31 de julio de 2008

«Siempre he querido ser músico, pero se me torció la vida»

Os presento hoy a Dani Niño(1982). A algunos os sonará su cara, pues aunque es periodista desde hace unos años, en la tele aparece desde hace unos meses. Y es que junto a su inseparable amigo Fox, este logroñés (aunque nacido en Burgos) conforma la pareja más mordaz del recién reestrenado Caiga Quien Caiga en La Sexta. Además, también participa en No somos nadie, el programa que presenta Celia Montalbán en las mañanas de M80. Para llegar ahí, muchos pasos. Radio 4 de Cataluña, Oigo Voces en la SER... Y además es novio de Marina, una gran amiga de aquí de los madriles, y ¡un gran músico! Con la carrera de saxo y todo el tío... Ahora está por Vitoria disfrutando del Festival de Jazz. Dice que le gustaría tocar ahí, con la 'cara' que tiene no me extrañaría que lo consiguiera. Si no fuera por él no podría haber entrado a la fiesta de graduación (no en el acto, sino en la discoteca). Me coló y me hizo ahorrar los 30 euros que costaba la barra libre... ¡Gracias Niño!


¿Cuál fue su primer empleo? Pues mi primer empleo fue de músico, ya que soy saxofonista. Y fue tocando con una charanga por varios pueblos. Nos pasábamos todo el verano de fiesta en fiesta.

¿Recuerda cuánto cobraba? Es complicado decir un precio exacto, pues eso depende del pueblo. La primera vez fue en las fiestas de Soria y creo que ganamos alrededor de 600 euros.

De aquella primera experiencia, ¿qué recuerdos conserva? Pues recuerdos maravillosos. Empecé en la charanga muy joven, con 15 años, por lo que era una época perfecta para ir todo el verano de viaje. Maduras de golpe, ya que vas a pueblos pequeños y conoces a mucha gente. Además me encanta hablar con los ancianos, pues cuentan batallitas geniales. Mi padre siempre me decía que cómo me iba a dedicar a eso, pero yo le contestaba que era lo mejor, que incluso lo haría gratis.

¿Tenía claro que quería dedicarse al periodismo? ¡Que va! Yo siempre he querido dedicarme al saxofón, y de hecho hoy en día todavía quiero dedicarme a ello, pero se me ha torcido la vida, aunque sigo tocando. Suena raro, pero es así. Terminé la carrera y dije que no iba a dedicarme a los medios de comunicación, así que me fui un año a Cuba a estudiar saxo. Cuando volví, le habían dado un programa a un amigo mío y me apetecía currar con él. Iba a ser sólo durante el verano, pero al final se alargó...

¿Aprendió en esos momentos alguna lección que aplique hoy? ¿En la música? Aprendí muchas cosas. En la charanga había que echarle mucho morro a todo. Tenías que ponerte a tocar y cantar en medio de la calle para que la gente te siguiera, además había que relacionarse con muchas personas. Está claro que esa cara dura que saqué ahí la sigo aplicando hoy.

¿Qué momentos considera fundamentales en su carrera hasta hoy? El primer punto clave fue entrar de becario en Radio 4 de Barcelona. Te exigían hablar catalán... y yo de Logroño. Me inventé que sabía catalán, aunque fue duro pasar todo un verano disimulando. Al principio fue muy difícil, pues no entendía nada de lo que me decían, aunque al final conseguí salir en antena. Todos hablaban en catalán menos yo. Después, con mi amigo Javier Gallego hice un programa en la SER. Se llamaba Oigo Voces. Ese programa y Javier me enseñaron todo. Y de ahí a M80, a colaborar en No somos nadie. Aquí he aprendido, sobre todo, a madrugar. Eso de levantarse a las 5.30 de la mañana hay que aprenderlo. Y bueno, lo compagino con CQC, donde tenemos un trabajo muy duro. A veces, la gente opina sin fundamento sólo porque sales en la tele. Y muchos se pasan de la raya.

Le quedarán muchas aspiraciones profesionales que conseguir... Muchas no, muchísimas. Aunque el día que consiga tocar en el Festival de Jazz de Vitoria me sentiré satisfecho conmigo mismo. Hasta entonces me queda mucho que trabajar, que viajar y que decir.

Un consejo para los que empiezan... Les diría que hagan muchas cosas por iniciativa propia fuera de la universidad. Porque allí sólo se aprende la teoría, pero todo lo demás sólo se aprende en la calle. La gente que se encierra en una biblioteca, sobre todo en estudios de comunicación y periodismo, lo tiene mucho más difícil.

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