17 de marzo de 2011

Vivimos en una mentira: ¿Quién asesinó al coche eléctrico?

Desde hace años, escuchamos incansablemente la misma cantinela. Los coches eléctricos, los coches del futuro. Los coches que no contaminarán, que respetarán el medioambiente y que ayudarán a que los niveles de contaminación desciendan considerablemente. Y yo me pregunto, si en apenas unos años la ciencia ha evolucionado hasta pasar de verdaderos ladrillos sin ninguna funcionalidad a teléfonos móviles inteligentes que permiten la interactividad durante 24 horas al día, ¿tanto cuesta fabricar un coche que funcione con baterías o con combustibles limpios y renovables como el hidrógeno? Pues, lógicamente, no. Entonces, ¿quién frena la producción de los vehículos eléctricos?

Coche eléctrico de finales del siglo XIX
Empecemos por el principio. ¿Sabíais que a finales del siglo XIX había más coches eléctricos que de gasolina? Eran silenciosos, podían recargarse en casa y, además, no contaminaban. Sin embargo, las mejoras en los vehículos de combustión, como el arranque automático (hasta ese momento los coches a gasolina arrancaban con manivela) o el bajo precio del petróleo significaron la victoria de estos últimos en detrimento del silencioso y limpio coche eléctrico. Finalmente, desde 1920 hasta la actualidad, los vehículos de combustión han sido los verdaderos y únicos protagonistas de la industria del automóvil. Pero, como todos sabemos, estos vehículos conviven con un grave y preocupante problema: la contaminación que generan.

Gran parte de los ciudadanos de las grandes ciudades sufren de asma, enfermedades pulmonares, cáncer..., provocados en su mayoría por los altos índices de polución. Y ya es hora de que estos datos salgan a la luz. Un estudio de 1984 demostró que en Los Ángeles uno de cada cuatro jóvenes de entre 15 y 20 años sufría lesiones pulmonares y/o enfermedades respiratorias crónicas. Y aunque las fábricas también tienen parte de culpa, hay que tener en cuenta que por cada litro de gasolina que quema un vehículo, se producen 2,3 kilogramos de dióxido de carbono. Por tanto, los vehículos son los principales causantes del efecto invernadero, con el correspondiente calentamiento global.

Estos primeros estudios despertaron la alarma y algunos laboratorios comenzaron a trabajar en la fabricación de vehículos no contaminantes. California (un estado similar en extensión y población a España) decidió adoptar un proyecto de ley denominado “Vehículos de emisión cero” por el que obligaba a los fabricantes de coches a disponer de vehículos no contaminantes si querían seguir vendiendo en su territorio. El objetivo era ir creando mercado para, poco a poco, sustituir los vehículos de combustión por los eléctricos. Los fabricantes, que protestaron mucho la ley, tuvieron a la vez que acatarla. Fue así como nació el EV1.

Toyota RAV4-EV
Este EV1 fue el primer coche eléctrico moderno y con prestaciones muy similares a las de los vehículos de combustión. Este turismo, desarrollado por la todopoderosa General Motors, era rápido, limpio y tenía una autonomía de unos 200 kilómetros. Pero como los fabricantes tenían la intención de luchar contra la ley para acabar aboliéndola, decidieron no vender estos coches, sino alquilarlos. Pronto otras marcas decidieron emular a GM y casas como Toyota, Ford o Nissan crearon sus propios prototipos: Toyota RAV4-EV, el Ford Think o el Nissan Altra EV.

La fiebre por el coche eléctrico se expandió rápidamente por California. Actores como Tom Hanks o Mel Gibson los promocionaban en los platós de televisión y, aunque pagar el alquiler (que rondaba los 250-300 dólares mensuales) no estaba al alcance de todos, la inversión era rentable en cuanto al coste por consumo en comparación con los gasolina: 0,15 dólares por litro. Las listas de espera para poder adquirirlos crecieron como la espuma. Miles de estadounidenses reclamaban estos vehículos, sin embargo, los fabricantes los producían a un ritmo desesperadamente lento.

Y pronto surgieron asociaciones de consumidores que lanzaban multitud de mensajes en contra del vehículo eléctrico. Incluso se puso en duda el beneficio que aportaba al medioambiente. Sin embargo, años más tarde, se comprobó que esos grupos de consumidores contrarios a estos turismos habían sido fundados bajo el amparo de las grandes petroleras del país, multinacionales que, a su vez, pagaban editoriales en la prensa para explicar los problemas que un coche eléctrico tenía en comparación con uno de combustión (Ver documental enlazado al final del artículo).

Al mismo tiempo, concesionarios y petroleras presionaron al gobierno de California para que rebajara la ley a favor de los vehículos de emisión cero. Lo consiguen. La ley se flexibiliza: los fabricantes producirían según la demanda de vehículos. Comienza entonces una campaña de desacreditación donde incluso se manipulan los datos de las listas de espera. Los anuncios publicitarios de los fabricantes se centran más en informar acerca de las limitaciones de los vehículos eléctricos que acerca de sus virtudes. En 2001, sólo cinco años después de fabricar el primer EV1, General Motors decide detener la fabricación de estos vehículos, despedir a los empleados y cerrar los concesionarios.

La llegada de George W. Bush al poder, cuya familia tiene grandes sumas de capital invertidas en las petroleras del país, dio un espaldarazo a los fabricantes, que seguían presionando con dureza la ley californiana.  Y el presidente republicano no defraudó: en 2003, cuando parecía que el coche eléctrico empezaba a consolidarse en algunas familias estadounidenses, anunció una inversión de 1.200 millones de dólares para investigar en el coche de hidrógeno. Es decir, carpetazo al vehículo eléctrico. Finalmente, el 24 de abril de 2003 el gobierno californiano retira la ley de vehículos de emisión cero.

Irónicamente, y como ya comenté anteriormente, los fabricantes parecían haber previsto esa situación, ya que no habían vendido ningún vehículo, sólo los habían alquilado. Y la fecha de caducidad de los contratos de arrendamiento estaba empezando a caducar. Ningún contrato fue renovado. Los fabricantes fueron recopilando coches a medida que los contratos expiraban para irlos destruyendo. Los EV1, los RAV4-EV, el Ford Think... Todos se amontonaban en los vertederos reducidos a chatarra. Las manifestaciones en todo Estados Unidos a favor de los vehículos ecológicos apenas fueron escuchadas.

Cementerio de EV1 de General Motors
En 2004 ya no quedaba ni un solo EV1 en manos de sus antiguos usuarios. Los vehículos fueron triturados, muchos de ellos ni siquiera se habían estrenado. Algunos manifestantes llegaron a ofrecer grandes sumas de dinero por los últimos EV1. Nunca recibieron respuesta. Varios de ellos fueron incluso detenidos por la policía. Aun así, sólo General Motors trituró todos sus vehículos. Toyota, Honda y Ford guardaron algunos de sus turismos y los vendieron a precio simbólico, como el Ford Ranger EV, aunque la investigación para mejorarlos se redujo sólo a pequeños reductos privados. El coche eléctrico murió.

Y me pregunto, ¿por qué?

La respuesta es lógica, a la vez que inmoral: los lobbies de las grandes petroleras, las multinacionales que controlan el poder económico de este aplaudido sistema capitalista, no quieren que los coches eléctricos sobrevivan ni se generalice su compra porque prefieren seguir provocando guerras en Oriente Medio para controlar los yacimientos, los precios del petróleo y, en consecuencia, la economía mundial.

¿Sabéis, por ejemplo, que BMW comercia un vehículo a hidrógeno desde el año 2000? El BMW 750 hL fue presentado el 11 de mayo de ese año en Berlín. Era el primer coche a hidrógeno del mundo fabricado en serie. El motor de doce cilindros propulsado por hidrógeno, que según los científicos ni contamina ni puede agotarse, tiene una potencia de 204 CV, acelera de 0 a 100 en 9 segundos y alcanza una velocidad máxima de 226 km/h. Además, el coche de hidrógeno tiene como desecho de combustión... VAPOR DE AGUA. ¿Y por qué no compra todo el mundo un vehículo de hidrógeno? Por lo de siempre: la presión de las petroleras.

A todo esto hay que sumar las presiones de los especuladores (en su mayoría los grandes fondos de inversión de Estados Unidos y la Unión Europea), que son quienes provocan la subida del precio del petróleo. Una comisión del Congreso de Estados Unidos concluyó que el precio del barril de crudo no superaría nunca los 65 dólares si no fuera por la presión de los especuladores.

Las petroleras no pueden permitir que el precio del petróleo baje y amenazan a los gobiernos con su influencia y poder económico. Y después nos venden la moto con el tema de los biocombustibles, una medida que no les va a frenar en su afán por enriquecerse, pues los biocombustibles surgen de la mezcla de aceites y cereales con otros combustibles como el petróleo. Pero los perjudicados seguimos siendo nosotros, los ciudadanos, pues la producción de biodiesel ha dado lugar al aumento desmesurado de los precios en alimentos de primera necesidad como los cereales, el pan, la leche y los huevos.

¿De verdad vamos a seguir creyéndonos esta mentira? Lo siento, pero sí, cada día soy más anarquista. Las empresas nos manejan a su antojo y nosotros seguimos echándole la culpa a los cuatro títeres de turno, llámense Zapatero, Valcárcel, Merkel o Perico el de los palotes. Ojalá pronto nos demos cuenta de que los mandatarios de este país son Emilio Botín, Antonio Brufau, César Alierta, Francisco González, Florentino Pérez... Ellos son quienes manejan el cotarro y se enriquecen, mientras culpan de todo al inepto de ZP.

Brufau (Repsol), Alierta (Telefónica), Rubalcaba, ZP, Salgado y Botín (BSCH)

P.D. Os aconsejo ver el documental: ¿Quién mató al coche eléctrico?

3 comentarios:

juganett dijo...

Hay tántas cosas que nos esconden los intereses económicos de "el hombre que vendió al mundo". Lástima que ya no estará para recoger el verdadero fruto de la planta que ha sembrado.

kultur-huset dijo...

El ritmo del planeta lo mueven cuatro individuos movidosp or los intereses económicos. Y ahora nos estamos dando cuenta que vivir al margen de las leyes naturales es el mayor error del hombre, y si no vean las noticias de Japón.

Javi dijo...

Completo acuerdo con este post. En el mismo documental se expone que el coche de hidrógeno fue sólo algo para despistar, pues su uso a corto y medio plazo resulta inviable.
La verdad es esa, los que controlan y dominan y DESTRUYEN el planeta son los dueños del petróleo.
Lo más triste es que parece que nadie le importe esto. Las masas ignoran e incluso justifican que sigamos utilizando el petróleo como forma de combustible. Sólo les importa lo que sale o dicen en la tele. A la gente le importa muchísimo más las bragas que use La Duquesa de Alba que nuestro planeta se esté destruyendo.
¿Cómo podemos ser tan imbéciles?

Saludos