14 de enero de 2009

Bolonia: la esclavitud del siglo XXI

Los alumnos protestan, se encierran en las facultades, montan manifestaciones… pero yo me pregunto, ¿de verdad saben qué sucederá en 2010 cuando se apliquen los acuerdos de Bolonia? Nos venden Bolonia como la igualdad total. Una Europa igual en cuanto a estudios universitarios. También como convergencia: los estudiantes podrán estudiar en cualquier país de la Unión sin preocuparse de la homologación de sus estudios. Pero, ¿por qué no hablan con rotundidad del principal objetivo de Bolonia? Y es que lo que nadie parece querer decir es que uno de los objetivos primordiales del acuerdo es preparar graduados para que se inserten directamente en el mercado laboral. ¿Qué significa esto? Que las licenciaturas con menor futuro profesional tenderán a desaparecer si cae la demanda.

Hace un mes entrevisté sobre el tema de este artículo al vicerrector de la escuela de negocios y de la universidad privada más importantes de este país. Y cuando le pregunté sobre cómo iban a conseguir esas licenciaturas (ahora grados) modelo, que nada más acabarlas te puedes incorporar a cualquier empresa, me contestó lo siguiente: «Para ello es necesario que la empresa dé un informe favorable de cada grado. Es decir que la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) debe contrastar los planes de estudio con una serie de referentes externos, y uno de ellos es, necesariamente, la empresa». ¿Qué quiere esto decir? Que desde 2010, la ANECA, que es el órgano nacional que se encarga de validar todas las titulaciones universitarias, tendrá que consultar también a una especie de representante empresarial para poder aprobar un estudio universitario. Entonces, me pregunto, ¿desaparecerán licenciaturas como Historia del Arte o Filosofía que interesan menos al mercado laboral? A lo que el vicerrector mencionado anteriormente me contestó: «Lo que hay que hacer es darle interés desde el punto de vista de la empleabilidad. Pero si cae la demanda no tiene justificación el hecho de mantenerlas». En este sentido cualquier aplicación social del conocimiento va a tener que ser impulsada por empresas privadas y, por tanto, presumiblemente motivada por intereses privados. Es decir, que todas las licenciaturas enfocadas al conocimiento, a la humanística, tendrán que ser financiadas por sectores privados para poder subsistir… Algo que parece muy complicado.

¿Y esto no es mercantilizar la educación? A partir de ahora, las universidades van a competir a machetazo limpio por “conquistar” a los alumnos, pues sin ellos muchas de sus carreras desaparecerán. Pero la intromisión del sector privado en la enseñanza pública no acaba ahí, pues la empresa también gana peso en el propio proceso de aprendizaje. Ya que el alumno tendrá prácticas casi constantes en las empresas, sin remunerar, y, además, recibirá clases teóricas, por lo que aquellos estudiantes que necesitan trabajar para costearse unos estudios, que vayan olvidándose. Desde 2010 jornadas intensivas de 8 o 9 horas… y gratis. Bueno, mejor dicho, pagando. Esto supondrá crear una universidad pública destinada sólo a las elites que puedan pagarla. Además, este aumento de costes y de tiempo no se ve respaldado por un aumento de las becas o ayudas ni de su cantidad. Aunque eso sí, aumentan las “becas-préstamo”. De hecho, miren lo que decía el informe Universidad 2000 en el apartado de cómo financiar el Plan Bolonia:

“Con el sistema de préstamos, los estudiantes se hacen más conscientes del coste de su educación, tienen más incentivos para exigir una enseñanza de calidad, y deben esforzarse en los estudios y en el trabajo, para poder devolver la financiación recibida. De hecho, cabe pensar que la gratuidad de la enseñanza superior no sólo no promueve el esfuerzo de los estudiantes, sino que tiende a crear problemas de selección adversa, atrayendo a la Universidad a estudiantes que no tienen posibilidades de completar los estudios; especialmente si existe un sistema de becas que proporcione ingresos además de cubrir las tasas”.

No está mal, ¿verdad? La pena es que, en su día, la teoría parecía muy bonita. El Espacio Europeo de Educación Superior podría ser un avance importante para equipararnos, educativamente hablando, a países como Francia o Alemania. Pero no a costa de una mayor competitividad fruto de una sociedad capitalista donde, para llegar arriba, hay que pisar cabezas. Sí a homologar titulaciones, sí a fomentar la movilidad de los estudiantes, sí a un sistema común de créditos (ECTS), pero no a la entrada del sector privado en la educación pública. No a la mercantilización de la educación.

Parece ser que, a partir de ahora, se va a contradecir al sabio filósofo chino Confucio que, allá por el siglo VI a.C., dijo: “Allá donde hay educación no hay distinción de clases”. Una frase que estado vigente durante más de 25 siglos, pero que ahora, y gracias a Bolonia, queda desfasada. Sólo las clases privilegiadas podrán acceder a la educación. Bienvenidos a la esclavitud del siglo XXI.

1 comentario:

Fernando Portillo dijo...

Te felicito por esta entrada: un análisis claro y escalofriante. como debe ser.Yo añadiría que la Hidra; el orden criminal que nos gobierna está preparando desde Bolonia su propio sistema de reproducción.