2 de marzo de 2011

José Luis Burgos y su lucha desesperada contra el Banco Santander


Seguro que todos los que seguís los medios convencionales no habréis oído hablar nunca de José Luis Burgos. Este barcelonés de 48 años, discapacitado, en silla de ruedas desde 2008, es sin duda víctima del sistema capitalista que tanto gusta a algunos. Cuando tenía apenas un año de edad, José Luis sufrió una polio que le afectó directamente a las piernas. Su vida no ha sido fácil, pero a base de lucha e ilusión consiguió crear una familia, comprar una casa y vivir de su trabajo. Pero hace cuatro años, su vida cambió. Los médicos le diagnosticaron una escoliosis raquis severa degenerativa, síndrome post-polio, que además, le supone un trastorno ansioso-depresivo e hipertensión.

Apenas seis meses después, Burgos pierde la movilidad en sus piernas y queda postrado en una silla de ruedas. Se ve obligado a abandonar su empleo de profesor y formador de directivos en un despacho mercantil y solicita la incapacidad a la Seguridad Social, que se la concede junto a una ayuda por dependencia. Pero esta pensión no le llega para pagar las cuotas de una hipoteca que le fue concedida en 2002 para costear la rehabilitación de su casa.

Es entonces cuando José Luis pide ejecutar la póliza del seguro que contrató en su banco junto a la hipoteca. Pero pasan los meses sin respuesta alguna y se acumulan 32 letras impagadas. Hasta que en abril de 2010, el Banco Santander le envía un comunicado del Juzgado de Manresa donde le amenaza con quitarle la casa. Se entera en ese momento que su póliza sólo asciende a 90.000 euros porque el director de la sucursal del Santander donde solicitó el préstamo no le avisó de que ese era el límite para firmar una hipoteca sin certificado médico. Algo que Burgos achaca al deseo del director de la sucursal de querer acelerar la operación para no arriesgar su comisión ante un posible rechazo de hipoteca tras el examen médico al que debería haber sido sometido. 

Conclusión: el Santander afirma que ocultó su enfermedad antes de contratar la hipoteca, algo que podría resultar creíble si no fuera porque desde que sufrió la polio con un año, José Luis ha tenido que caminar siempre con un bitutor en las dos piernas.

El banco, que no estima sus razones, le exige el pago de la hipoteca más 110.000 euros por los costes judiciales. Así que durante el verano de 2010, José Luis decide acampar delante de las oficinas centrales del Banco Santander en Barcelona para exigir una solución. Pero llega otro mazazo: la entidad fija el 15 de diciembre de 2010 como fecha para subastar su vivienda. Ante esta situación, José Luis comienza una huelga de hambre el 15 de noviembre. “Fue una decisión dura, pero el morbo es lo que más vende en este país”, manifestó entonces.

Finalmente, el 16 de diciembre, es decir, un día después del plazo marcado para la subasta, el banco reconoce a José Luis que tiene derecho a los 90.000 euros de póliza. Burgos decide abandonar la huelga de hambre, pero no acepta la oferta, pues el banco le pedía mucho más dinero, como ya expliqué en el párrafo anterior. “Lo que exijo es cancelar totalmente la hipoteca, aplicar el seguro con efecto retroactivo y que me abonen el dinero gastado en abogados, desplazamientos, procuradores y materiales de mi campaña”, exige. Fue la última vez que el banco se puso en contacto con él.

Es más, la siguiente maniobra del Santander fue habilitar otra fecha para la subasta de su vivienda en los juzgados de Manresa: el 9 de febrero. La respuesta de José Luis, comenzar otra huelga de hambre en las puertas de las oficinas de la entidad en Barcelona. Esta huelga, que comenzó el 20 de enero, terminó el 8 de febrero porque los médicos se lo exigieron ante su debilitada salud.  

Desde que iniciara esta segunda huelga, las muestras de apoyo hacia José Luis se han multiplicado. Cientos de ciudadanos se han concentrado en las puertas del Santander para acompañarle y mostrar su repulsa ante la situación. Se han creado blogs como joseluisenhuelga.drupalgardens.com donde se cuenta la historia de Burgos y se solicita la firma de una carta solidaria para enviársela a Botín. De hecho, fue la fuerza de la gente, que convocó concentraciones diarias durante febrero, la que consiguió que se suspendiera la subasta programada para el 9 de febrero. Ese día, a las 11:00 horas, se había convocado una gran concentración en la sala donde tendría lugar la subasta. José Luis lo vivió con tensión:

“La puerta de la sala permanece abierta. Con mi familia (está casado y tiene dos hijos), observo el mostrador de atención al público con otros ciudadanos que muestran cara de asustados. 10:55 horas. Los minutos se convierten en horas y se hacen eternos. De repente me parece ver a través de los cristales caras amigas. ¡No puede ser! ¿Lo estoy soñando? ¡No, es real. Están ahí! ¡Mi estirpe, mi fuerza, mis ángeles de la guarda!”. Llegan amigos y desconocidos. Gente que abarrota los pasillos, la sala del mostrador...Todo. “Acaba de llegar la esperanza, un batallón de incondicionales solidarios que se unen para ser fuertes y transmitirme esa fuera. Mis mejores armas...”, concluye José Luis. Minutos después, la subasta se había desconvocado.

Pero, ¿algún medio contó algo? Es más, ¿algún medio de comunicación de masas ha contado algo de la historia de José Luis Burgos durante sus meses de lucha y oposición al sistema? “Están todos avisado, pero ninguno ha venido”, explica Burgos con rotundidad. Muchos medios alternativos, muchos periodistas anónimos... La noticia corre como la pólvora por Internet, pero no ocupa ninguna página ni abre ningún informativo. ¿Se acuerdan de cómo trataron los medios la huelga de hambre de Guillermo Fariñas en contra del régimen cubano? ¿Por qué hacen oídos sordos a la lucha de José Luis? La respuesta es muy sencilla: La marca Banco Santander vale más en Bolsa y pesa más en los salarios de los directivos de los medios que la vida de un ser humano o de miles de personas.

“Me parece una absoluta vergüenza”, sentencia Burgos. Y es cierto. “Después de la banca y su poder dictatorial que no está jodiendo a todos, los medios de comunicación de masas, las grandes empresas de comunicación, son el enemigo público número dos”. No hay duda de que mientras los medios (y los políticos) sigan estando al servicio del poder financiero, no podremos ejercer una democracia justa.

Pero los ciudadanos y los gobernantes aceptan la norma sin rechistar. Por eso, José Luis ha creado una plataforma llamada “Lo estamos permitiendo”, con la que pretende convencer a la ciudadanía de su inmenso poder cuando abandona la pasividad y actúa de forma coordinada. Porque los políticos no van a hacer nada (sólo Joan Tardá, de ERC, o Cayo Lara de Izquierda Unida se han molestado por su caso) y los medios de comunicación menos. Porque estamos vendidos a los bancos y al sistema financiero.

Porque con nuestro silencio, permitimos que el 1% de la ciudadanía controle el 90% del capital. Porque cada año hay 100 millones más de personas que sucumben a la pobreza y pasan hambre. Y porque permitimos que Botín regale 250 millones de euros anuales a Ferrari y a la Fórmula 1 y deje consumirse en la calle a este pobre hombre, en silla de ruedas, durante más de 15 horas diarias desde hace casi ocho meses. ¿Este es el mundo que queremos? Como esta espiral siga así, ¿qué podremos decir a las generaciones futuras cuando nos pregunten si hicimos algo para evitarlo?



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2 comentarios:

juganett dijo...

Es triste, cuando es un terrorista el que hace huelga de hambre sale en las noticias pero cuando es un honrado ciudadano, los medios ni se preocupan de que el resto del mundo sea conocedor.

gemwin dijo...

Gracias, Daivid, por contarnos esta historia.