28 de febrero de 2011

No por más correr se llega más lejos: Los famosos 110 km/h

Hace unos días saltó la noticia: el Gobierno reducirá la velocidad máxima en las autovías y autopistas a 110 km/h a partir del 7 de marzo. Y después de escuchar a Rubalcaba, los españoles (muchos, pero no todos) se pusieron las orejeras para empezar a ladrar en contra de la nueva normativa. Pues a mí me parece una medida necesaria, teniendo en cuenta lo que está ocurriendo en todo el norte de África y en la península arábiga. Pero claro, los que ladran no tendrán ni idea de cómo nos afectan todas esas revoluciones y pensarán que el petróleo se crea en las fábricas, porque si no, no entiendo tanto revuelo.

Tampoco voy a negar que sea un tema impopular, porque para mucha gente, como dice Ignacio Escolar en su blog, “la velocidad es una droga más sagrada que cualquier religión, el coche es un apéndice sexual que nadie puede atreverse a recortar y adelantar a todo gas es una metáfora de éxito social”. Pues siento deciros que reducir la velocidad máxima es de las pocas medidas que realmente funciona para rebajar la factura del petróleo y mejorar nuestra desproporcionada balanza comercial.

Y es que España, teniendo en cuenta cómo está la situación en Libia (la producción de petróleo se ha paralizado más de la mitad), tiene que reducir su consumo energético sea como sea. Aunque dependemos de varios países, desde Libia nos llega un 13% de nuestra energía. Hay reservas y por ahora no vamos a tener problemas de consumo, pero no hay duda de que van a subir los precios considerablemente, y eso no lo podemos controlar. Así que no queda otra que mejorar la eficiencia energética.

Otros se preguntan también por qué si en julio de 2008 el barril de petróleo llegó a su máximo histórico (147 dólares) pagábamos el litro de gasolina a 1,20 y ahora, que todavía no ha llegado a esos números (está en torno a 110 dólares), aunque no para de subir, pagamos el litro a 1,30. Muy sencillo. El precio no lo impone el Gobierno, sino que fluctúa en relación al cambio dólar-euro. Y ahí está la diferencia: en julio de 2008, por cada euro nos daban 1,60 dólares. Hoy sólo nos dan 1,38. Es decir, el euro es menos fuerte respecto al dólar, nuestra moneda vale menos y los precios suben.

Lo que tampoco puede nadie discutir es que a menos velocidad, menos consumo. El rozamiento dinámico (neumáticos + aire) aumenta según la velocidad, es decir, cuánto más rápido se va, más rozamientos hay que vencer, lo que se traduce en gasto de de energía. Esto quiere decir que, aunque no ocurra en la totalidad del parque móvil, prácticamente todos los coches consumen menos a 110 que a 120 km/h. Al fin y al cabo es muy poco tiempo el que se pierde en cada viaje, pero supone mucho dinero ahorrado. El que antes iba a 120, seguramente lo seguirá haciendo (y no será multado porque los radares permiten 14 km/h más de la velocidad establecida), pero con los precios de la gasolina tal y como están, cada vez es más la gente que circula más despacio de forma voluntaria.

Además, esta medida se ha empleado en otras ocasiones (y países) y ha resultado muy efectiva. La inventó el presidente Nixon, del partido republicano, durante la primera crisis del petróleo. En enero de 1974, firmó una ley limitando la velocidad máxima a 90 km/h con el fin de reducir el consumo de petróleo durante la crisis petrolífera.  ¿Será Estados Unidos otro país ‘soviético’ como ha alegado González Pons? En aquel momento, España no tenía límite de velocidad en sus carreteras, pero fue en ese mismo año, 1974, cuando quedó establecida en 130 km/h. En 1976, con la segunda crisis del petróleo, la velocidad máxima permitida pasó a ser de 100 km/h y, finalmente, se estableció el límite de 120 km/h en 1981.

Ahora me pregunto, ¿qué parte de culpa tienen las automovilísticas de que se arme este revuelo? Si llevamos 30 años con un mismo límite máximo de velocidad, ¿por qué fabrican coches que alcanzan los 180 km/h de velocidad punta y seis marchas? La primera ley que debería firmarse son limitadores de velocidad en los vehículos de nueva fabricación a 120 km/h. Se acabarían pronto todas estas quejas. Porque está más que demostrado que los conductores no sabemos conducir, aunque creamos que “dominamos”. Fernando Alonso puede poner un coche a 150 km/h en una recta, sin viento y sin tráfico con total seguridad. Pero él no necesita señales para saber cuál es la velocidad segura en cada tramo. Por desgracia, nosotros no estamos tan bien preparados. Ser buen conductor necesita muchos años de experiencia. Hay conductores que no saben conducir con 60, al igual que casi ninguno lo hace bien con 20, por mucho que digan. Pero, ¿cómo saben ellos que son un peligro?

Después, esta limitación trae otra serie de ventajas como puede ser la mejora de la seguridad vial (a menos velocidad, accidentes menos graves) y se puede implantar en el acto, algo que supone poco gasto para la efectividad directa que produce. Además, controlamos los precios del petróleo, ya que, por mucho que diga el Gobierno, no se puede asegurar el suministro, algo que está conllevando el aumento de los precios para ajustar la falta de oferta.

Organizaciones como Ecologistas en Acción o la Confederación Nacional de Autoescuelas aplauden esta medida, así como la de reducir la velocidad a 30 km/h en zonas urbanas. Los Ecologistas luchan desde hace años para que se adopten este tipo de normativas, ya que “además de que se ahorra petróleo, se disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero, las emisiones de contaminantes y se modera la siniestralidad”, pero claro, estos temas no importan a casi nadie. Asimismo, informan que el transporte es una de las actividades más derrochadoras de energía y de mayor impacto ambiental. “Frenar el despilfarro energético en el sector para, entre otras medidas, por reducir las velocidades a las que se circula, ya que la máxima eficiencia energética de los automóviles se encuentra en torno a los 90 km/h”. Y tienen razón, porque por mucho que le duela a algunos, está comprobado que los coches consiguen su máximo rendimiento específico cerca de los 100 km/h. Ir todo el rato a 120 km/h aumenta el consumo y por tanto las emisiones.

Por su parte, la Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE) aplaude la reducción a 30 km/h en el casco urbano. Destacan que aproximadamente 900 peatones pierden la vida cada año en accidentes de tráfico en España y que, con esta medida, esta cifra podría reducirse. “Los estudios demuestran que cuando el atropello se produce a 32 km/h hay un 5% de probabilidades de que sea mortal, pero si el vehículo dobla esa velocidad, alcanzando los 64 km/h, dicha probabilidad aumenta hasta el 85%”, según señala el presidente de CNAE, José Miguel Báez.

Argumentos en contra

Después de hablar de las ventajas que, a mi modo de ver, tiene esta normativa, recordemos que temporal, de situar en 110 km/h la velocidad máxima en autovías y autopistas, voy a hablar también de algunos de los argumentos en los que se apoyan los detractores de la medida. El principal de todos es que con esta norma el Gobierno no tiene más objetivo que el de recaudar dinero de las multas. Tiene fácil solución: respetad la velocidad y no os multarán. Si os creéis más listos que nadie, pagaréis vuestra osadía.

Después hay otros sabios conductores que creen que por bajar un poco la velocidad, han de bajar también de marcha. Lógicamente, en cuarta a 110 km/h se consume mucho más que yendo en quinta a 120. Pero es que el coche funciona perfectamente en quinta a 110, ¿qué problema hay? Incluso, a velocidad de crucero, un coche funciona perfectamente en sexta a 110. Y repito, las multas no caen hasta que sobrepasas los 125 km/h. Puedes ir en sexta y a 120 sin mayores problemas. Aun así, coches de 175-180 CV piden la sexta cuando pasas los 100 km/h. Y ahora formulo una pregunta a los que tanto os gustan los coches: ¿Por qué os compráis un vehículo de 300 CV si no vais a poder sacarle nunca el máximo rendimiento? Espero argumentos lógicos por vuestra parte.

Otras manifestaciones contrarias a la norma son el coste de la medida (250.000 euros en pegatinas), aunque si es cierto que vamos a ahorrar 1.400 millones de euros al año como dice el Gobierno, el gasto es irrisorio. Incluso si después el ahorro es sólo de la mitad. También hay quien alega que es una acción más contra el uso del coche privado. ¿Y? Sinceramente, no me parece un argumento discutible, porque se puede seguir usando de la misma manera, sólo que algo más despacio. Igual que los que dicen que los países de la Unión Europea no han aplicado medidas similares. Está bien, pero también la gasolina es más cara en casi todos y se respetan de verdad los límites de velocidad. Además, los 110 km/h se aplican en países como Australia, Suecia, Reino Unido u Holanda.

¿Y el tiempo que voy a perder?, dicen algunos. No me parece tanto en referencia al ahorro energético que supone. Ahí van los datos:
  • 80 km: 4 minutos más
  • 100 km: 5 minutos más
  • 200 km: 9 minutos más
  • 400 km: 18 minutos más

¿Otras medidas más eficaces? Claro que las hay, como cursos de conducción eficiente o incentivar el desguace de coches de consumo alto y viejos por otros más modernos y eficaces. No lo niego. Aun así, quiero recordar que junto a esta medida el Gobierno ha anunciado reducir un 5% el precio de los billetes de tren de Cercanías y media distancia, ¿por qué no pensáis en usar un poco más el transporte público y un poco menos el coche? Todos saldríamos ganando. 


Artículo dedicado a mi amigo Pedro Díaz ;D

27 de febrero de 2011

Vuelta a la realidad...

Hoy acaba un fin de semana espectacular. Más bien, 24 horas de locura, desenfreno, comida de lujo, algo de Larios, vino de calidad e inmejorable compañía... Embriagado todavía por una sobredosis de amistad que ya echaba en falta, abro el periódico y me doy de bruces con la realidad. Os dejo la viñeta de Manel Fontdevila (Público) del día 25 de febrero. Tan real como la vida misma... Mañana os contaré más cosas que hoy el cansancio ha hecho mella en mí. ¡¡Gracias por estar ahí!!!




25 de febrero de 2011

Ya no creo en el Periodismo: Amigos, estamos muy jodidos

Ejemplo 1: Enero de 2008: Telefónica culmina el expediente de regulación de empleo (ERE) más grande de la historia de España. En cinco años puso en la calle a 13.900 personas, un tercio de su plantilla. Julio de 2009: Spanair presenta un ERE que afectaba a más de 800 trabajadores. 8 de octubre de 2010: SEAT presentaba un ERE que dejaba en el paro a 700 empleados...

Ejemplo 2: Noviembre de 2008: Vocento aprueba un ERE por el que deja sin empleo a más de 100 trabajadores del diario Qué! Diciembre de 2008: El grupo Zeta presenta un ERE que afectó al 25% de su plantilla, es decir, más de 530 empleados. Marzo de 2009: ABC presenta un ERE que acaba con 238 trabajadores en nómina, es decir, más del 50% de su plantilla. Mayo de 2009: El Mundo presenta un ERE sobre 200 trabajadores. Enero de 2011: La plantilla de CNN+, y algunos trabajadores de Cuatro, en total unos 130 periodistas, se va a la calle tras la fusión con Tele5 y el cierre del canal de noticias. Febrero de 2011: PRISA anuncia que acabará con 2.500 empleos, 2.000 de ellos en nuestro país...

Después de aportaros estos datos, os aconsejo un juego. Guglear estas informaciones. Las del ejemplo 1 aparecen estudiadas, analizadas y muy bien explicadas en todos los grandes medios. En su día fueron apertura de informativos y debate de tertulias. Sin embargo, haced lo mismo con las informaciones del ejemplo 2. Si tenéis la suerte de encontrarlas en los grandes medios, no veréis más que tímidos teletipos asépticos firmados por agencia.

Pero no acaba aquí el juego. Buscad cómo se trataron en los medios las protestas de los trabajadores afectados del ejemplo 1 y cómo las del segundo (si tenéis suerte de encontrar algo). Y qué decir de las protestas de los funcionarios. Mirad cómo se ha tratado en todos los grandes medios de comunicación las quejas por el recorte salarial que están sufriendo los empleados públicos y comprobad después si alguno de esos medios publica que los periodistas estamos hartos de las nefastas políticas que desarrollan las grandes empresas que controlan la información. ¿Encontráis algo? ¿No? ¡Vaya sorpresa!

Es cierto que si nuestro sector es precario, nosotros somos los principales culpables. Hay falta de unión entre los profesionales, no existe una Asociación de la Prensa fuerte y objetiva (de hecho, y no es broma, he abierto su web y me ha entrado un troyano) y, sobre todo, se da una competitividad que roza lo paranoico. Conozco a mucha gente que dice: “Prefiero seguir cobrando 300 euros por trabajar 12 horas al día, ya que si me quejo me echan a la calle y detrás de mí hay 500 más que se matarán por mi puesto, incluso en peores condiciones”. Amén.

Yo me hice autónomo. Y mientras pueda seguir así, no voy a volver a la empresa periodística. También he de decir que no puedo quejarme de Infoempleo.com (ABC), que ha sido la única empresa privada que me ha acogido en su seno y además con un trato exquisito. Contratado, con sueldo digno... Hasta que Vocento se metió por medio y aprobó una criba que cerró el suplemento y nos dejó a todos en la calle.


Y es que por desgracia, estudiar periodismo está de moda. Qué pena que en su día nadie me avisara de que esta moda era una mierda. Como las que llevan a ver masivamente los programas de Tele5. Modas. Unas se prolongan más, otras menos. ¿Cuánta gente licenciada entre 2005 y 2010 en este país no tendrá una titulación en Periodismo? (Os dejo con el gusanillo hasta un poco más abajo). Así que se pisan cabezas. Muchas cabezas. Por eso decidí salir del círculo, que se sigan matando. Los datos asustan: en octubre de 2010 había más de 6.500 plumillas en paro. La cifra parece que ya ha superado los 10.000 y sigue subiendo. La precariedad laboral y el desempleo desbancan “por primera vez” al intrusismo como principal preocupación de los periodistas españoles. Antes nos fastidiaba que personajes inmundos llenaran las televisiones, pero al menos nosotros seguíamos trabajando. Ahora, esos personajes siguen estando ahí, llenándose los bolsillos, y nosotros en nuestra casa.

Pero a lo que voy. Para las pocas veces que de verdad existe unión en el gremio, apenas nadie se hace eco de ello porque, como siempre he dicho, a PRISA no le interesa contar que en Vocento están haciendo criba y viceversa. Como dice el refrán: cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Y eso es lo que ocurrió ayer: Unos 500 trabajadores del grupo PRISA, según la Policía; 800 según los organizadores, cortaron la Gran Vía en protesta por el ERE anunciado por la empresa y que afectará a 2.514 trabajadores.

Estos currantes, periodistas la mayoría, salieron a la calle durante una hora, cortaron una de las arterias principales de Madrid y con pancartas, vuvuzelas y caretas de Juan Luis Cebrián protestaron contra la política de la empresa. ¿Alguien se enteró? ¿Algún medio generalista habló de esto? Mientras tanto, el señor Cebrián, junto a Ignacio Polanco, Joaquín Estefanía y el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, se disponían a inaugurar el máster de El País en la Universidad Autónoma de Madrid. Un máster que, dicho sea de paso, cuesta la friolera de 11.300 euros sin asegurar siquiera un puesto de trabajo. Pues bien, varios trabajadores afectados se acercaron a la universidad y repartieron a los ponentes una copia del manifiesto que iban a leer en Gran Vía, 32. ¿Sabéis cómo respondieron? Rechazando rueda de preguntas al final del acto y saliendo por la puerta de atrás. ¡El grupo PRISA! ¡Ese defensor de la democracia y los derechos de los trabajadores! ¡Habrase visto!

En otras ciudades españolas también se produjeron concentraciones de trabajadores del grupo. Valencia, Cáceres, Barcelona... ¿Alguien se ha enterado? Más datos: Después de vender Cuatro y cerrar CNN+ (entonces ningún periodista se quejó ni salió a la calle), la SER, la radio líder, parece estar sentenciada. No consiguen venderla, así que van a dejarla bajo mínimos. De todas las emisoras de PRISA Radio en España (SER, 40 Principales, Cadena Dial, M80, Radiolé y Ona FM) van a despedir a más de 600 trabajadores. De la prensa se cargan a más de 300 empleados.

Juan Luis Cebrián e Ignacio Polanco

Pero siguen saliendo más y más periodistas de las facultades. Según datos del Informe Anual de la Profesión Periodística, desde 1976 hasta junio de 2009, salieron 69.117 licenciados en Periodismo. ¿Muchos, pocos? Sólo os digo que anualmente son más del doble los licenciados de Periodismo en nuestro país que en Francia o Alemania, que nos doblan en población. Y las aulas cada vez más llenas. Más parados para el futuro.

Y mientras, las redacciones en cuadro. Según un estudio de 2009, el 68’2% de los periodistas españoles aseguraba “abusar de las fuentes anónimas”, mientras que el 83’9% declaraba “no contrastar lo suficiente la información”. De hecho, Internet se ha consolidado “como la principal fuente informativa”. Las notas de prensa se publican tal cual y los periodistas ya no analizan la realidad, sino que simplemente la escupen tal y como les llega de empresas, partidos políticos, asociaciones... ¿Sabéis cómo acabará esto? Con compañías sin periodistas. Porque no harán falta.

Ahora que nos adentramos en época electoral, fijáos en las noticias. ¡Las hacen directamente los partidos! Montan ruedas de prensa en las que no permiten preguntas, y en vez de boicotear y quejarse, los periodistas se conforman con decir que tal o cual político no ha permitido preguntas. En campaña electoral, las televisiones no pueden llevar cámaras a todos los actos de los partidos, pero no hay problema, porque son las propias agrupaciones políticas quienes graban el acto  y envían los cortes de sus discursos, imágenes del público... Pero para más mofa, los partidos políticos deciden ya el tiempo que se le debe dedicar a cada uno de ellos en los informativos de las televisiones, ya no sólo públicas, sino también privadas. ¿Oligopolio?

Pero no os preocupéis, que la cúpula siempre seguirá ganando el mismo dinero. Polanco, Cebrián, Pedro J. y compañía no verán sus bolsillos flaquear. Es más, les interesa que haya miles y miles de periodistas porque ven que ofrecen contratos basura y que se aceptan sin rechistar. Y cada vez más precariedad y más abuso. Pero no pasa nada. Las redacciones se llenan de becarios. Cientos de becarios. Informaciones paupérrimas y poco conseguidas. Basadas en notas de prensa. ¿Qué importa? Además, como la publicidad desmesurada, los patrocinios, las campañas de márketing... han pasado a mejor vida, hay que reducir costes. Y estos tiburones no piensan más que en comerse al pez chico. Despidos y más despidos. ¡Y se jactan de ser grandes gestores! ¿Saben cómo los llamaría yo? Panda de malnacidos (y no pongo nada más malsonante porque sé que mi madre lee el blog).

En definitiva, que estoy cansado de que nos digan eso de “hay que mantener la esperanza”. Y una mierda. Me dedico a la comunicación corporativa, tanto pública como privada, a escribir lo que me dé la gana en mi blog y a disfrutar del periodismo en www.elperiodicodeyecla.com. Ya me he cansado de quejarme y de que nos ninguneen. Lo único que puedo hacer es desear mucha suerte a aquellos que todavía confían en los grandes medios de comunicación. La vais a necesitar.

24 de febrero de 2011

Marinaleda: La utopía real

En la provincia de Sevilla, a 108 kilómetros de la capital, existe un pequeño municipio de 2.700 habitantes, Marinaleda. Seguro que muchos de vosotros habréis oído hablar de él, pero estoy seguro de que otros tantos lo escucharéis por primera vez. Tuve constancia de la existencia de este pueblo hace varios años y, desde entonces, nunca ha dejado de sorprenderme. También es cierto que son muchos los detractores del sistema que se emplea allí, así que voy a contaros un poco por encima en qué consiste para que podáis opinar acerca de él.

¿Es Marinaleda una utopía hacia la paz? Al menos eso es lo que reza en su escudo. Pero les dejo unos datos antes de empezar: bañarse en la piscina cuesta 3 euros; la “hipoteca” de una vivienda, 15 euros al mes; llevar al niño a la guardería con comida incluida, 12 euros mensuales... 

¿Y esto cómo se consigue? Con años de lucha. Porque Marinaleda es un pueblo rebelde, revolucionario y que siempre ha salido a la calle a reclamar sus derechos. Todo comenzó en 1979. Por aquel entonces, su actual alcalde, Juan Manuel Sánchez Gordillo (en la foto de la derecha), que no tiene sueldo por su cargo, se presentó por primera vez a las elecciones por el CUT (Colectivo de Unidad de los Trabajadores – Bloque Andaluz de Izquierdas), acogido actualmente bajo las siglas de Izquierda Unida.

Marinaleda era un pueblo a la deriva. Sin trabajo y sin vida. Las grandes extensiones de tierra que circundaban el municipio pertenecían a poderosos terratenientes que las tenían en barbecho, sin darle uso alguno. Hasta que los vecinos no aguantaron más. Sánchez Gordillo consideró que tenía que poner de pie un poder contra el poder, un contrapoder que supiera oponerse a los muchos beneficios que tenía la burguesía para alcanzar los derechos que siempre se había negado a los jornaleros, vecinos de su localidad.

Tras ganar las elecciones, el nuevo alcalde puso en marcha un poder municipal con el objetivo de ocupar la tierra de forma pacífica para dar trabajo a los jornaleros. Pero para poder quitar las tierras al duque del infantado, que era el legítimo dueño, había que recurrir a una vieja ley olvidada en los cajones de la administración pública que decía que cuando se ponían nuevas tierras en regadío, a ese propietario se le podía expropiar buena parte de ellas. Las tierras del duque eran de secano, por tanto y tras repetidas huelgas de hambre por parte de los vecinos exigiendo trabajo, decidieron que la única solución era pasar al ataque.

En 1983, resolvieron que había que ocupar el pantano de Cordobilla para reclamar agua para regar la tierra. Allí estuvieron durante 30 días. Construyeron un campamento para poder refugiarse de la lluvia y del frío de aquel mes de marzo. Al final, decidieron enviar a un grupo de mujeres al Coto de Doñana que era donde estaba de vacaciones el presidente Felipe González. Rodearon la zona de descanso de González con paciencia y firmeza y, al final, el presidente no tuvo más remedio que citarles en La Moncloa y permitirles el uso del agua del pantano.

Ocupación de la tierra

Con esa victoria, los ánimos de los vecinos aumentaron, aunque también había muchos trabajadores de Marinaleda y de pueblos limítrofes que veían a los revolucionarios como utópicos antisistema. Pero siguió la lucha. En aquel lejano 1983 comenzaron a ocupar pacíficamente el cortijo de El Humoso, perteneciente al duque del infantado. Durante años, los vecinos recorrieron los nueve kilómetros de distancia entre el pueblo y el cortijo día tras día, cortaron carreteras y reivindicaron su derecho a trabajar la tierra.

Los enfrentamientos con jueces, Guardia Civil, Gobierno y con la incomprensión de otros muchos trabajadores se sucedieron sin descanso. En 1985, viendo que el Gobierno les ignoraba, decidieron enviar a un grupo de 90 mujeres a Sevilla para que se instalaran delante de la presidencia de la Junta de Andalucía. Fueron detenidas y puestas en libertad durante nueve días seguidos, pero no cesaron en su lucha.

Nunca se cansaron. Más huelgas de hambre, más ocupaciones...  Pasaron los años y a principio de los 90’ aprovecharon que la Expo de Sevilla se acercaba para trasladar de nuevo sus quejas a la ciudad del Guadalquivir. Los vecinos de Marinaleda fueron expulsados con contundencia, pero el corte de avenidas en Sevilla tuvo su recompensa. Pocos meses después, el nuevo consejero de Agricultura se comprometió a cederles las 1.200 hectáreas de tierra que reivindicaban desde hacía casi una década. Habían ganado su lucha. Se organizó entonces el trabajo colectivo mediante la creación de una cooperativa popular, y la explotación de una tierra que hasta entonces era en gran parte baldía. 

Industrialización

Más tarde, cuando vieron que con la tierra no era suficiente para acabar con el paro decidieron crear industrias. Primero fue la del pimiento, luego la de la alcachofa y más tarde las de las habas y el aceite. Este salto cualitativo en la producción industrial era también propiedad colectiva de todos los obreros. Hoy apuesta también por la aceituna de mesa, entre otros productos de la tierra.

Marinaleda ha seguido creciendo siempre conforme a sus ideales. Los jóvenes que no quieren estudiar más allá de lo obligatorio, se inscriben a módulos de albañilería, carpintería, fontanería... para aprender un oficio. Pero esos oficios no se aprenden en un instituto, sino que su trabajo se hace en la calle, restaurando edificios o construyendo viviendas para el resto de los vecinos.

Porque en Marinaleda funciona la autoconstrucción, ya que desde que comenzó su particular lucha, la vivienda digna ha sido una obsesión. Primero expropiaron y municipalizaron miles de metros de tierra en los alrededores del municipio. Una vez conseguido el suelo, reivindicaron ante el Gobierno Central y el Autonómico dinero para hacer viviendas. El suelo, una vez municipalizado, lo ceden gratuitamente al autoconstructor. También ceden los materiales, gracias a una serie de convenios firmados con la Junta de Andalucía y obras del P.E.R. (Plan de Empleo Rural).

El municipio aporta también albañiles para que dirijan estas obras y el proyecto técnico de viviendas lo realizan arquitectos municipales. En este proyecto pueden participar activamente los autoconstrucotres para rectificar o modificar aquellas cosas que quieran mejorar de sus viviendas. Por último, el autoconstructor, reunido en asamblea, decide colectivamente el precio que va a pagar por una vivienda al mes. Las últimas en construirse tienen fijado una cuota de de 15 euros mensuales.

Es decir, el ayuntamiento regala el suelo, pone los albañiles, los materiales y el autoconstructor pone su trabajo y paga entre 15 y 30 euros al mes según la vivienda que se le ceda. Porque como dice su alcalde, el único requisito para tener una casa en Marinaleda es no tener un techo y tener ganas de trabajar. “La vivienda es un derecho y no una mercancía”, añade.

Sistema asambleario

El municipio funciona mediante asamblea. Los vecinos se unen varias veces al mes en un recinto para votar por mayoría las decisiones que toman entre todos y para seguir con las reivindicaciones que crean oportunas. El alcalde dirige el debate y el pueblo vota y aprueba las medidas a tomar. Es decir, como si en una ciudad como Yecla los vecinos de cada barrio se juntaran de vez en cuando para decidir por mayoría qué quieren o no que se haga en su localidad, trasladando después esas decisiones al pleno del Ayuntamiento. ¿Se lo imaginan?

Pues así funciona Marinaleda. ¿Utopía? No lo sé, pero funciona. ¿Otro mundo es posible? Quizá. Sólo sé que en las decenas de documentales que se encuentran en Youtube ningún vecino se queja. El alcalde barre en las elecciones y la oposición se resigna. Además, hoy en día, El Humoso es una marca de aceite de calidad, que incluso vende por Internet. De ahí han salido ocho cooperativas agrarias y una de transformación. Y todos los vecinos cobran lo mismo: 40 euros al día, ya sea el encargado de la oficina, el albañil o el que está en el campo. 

 

22 de febrero de 2011

No a las redadas contra inmigrantes

Estoy harto. Hoy he visto por enésima vez cómo la policía se coloca en puntos estratégicos de mi barrio (y de muchos otros) para detener a algunos vecinos en función de su apariencia. Los lugares elegidos son estaciones de metro, intercambiadores, paradas de autobús, locutorios, puerta de colegios... Y el objetivo de su persecución, los inmigrantes.

Nunca me han preguntado. Nunca me han pedido la documentación. Sin embargo, si voy con algún amigo inmigrante le retienen, le piden los papeles y le hacen sentirse como un delincuente por tener distinta nacionalidad a la mía. ¿Por qué? 

Pero hoy me he dado cuenta de que no soy el único que siente vergüenza ajena de las autoridades madrileñas. Al pasar por la estación de metro de Oporto, acompañando a los policías había un grupo de vecinos, jóvenes y mayores, que repartían panfletos donde se leía que ninguna persona es ilegal. Y se pedía el cese de los controles racistas en nuestros barrios. Su blog: www.brigadasvecinales-ddhh.blogspot.com

“Las redadas policiales criminalizan la libertad de movimiento de las personas procedentes de países de la periferia económica, negándonos el derecho que todos tenemos a decidir nuestro lugar de residencia y de trabajo”, explican en el panfleto. Y es cierto, porque sea cual sea el motivo de la migración, las personas venidas de fuera sufren maniobras de segregación, persecución, encierro y expulsión, siendo tratadas como sospechosas y criminales.

Muchos inmigrantes, algunos conocidos míos, han perdido su empleo como muchos españoles. Y, por tanto, no pueden renovar su tarjeta de residencia. Ahora mismo, algunos de mis amigos son “ilegales”, o así es como injustamente se les cataloga. Amigos que han tenido que luchar mucho para cumplir los requisitos que les convertía en “legales” y que han sido tratados como mano de obra explotable más que como personas.

Pero, ¿y si esta persona, como puede pasarme a mí, ha olvidado sus papeles en casa? Esta mera falta administrativa, equiparable a una multa de tráfico, se ha legalizado de tal modo que ya es motivo suficiente para ingresar en un Centro de Internamiento de Extranjeros hasta por 60 días con el riesgo de ser expulsado del país.

Los controles de identidad son la expresión más cruda y extrema del control del espacio público, impiden relaciones de igualdad, el uso libre de las calles y cualquier iniciativa social naciente entre gentes de cualquier nacionalidad. Los inmigrantes tienen miedo de salir a las calles, de subir al metro o de esperar un autobús.

Estos controles policiales, alentados por el Gobierno (autonómico y estatal) extienden el miedo, el racismo y la desconfianza en barrios como Carabanchel. Porque las redadas a inmigrantes continúan, aunque el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba lo desmienta continuamente. Hace unos meses, Eduardo León, fotógrafo del periódico Diagonal, fue detenido por fotografiar una de estas redadas en Lavapiés y no querer entregar la cámara. León es un fotógrafo comprometido con los derechos humanos y, en especial, con los conocidos sinpapeles y en sus fotografías (como la que abre este reportaje) sólo denuncian la indefensión a la que son sometidos los inmigrantes en las redadas.

Ahora me tacharán de hippy, pero es una pena que los gobiernos occidentales practiquen una política destinada a favorecer a las entidades financieras a cambio de sacrificar a los ciudadanos. Es decir, que se permite la libre circulación de mercancías, de capitales... pero no de personas. Para acumular más riqueza son capaces de provocar desplazamientos de poblaciones, eliminar cultivos locales, usar cereales como combustible, imponer pago de deudas astronómicas a los países más pobres, obligar el pago de aranceles e impuestos desmesurados a productos que pueden hacerles competencia, emplear mano de obra barata de usar y tirar y, en definitiva, de contribuir al fomento de políticas al servicio del dinero y no de los seres humanos.

Conclusión, gracias a esto hemos llegado a una situación terrorífica, casi de película de ciencia ficción. Pocos serán los madrileños, e imagino que ocurrirá igual en otras grandes ciudades, que no hayan visto en sus metros, plazas o calles redadas policiales discriminatorias donde sólo se retiene y sólo se exige identificarse a aquellas personas que presentan rasgos diferentes a los nuestros. ¿Hasta cuándo?
  

21 de febrero de 2011

El libro de hoy: El curioso incidente del perro a medianoche

Conocer a alguien fanático de las matemáticas no es quizá lo mejor que pueda pasarle a un periodista amante de las letras. Pero, en honrosas ocasiones, las estadísticas fallan. Eso me ocurrió en Santander, en un viaje podríamos decir que esporádico, que realicé hace un par de meses. Allí conocí a Tamara, una chica loca por los números, los datos y las cifras exactas. 

Cansada de mi "pedantería lingüistica y literaria", hace unos días decidió regalarme un libro de los suyos, es decir, una novela que se encuentra bastante lejos de mi marco de lectura: El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon. Cuando le eché el primer vistazo y comencé a ver entre sus páginas algoritmos, ecuaciones y demás símbolos tan ajenos a mí, me dije que no iba a ser capaz de leer ese “tostón”. Ella, alegando que era el libro que más le había gustado, me animaba a adentrarme en su historia en una alentadora dedicatoria.

Como os comenté el otro día, el pasado jueves llegué a Córdoba a las 5:30 de la madrugada, es decir, con tiempo de sobra para deleitarme con lectura y café. Primero terminé París no se acaba nunca, un aconsejable libro que me prestó mi buen amigo Juan Martínez y que, a modo de autobiografía, ficción y ensayo, narra las primeras experiencias como escritor de Enrique Vila-Matas, vividas de la mano de Marguerite Duras en el París de los 70’. Pues bien, una vez concluido el ensayo del escritor catalán, entusiasta de Hemingway, decidí adentrarme en el extraño libro que me había regalado Tamara...

Las primera página recalcaba el éxito del libro: “Impulsado por un creciente proceso de boca a boca, El curioso incidente del perro a medianoche se convirtió en un éxito sin precedentes en todos los países donde se publicó, superando holgadamente los dos millones de ejemplares y alcanzando las listas de ventas en Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Italia y Francia”. Parece ser que el autor, el inglés Mark Haddon había dado con la tecla mágica, pues obtuvo hasta 17 premios con ésta, su novela prima. Reproduzco aquí el resumen:

A sus quince años, Christopher conoce las capitales de todos los países del mundo, puede explicar la teoría de la relatividad y recitar los números primos hasta el 7.507, pero le cuesta relacionarse con otros seres humanos. Le gustan las listas, los esquemas y la verdad, pero odia el amarillo, el marrón y el contacto físico. La noche que el perro de una vecina aparece atravesado por un horcón, Christopher decide iniciar la búsqueda del culpable, y, emulando a su admirado Sherlock Holmes, sus pesquisas lo llevan a cuestionar el sentido común de los adultos que lo rodean y a desvelar algunos secretos familiares que pondrán patas arriba su ordenado y seguro mundo.

Cuando abrí el libro eran cerca de las 6:30 de la mañana. A las 7:30 tuve que dejarlo porque tenía que ir a trabajar al Gran Teatro de Córdoba, pero mis prejuicios habían sido fulminados: la novela me había enganchado. Tanto que el viernes por la tarde, mientras iba en el bus de vuelta a Madrid, leí unas 230 páginas del tirón, hasta acabarla. Porque lo que consiguió Haddon con esta novela es realmente complicado: escribir un libro que no sea ni juvenil ni para adultos y que sea ambas cosas a la vez y donde poder encontrar pasajes que hacen reír, otros que sacan de quicio y algunos, incluso, que hacen sufrir al lector tanto como a Christopher, que debido al síndrome de Asperger que padece, un trastorno relacionado con el autismo, vive situaciones realmente dramáticas.

Y es que el autor (en la foto) trabajó en su juventud con niños autistas, por lo que en esta novela utiliza todo lo aprendido entonces para desarrollar a su personaje principal, un niño apasionado por la lógica, la física, las matemáticas y, en definitiva, todo aquello que pueda ser explicado, demostrado o predecible. El mundo de Christopher se basa en algunas reglas que para él componen la lógica de su existencia: ver pasar cinco coches rojos seguidos significa un día super bueno, cuatro coches rojos, un día bueno y, tres coches rojos, bastante bueno. Pero cuatro coches amarillos seguidos predicen un día negro, por lo que cuando eso ocurre, pasa toda la jornada sin hablar con nadie y sin comer, leyendo solo en un rincón para así no correr riesgos innecesarios.

Su complejo mundo gira en torno a una serie de normas que aplica al pie de la letra como, por ejemplo, no comer nada si los diferentes alimentos del plato se tocan entre sí o colocar milimétricamente los muebles de su casa para que todo permanezca siempre en el mismo sitio. Pero no quiero desvelar más del libro. Todo está medido y calculado. Haddon acierta con la extensión, pues sus 280 páginas posibilitan, como yo mismo experimenté, leerlo en una tarde. Pero asimismo, consigue crear un relato del que nada sobra, con una coherencia espectacular y con un ritmo muy acertado.

En definitiva, una obra brillante que catalogo entre las más originales que he leído últimamente. Una novela diferente, divertida, sabia y emotiva que tiene que pasar pronto por vuestras manos. 
  

20 de febrero de 2011

Los países árabes se movilizan contra los dictadores


Primero fue la sociedad tunecina la que salió a la calle a principios de 2011 para pedir la marcha del presidente y de su régimen. Incapaz de imponer su ley y orden tras pocas semanas de revueltas, Zine el Abidín Ben Ali se vio forzado a huir del país el 14 de enero. Unos días más tarde, las protestas sociales llegaron a Egipto. Millones de personas pidieron en las calles la salida de Mohamed Hosni Mubarak del poder. Finalmente, consiguieron que el dictador abandonara el país el 11 de febrero.

Y las revueltas se propagaron como la espuma. Se propició el cambio de gobierno en Jordania, el dictador de Yemen se comprometió a abandonar el poder cuando terminara el mandato, los árabes salieron los árabes a las calles de Bahrein, donde la respuesta del ejército a la presión ciudadana ha desembocado en muerte y caos, y los libios se levantan estos días en contra de Gadafi y sufren también una brutal represión. Incluso Marruecos empieza a hacer ruido.

Pero, ¿por qué se levantan los ciudadanos? La crisis de liderazgo se extiende por los países árabes como muestra del divorcio entre una sociedad hastiada y un modelo de Estado que no ofrece ni oportunidades ni libertad a sus ciudadanos.

Según Haizam Amirah Fernández, investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano, aunque las dificultades económicas fueron la chispa que hizo saltar las protestas sociales en Túnez, “el trasfondo ha sido político”. Las sociedades árabes tienen en común un profundo malestar de sus poblaciones “por la falta de oportunidades para prosperar, por la creciente carestía de la vida, por la rampante corrupción y por las humillaciones cotidianas por parte de los agentes del poder”.

La falta de buen gobierno durante décadas ha generado un profundo desapego de los ciudadanos árabes hacia sus gobernantes. La ausencia de justicia social está generando frustración e ira en unas poblaciones muy jóvenes que miran al futuro sin esperanza.

Pero nadie se atrevía a hacer nada. Hasta que Mohamed Bouazizi, un vendedor ambulante de verduras de 26 años, se quemó a lo bonzo en Túnez el 17 de diciembre porque la policía le había incautado los productos que transportaba en un carro. Este hecho fue la chispa que desencadenó unas revueltas que ya estaban fraguándose a través del ciber-activismo propagado por Internet, la crisis económica y las revelaciones de Wikileaks.

Los dirigentes autoritarios pensaron que sus poblaciones permanecerían pasivas, sometidas o anestesiadas, pero acaban de descubrir que la paciencia de sus ciudadanos tiene un límite. Sin duda, se está llevando a cabo el levantamiento regional más sorprendente que se recuerde. Hay quien lo compara con el ocurrido tras la caída del Muro de Berlín en la Europa del Este, pero no es contrastable. Nadie sabe a lo que llevarán estos levantamientos.

Como dice el activista estadounidense Noam Chomsky “los problemas por los que los manifestantes protestan son de larga data y no se van a resolver fácilmente. Hay una pobreza tremenda, represión, falta de democracia y de desarrollo”. Egipto y otros países de la región pasaron recientemente por el periodo neoliberal, que trajo crecimiento “en los papeles” junto con las consecuencias habituales: alta concentración de la riqueza y de los privilegios, ligado a un empobrecimiento y una parálisis de la mayoría de la población.

Pero la gran diferencia con otras revoluciones acaecidas anteriormente en estos países es que ahora, por primera vez, es la población quien se deshace de un gobierno vitalicio sin que se dé un golpe militar, intervenga una potencia extranjera o avance el extremismo religioso. Es decir, la rebelión social se inició en pequeñas poblaciones, propagándose rápidamente a todo el país. Ni los políticos ni los intelectuales estuvieron en el origen de las manifestaciones en las que se mezclaron tunecinos y egipcios de toda condición y edad.

Además, en ambos países las manifestaciones no se guiaron por una ideología concreta, de corte islamista, marxista o nacionalista, ni contaron con una cabeza visible o un líder carismático. Sin embargo las demandas son similares: acabar con estos regímenes cleptocráticos, es decir, regímenes basados en el robo de capital, institucionalización de la corrupción, el nepotismo, el clientelismo político... de modo que estas acciones delictivas queden impunes debido a que todos los sectores del poder están corrompidos; proporcionar oportunidades y crear empleo, garantizar los derechos de los ciudadanos y hacer respetar sus libertades.

Parece ser que los árabes no aguantan más. Las reformas que estos gobiernos dictatoriales han hecho en los últimos años no han servido para apaciguar los ánimos. El crecimiento económico no llega. La riqueza no se distribuye empleando criterios de justicia social, por lo que sólo es cuestión de tiempo que el malestar social se expanda en forma de movilizaciones populares.

Y mientras, ¿cómo responde Occidente? La Unión Europea y Estados Unidos siempre se han mostrado como defensores y amigos de estos gobiernos dictatoriales. Las relaciones de la Unión Europea con el dictador libio Gadafi o con el propio Ben Alí tunecino siempre han sido cordiales. Por eso, la movilización de los ciudadanos árabes pilló por sorpresa a los países occidentales, tanto que algunas de las primeras reacciones fueron totalmente desafortunadas. Mientras Washington dejaba caer a Ben Alí, algunos líderes europeos le seguían apoyando abiertamente, otros emitían comunicados rutinarios o permanecían expectantes en silencio. Al igual que en el caso de Egipto, Europa se ha mostrado indecisa y sin una voz clara.

Como explica Amirah Fernández, “las democracias occidentales tienen una oportunidad de oro para acompañar a las sociedades árabes en la etapa de cambios que ya ha empezado. Es el momento de que las potencias occidentales, y concretamente los países de la UE, reevalúen el coste real de la estabilidad aparente que los regímenes árabes les prometían a cambio de su apoyo incondicional a unas políticas represivas”.

A lo largo del pasado siglo, el islam aparecía en buena medida reactivo frente a Occidente a causa del colonialismo, y la democracia era vista como algo Occidental y ajeno. La situación ha cambiado en los últimos años y las nuevas generaciones han estrenado una nueva relación con la Modernidad, en tanto que libertad. Este nuevo paso habrá de llevar al redescubrimiento del propio patrimonio cultural árabe, en el cual existen claves y signos para una neta distinción entre política y religión y, por tanto, bases para una democracia propia. EEUU y la UE deben ser conscientes de lo vital que es su ayuda económica y logística en estos momentos para estas incipientes posibilidades de democracia, a fin de que no se produzca un vacío de poder que pueda ser aprovechado por los movimientos integristas.

En conclusión, se ha abierto un nuevo horizonte, un paisaje insólito, aunque no fácil de prever por la diversidad de los países a los que afecta, ya que supone la rotura de una inercia que viene de lejos, algo que muchos dictadores no van a tolerar.

Fotos:
1. Revueltas en Yemen
2. Mohamed Bouzazi murió finalmente en el hospital
3. Represión policial en Egipto
4. Heridos en Bahrein