21 de abril de 2008

Por la libertad de expresión y de prensa


El/la periodista tiene como principal misión suministrar libremente a la ciudadanía toda información veraz y defenderá las libertades de expresión, información y opinión al servicio de una sociedad libre, solidaria, justa y pacífica. Este es el título I del Código Deontológico aprobado en el año 2000 por el Sindicato de Periodistas de Madrid. Y este es el código por el que cualquier periodista ha de guiarse a la hora de publicar sus informaciones. Porque para estar satisfecho de esta profesión hay que superar las barreras que muchas veces intentan poner tanto las empresas privadas como las instituciones públicas. Este artículo número uno está colocado precisamente en ese lugar porque prima por encima de todos los demás.
Pero esto no ocurre sólo con el código deontológico español. Por ejemplo, les ofrezco ahora los artículos 1 y 2 del Codice di Deontologia dei giornalisti italiani: 1. Le presenti norme sono volte a contemperare i diritti fondamentali della persona con il diritto dei cittadini all'informazione e con la libertà di stampa. 2. In forza dell'art. 21 della Costituzione, la professione giornalistica si svolge senza autorizzazioni o censure. (1. Estas normas se emiten con el fin de moderar los derechos fundamentales de la persona con el derecho de los ciudadanos a la información y la libertad de prensa. 2. Ateniéndose al artículo 21 de la Constitución (italiana), la profesión periodística se desarrollará sin imposiciones o censuras). O miren el primer artículo del European Codes of journalism ethics (Código Deontológico Europeo para el periodismo ético): The first obligation of a journalist is to respect the truth. (La primera obligación de un periodista es respetar la verdad). Y les informo de todo esto porque durante las últimas semanas la “tensión informativa” está creciendo en Yecla.

Los profesionales del sector informativo están cumpliendo con creces con su trabajo: informar a los ciudadanos sin dejarse influenciar. Y parece ser que esto no gusta a todo el mundo, pero por algo dicen que somos 'el cuarto poder'.
Ahora que trabajo en Madrid en un grupo de comunicación bastante grande me doy cuenta de lo difícil que es sobrepasar los límites establecidos por los intereses políticos y, sobre todo, económicos. En elperiodicodeyecla.com todavía podemos permitirnos el lujo de trabajar con la libertad que ha de caracterizar a esta profesión. Económicamente no dependemos de un solo ‘proveedor’, sino que dependemos de muchos y pequeños. Por tanto, todavía podemos publicar lo que consideramos necesario para construir una sociedad más justa e igualitaria. He de decirles que todo lo que ha publicado elperiodicodeyecla.com estas últimas semanas es veraz, pues quienes ostentan el poder no han sido capaces de demostrar lo contrario (si lo hiciesen, lo publicaríamos). Y no sé si lo dicho por este medio va a perjudicar a unos o a otros. Quizá eso debían haberlo pensado antes de hacerlo. Puede que cada una de las actuaciones de las que se ha informado en este medio esté dentro de los límites legales, pero no de los éticos y morales. Y los ciudadanos tienen el derecho a saber qué es lo que ocurre para así poder juzgar libremente. Es la primera norma que acepta un político al prometer o jurar su cargo: actuar con total transparencia. Por tanto, puesto que elperiodicodeyecla.com no ha mentido ni ha falsificado ningún dato de los publicados me veía en la obligación de hacer esta aclaración como defensor del lector, pero, sobre todo, como periodista y ciudadano.

Ya lo decía George Orwell, el gran escritor y periodista inglés: “La libertad de expresión es decir lo que otros no quieren oír”

7 de abril de 2008

Sin faldas no hay paraíso

A pesar de los esfuerzos de Zapatero por aplicar con garantías la Ley de Igualdad, España sigue siendo un país machista. Así se ha podido ver hace unos días con la denuncia de CCOO a la clínica San Rafael de Cádiz por disminuir el sueldo –unos 30 euros mensuales- a una decena de enfermeras que prefirieron usar pantalones en vez de la falda que exigía la normativa interna del centro. Me imagino a las pobres auxiliares pidiendo a los pacientes que se agacharan a recoger los utensilios caídos para no enseñar nada más de lo necesario. Y también puedo ver a los simpáticos abuelillos lanzando sin parar cosas por tierra con el fin de recordar tiempos pasados. Son los rescoldos del destape español, ¿o acaso no recuerdan, por ejemplo, El abuelo tiene un plan? En aquella película, protagonizada por el gran Paco Martínez Soria, el uniforme de las enfermeras por las que suspiraba el actor me recuerda mucho al de las trabajadoras de la clínica gaditana. Pero estimados lectores, aquello era 1973 y el Caudillo estaba en las últimas. Ahora, en el siglo XXI, dicen que somos un país moderno y ¡hasta del primer mundo! Entonces, ¿qué es lo que pasa?

Es cierto que las empresas privadas tienen derecho a fijar el vestuario de sus trabajadores, ¿pero hasta qué punto se han de tolerar los excesos sexistas? El Tribunal Supremo, según una sentencia de 2001, establece que la “imagen física de un trabajador pertenece a su empresa durante sus horas de trabajo”. Aun así, ¿dónde está el límite? La presidenta del comité de empresa de la clínica gaditana, Adela Sastre, explica que las enfermeras se sienten “utilizadas”, ya que a la hora de trabajar no tienen libertad de movimientos y no pueden agacharse para atender a los pacientes. “Tenemos que exponer nuestro cuerpo para hacer nuestro trabajo”, concluye.
Parece ser que los estereotipos que se han creado a lo largo de los años sobre estas profesionales del sector de la Sanidad no son suficientes, y por ello la clínica San Rafael ha querido echar más leña al fuego. Pero creo que ya es hora de que nuestro país supere los tópicos: ya no sólo ante las enfermeras, sino también ante las azafatas (más conocidas como auxiliares de vuelo), ante las criadas (reconvertidas actualmente en empleadas del servicio doméstico) y, cómo no, ante las siempre ‘provocadoras’ secretarias (es decir, las administrativas de hoy en día). Y, sobre todo, no se olviden de depurar al Ejército: la lacra más arcaica de España. ¿O acaso ven normal que un capitán de nuestra milicia aconseje a una subordinada que no denuncie a un compañero que la había violado? Es que con el uniforme, parece ser, estaba provocando al pobre compañero que no pudo contenerse ante la testosterona que le recorría.
A pesar de estos casos puntuales, parece ser que cada vez es más alta la concienciación ciudadana contra la denigración machista. Según datos del Instituto de la Mujer las denuncias por publicidad sexista aumentaron un 13% en 2007. Como es de esperar, la inmensa mayoría de estas quejas se refiere a anuncios televisivos que emplean la imagen o el cuerpo de la mujer como reclamo para la venta. De todas formas, los objetivos que se planteó el Gobierno cuando aprobó la Ley de Igualdad están todavía muy lejanos. Porque, ¿qué me dicen, por ejemplo, del sector de la moda? ¿Acaso no trata a las mujeres como meros objetos? ¿Y qué opinan de los videoclips musicales? Espabilen, por favor, pues no basta con cruzarse de brazos y esperar. Señoritas y señoras, solteras y casadas, salgan a la calle. Denuncien y reivindiquen sus derechos. No acepten la sumisión a la que en muchos casos se ven sometidas. Si no alzan la voz nadie va a escucharlas. La denuncia de las enfermeras de la clínica gaditana no es más que la punta del iceberg. Pero todavía queda mucho trabajo por hacer. Por cierto, por si no lo sabían, la joven soldado de la que les hablé antes fue expulsada del cuerpo. Lo tiene bien merecido. Eso le pasa por ir excitando a la tropa sin reparo.
Y para acabar no voy a dejarles frase célebre como suelo hacer, sino que voy a reproducir uno de los lemas que se escuchaban el pasado 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora:


¡¡¡Manolo, hoy te haces la cena solo!!!