29 de enero de 2013

No somos gasto, somos inversión

Muy pocas veces publico artículos ajenos en este blog, pero este merece la pena... Interesante análisis de una amiga estudiante sobre la polémica Ley Wert


Por Irene Martínez Forte

La huelga general es el instrumento que los pueblos del mundo tienen para cambiar el rumbo de la política, superar condiciones de explotación, remover conciencias y unir a la ciudadanía descontenta contra los gobiernos. La jornada de ocho horas, las vacaciones pagadas, el descanso de los domingos, la seguridad social… son derechos que se han conseguido mediante huelgas.

La huelga es una demostración de la fuerza de la ciudadanía unida contra medidas políticas criminales. Los que secundamos la huelga sabemos que parar un día la producción y el consumo no va a solucionar los problemas ni detener a los grandes poderes económicos que nos exprimen, sin embargo, creemos en la unión, organización y dignidad ciudadana como camino para plantarles cara.

Por este motivo, las y los jóvenes decidimos unirnos en estos dos años que nos han supuesto un continuo de manifestaciones, huelgas, luchas y concienciaciones; por otro lado, también teníamos -y tenemos- un objetivo concreto: el brutal ataque que se lleva haciendo hacia nuestra educación pública.

Los recortes en las aulas
Empezamos estando seis horas al día en clases donde, en muchas ocasiones, el ambiente era gélido a causa de la falta de calefacción. Clases donde los profesores veían turbadas sus explicaciones debido a la carencia de materiales básicos y necesarios como son las tizas o rotuladores para las pizarras, así como las fotocopias o, incluso, hechos como el de no poder arreglar una ventana rota, o no disponer de material deportivo para las clases de educación física. Todo esto como consecuencia de la deuda que poco a poco ha ido creciendo en cada centro de estudios al recibir un porcentaje miserable del presupuesto que, a priori, les correspondía.

Actualmente, el tema es mucho más alarmante: ya no solo va a suponer un problema económico y material, sino que, tras la nueva ley orgánica para la “mejora” de la calidad de enseñanza (LOMCE) llegará a convertirse en un problema ético y moral. En primer lugar porque es una reforma que parte de la premisa “La calidad educativa debe medirse en función del output (resultado de los estudiantes) en lugar del  input (niveles de inversión, número de profesores, número de centros, etc)”, lo que lleva a justificar la inversión mínima posible de fondos en la escuela pública.

Por supuesto, no es la única línea a tener en cuenta, pues algunas de las reformas que más directamente nos afectarán serán las siguientes: en primer lugar, la instauración de reválidas; la primera de las cuales se hará en Primaria, poniendo a los niños y niñas bajo un nivel de presión muy poco recomendado para su edad y desarrollo; la segunda, deberán hacerla los alumnos que, además de haber aprobado la ESO, quieran seguir estudiando y acceder a bachillerato y, finalmente, la tercera tendrá lugar al terminar Bachillerato. Estas reválidas convierten el recorrido educativo en una verdadera carrera de obstáculos para las y los jóvenes, sometiéndolos a verdaderos momentos de estrés y presión, así como a un continuo desánimo.

En segundo lugar, es importante destacar la segregación que esta nueva reforma va a producir entre el alumnado, obligando a las y los estudiantes a tener que decidirse por una rama u otra en edades demasiado tempranas. Por otro lado, también supone una completa mercantilización de la Educación, dejándola en manos de múltiples empresas privadas, además de someter a los centros y a los profesores a su evaluación en un “ranking”, dependiendo de las notas que sus alumnos consigan. Por consiguiente, el hecho de educar acabará convirtiéndose en la mera doctrina de enseñar a los alumnos y alumnas cómo superar exámenes sacando la mayor nota posible, dejando así de lado la importancia de una buena educación y del carácter crítico que ésta debe conllevar.

Para finalizar, pero no por ello menos importante, es necesario remarcar la anulación de poder que va a sufrir el conocido Consejo Escolar, órgano formado por profesores, padres y alumnos que han accedido allí democráticamente y cuya participación en la toma de decisiones es crucial para el buen funcionamiento del centro. A partir de ahora, será el director el que tenga plenos poderes, convirtiendo a este órgano en una simple herramienta de consejo, sin que tenga la más mínima importancia. Así se somete a todo un centro educativo, junto con los profesionales y alumnos que lo conforman, bajo un régimen absolutista donde en una sola persona recae todo el poder, llegando hasta el punto de que el director podrá decidir qué profesores le interesan y cuáles no, aunque hayan aprobado una dura oposición.

Por todo esto -y mucho más que conllevará la instauración de la LOMCE- los y las jóvenes estamos totalmente indignados y dispuestos a luchar por una educación y un futuro que nos pertenece. A pesar del mal tiempo y de los continuos ataques, seguiremos siempre en pie y hacia delante



1 comentario:

Anónimo dijo...

El ministro Wert anuncia que el próximo curso no convocará becas Séneca...