23 de mayo de 2012

15M, un año después


Concentración en Sol durante el 15 de mayo de 2012. Fotografía: Javier Polo.




El 12 de mayo, las plazas se volvieron a llenar. Miles de personas abarrotaron las calles de Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia… Y ahora sí era de verdad. Ahora, un año después del despertar del movimiento 15M, los que allí nos reunimos sabíamos por qué estábamos. Ya sabemos qué buscamos.

¿Qué es el 15M?, me preguntan constantemente. Por fin creo tener algunas respuestas. Un año después de su explosión casi visceral, puedo asegurar que el 15M es un proceso de politización masiva de individuos, de democracia pura, de reapropiación de los espacios públicos, de solidaridad mutua. Es un movimiento que supera la individualidad extrema a la que nos somete el sistema capitalista. Es la superación del yo en pro del pensamiento colectivo. 

En su primer año de vida, el 15M ha ganado musculatura política. Ha conseguido empoderar a las personas, pero todavía no es suficiente. Como decía el filósofo y sociólogo italiano Antonio Gramsci, estamos en un punto de no retorno “donde lo viejo resiste para no morir y lo nuevo lucha para poder nacer”. Cuando un sistema deja de cumplir los objetivos para los que fue creado, se produce una ruptura, una ruptura que quiebra la ideología que sustenta al sistema y permite su hegemonía.

Personalmente, creo que estamos en ese punto. El capitalismo clásico tal y como lo conocemos es insostenible y unos brotes verdes, ahora sí, resurgen entre las porras y la represión que el propio sistema ejerce sobre quienes quieren cambiarlo. “Que no nos ganen la batalla los perroflautas”, decía hace unos días con una mezcla de nerviosismo y desprecio el alcalde de Bullas (Murcia).

¿Y qué solución aportáis?, me cuestionan otros. Nos tachan de comunistas, de anarquistas, de socialistas y hasta de Rubalcabistas, cuando lo más interesante de esta historia es que todavía estamos conociéndonos a nosotros mismos como movimiento. Estamos creando. Estamos inventando. Y estamos creciendo. Las viejas ideologías vanguardistas se derrumbaron con el Muro de Berlín. El 15M es algo diferente. Se está superando a Marx, a Lenin, a Bakunin y a Durruti. La única forma de desarrollar una auténtica revolución anticapitalista pasa, sobre todo, por el plano cultural, es decir, por cambios reales en las formas de vida de las personas.

La revolución que viene pasa por el desarrollo de una economía solidaria y por la autogestión, haciendo hincapié en el fin del consumismo, el machismo o el racismo, tendencias procapitalistas y patriarcales que todavía nos corroen. De ahí la importancia del enfoque feminista -que no hembrista- que tiene el 15M.

Asamblea de trabajo en una plaza. 13 de mayo
Fotografía: Javier Polo.
Asimismo, el futuro pasa por la defensa de unos derechos civiles mínimos como son el derecho al trabajo, a una vivienda digna, a la educación, a la alimentación o a la salud, entre algunos otros. Como expresa el economista mexicano Josafat Hernández, perteneciente, como el que firma, a la Asamblea Popular de Carabanchel, “la crisis ecológica, alimentaria, económica y energética no hacen sino mostrar de manera clara y contundente que ya no habrá futuro en este sistema social sustentado en la explotación del trabajo asalariado, la propiedad privada de los medios de producción, el patriarcado y el colonialismo”, con sus consecuencias racistas y xenófobas.

Y en este primer año de vida, algunas asambleas populares de las que surgieron en los barrios tras la explosión de Sol parecen tener muy bien aprendida la lección. Se han evitado desahucios y se han ocupado espacios, tanto para vivir como para convivir y compartir (véase el Eko de Carabanchel). Se han parado redadas racistas y se ha ayudado a las personas más necesitadas, no solo de manera asistencialista, sino educativa. Porque, como bien reza el proverbio chino que dice “da un pescado a un hombre, y comerá un día; enséñale a pescar, y comerá toda su vida”, desde el 15M se están desarrollando alternativas económicas al sistema capitalista como el autoempleo, el cooperativismo, la autogestión, el banco de tiempo o los mercadillos de trueque.

A su vez, las asambleas populares de cada barrio se han convertido en la resistencia más visible al desmantelamiento del Estado del bienestar que el neoliberalismo con toda su barbarie expansiva ha ido imponiendo en los últimos años. Y con el nacimiento de la Marea Verde (Educación), la Marea Azul (Agua), la Marea Blanca (Sanidad), la Marea Roja (Empleo) o la Marea Violeta (Igualdad y Feminismo) se está desarrollando una verdadera sociedad política que actúa como un contrapoder real y ciudadano en defensa de unos derechos mínimos que el Estado debe garantizar a todos los ciudadanos.

Pero, ¿hacia dónde va el movimiento? Tras los argumentos expuestos, se puede sobreentender que actualmente existen dos vías de trabajo y que, aunque pudieran parecer “antagónicas” no son más que dos líneas paralelas que, al final, se encontrarán en un mismo punto. La primera rama defiende una postura autogestionaria y de apoyo mutuo, mientras que la segunda se parapeta en pro de una serie de derechos que el Estado debe garantizar mientras exista. Y he aquí el punto álgido del análisis. Ambas vías son complementarias en este momento histórico de crisis, es decir, de transición, tal y como remarcaba Gramsci hace ya casi un siglo. Una transición que está irremediablemente abocada al agotamiento del sistema capitalista. La meta está en un tránsito a una sociedad de decrecimientoecofeminista y postcolonialista, sin Estado y sin gobiernos que “representen” al pueblo, puesto que será la sociedad con el trabajo diario y arduo de cada una de las personas que la componen, la que se autogobierne en todos los rincones del planeta. Esa es la auténtica democracia real: “una sociedad donde todos participemos, construyamos pensamiento colectivo y donde la diversidad sirva para fomentar el aprendizaje mutuo”, añade Josafat Hernández.

Asamblea celebrada en Sol en la noche del 14 de mayo de 2012. Fotografía: Javier Polo.
Pero alcanzar esta sociedad del decrecimiento requerirá de importantes cambios en las formas de vida de las personas. Será difícil convencerlas de que los ritmos frenéticos del capitalismo, como el consumismo enfermizo, son totalmente insostenibles para un planeta finito. El 15M está inculcando valores en torno a un decrecimiento justo que ya se presume vital, es decir, a un proceso planificado de redistribución y reparto de los recursos que proporciona la naturaleza.

Es en este punto donde surge el concepto del “buen vivir” frente al “vivir mejor” que actualmente nos acompaña. Las comunidades indígenas de Sudamérica, especialmente en Ecuador y Bolivia, defienden este “buen vivir” como un modelo de vida o de desarrollo más equitativo, más sostenible y más ecológico. Es una postura mucho más justa que el “vivir mejor” que defiende la lógica neoliberal. Un “vivir mejor” que durante décadas ha permitido a unos pocos cumplir esa premisa gracias al consumismo y al despilfarro masivo a costa de otros muchos que han vivido y viven en la más absoluta miseria, siendo quienes aportaban la materia prima y la mano de obra barata.

Pero para construir el buen vivir, el movimiento ha de expandirse con más fuerza por todo el mundo. La internacionalización del 15M ha de ser real. La creación del tejido social en cada casa, en cada calle, en cada barrio y en cada pueblo se presume fundamental para conseguir derrumbar los valores capitalistas generalizados en toda la sociedad, sobre todo tras la caída del Muro. Solo hay un camino: insurrección, desobediencia, concienciación, compromiso. Y voluntad. La voluntad de decir ¡basta! De estar dispuesto a generar una revolución a nivel personal fundamentada en la ética y la justicia. La voluntad real de trabajar conjuntamente por un fin común.

Artículo publicado en el blog Hemisferio Zero

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