15 de marzo de 2008

Este tío, es mi amigo

Permítanme que esta semana deje un poco de lado mi labor como defensor del lector. Y es que hoy quiero hablarles de una gran persona. El viernes me enteré de que mi antiguo profesor de clarinete y gran amigo, Elías Ibáñez Lax, había obtenido el segundo premio en el II Concurso Nacional de Composición de Marchas Procesionales “Villa de Los Realejos”, organizado por el Ayuntamiento de Los Realejos, Tenerife. Para mí fue una grata sorpresa y un premio digno del buen hacer. Pero, ¿qué decirles de Elías? Seguro que muchos de ustedes le conocen, o por lo menos le han escuchado, pues además de profesor de clarinete en la Escuela de Música es clarinete solista de la Banda de Yecla. Todavía recuerdo, como si fuera ayer, mi primer día de clase con él. Llegué al edificio que había junto a las escaleras que dan paso a la Plaza Mayor. Allí estaba yo, con diez u once años, esperando conocer al que iba a ser mi profesor. Guardo con especial añoranza el primer ejercicio que me propuso. Parecía sencillo, pero no lo era. Tenía que conseguir que un folio apoyado en la pared no cayera al suelo, manteniéndolo sólo con mi soplido. Tras muchos intentos fallidos, Elías cogió el folio y me dijo “tienes que respirar con el diafragma”. De sus pulmones salió una columna de aire que podría haber mantenido, ya no un folio, sino un paquete de 500. Y desde ese día, hasta hoy. En este tiempo, he conocido mucho al ‘Triki’, como amigablemente lo conocemos. He descubierto que detrás de un gran músico hay una mejor persona. Además, confió mucho en mí, pues me propuso incorporarme con el clarinete bajo al cuarteto de clarinetes Clarinet Class, y la verdad es que yo no soy tan bueno como para pertenecer a esa agrupación, pero bueno, se lo agradeceré siempre. Recuerdo, a su vez, cuando hace unos años se puso a componer sin haber estudiado composición, es decir, de forma amateur. Recuerdo como me convertí en privilegiado al poder escuchar sus creaciones directamente de su ordenador, aun cuando ni siquiera estaban terminadas. Y, no voy a mentir, pues hay que reconocer que aquellas primeras composiciones no eran nada del otro mundo, por lo menos escuchadas con el sonido estridente que te ofrece el ordenador. Pero desde entonces, Elías ha mejorado magistralmente. Lo pude comprobar hace pocos días cuando escuché La Chicotá, una de sus mejores marchas, editada en Alma, el CD que la Banda grabó hace unas semanas. Llegué a emocionarme, pero no se lo he dicho todavía. Pero este segundo premio ha sido con otra marcha, Santo Entierro. No he tenido la suerte de escucharla, pero ha de ser bastante buena, pues no es fácil ganar un premio en un concurso de composición. Para llegar a donde ha llegado, Elías y su marcha han tenido que superar complicados filtros. A este concurso tinerfeño se presentaron más de 20 obras, de las cuales sólo cinco accedían a la gran final. El concierto de las finalistas se celebró esta misma semana en la Casa de Cultura de Los Realejos. Y el jurado que decidía las ganadoras tenía un nivel intachable: José Antonio Cubas Delgado, profesor del conservatorio de música de Santa Cruz y director de la Banda de Música de Los Realejos “La Filarmónica” José Manuel Encinoso Fernández, profesor de la Banda Municipal de Música de Santa Cruz de Tenerife y director de la Banda de Música de El Rosario; José Sabina Fariña, profesor de la Banda Municipal de Música de Santa Cruz de Tenerife y director de la Banda de Música “Nivaria” de Arafo; José Luis Peiró Reig, director de la Banda de Música de Tejina y profesor de la Banda de Música del Mando de Canarias. El presidente de dicho elenco era el concejal de Cultura de la ciudad, Tomás Pérez Luis. Y al final, Elías y su Santo Entierro alcanzaron un más que meritorio segundo puesto. El viernes le llamé para felicitarlo y, como no podía ser de otra forma, su buen humor salió a relucir. Me dijo que ni siquiera había pensado en presentar la obra a concurso, pues la compuso hace ya algún tiempo. “La tenía en un rincón abandonada y bueno, dije, por probar no se pierde nada”. Pues menos mal que sólo quería probar. Lo mejor fue cuando le pregunté por qué no había asistido a la final. “Lo que faltaba, -me dijo- gastarme el premio en el viaje”. Genio y figura. Yo siempre he dicho a Elías que todo lo que sé me lo ha enseñado él. Musicalmente hablando apenas hay duda, pero además de eso Elías me ha enseñado a ser más humilde, a ser mejor persona y a amar el clarinete por encima de todas las cosas. Por eso, le quiero dedicar estas líneas, para felicitarle públicamente, pues se lo merece. Además quiero darle las gracias por todo lo que ha aportado a mi vida y por haberme considerado más que un alumno sin más. Enhorabuena, amigo.

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