22 de abril de 2009

José Navarro Pascual, ejemplo de resistencia y lucha contra la dictadura franquista

Todo empezó entre las calles Cerro y Mediodía. Allí se levantaba una humilde casa en la que vivía José Navarro Pascual, un niño republicano, por rememorar al emblemático Haro Tecglen, que veía con angustia cómo su padre, bracero de procesión, llegaba a casa cada noche destrozado por el cansancio; mientras su madre, que había trabajado de pulimentadora en la única fábrica de muebles del municipio, se veía obligada a dejar el trabajo.

Pero fueron estos padres, “El Rojo” (apodado así no por su ideología, sino por el color de su cabello) y Pilar Navarro, quienes inculcaron en el joven José una serie de valores progresistas que se verían truncados de lleno con el estallido de la Guerra Civil. Antes, durante la II República, el joven José había estudiado en el antiguo colegio de las Escuelas Pías, consiguiendo grandes avances gracias a una escuela pública que era baluarte del nuevo régimen...

El Bienio Negro (noviembre de 1933 - febrero de 1936) significó la llegada de los primeros problemas a la hasta entonces tranquila vida de José, pues su padre falleció debido a una grave enfermedad y él, junto a su madre y su hermana, se vio sumido en la más triste miseria. Pero estos problemas crecieron sobremanera tras el 18 de julio de 1936, día del estallido de la guerra. En aquel tiempo, Navarro Pascual, que todavía era un niño de 12 años, ya ayudaba al entonces alcalde, Juan Pacheco Lozano, en diversas tareas del Partido Socialista. Estaba claro que la semilla que sus padres habían plantado en él estaba empezando a germinar. A pesar de su incipiente adolescencia, José comprobó como el principal intento democrático de este país era asaltado por la intransigencia de los militares africanistas, los terratenientes y los sectores católicos más reaccionarios. Durante esos años las penurias se acentuaron. La comida escaseaba y el robo en huertos y campos ajenos se convirtió en tarea imprescindible para poder sobrevivir.
En 1939 tendría lugar otro trágico suceso que marcaría la vida de José. Su madre, Pilar Navarro, era condenada a muerte por su militancia años atrás en la Agrupación Femenina Socialista. Tras varios meses de agobio y desazón, la pena se conmutó por 30 años de cárcel que, finalmente, quedarían reducidos a ocho. En conclusión, que con apenas 15 años, José se encontró solo, junto con su hermana Lola, un año y medio menor que él, viviendo en casa de sus abuelos y subsistiendo como podía. Además, cada dos por tres la casa donde vivía era asaltada y saqueada por la Guardia Civil que, nada más acabada la guerra, se encargó de sustraer cualquier objeto de valor, por nimio que fuera.

Pero José Navarro era firme en sus ideales. Sabía que la única forma de luchar contra el régimen opresor instaurado por Francisco Franco era bajo la más hermética clandestinidad y jugándose la vida a cada paso. Sus ideales cercanos al Partido Comunista le empujaron a entablar disimulados contactos con los ideólogos del partido, que estaban escondidos en ciudades como Alicante o Valencia. Su inmersión en la lucha clandestina le llevó incluso a colaborar con la AGLA, la mítica Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, pero ante la caída de una compañera guerrillera refugiada en Yecla se tuvo que incorporar al maquis, acompañado siempre por su inseparable amigo, también yeclano, Fructuoso Soriano.

Pero José Navarro llegó al maquis en un momento de repliegue, justo cuando la estrategia del PCE fue la de abandonar la lucha armada para introducirse en los movimientos de masas como el sindicato vertical con las comisiones obreras. En la operación de evacuación a Francia fue capturado, cayendo, junto a varios compañeros, en las garras más sanguinarias del régimen: la Político-Social, es decir, la policía política del franquismo. Caer en manos de este grupo policial significaba recibir macabras torturas durante días sin fin. Y José Navarro no fue la excepción. El maquis yeclano sufrió innumerables vejaciones durante todo un mes en Madrid. Finalmente, los torturadores consiguieron identificarlos, pero para uno de sus compañeros ya era tarde: murió víctima de las brutales palizas.

Tras ser identificado, José Navarro ingresó en prisión donde pasaría ocho años de su vida, saliendo a la calle a finales de la década de los cincuenta. Pero esta dramática experiencia no amedrentó su ánimo ni su empeño por derribar el régimen tiránico y fascista encabezado por el general Franco. Navarro siguió luchando, organizando células del PCE en la clandestinidad en Valencia, ciudad donde ubicó su residencia. Asimismo, este yeclano protagonizó activamente multitud de protestas en reclamo de la democracia perdida, actividad que no cejaría hasta que se celebraron las primeras elecciones.

Esta reseña es un breve adelanto de las incontables historias que podemos encontrar en el libro Memorias de un luchador antifranquista. De Yecla a Benicalap por las montañas del maquis, presentado el pasado sábado en una abarrotada Casa de Cultura. Durante las doscientas páginas observamos una visión rigurosa y sagaz sobre nuestro pasado más reciente. Una lección de moral y de lucha incansable en pro de la libertad. Y lo más importante, sin ningún rasgo de odio o rencor.

Los autores
Este libro, que ya puede encontrar en todas las librerías de Yecla, ha sido escrito por el historiador yeclano y concejal de Izquierda Unida + Los Verdes, José Miguel Castillo Mora, a raíz de unas memorias que le brindó el propio protagonista, José Navarro Pascual. Tras muchos meses de trabajo entre ambos, tras innumerables reuniones y tras decenas de relecturas y de quebraderos de cabeza, Memorias de un luchador antifranquista ve por fin la luz con un objetivo primordial: ofrecer a la sociedad yeclana del siglo XXI una parte del pasado que, por la fuerza, intentó ser arrancada de la memoria de los ciudadanos del XX.
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Para ver este reportaje en su ubicación original, pinche aquí
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2 comentarios:

Alejo carpentier dijo...

Un saludo desde la perla de las antillas, y más concretamente desde Santiago de Cuba, patria del son y del ron, lugar mágico formado por colinas quie se sumergen suavemente en una bahia inexpugnable.
Un saludo David, era para darte un poco de envidia. jejeje

Angelica dijo...

Saludos...