7 de marzo de 2011

¿Quién teme a la banca pública?

La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: los gobiernos conservadores, sean cuales sean sus siglas, y las entidades financieras, que se relamen al ver cómo el gobierno de ZP les está sirviendo las cajas de ahorro en bandeja. Primero los bancos dijeron no estar interesados en la fusión, pero ahora, ya no hay duda de que el negocio les está gustando. Caja Duero ultima su fusión con Banco Mare Nostrum, Caja Madrid y Bancaja han creado el banco Bankia, el Popular acecha a La Caixa... Exceptuando a BBVA y Santander, que han manifestado no estar interesado en ninguna compra, aunque no lo descarto, el resto de bancos (nacionales y extranjeros) se preparan para engullir unas cajas ya limpias de polvo y paja.

Pero no hay que dejarse engañar con la posición de la patronal bancaria que apuesta por la libre competencia, eso sí siempre y cuando su solvencia no corre peligro. Entonces bien que llaman a la puerta de papá Estado. Pero si la crisis ha mostrado algo es que el viejo mito de autosuficiencia de los mercados está acabado. Los bancos sólo quieren obtener el máximo beneficio en el menor tiempo posible y, por desgracia, ese no es el modelo acertado.

Para quien no lo tenga claro, las diferencias entre banco y caja de ahorro son pocas, pero concluyentes. Se diferencian por su carácter legislativo. Los bancos son sociedades anónimas, mientras que las cajas de ahorro se rigen por la ley de sociedades limitadas de carácter fundacional, motivo por el que deben destinar, por ejemplo, una parte de sus inversiones a fines sociales o tienen representación gubernamental en su seno, aunque no por ello dejan de ser privadas.

¿Qué supondría entonces esta fusión? Pues como pasarían a ser totalmente privadas, se podría finiquitar con la obra social de muchas cajas de ahorro. Aun así, Zapatero  ha dicho que no se va a privatizar a precio de saldo, pero, ¿qué más da?

Por eso ha llegado el momento de buscar otro modelo de gestión. Ya sabemos cómo se las gastan los bancos. Nos han demostrado que sólo buscan su interés y nos han llenado de productos “basura” con el único objetivo de multiplicar sus beneficios. Los directivos siguen amasando fortunas sin tener un mínimo de ética, sobre todo cuando sus bancos se han visto cercanos de la quiebra y han tenido que pedir ayuda al Gobierno. Y después de arruinar a muchos de sus clientes también. Además, se han mostrado totalmente contrarios a una mínima regularización, estudiada en su día incluso por la Unión Europea, para evitar, según ellos, el colapso de otras entidades.

Incluso hay déspotas que culpan a los ciudadanos de que no pueden pagar sus créditos porque han perdido su trabajo o critican a las pequeñas empresas de la falta de solvencia, cuando han sido ellos mismos quienes han propiciado esta sangría. Cuando pedían clemencia y ayuda todos apoyamos, ahora, nos quitan nuestras casas y embargan nuestras empresas sin ningún tipo de miramiento.

¿Por qué no crear como defiende, por ejemplo, Izquierda Unida un banco público que realmente sirva? La actuación del ICO (Instituto de Crédito Oficial) y su papel de agencia financiera no funcionan, sobre todo porque debe arreglárselas con mediadores privados. Sin embargo, el analista bursátil Alberto Castro opina que “la historia reciente del Estado español dice lo contrario, ya que diferentes entidades públicas jugaron un papel vital en los años 80 y 90, en los que llegaron a sostener hasta el 20% de la actividad crediticia”.

Es justo decir que en aquel entonces sólo una pequeña parte de su campo de acción estaba relacionada con el negocio minorista, precisamente el que ahora tendría que tomarse más en serio para construir otra vía para la gestión pública. “Algunos expertos proponen, sin embargo, que la nueva banca debiera centrarse exclusivamente en facilitar el crédito empresarial y financiar las medidas de política económica”, añade Castro.

Sin embargo, en su día los ministros correspondientes se pusieron de parte de las grandes entidades financieras y decidieron vender los exitosos bancos públicos a un precio barato. Y para todos los neoliberales que unen lo público a ineficacia y competencia desleal sólo me queda decirles dos cosas: para ineficacia la de los bancos privados, que son quienes han generado la crisis y si además no son capaces de ofrecer créditos a quien los necesita, poco más hay que decir.

Ejemplos sobre nacionalizaciones temporales de bancos en estados rabiosamente capitalistas durante los últimos años las ha habido a patadas, entonces, ¿por qué no intentar salvar a ciudadanos en aprietos, autónomos con la soga al cuello o pequeñas empresas con riesgo de quiebra? Si los bancos privados no son capaces de ayudar a estos clientes necesitados, ¿por qué no puede hacerlo una banca pública?

No me cabe duda de que construir una banca pública exige transparencia, gestores capacitados y mucha responsabilidad, pero a la larga nos saldrá rentable. Pero claro, nos damos de bruces con la anquilosada legislación de la Unión Europea, especialmente puntillosa con todo lo que sea “justicia social” y ponga trabas al imperio del mercado.

Como bien dice Castro, “hay que cambiar el único objetivo del máximo beneficio dinerario por el de beneficio social sin caer en el desbarajuste financiero”. Es decir, no se trata de regalar el crédito, sino de ser más justo y equilibrado en el trato y en los objetivos.

Por cierto, que esto de la banca pública no es ningún invento fruto de trasnochados comunistas. Alemania es el modelo más claro de buena gestión en este sentido, ya que sostiene una red de bancos regionales que funciona bajo titularidad pública. Pero claro, Berlín tampoco se ha librado de la zarpa neoliberal de Bruselas y ha tenido varios enfrentamientos con la autoridades europeas al entenderse que practicaban competencia desleal con el resto de bancos alemanes, muchos de los cuales, casualmente, tuvieron que ser rescatados por el propio Gobierno no hace mucho tiempo.

En conclusión, la banca pública es una herramienta sostenible y beneficiosa para la sociedad, y, conforme se encuentran las cajas de ahorro se puede diseñar con visión de futuro. La reestructuración del sector es necesaria y viable. Que no nos vendan la moto de lo contrario. La transformación exige fuertes inyecciones de dinero público, pero se debe de hacer. Además, se evitaría dejar a las cajas en manos de los bancos que son quienes han participado en el fomento de la crisis al cerrar el grifo del crédito a empresas y particulares hasta arruinarlos.

Pero el Gobierno de Zapatero primero y la Unión Europea después, aunque en su día parecían decididos a regularizar el sistema financiero, se han callado. Y hoy no tienen la más mínima intención de aprovechar esta crisis coyuntural para modificar el sistema. ¿Vamos a quedarnos otra vez de brazos cruzados?
  

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