11 de enero de 2013

El Eko: Un año de creación y lucha


El próximo sábado, Carabanchel está de fiesta. No habrá verbenas ni chiringuitos para vender bocadillos de chorizo. Tampoco se verá ninguna chulapa ni se podrá bailar chotis. Sin embargo, el barrio está de fiesta. Lo está porque hace un año, un grupo de personas perteneciente a la Asamblea Popular surgida a través del 15M, decidió poner en valor un edificio abandonado y que estaba cerrado a cal y canto desde hacía casi 20 años para uso y disfrute del barrio. Esa mole, antiguo economato del barrio, albergaba basura, escombros y era un problemático foco de infecciones. Pero aquellas personas que, sí, ocuparon ese edificio perdido, se pusieron manos a la obra. Durante semanas sacaron toneladas y toneladas de basura. Ataviados durante días con mascarillas, barrieron y fregaron aquellos olvidados suelos, pintaron esas ennegrecidas paredes y repararon ventanas y persianas. Tres meses después, en enero, presentaron el edificio al barrio. Y fue el propio barrio, su gente, quien comenzó a construir una alternativa real tras esos silenciosos muros.

Y este sábado, se cumple el primer aniversario de aquella efeméride. Desde entonces, el Eko, que es así como se llama en homenaje a aquel antiguo economato, se ha convertido en un espacio multidisciplinar donde el procomún y la solidaridad son los pilares básicos de su movimiento. No hay presidentes ni juntas directivas. No hay jefes ni empleados. En el Eko hay asambleas abiertas que son las que deciden lo que se hace o no dentro del espacio, escuchando todas las opiniones y llegando a acuerdos por consenso –no por mayoría-. Parece una utopía, pero funciona. Y funciona porque un año después de su apertura, el Eko se ha multiplicado y cuenta ya con confortables espacios para reunirse, con una entrañable zona infantil, con una bonita biblioteca, con aulas de yoga y taoyin, con espacios para que ensayen grupos de teatro o de música, con cocina, con zona de intercambio de ropa y juguetes...


Además, decenas de colectivos y personas han decidido poner su experiencia y conocimientos al servicio del espacio, del procomún, y cada semana se celebran decenas de talleres gratuitos que abarcan desde el inglés o el alemán hasta los dedicados a los niños y niñas, pasando por cursos de guitarra, cocina, serigrafía o teatro.

Y todo sin precio. Es decir, ¿todo gratis? No exactamente. El Eko apoya lógicas alternativas a las del mercado tradicional, por lo tanto no se fijan precios ni para las consumiciones de barra o comedor, ni para cualquier otra actividad. Se funciona en base a un sistema de confianza y voluntariedad, es decir, en base al precio libre. Además, y puesto que El Eko es una inciativa colectiva, se debe aportar de manera equitativa lo que se pueda. “El objetivo es establecer una reciprocidad entre el centro y los colectivos, comisiones, grupos y personas que le dan vida”, indican en su newsletter.


Por eso, el individualismo no cabe en el espacio. Quien vaya al centro en busca de su propio y exclusivo beneficio no será bien recibido. Porque el principio fundamental de El Eko es el bien común frente al egoísmo que domina nuestro mundo. Como mencionaba anteriormente, el espacio se rige por asambleas soberanas y los consensos obtenidos son las normas que nadie, de forma individual, puede incumplir. Porque, reitero, el pensamiento colectivo está por encima. Es la única forma de construir.

Con el paso de los meses, esta forma de trabajar al margen del capitalismo imperante, parece intrínseca a las personas que frecuentan el centro. La armonía, la solidaridad, el bien común y el trabajo en equipo reinan en cada rincón de las seis inmensas plantas con las que cuenta el edificio. Quien disfruta de las múltiples actividades que se organizan en su interior, participa después de la gestión del centro para ayudar a su conservación y mantenimiento. Friega los platos, pasa la escoba, arregla los baños o simplemente colabora con el bote que hay en la barra para sufragar los múltiples gastos que van surgiendo. Todo es fundamental para seguir adelante.
Porque el Eko es solidario, pero no caritativo. Porque ayudan a los desahuciados, pero no regalándoles nada, sino pidiéndoles algo a cambio. Ayudan a las personas que tienen dificultades económicas ofreciéndoles ropa o comida, pero sin practicar la caridad, sino pidiéndoles trabajo dentro del espacio. Porque, como dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano, “la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”. Esa es la verdadera ayuda, la que hace sentir útil de nuevo a una persona que lo ha perdido todo.

Y esa es la forma de trabajar en este interesante espacio sociocultural, autogestionado y liberado que cada día gana más relevancia en Carabanchel y en todo Madrid. Por ello, el próximo sábado esperan a cientos de personas para celebrar por todo lo alto este aniversario de lucha, rebelión y, ante todo, creación. Habrá talleres, interesantes debates y asambleas, conciertos, espectáculos artísticos, actividades para los más pequeños, comida y, sobre todo, mucho trabajo para todo aquel que quiera echar una mano. Porque nunca nadie dijo que construir un mundo nuevo fuera tarea fácil.

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