal y como los pudo contemplar el pintor holandés en numerosas ocasiones, justo en el momento en que a diario la compañía se preparaba para formar y salir ordenadamente para recorrer la ciudad en su misión de vigilantes del orden. Además, en el cuadro aparecen tres niños corriendo y un perro para dar movimiento a la escena.

Vermeer

En el segundo movimiento de la obra, la mirada se centra en Johannes Vermeer. Reconocido por obras como La lechera o La joven de la perla, no deja de sorprender la minuciosidad de sus pinturas menos conocidas, algo en lo que sí se detiene Johan de Meij, puesto que este movimiento está dedicado al lienzo La carta de amor.



Para dar más fuerza si cabe a la composición, la música se precede de una introducción que, añadida al original por el propio narrador, el profesor Miguel Ángel Puche, sitúa al espectador en la escena gracias a su aterciopelada voz. Una joven, que interpreta con inusitada ternura la mandolina, recibe una carta de manos de su doncella. La música, vehículo una vez más para el amor, deja de sonar ante el temor de que aquella misiva no trajera buenas nuevas. La dama, sumida en sus pensamientos amorosos que acompaña de la dulce melodía de la mandolina, dirige su interrogante mirada hacia la criada, presa del temor que produce la cruenta realidad. Pero no, la carta trae noticias esperanzadoras. El amor se acerca a ella tras meses de lejanía y la joven, con fuerzas renovadas, retoma de nuevo su música, dejándose llevar por los brazos de la locura.

Jan Steen

El menos conocido de los tres, Jan Steen fue el pintor de la vida cotidiana por antonomasia. Sin duda fue su temática principal. Sus escenas son animadas hasta el punto de resultar totalmente caóticas. Por eso, De Meij ha escogido su obra Prince’s Day para cerrar esta composición magistral.



En ella, los músicos simulan una tarde de taberna y cerveza. Brindan, ríen y, cuando los estragos del alcohol hacen mella en sus complacientes almas, la música suena, pero con una espectacular e hilvanada disonancia. Porque lo que pretendía Jan Steen en su obra era que sus indirectas sutiles fueran imitadas por el espectador. De hecho, él mismo se representa borracho en esta taberna donde la fiesta y la música no dejan lugar a preocupaciones. En conclusión, un fin de fiesta grandioso para una espectacular composición con la que, no cabe duda, Johan de Meij ha conseguido homenajear a estos grandes maestros del barroco holandés.


Dedicatoria


Artículo dedicado a todos mis compañeros de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla por haberme dado tantos años de reconforte anímico. Y también para todos aquellos compañeros de parranda yeclano-madrileña que han despertado en mí el amor por el arte. 


Para quienes se hayan quedado sorprendidos al escuchar a esta gran banda de música, os aconsejo que el 27 de marzo vayáis a la Feria del Mueble de Yecla para poder disfrutar de un espectacular concierto donde interpretarán la obra La Pasión de Cristo del compositor valenciano Ferrer Ferrán.

5 comentarios:

Anna dijo...

Que gran artículo!! Además de culturizarnos un poco en el mundo de la pintura barroca fuera de España, nos has adjuntado estos impresionantes fragmentos de música.

Me ha encantado David, y si a ello sumo el hecho de haber tenido la suerte de que me lo explicases, puedo decir que me ha dejado con una sensación de felicidad bastante reconfortante.
Un besazoo!! :)

DANI dijo...

Well done my friend!! Jejeh, al final vas a aprender un poquito a escribir. Un abrazooo!!

El titán dijo...

Vengo siguiendo los pasos de Rocío Val.
Un saludo.

kultur-huset dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
kultur-huset dijo...

Muy buen artículo. Da gusto entrar en la red y encontrarme con este tipo de "periodismo-casero" que me enriquece cada día mucho más qe otras "fuentes oficiales de información".
Cuando hablas de la relación de "pintura y música" me viene a la mente recomendarte que indagues en la vida y obra de Erik Satie, sus Gymnopédies. Interesante artísta adelantado a su tiempo, tan interesante como sus melodías.
http://www.youtube.com/watch?v=Al5U1WJ48rM

Y si tienes la oportunidad de viajar a la parte Normanda de Francia no dejes de visitar su casa-museo en Honfleur, una experiencia que repetiría.