13 de febrero de 2012

Defiende la agricultura orgánica y sostenida: no a los transgénicos

La gran revolución biotecnológica, necesita de una contrarrevolución que luche por el cooperativismo agrícola

Ante comentarios ultraliberales como el que profesa el tal Bastiat en el artículo anterior titulado De semillas, patentes y transgénicos, no puedo quedarme callado. Un defensor de la libertad como él estará de acuerdo en que se informe de verdad y con todo tipo de detalle a los ciudadanos y ciudadanas para que elijan qué tipo de alimentos quieren comer y quieren dar a sus hijos. ¿Quieren alimentos donde el uso intensivo de productos químicos es la nota dominante?

Lo único que pedimos cada vez más ciudadanos es que la agricultura salga de la Organización Mundial de Comercio para que deje de ser un negocio atroz con el que juegan grandes multinacionales como Monsanto, la cual sí ha contaminado con semillas los campos de medio Estados Unidos. ¿Por qué se ha multiplicado por varios millones el número de hectáreas cultivadas con productos transgénicos en Norteamérica y todo el mundo? ¿Por qué se ha subvencionado a países subdesarrollados como México la venta de este tipo de semillas contaminadas (o tratadas en laboratorio, como dicen los defensores) sin avisar de lo que se estaba vendiendo?

Estos productos no aportan nutritivos extra a los consumidores, lo único que aportan es exclusividad en las semillas para quien las produce. Por ejemplo, Monsanto, esa gran empresa que primero fabrica el Roun Up,el herbicida más vendido del mundo y que elimina todo tipo de plagas, y después una semilla que resiste los efectos de ese herbicida. Es decir, monopolizó la producción de semillas de trigo, soja o maíz, puesto que toda plantación que fuera rociada con Round Up moría, siempre y cuando no fuera semilla Monsanto. Y si lo era y vivía, no había más remedio que pagar. 


Pero puesto que no ofrece ningún nutriente que mejore nuestra salud, más bien todo lo contrario, pues hay cientos de casos donde diversos productos transgénicos han causado trastornos graves a la salud, lo que se dedicaron a decir es que estos productos eliminarían el hambre del mundo.

Pues bien, la razón de que actualmente haya unos 850 millones de personas desnutridas que diariamente pasan hambre no se debe a que falte comida, sino más bien a que su reparto sea muy desigual. Un número que aumenta debido a que los monocultivos que fomenta el cultivo de transgénicos agrava el cambio climático. Pues bien, la mayoría de estas personas desnutridas eran agricultores en los países en desarrollo. Unos países que, para salir adelante, tuvieron que asumir fuertes créditos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Unos créditos que, como es lógico, tenían que ser devuelto. Pero, ¿cómo conseguía un país subdesarrollado devolver esos créditos al primer mundo si no tenía ningún motor económico que pudiera generar ese beneficio? Pues explotando la agricultura. Acabaron con todos los cultivos que les ofrecían la autosuficiencia alimentaria y plantaron cultivos caros para poder exportarlos al primer mundo y poder pagar así las deudas generadas con esos mismos países.

Monocultivos en África
Pero claro, además de que dejaron de depender de su propia producción agrícola para subsistir, vieron como los gobiernos del primer mundo subvencionaron sobremanera los cultivos de sus propios agricultores para poder así competir con los países subdesarrollados que intentaban exportar esos productos para pagar la deuda que debían.  Es decir, que además del problema de acceso a los alimentos en la época de mayor superproducción alimentaria que se conoce, estos países vieron abaratados sus mercados. Pero, al abaratar los mercados para poder competir con los cultivos agrícolas del primer mundo, ¿se perjudicó toda la cadena desde que el “tomate” sale de Marruecos y llega a Madrid? Lógicamente, no. Los intermediarios, es decir, los exportadores, las grandes multinacionales como Monsanto, siguieron ganando lo mismo. Solo los pequeños agricultores marroquíes o senegaleses son quienes se vieron arruinados, puesto que no podían recuperar los costes de producción y decidieron abandonar sus cultivos.

Agricultura orgánica
Pero ese problema, ocurre igual en España, donde los agricultores, asfixiados por los conocidos “intermediarios”, es decir, las grandes empresas nacionales o multinacionales de la producción y distribución de alimentos, han decidido rendirse. Pues no. Llega el momento de cambiar la mentalidad. De dejar de comprar productos agrícolas a los grandes supermercados y comprarlos a los propios agricultores de la zona. Defendamos los cultivos orgánicos de los pequeños agricultores locales. Que renazca el cooperativismo en el sector. No hay duda de que ha habido una gran revolución en los campos de la ingeniería genética y la biotecnología, por tanto es el momento de empezar la contrarrevolución. Una contrarrevolución que elimine las tesis ultraliberales en la cadena de producción y distribución de los alimentos. Que dejen de jugar con nuestras vidas. Defended la agricultura orgánica y sostenida como hacen asociaciones como AYCE en Yecla. Si no, pronto veremos las consecuencias.



Os dejo un interesante documental donde se analiza el futuro de la alimentación, sobre todo a partir de la ingeniería genética

4 comentarios:

Bastiat dijo...

De verdad es fuerte.....

O sea, que ahora el hambre en el mundo existe porque hay compañías que tienen el control del mercado de semillas (que nadie usa según tu) y que nadie obliga a usar (salvo por las subvenciones que dices que se dan para que las usen ¿?¿? y que yo rechazo de plano en todo caso, como liberal) u que eso además provoca el cambio climático por el monocultivo, como el almendro en las Alpujarras (cultivo con una antigüedad notable o la aceituna en Jaén) y todo porque esos países quieren producir productos que tengan demanda y no los cultivos tradicionales que no quiere nadie más que ellos y que producen muy pocos beneficios.

Por cierto, una vez vi un reportaje que a ti te gustaría. Era un reportaje sobre las especies de peras, si.... de peras, que se estaban perdiendo porque las grandes superficies no las compraban.... como si el hecho de que las grandes superficies las compraran eso significaría que sus clientes estarían obligados a hacer comprarlas.... ¿eso sería libertad? No ¿verdad?

Yo cuando voy al súper pido las peras que me gustan, que suelen ser las que me ofrecen, porque saben que les gusta a más gente, y pido que no tengan manchas, no estén golpeadas y que su apariencia sea de estar buena...

Si a ti te gustan los tomates arrugados, con manchitas y aspecto de llevar fuera de la mata dos semanas... tio... tienes todo el derecho a hacerlo.

Eso es ser liberal. No el prohibir, obligar, regular..... ¡socialistas!

Anónimo dijo...

Mira, a tíos como el Bastiat este ni caso. Está en su burbuja capitalista y pasa de todo. Solo espero que el día que se pegue la hostia no venga a pedir ayuda. Lo malo es que siendo tan solidarios se la daréis, cuando no habría que darle ni agua.

Anónimo dijo...

Caeréis Bastiat, caeréis. Con todo el equipo.

Bastiat dijo...

Anónimo uno.... Gracias por tus comentarios... No por tus argumentos que no los das, será porque no los tienes, pero gracias por hacerme el honor.

Anónimo dos..... jeje.... yo también te quiero.