26 de enero de 2011

La isla más pequeña del mundo y su espléndido faro

Hoy quería escribir sobre un tema curioso. Sobre algo de lo que, el 90% de los lectores del blog, no tuviera ni idea. Ni siquiera yo mismo. Así que me he puesto a investigar... y a pensar. ¿Sobre qué puedo escribir para que resulte ameno sin que sea un tostón? De pronto me he dicho... ¿La isla más grande del mundo? Groenlandia, está bien... pero ¿y la isla más pequeña? No, no es el islote Perejil. 

Según todos los indicios, la isla más pequeña del mundo, considerada como tal porque tiene una construcción humana y porque fue habitada, es la Roca del Obispo (Bishop Rock, en inglés) y se encuentra situada en las Islas Sorlingas (Isles of Scilly), frente a las costas del oeste de la península de Cornualles, en el suroeste de Reino Unido.

Pero sus 100-120 metros cuadrados (es decir, más o menos como piso y medio vuestro, tres y pico si vivís en un apartamento ofrecido por el desaparecido Ministerio de Vivienda) están meticulosamente aprovechados con un espléndido faro que se levanta orgulloso en el minúsculo y escarpado peñón.

La falta de iluminación de las Islas Scilly causó problemas en muchos barcos de la flota británica, que vigilaban las costas del país para evitar ataques extranjeros. Pero, sin duda, la mayor catástrofe en este pequeño archipiélago ocurrió el 22 de octubre de 1707, fecha recordada por esconder uno de los mayores desastres navales de la historia de Gran Bretaña.

En medio de una tormenta, cuatro barcos de la armada británica se estrellaron contra las costas rocosas de las islas Scilly. El número de marineros que perdió la vida nunca se supo con seguridad, aunque la cifra que se barajó entonces rondaba los 2.000 fallecidos. La flota estaba comandada por sir Cloudesley Shovell, comandante en jefe de la armada británica. La trayectoria de Shovell y su participación en numerosas batallas le habían convertido en un héroe popular en Gran Bretaña. Sin embargo ahora, tres siglos después, es recordado como el causante de una de las mayores tragedias de la historia naval británica.

Hay varias hipótesis que intentan explicar el motivo del accidente de la flota de sir Shovell, aunque todo apunta a que el comandante no interpretó correctamente la “longitud”, por lo que erró al calcular la posición correcta. La leyenda cuenta también que un marinero raso le advirtió del fallo que estaba cometiendo. Y Shovell, además de no hacerle caso, lo colgó del palo mayor por amotinarse.

Fue entonces, cuando la Casa de la Trinidad, corporación que desde 1514 se encarga en Reino Unido de controlar las aguas territoriales, de construir y vigilar los faros, las boyas, etc., decidió que era necesario mejorar la iluminación de las Scilly, que por entonces sólo contaban con un insuficiente faro en la isla de Santa Agnes, por lo que decidieron construir uno nuevo en la más rocosa y peligrosa de las islas: La Roca del Obispo.

James Walker, ingeniero jefe de la Casa de la Trinidad, se opuso a la construcción del faro como una sólida torre de granito, puesto que la superficie de la roca era demasiado pequeña y los elementos que se requerían para su construcción demasiado pesados, por lo que la fuerza del Atlántico no tardaría mucho en acabar por derrumbarlo. Walker demostró que la presión del viento excedía los 3.500 kilos de fuerza en más de 30 veces al año.

Por tanto, en 1847 se decidió emplear una innovadora técnica para la construcción de faros: la denominada como screw-pile, que sólo había sido utilizada diez años antes en el faro Maplin Sands, en la desembocadura del Támesis. Esta técnica consistía en hundir fuertes pilares de hierro en la roca y construir el faro encima, para que así las olas pudieran atravesar la estructura sin afectar a la construcción, algo que habría ocurrido si el faro hubiera comenzado a construirse directamente en el suelo. La obra, que costó 12.000 libras, se suspendió a finales de 1849 cuando sólo faltaba la instalación del aparato lumínico. Pero antes de que pudiera ser terminado, un huracán fulminó la estructura durante la tarde del 5 de febrero de 1850. 

No desalentado por el fracaso del primer faro, James Walker retomó la idea inicial de construir el faro mediante una torre de granito, basándose en construcciones anteriores como el faro de Smeaton, elevado a mediados del XVIII. Después de estudiar la superficie de la Roca del Obispo, escogió una pequeña pero sólida masa de piedra que ofrecía un diámetro de diez metros.

Las olas constantemente azotaban la superficie, tanto que tuvieron que idear una fórmula para que los bloques que formaban la base fueran colocados por debajo del nivel del mar para asegurar su estabilidad. Así que construyeron una presa alrededor de la superficie y el agua que se colaba se bombeaba hacia afuera, de modo que los albañiles pudieran trabajar siempre sobre piedra seca.

Cada bloque de granito, que pesaba entre una y dos toneladas, dificultó sobremanera la construcción. Los trabajadores fueron  alojados en un pequeño islote cercano y deshabitado. Allí se construyeron casas y talleres. Los hombres eran llevados y traídos al islote siempre que la climatología lo permitía. Los periodos de trabajo eran breves, por lo que el faro no vio la luz hasta siete años después de iniciar su construcción. Todo el granito que se usó para levantar el faro fue enviado desde el continente a la isla dormitorio. Ahí fue trabajado y numerado, antes de ser transportado a la Roca del Obispo.

Los 35 metros de altura de la torre inicial contenían 2.500 toneladas de granito revestido, que costaron casi 35.000 libras. El faro se iluminó por primera vez el 1 de septiembre de 1858. Pero unos cuantos años más tarde, una tormenta extremadamente fuerte provocó graves daños en su estructura.

En 1881, se inspeccionó detalladamente la torre y se detectaron fuertes daños en la débil estructura. Se decidió reforzar la torre y, al mismo tiempo, elevar el foco doce metros más. Aunque también es cierto que algunos ingenieros pensaron entonces que la única forma de salvar el faro era construir uno nuevo circundando al antiguo. Sin embargo, Mike Douglass, el ingeniero que asumió la reconstrucción, defendió que el problema principal estaba en los cimientos, por lo que optó por reforzarlos con bloques macizos de granito hundido en la roca y sostenidos por grandes tornillos.

Se construyó así una enorme base cilíndrica que funciona como un excelente parachoques ante la fuerza de las olas, que antes golpeaban directamente la base del faro. El peso del granito adicional se elevó a las 3.200 toneladas, por lo que el total alcanzó las 5.700. El trabajo de restauración fue concluido en 1887 y costó 66.000 libras. Su altura, que sólo pudo elevarse nueve metros más, alcanzó los 44 metros. 

La Roca del Obispo fue habitada hasta 1992. Fue entonces cuando se automatizó el faro y los últimos encargados abandonaron el islote. Hoy en día, el faro sigue funcionando perfectamente. 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Nunca dejamos de sorprendernos ¡¡¡
De nuevo, me parece super interesante este tema, Parece mentira que en tan poco espacio, haya un faro de esa magnitud... alucinante.

Un saludo,

Escritora

Anónimo dijo...

Muy interesante! Muchas gracias! No sé si es este el faro que tiene la famosa foto en que una gran ola lo cubre practicamente por completo...

www.mycolumnist.com

absolutCT dijo...

Enhorabuena por la entrada. Verdaderamente es un faro magnífico, él solo entre toda el agua...

Anónimo dijo...

¿La isla más grande del mundo no es la isla de Australia?

Anónimo dijo...

Es Groelandia, pues Australia tiene una plataforma contuinetal propia

Anónimo dijo...

En relación a Bishop Rock, de las Sorlingas, vean:

http://www.navegar-es-preciso.com/news/el-desastre-naval-de-las-islas-sorlingas-de-1707/