30 de octubre de 2012

La crueldad de los de arriba

Samuel Aranda, para 'The New York Times'
Vamos de mal en peor. Nos quieren hacer pensar constantemente que el fin de todos nuestros males está cerca, pero cada vez hay menos personas que así lo creen. Casi todos estamos de acuerdo de que 2013 va a ser mucho peor. Por eso, quisiera contar algunas anécdotas para poner en duda ese “buenrollismo” que siempre dicen tener los de arriba para con los de abajo. En primer lugar, me cabrea esa jerarquización social que impone el sistema capitalista. Estoy harto de escuchar eso de “la caridad”. Vamos a dar becas a los que más lo necesitan. Vamos a donar nuestras migajas para aquellos que no tienen nada que comer. Caridad del poderoso para limpiar su conciencia egoísta. Claro ejemplo el de la Iglesia Católica, que mientras asienta sus posaderas en ostentosos templos y palacios, amenaza con quitar parte del dinero que aporta a Cáritas si el Estado le obliga a pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles como hace cualquier hijo de vecino. Y otro ejemplo de última hora, el de Amancio Ortega, dios supremo de Inditex. Ayer mismo donó 20 millones de euros a Cáritas, seguramente para expurgar sus pecados por explotador laboral e incluso esclavista, como denuncian en Brasil o La India, donde se le acusa de tener a niños y niñas a su servicio. Hay que ganarse el reino de los cielos. Por cierto, lo que ha donado equivale al 0,05% de su fortuna, que asciende a más de 38.000 millones de euros. Le ha salido barata la campaña de publicidad. Yo mismo doy el 8% de mi salario mensual a Amnistía Internacional y no soy ni Trendig Topic en Twitter ni salgo en la prensa por ello.

Sin embargo, yo prefiero hablar de solidaridad, porque, parafraseando a Galeano, mientras que la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo. “No se lo gaste usted en bebida”, aconseja la señorona que sale de misa al pobre lisiado que le tiende la mano. Hay quien, como el Príncipe, prefiere dar un buen apretón de manos antes que soltar un euro. Soy caritativo porque soy mejor que el mendigo y además, me gano el cielo. Sin embargo, la solidaridad va mucho más allá: Soy solidario porque considero que quien recibe los frutos de mi generosidad tiene el mismo derecho que yo a ellos. No es más que justicia social.

Pero dejando de lado esta reflexión, asumo que aunque es mejor solidaridad que caridad, me conformo con algo de caridad antes que no tener nada. Y esto es lo que ocurre con las grandes cadenas de supermercados, multinacionales algunas, que campan a sus anchas en nuestros queridos municipios. Según datos oficiales, aportados por el Ministerio de Agricultura, tras hablar con 700 distribuidores de alimentos, el 78’8% de los supermercados retira alimentos de sus estanterías porque están a punto de caducar, sin embargo, solo el 20,5% de ellos van a parar a ONG’s o bancos de alimentos. El resto, va a los cubos de basura. Sin más. Pero todavía hay casos peores, como el de Mercadona. Esta gran línea de supermercados hace gala en su página web de que, desde este año, cuenta con un cuarto de contenedores en cada establecimiento para evitar los malos olores, lograr mayor higiene en la calle y respetar el medio ambiente urbano. Pero yo voy más allá, qué casualidad que Mercadona decida justo ahora poner bajo llave sus contenedores, sobre todo teniendo en cuenta que es de las cadenas que menos alimentos dona a los bancos de alimentos: 15.000 kilos frente a los 390.000 de Consum o los 2,5 millones de Carrefour.

¿Será capaz el señor Juan Roig, dueño de la entidad, de preferir que la comida a punto de caducar se pierda en un contenedor antes de que se done a un banco de alimentos? Parece que sí. A él no le roba nadie. Sobre todo después de que un sindicato denunciara el despido de dos trabajadoras del turno de noche de un Mercadona en San Sebastián de los Reyes por“robar” comida de la que se destinaba a los cubos de basura.

Esta es la insolidaria e injustificable política de Mercadona, tan valorada por el capitalismo, y tan compartida por otras empresas del sector. Es más, Juan Roig, su presidente, cree que la reforma laboral del PP es muy light y afirmó que los españoles trabajamos poco. Además, fue quien alabó la cultura del trabajo en China yaplaudió el copago en sanidad y educación. Un gran ejemplo el de este empresario que, por su buen hacer, decidió subirse el sueldo un 73% este año, llegando a los 3,8 millones de euros anuales. Como tiene que ser.

Pero estas acciones tan injustas y crueles no vienen solas. ¿Cómo vamos a permitir que la gente pueda coger comida de la basura? Hay que ser mucho más inhumano. Las personas tienen hambre. Al final, si consiguen un euro gracias a la caridad o a la solidaridad de sus semejantes, tendrán que acudir a un supermercado a comprar un litro de leche. ¿Para qué lo vamos a donar si al final van a comprarlo?  Por eso, los ayuntamientos de ciertos municipios se solidarizan con los pobres empresarios de los grandes supermercados. Por ejemplo, el de Madrid, que multa con 750 euros a las personas que hurgan en los contenedores de basura. O como el de Girona, que ha blindado con candados los contenedores de los supermercados. Es que, además de “robar” la basura de estas grandes cadenas de supermercados, dan mala imagen de la perfecta España en la que vivimos. Y si no se atajan estas cosas, después llega el New York Times de turno a tirar cuatro fotos totalmente manipuladas con el único objetivo de dejar mal al presidente del Gobierno que, mientras se fuma un puro, alaba a los que deciden quedarse en casa viéndolas venir en vez de hacer algo por cambiar la situación. Esa es la unidad que le gusta a Mariano. La de la sumisión masoquista. Gallego tenía que ser. Aunque igualmente podría ser valenciano o ‘murcianico’ como yo.

Publicado en Micronopio, mi blog en Cordopolis.es

1 comentario:

begusa dijo...


Veo escenas como ésta a diario.
A diario! (qué barbaridad)

Y tengo la sensación de estar en un país que no es el mío. No re-conozco.
Como si hubieran colocado mal las piezas en un puzzle.
Pero no. Es que éste... es otro.