6 de marzo de 2010

"Me gustaría volver a Haití para ayudar en la reconstrucción"




El bombero yeclano Santiago Martínez llegó a Haití diez días después del seísmo y se encontró un país devastado, pero quizá no muy diferente a como era antes del terremoto. "La gente en la calle se gana la vida como puede, el tráfico rodado es desastroso, las calles están en mal estado, y la basura se acumula por las calles… A todo esto se le añadía ahora un paisaje cubierto de escombros", explica. Sin duda, la solidaridad y el afán por ayudar a los demás es condición indispensable para pertenecer a una ONGD como Bomberos en Acción. Pero Santiago no está conforme "sólo" con esto y desea volver a Haití para ayudar en las complicadas tareas de reconstrucción de un país devastado. "De hecho uno de mis proyectos futuros es la de ayudar a la gente del tercer mundo a construir sus casas de forma segura y con materiales de los que dispongan de forma barata, materiales que estén en su zona de residencia". Ahora que Haití empieza a ser olvidado y relegado a la mínima expresión por los grandes medios, elperiodicodeyecla.com lo devuelve a la actualidad con una entrevista a este entregado bombero yeclano.

¿Por qué decidiste ir y qué trámites tuviste que llevar a cabo para poder subir en un avión destino a Haití?
Soy miembro de la ONGD Bomberos en Acción, la cual tiene su sede en Cartagena aunque ya hay varias delegaciones: Valencia, Málaga, Murcia, Canarias… Dentro de los miembros de esta ONG hay distinción entre los que son socios activos y los demás que, además, son miembros de un grupo al que llamamos BIE: Brigada de Intervención en Emergencias, de la cual también formo parte. Todos los que estén dentro de esta brigada están dispuestos a salir y marchar a aquella parte del planeta donde haga falta ayudar a personas que hayan sufrido alguna catástrofe.
La BIE no es económicamente independiente, por lo que para ser enviados a un lugar u otro dependemos de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores. Esta entidad, ante la llamada de auxilio de un país extranjero, reúne a responsables de distintas ONG’s (Cruz Roja, Bomberos Sin Fronteras, Bomberos en Acción, SAMUR, DYA…), y dependiendo de las necesidades del país y de lo que cada organización pueda ofrecer decide qué personal va de cada organización, pues es la propia AECID quien fleta el avión de ayuda. Por ejemplo, en el avión en el que partimos nosotros íbamos personal del SAMUR y SUMA de Madrid, 061 de la Junta de Andalucía, personal de la DYA de Navarra, y cuatro miembros de nuestra ONGD: tres bomberos (yo incluido) y una enfermera.
Santi, con riñonera, junto a sus compañeros

Una vez instalados allí, estábamos en continuo contacto con nuestros compañeros en Cartagena, y debido a la gran cantidad de trabajo que había en Haití, comunicamos que deberían mandar más personal. Y así fue. A los cuatro días de nuestra llegada vinieron seis miembros más: tres bomberos, dos médicos y un enfermero. Estos últimos compañeros viajaron en un avión comercial de IBERIA y los billetes fueron pagados por nuestra organización gracias a las donaciones que ya se estaban realizando.
¿Cuál fue tu primera impresión cuándo pusiste un pie en el aeropuerto de Puerto Príncipe?
Era una sensación muy diferente a las que yo había vivido hasta ahora, porque mientras aterrizábamos, mirábamos por las ventanillas del avión y lo único que veíamos era la gran cantidad de tiendas montadas por la diversa ayuda internacional. Eso sí, lo que abundaban eran las tiendas y carpas militares.
El campamento que tenía la AECID montado estaba también allí, entre los campamentos americano e inglés. Allí estuvimos mientras duró nuestra estancia. El campamento fue montado por SAMUR Madrid y AECID.
¿Qué te encontraste cuándo llegaste? ¿Era tal la situación de caos y destrucción?
La primera vez que salimos del aeropuerto fue para ir a ver el hospital donde trabajamos los primeros días. En ese recorrido pudimos ver la magnitud de lo acaecido, pues ya nos encontramos con edificios caídos. La vida de los haitianos estaba ya algo normalizada, en relación a lo que se entiende por “normal” en Haití. La gente en la calle se gana la vida como puede, el tráfico rodado es algo desastroso, las calles están en mal estado, hay basura por las calles… A todo esto se le añadía ahora un paisaje cubierto de escombros.
En parques, jardines y grandes descampados se habían improvisado campamentos de refugiados, gente que se había quedado sin casa y que con cuatro palos clavados y una lona habían montado su nueva casa. Eran campamentos que carecían de saneamientos, pero sí tenían garantizado el abastecimiento de agua potable mediante repartos organizados por Cruz Roja. La única situación de caos era en el tráfico rodado a ciertas horas del día, pero creo que esto también era igual antes del terremoto.
¿Cuál fue tu tarea allí? ¿Fue más de desescombro? ¿En qué zonas estuviste trabajando?
Al marchar nosotros en el segundo contingente español que mandaba la AECID, nuestra tarea fue encaminada a asegurar zonas de trabajo, concretamente del hospital universitario “La Paz”, que era donde el contingente español de médicos y enfermeros se encontraba trabajando. Tuvimos que realizar varios apuntalamientos para poder habilitar más zonas del hospital que se encontraban algo dañadas. Al mismo tiempo que trabajábamos en esta tarea, éramos requeridos por nuestros compañeros sanitarios para el traslado de heridos, transporte de material, cortar fugas de agua, arreglar un aparato de aire acondicionado, etc.
Nuestra ayuda fue también solicitada por personal de la ONU y Cruz Roja para inspeccionar edificios de estas entidades y recomendar o no su uso. Nosotros no realizamos tareas de búsqueda y rescate, ya que estos trabajos se realizan entre 24 y 72 horas después de ocurrir el terremoto. Nosotros fuimos diez días después del seísmo.
¿Te pudiste mover por toda la ciudad?
No tuvimos ningún problema para movernos por la ciudad, la AECID ya tiene alquilados vehículos y conductores por lo que nos movíamos con total seguridad. Eso sí, a las 18:00 horas ya oscurecía, por lo que la orden era que antes de esa hora estuviéramos de regreso en el aeropuerto.
¿Cómo era un día en medio de ese caos?
Nos levantábamos sobre las 5:30 de la mañana, ya que, además de que amanecía sobre esa hora, comenzaba también el despegue y aterrizaje de aviones, así que no hacía falta ponerse el despertador.
A las 6:00 era el desayuno, preparado por personal técnico de SAMUR, SUMA y 061 de la Junta de Andalucía. Permanentemente había varios técnicos de estas organizaciones, que se iban turnando, encargados de preparar desayuno o la cena, así como de mantener medianamente organizado el campamento.
Después de desayunar, tomarnos la pastilla correspondiente contra la malaria y prepararnos la mochila con comida, agua y el material necesario para las tareas de apuntalamiento (martillo, sierra, metro, madera…), partíamos hacia el Hospital “La Paz”, donde, como ya he comentado, fue donde realizamos nuestro trabajo durante los primeros días.
Dentro del hospital el “caos” era organizado, ya que el contingente español que estuvo allí durante los primeros siete días lo preparó todo bastante bien, así que los que relevaron a ese primer grupo, que eran quienes estuvieron con nosotros, lo único que tuvieron que hacer fue seguir con el trabajo. La verdad que ellos sí que curraron un montón, pues había gente herida y “hospitalizada” en la calle, pasillos y algunas habitaciones. Hasta que no pudimos habilitar otras zonas del hospital tuvieron que montar unos hospitales de campaña en la calle, lo cual era penoso por el gran calor que ahí se acumulaba. Además, hay que tener en cuenta que las operaciones, curas y atenciones de urgencia, las realizaban con material muy, muy limitado.
Cuando nosotros íbamos a inspeccionar otros lugares o bien a ayudar a Cruz Roja a sacar material muy valioso para ellos de alguno de sus edificios, sí que observábamos la magnitud de la catástrofe. Era increíble la cantidad de edificios caídos y la gran cantidad de escombros. La gente estaba en lo que quedaba de sus casas sacando escombros para intentar recuperar alguna propiedad suya, también para extraer el hierro de las estructuras y poder venderlo para obtener algún dinero. Pero parece que ese “caos” era normal, pues por lo que comentaban cooperantes que ya estaban allí, la vida en Haití antes del terremoto era tal y como la estábamos viendo entonces, es decir, la gente ganándose la vida en la calle, ya sea vendiendo algo de comida, cocinando, vendiendo carbón vegetal y hasta medicamentos, que eran vendidos incluso por hospitales en “el mercado negro”… La única diferencia que había ahora es que el paisaje callejero estaba acompañado por muchos escombros y edificios chafados. Quizás los primeros días inmediatamente después del terremoto sí que habría más caos, pero yo no puedo decir eso. Lo que sí es un caos, y seguro que lo era antes, es el tráfico rodado, que es un auténtico desastre.
Se ha hablado mucho de que si la ayuda no llegaba bien a los haitianos, de si los americanos se centraban más en controlar el país que en la propia ayuda humanitaria... Tú que has estado dentro, ¿cómo has visto la coordinación entre estadounidenses, europeos, brasileños...?
Acerca de este tema no te puedo dar mucha información. Lo que yo he vivido es que el ejército americano, junto con personal de la ONU, controlaba la entrada y salida del aeropuerto, no dejaban entrar a nadie que no fuese personal oficial de ayuda. En la puerta del aeropuerto sí que encontrabas a muchos haitianos ofreciéndose para cualquier trabajo, generalmente de traductores, conductores, para cargar camiones, etc.
Lo que sí sabemos es que el reparto de ayuda que iba en camiones tenía que estar controlado por militares, si no era imposible realizarlo porque la gente se echaba encima. Además, casi siempre se realizaban en los campamentos de refugiados o en lugares ya preestablecidos. Pudimos estar presentes brevemente en dos repartos y se hacían ordenadamente.
Eso sí, una de las cosas que no se podía hacer era dar una simple botella de agua a un niño o persona de la calle, porque enseguida se te acercaban más pidiéndote, e incluso se podían agredir entre ellos por esa “donación”.
Con la sede de la ONU devastada y con el programa Minustah bloqueado por la muerte de decenas de funcionarios, con un gobierno sin edificios, sin ministros y con un René Preval sobrepasado por la situación, ¿quién manda o quien intenta mantener el orden en el país?
Sobre este asunto tampoco puedo opinar mucho, ya que nosotros nos centramos en trabajar o bien en buscar más trabajo a través de nuestros contactos con ONU, Cruz Roja.... Pero es verdad que yo también me hacía esa pregunta, ¿y ahora quién manda? Cuando antes también se decía que era una anarquía total. Imagino que la ONU tendría un papel bastante relevante en este sentido, pero yo no puedo dar información más concreta.
En esos días las imágenes de la televisión nos mostraron decenas de robos, saqueos, peleas... Se habló mucho de los presos que habían quedado libres tras derrumbarse la cárcel de Puerto Príncipe... Es decir violencia sin límite y descontrolada. ¿Era tan dramática la situación?
Una vez más, la prensa exagera enormemente las noticias, por eso me gustaría que los periodistas trasmitierais siempre las noticias tal y como son. Imagino que habría saqueos y robos los días posteriores al terremoto, la gente estaría desesperada por lo acontecido, además de ser ya una población muy afectada por la pobreza.
En las reuniones que todas las semanas había en la ONU, donde cada ONGD exponía sus trabajos, inquietudes, consejos, etc., se hablaba de dos zonas en concreto con mucha inseguridad, pero es que antes del terremoto ya lo eran. Además, recordarte que la hora tope para estar por la calle eran las 17:30 o 18:00 como mucho, ya que anochecía y en la ciudad no había luz, por lo que era bastante inseguro estar por ahí. Ahora bien, eso de violencia sin límite y descontrolada no es verídico.
Fíjate que los mismos haitianos habían establecido su justicia. Nos comentaron que en algunos barrios donde se podían haber refugiado los presos escapados de la cárcel, habían tomado la justicia por su mano y no tendrían escrúpulos con aquel delincuente que intentara robar o saquear a otras familias.
Una de las cosas que me han llamado más la atención de este país, es que cada uno mira por sí mismo, es decir, si puedo aprovecharme del vecino para buscar mi beneficio, lo voy hacer. Supongo que es uno de los principios de ley de la supervivencia.
¿Qué es lo que más te impactó de esa sociedad? ¿Cómo estaba la gente? El pueblo haitiano vive inmerso en el vudú, es su válvula de escape. De hecho durante esos días las ceremonias se multiplicaron para rogar calma a unos dioses que, según sus creencias, les habían enviado tal desgracia... ¿Cómo impacta en un ciudadano europeo, español, ese tipo de vida? ¿Esa religiosidad tan profunda?
En relación a las prácticas de vudú no te puedo contar nada porque no tuve ninguna experiencia de ese tipo, lo más cercano que tuve fue ver una casa derrumbada donde sí se practicaba. Lo que sí te digo que me impactó mucho es la cantidad de basura que hay por las calles, más que la cantidad de escombros porque esto último sabía que era debido al terremoto y tarde o temprano lo retirarían, pero lo de la basura era algo cultural, de la población haitiana, sobre todo de Puerto Príncipe. La salubridad era un problema muy grave y eso ya era así antes del terremoto. Cuando se acumulaba la basura en puntos concretos de la calle, ya sean de desperdicios o comida podrida, plásticos, etc., lo que hacían era quemarla y ya está. De vez en cuando veías camiones de recogida de basura, pero no era suficiente.
Sé que es complicado preguntar sobre todo esto y más cuando no he podido ver tantas imágenes de dolor y desesperación como seguro que tú has visto. Además creo que sólo estando allí se puede sentir la gravedad de la situación. En la televisión vemos miles de imágenes impactantes, rescates imposibles, gente que sale de debajo de los escombros tras varios días sepultada... pero, ¿no te impactó el olor? Los reporteros que van a guerras y zonas devastadas siempre destacan esto. Puedes ver las imágenes, pero nunca podrás oler lo que aquí se huele. ¿Qué sensaciones eran las que te recorrían según te adentrabas en la devastada Puerto Príncipe? ¿Qué aire se respiraba?
Es cierto que el ambiente de la ciudad se caracterizaba por el olor, se mezclaba el olor a la acumulación de basura que cada pocos metros te encontrabas, luego el aroma que desprendían las pequeñas cocinas de la gente que seguía ganando algo de dinero friendo unas empanadillas. Además, debajo de los escombros se sabía que había personas muertas por el olor que había. Y a todo esto se unía el olor de los tubos de escape de los vehículos. En fin, que era una olor muy diferente a lo que uno está acostumbrado. También te digo que no era un denominador común en toda la ciudad, aquello no era peor que un estercolero.
Quizás era peor en el hospital donde estuvimos trabajando, porque ahí sí que las condiciones higiénicas estaban “bajo cero”, a pesar de que los médicos españoles insistían muchísimo en que los operarios que ya tenía el hospital se encargaran de recoger la basura que había en los patios y sobre todo en el exterior de la instalación, donde también habían gran cantidad de gente “hospitalizada”.
¿Se dispensaba ayuda también a los pueblos y aldeas cercanos al epicentro del terremoto o la ayuda internacional se concentró exclusivamente en Puerto Príncipe?
Se puede decir que la ayuda se centró en Puerto Príncipe porque fue el epicentro y la zona más afectada, aunque también hubo ciudades y aldeas en las zonas norte y sur de la capital que sufrieron graves daños donde la ayuda llegaba más pobre, tanto en cantidad como en calidad.
Concretamente nosotros, los últimos cuatro días de estar allí y una vez que la AECID retiró el contingente español y por tanto se dieron por finalizados los trabajos encargados por esta entidad, nos dedicamos a prestar ayuda a un campamento de refugiados que estaba situado en Leogan, ciudad que se encuentra a una hora de la capital. La ayuda consistió en montar un hospital de campaña y prestar asistencia sanitaria al personal que allí se encontraba, ya que apenas habían recibido asistencia médica. Dentro del equipo que allí estábamos desplazados, contábamos con dos médicos y dos enfermeros. Al menos sí que tenían agua potable, ya que Cruz Roja tenía bastante bien organizado el abastecimiento de este recurso a la población.
Edificios gubernamentales, de la ONU, colegios, hospitales... es decir, miles de edificios destruidos. ¿Cómo crees que se prevé la reconstrucción del país? ¿Cómo crees que se debería actuar para poder sacar a Haití adelante? ¿Te gustaría volver a seguir trabajando en la reconstrucción?
Haití es un país que antes del terremoto estaba muy mal. Un país sin apenas gobierno donde la gente va a su propio interés, incluso sin mirar por su propia familia. Yo la conclusión que saqué cuando vine de allí y reflexioné un poco, es que ayudamos en un momento puntual a la gente que había sufrido una desgracia importante, pero que necesitan otra mucha gran ayuda pero ya a niveles políticos, sociales, económicos, culturales… Cambios estos que no se pueden producir de un año para otro. Antes y ahora hay muchas ONG’s, fundaciones, religiosas, etc., trabajando allí y aportando su grano de arena, pero para cambiar y organizar un país de estos, es necesario otro nivel de actuación. Pero ocurre en Haití e imagino que en todo el tercer mundo, y también puedo intuir que hay muchos intereses en que estos países vayan como van.
En cuanto a lo de volver, pues sí que me gustaría para poder ayudar en la reconstrucción. De hecho uno de mis proyectos futuros es la de ayudar a la gente del tercer mundo a construir sus casas de forma segura y con materiales de los que dispongan de forma barata, materiales que estén en su zona de residencia. Actualmente estoy formándome en el tema de las construcciones ecológicas y pronto voy a realizar la mía, así aprenderé e intentaré ayudar a esta gente de la manera que pueda.

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