9 de noviembre de 2008

Verborrea real

Ha estado más de 30 años a la sombra y sin abrir la boca, pero hace una semana explotó. Y de qué manera. La reina doña Sofía se ha pronunciado sobre los temas más candentes del panorama social español en el libro La Reina de cerca, escrito por la periodista Pilar Urbano, la cual ha manifestado en multitud de ocasiones su afiliación al Opus Dei. Seguro que cuando don Juan Carlos viera los periódicos del 30 de octubre se echaría las manos a la cabeza. Hasta incluso es probable que le soltara a su consorte aquel famoso “pero por qué no te callas”. Y es que la casa real puede tener opinión, pero no puede expresarla. Sea del color que sea. De hecho, el rey lee discursos, no los escribe. Su opinión es la del Gobierno. Cada una de sus intervenciones está totalmente medida por la personalidad gubernamental que esté al frente del sector al que se dirija su majestad. Es decir, que si da un discurso a un grupo de médicos, el ministerio de Sanidad es quien se lo escribe. Sólo tiene libertad con el discurso de Navidad, que lo redacta el propio monarca con ayuda de sus asesores, pero que, a pesar de todo, ha de ser aprobado por Moncloa.

Es decir, que no debe expresar su opinión en público. Y lo mismo ocurre con la reina, los príncipes y hasta con el propio Urdangarín. El Rey no puede, como Jefe de Estado, tener opinión propia y manifestarla. Y su familia, tampoco. Por eso ha sorprendido mucho que, con motivo de sus 70 años, la reina se haya manifestado en contra de los matrimonios homosexuales y de la eutanasia, o a favor de que se enseñe religión católica en los colegios. Vuelvo a repetir, estas declaraciones no han sorprendido a nadie, ¿o acaso se piensan que la reina es ‘progre’, como diría Losantos? Aunque durante estos 30 años han sabido vender muy bien su imagen, no dejan de ser Borbones, con antepasados absolutistas y sanguinarios. Y eso nadie lo puede negar.


Con estas declaraciones, la reina ha incumplido la Constitución en casi todo su título II, el dedicado a la Corona. También es cierto que según la propia ley fundamental “La Reina consorte no ejerce funciones constitucionales salvo en el caso de que forme parte de la Regencia”, pero ello no la exime de la discreción institucional como miembro de la Corona y del deber de abstención en el debate público. Así reza el primer punto del artículo 56: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado Español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las Leyes”. Con sus declaraciones, la reina ha dejado de ser arbitraria y ha roto la unidad que ejercía sobre toda la ciudadanía española. Y su imagen, como una de las más altas representaciones del Estado Español, se ha desdibujado por completo. Miren, por ejemplo, como ha vapuleado también el primer epígrafe del artículo 61 de la norma primordial de nuestro país: “El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las Leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas”. Con sus declaraciones, la reina no ha respetado los derechos de los ciudadanos ni tampoco ha apoyado una ley aprobada por las Cortes Españolas, como es la del matrimonio homosexual.


Pero doña Sofía sabía a qué estaba jugando, pues en ningún momento envió el libro a Moncloa, como establece la Constitución en su artículo 64: “Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes”. Es decir, que como se imaginaba que iban a corregir sus palabras, prefirió hacer caso omiso a la Constitución. Pero, si ha incumplido la norma máxima del estado español, ¿por qué no se la denuncia? Si hubiéramos sido cualquiera de nosotros los que hubiéramos difamado contra la norma fundamental de este país, ya estaríamos metidos en problemas. Y bastante gordos. Pero claro, es que hay otro artículo mágico, el epígrafe tres del art. 56: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Válgame la nona, como diría aquél. Es decir, que todo lo que dice o hace don Juan Carlos o su familia no puede ser castigado ni reprochado, pues los pobres no son responsables de lo que dicen. Ahora, tú no les critiques en público que te llevan a la Audiencia Nacional por atentar contra la familia real. Es decir, que aunque la reina ha dicho que “se ha de enseñar religión en los colegios para explicar a los niños el origen del mundo y de la vida”, no pensó que esas palabras, que muestran un total rechazo a la teoría de la evolución de Darwin, podían afectar a muchos españoles, pues la apreciada señora, no es responsable de sus actos.


Pero tras esta espectacular metedura de pata hay un trasfondo mucho más importante. Según reza la propia Constitución, “El Rey recibe de los Presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su familia y Casa, y distribuye libremente la misma”. Y ese dinero es sufragado por los impuestos de todos los españoles, sean de derecha, de izquierda, de centro, monárquicos o republicanos. Entonces, debido a que esa familia tiene el derecho de vivir en un palacio y de recibir una cuantiosa cantidad de dinero anual, así como de ser inmunes a la justicia, no tienen ningún derecho a pronunciarse públicamente ni a expresar su opinión. Y para más inri, en un año en el que la economía ha caído en picado, en que se han congelado sueldos y presupuestos, nuestro querido Gobierno ha aumentado en un 2,7% el presupuesto asignado a la Casa Real, es decir, que durante 2009 tendrán a su entera disposición un total de 8,9 millones de euros. Y todavía se quejan sus majestades…


Y es que, ya lo decía el poeta trágico griego Sófocles allá por el siglo V a.C. en la vieja Atenas: "Los reyes son felices en muchas cosas, pero principalmente en esto: pueden decir y hacer lo que les plazca sin que les pidan cuentas de ello."

3 de noviembre de 2008

"Poder trabajar en Barcelona 92 fue lo más"

Muy buenas a todos! Os ofrezco hoy una entrevista que publiqué ayer en ABC y los regionales de Vocento. Es a María Escario, una mujer sencilla y simpática a la que tenía muchas ganas de entrevistar. Espero que os guste!

David Val Palao
En los albores de los años ochenta, una jovencísima María Escario (Madrid, 1959) entraba por primera vez en los estudios de Televisión Española. Pero esa vez «no fue la definitiva». Más adelante, en 1985, volvería para quedarse. Al final, se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la cadena. Pero para llegar hasta ahí ha tenido que recorrer un largo camino...

¿En qué consistía ese primer empleo en la televisión pública, allá por los ochenta?
Entré como secretaria de Joaquín Soler Serrano [popular periodista murciano que destacó en el programa A fondo]. En realidad era la secretaria de la secretaria, y estaba en tercero de carrera.

¿Recuerda a cuánto ascendió su primer sueldo?
Sí, fue de 35.000 pesetas. Aunque estuve varios meses sin cobrar...

Serán muchos los recuerdos que le queden de aquellos días...
Fueron días de pánico, pues no estaba muy cualificada para hacer aquel trabajo. No sabía ni escribir a máquina, bueno, ahora tampoco es que sepa usar todos los dedos [risas]. Tuve miedo y mucho vértigo por no poder estar a la altura. Creo que al final me quedé porque era buena chica. Pero cuando finalizó el programa se acabó mi contrato y cambié de empresa. No volví a TVE hasta 1985, pero en esa primera época cuajó una pequeña semilla que luego con el tiempo fructificó.

¿Aprendió alguna lección que aplique todavía hoy?
Que hay que ser honesto y muy humilde en todo lo que haces. Además, hay que ser muy observador, pues se aprende mucho. Me considero una persona bastante trabajadora, igual que considero que era una vaga en el colegio. Si tuviera pereza no podría estar en esto, pues a veces te tocan acontecimientos como unos Juegos o una Eurocopa donde hay maratón de trabajo. Pero también tengo la suerte de que es un trabajo que me gusta. Yo creo que lo duro es subir a un andamio todos los días a las siete de la mañana con un frío espantoso. Por eso me siento privilegiada, creo que hago un trabajo que me gusta que me divierto y que me ha regalado muchas cosas.

Y cuándo das el salto a la TVE no trabajas en programas deportivos…
Bueno, empecé en deportes como una redactora más de la redacción. Lo que pasa es que me dieron un poco el empujón para empezar a presentar un programa por las noches llamado Teledeporte. Ahí es cuando me ve Pedro Erquicia y me reclama para el programa Buenos Días. Luego permanezco en programas durante bastante tiempo, hago el 48 horas, primero con Erquicia y luego con Andrés Aberasturi, después hago el Informativo de fin de semana con Fernando Delgado… Doy unos cuantos saltos porque la casa me requiere para otras cosas y yo también voy ampliando mis conocimientos. Durante mucho tiempo fui la eterna sustituta, la que sustituía a todo el mundo, a Concha García Campoy, a Ángeles Caso…Cada vez que alguien se iba de vacaciones me tocaba la sustitución. He chupado banquillo, que también se aprende mucho, y después he sido titular y en muchas áreas diferentes. He hecho todos los telediarios: fin de semana, matinal, nocturno… No sé si ha habido más gente que los haya hecho todos. Ahora con este ERE los más veteranos que nos hemos quedado estamos en primera línea de playa, como digo yo.

Al final, tras pasar por todos estos programas, consigue su mayor deseo: entrar en deportes. ¿Fue de las pioneras?
Pues sólo había otras tres chicas: Mari Carmen Izquierdo, Elena Sánchez y Olga Viza. Abrimos la brecha, al igual que otras muchas mujeres en otros tantos ámbitos profesionales.

¿Cambiaría algo de su trayectoria profesional?
No, porque yo echo la vista atrás no con nostalgia, sino con cariño. El trabajo me ha regalado momentos preciosos, compañero estupendos... Y he aprendido mucho. Está claro que ha habido meteduras de pata que, evidentemente, sí rectificaría, pero afortunadamente han sido pocas. De lo que me siento más orgullosa es de no haberme apartado nunca del deporte, incluso cuando me ofrecieron otros programas importantes. Pues, por ejemplo, Diego Carcedo [afamado periodista, antiguo director de los Servicios Informativos de TVE, ex director de RNE…] me ofreció presentar la Tercera Edición del Telediario y lo rechacé porque yo sólo quería hacer deportes. Él no lo entendió, porque cualquier periodista aceptaría presentar un informativo, pero yo quería seguir mi camino de forma coherente.

¿Qué es lo que queda de aquella chica que entró por primera vez al edificio de Prado del Rey?
Queda entusiasmo. Soy muy entusiasta con las cosas que hago. Supongo que queda la misma honestidad, y sigo siendo la misma persona, pero con unas dosis enormes de madurez y sensatez. Las cosas te las piensas más y de otra manera, pero sigo manteniendo mi sentido del humor. Me encanta pasármelo bien mientras trabajo.

¿Qué consejo daría a los jóvenes que empiezan ahora en esta profesión?
Que no desistáis, que creáis profundamente en lo que queréis hacer y luchéis por eso. No hay que tirar nunca la toalla. También tenéis que formaros mucho porque el mundo laboral es muy competitivo. Hay que perseverar. Cuando uno cree que tiene talento para algo, hay que luchar por eso y creer en uno mismo. Cuando ves a alguien entusiasta, que cree en sí mismo y que es honesto ya dices: “me gusta esta persona”.

Ya para terminar, ¿quién no recuerda a María Escario bailando «Amigos para siempre» en Barcelona 92?
–[Risas] Qué gran momento. ¿En serio te acuerdas de eso? Me siguen preguntando que cuáles fueron los mejores Juegos y sigo diciendo que los de Barcelona. Evidentemente, unos Juegos superan a los anteriores en creatividad, innovación, diseño… Pero en Barcelona fue todo espectacular. Hubo mil detalles que fueron innovadores y acabaron con la estética “Walt Disney” que tenían los Juegos. Estar ahí, ha sido lo más. Allí hubo algo rompedor que no he vuelto a ver, desde la mascota hasta la ceremonia. Fueron muy transgresores.

Por cierto María, ¿quién va a ganar la Liga?
[Risas] Vaya, qué buena pregunta. La verdad es que no tengo ni idea, pero va a andar entre Barcelona y Real Madrid. Aunque uno es más favorito que otro… El Barça ha empezado como un tiro…