12 de agosto de 2014

North Sentinel Island: la sociedad más aislada del planeta


Parece difícil de creer que haya personas en el mundo que no tengan idea alguna sobre la existencia de Internet o de los teléfonos móviles. Que no conozcan a Cristiano Ronaldo ni a Obama o, incluso, que nunca hayan oído hablar de Jesucristo porque, entre otras cosas, nadie entiende su idioma. Esto es lo que ocurre en North Sentinel Island, una pequeña isla cerca de India que, aun estando habitada desde tiempo inmemorial, no ha podido ser todavía explorada por científicos y antropólogos.
Sin duda, se ha convertido en el lugar más inhóspito de la Tierra. Sus tribus indígenas están completamente aisladas del mundo global que nos rodea y no han permitido ningún tipo de contacto con el mundo exterior. Situada exactamente entre Myanmar e Indonesia, está habitada por una tribu que parece ser descendiente de los primeros humanos que emergieron de África. Los sentineleses viven en la isla desde hace casi 60.000 años y su población exacta se desconoce, aunque oscila entre un mínimo de 40 personas y un máximo de 500. A lo largo de los siglos, aventureros y antropólogos han intentado alcanzar la isla, aunque siempre ha sido en vano. Cuando notan una presencia extraña, los habitantes de North Sentinel Island responden con flechas y lanzas. Ni siquiera permitieron la entrada de los médicos que intentaron ayudarles tras el tsunami de 2004. Tras el devastador ciclón que golpeó el Índico, un helicóptero de la marina india intentó aterrizar en la isla para ayudar a los supervivientes. Pero lo único que pudieron hacer fue dejar caer algunos paquetes de comida al suelo, pues pronto un grupo de guerreros emergió de la densa selva y disparó varias flechas al helicóptero. Por tanto, podemos hablar de que en la Tierra queda todavía una sociedad paleolítica prácticamente en estado puro. De hecho, India restringe los contactos con la isla y es prácticamente imposible llegar a las cercanías de este inhóspito territorio. Además, la barrera natural de arrecifes de coral que la rodea hace muy difícil la navegación durante casi todo el año, de ahí que los ingleses obviaran su ocupación cuando conquistaron todas las islas vecinas del llamado archipiélago de Andamán. Sin apenas contacto exterior.


La primera noticia de los sentineleses data del año 1771, cuando el explorador británico John Ritchie escribió que “a juzgar por la multitud de antorchas que se ven sobre la costa por la noche, la isla está bien habitada”. Pero el primer contacto no llegaría hasta un siglo después, cuando en 1880 una expedición dirigida por M.V. Portman desembarcó finalmente en la isla. La expedición contaba con nativos de las tribus Aka-Bea –habitantes de la isla vecina- que, hablando en su idioma nativo, fueron incapaces de entenderse con los sentineleses. No hay mucha más información de este primer contacto, solo algunas fotos donde se percibe la espesura de la vegetación. En 1886, Portman volvió a intentarlo y aunque encontró algunos poblados, se percató de que sus habitantes habían huido al interior de la isla. Portman dejó algunos regalos y abandonó el lugar. Varios años después, en febrero de 1895, el mismo antropólogo repitió visita, esta vez acompañado de los Onges, indígenas de otra isla vecina y de un supuesto sentinelés que había abandonado la isla en canoa unos años antes. Así narró Portman esta visita: “Después de una búsqueda los días 15 y 16 en la costa de la isla, algunos de los habitantes fueron vistos cerca de la punta noroeste en una canoa; aunque fueron llamados por los Onges y por su propio paisano, mostraron los usuales signos de miedo y hostilidad, por lo que tuvimos que volver sin conseguir un acercamiento”. Después, aunque probablemente habría algún desembarco anónimo, no hubo más intentos de contactar con los sentineleses hasta la década de 1970. En marzo de ese año, el antropólogo indio T.N. Pandit llegó a la isla con su equipo y ofreció pescado a los nativos arrojándolo desde la embarcación. Los nativos lo recogieron, pero la hostilidad no cesó, por lo que no pudieron poner pie en tierra. En 1974, lo intentó una expedición nefasta desde el punto de vista científico. North Sentinel fue visitada por un grupo de antropólogos que filmaba un documental para National Geographic y varios policías. Cuando consiguieron superar la barrera de coral, los sentineleses respondieron con flechas y piedras. La embarcación se alejó y descendieron los policías que dejaron en la tierra algunos regalos muy extraños para los nativos: un coche de plástico en miniatura, cocos, un cerdo vivo atado, una muñeca y papel de aluminio. Y, como era de esperar, fue un caos: los nativos lanzaron flechas al barco e hirieron al director del documental, lancearon al cerdo y a la muñeca y los enterraron en la arena junto al coche de juguete. Solo se llevaron los cocos y el papel de aluminio. Al parecer, conocen perfectamente alguna versión del mito del Caballo de Troya y desconfían profundamente de los regalos que no pueden identificar. Desde entonces, no ha habido muchas más expediciones, y las que han tenido lugar solo han servido para incrementar el odio de los sentineleses hacia lo desconocido. Los antropólogos y el Gobierno indio decidieron entonces que su contacto con la isla se reduciría a pequeños acercamientos a la arena para depositar regalos conocidos para los nativos. Actualmente, esas expediciones siguen llevándose a cabo y lo único que se ha conseguido es que los sentineleses no ataquen al barco que se acerca a depositar los presentes, siempre y cuando ninguno de sus tripulantes se atreva a poner un pie en tierra.

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