19 de diciembre de 2014

¿Victoria de Cuba o de Coca-Cola?


La decisión de EEUU de romper con el embargo cubano tras 54 años de aislamiento se ve como una victoria castrista. ¿O nos encontramos ante una nueva victoria del capitalismo salvaje?


Este miércoles, muchas personas nos alegramos de que Obama diera marcha atrás en la política exterior de EEUU hacia Cuba después de más de medio siglo de embargo comercial. Aun así, hoy, con la mente más despejada, me pregunto cuáles son los intereses del presidente para haber tomado una decisión que seguro le va a traer bastantes enfrentamientos con los republicanos que, para más inri, tienen la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. Y pensando, pensando, la única conclusión que obtengo es que EEUU quiere ampliar su mercado con los once millones de habitantes que tiene la isla. Es entonces cuando me surgen las dudas.

Ayer jueves empezaba a leerse en algunos medios estadounidenses las verdaderas razones de esta medida aperturista: Grupos económicos han estado haciendo presión en Washington para aflojar la política del embargo que considera que les impide hacer negocios en Cuba, los negocios que otros países y empresas sí están aprovechando. La Cámara de Comercio de EE.UU. estima que se pierden al menos 1.200 millones de dólares en negocios que no se pueden hacer con Cuba debido a las leyes del embargo y aunque para la economía estadounidense no es una cifra grande, representa una buena porción de la cubana. El capitalismo, que hace dos años parecía dar sus últimos coletazos, asalta con esta sorprendente decisión un fuerte inexpugnable: Si los Castro no lo impiden, Cuba, el único reducto comunista del lado occidental, quedará pronto ensombrecida por los anuncios de Coca-Cola y los restaurantes –si se le puede llamar así- de McDonald’s.

Actualmente, Coca-Cola se vende en todo el planeta excepto en dos países: Cuba y Corea del Norte. Parece que la lista se va a reducir a uno solo. Las repercusiones económicas se notarán en la isla, pero, ¿se puede vender esto como una derrota de EEUU o como una nueva victoria del capitalismo? Los 11 millones de consumidores que gana el mercado estadounidense seguro que beneficiarán también por poco que sea a su resentida economía. Los chavales aficionados al béisbol calzarán unas Nike, mientras que sus padres harán la compra en Walmart y se tomarán un pésimo café en Starbucks. En el otro lado de la balanza, Cuba, con sus fronteras abiertas al país vecino, será el principal atractivo turístico del Caribe, compitiendo en igualdad de condiciones con Cancún y la costa caribeña de México. El ron y los puros multiplicarán su producción, pero las constructoras yankies aprovecharán también este aperturismo para levantar lujosos resorts y altas torres de hoteles y apartamentos.

Motorola, Verizon y AT&T colapsarán la isla con cables, wifis y teléfonos móviles de última generación. Apple y Microsoft harán lo propio con ordenadores y demás aparatos tecnológicos para competir con Cubacel, la empresa cubana de telecomunicaciones. El consumismo irrumpirá en la isla y Ford y General Motors sustituirán con sus modernos vehículos a los clásicos carros que todavía hoy discurren por las calles de La Habana. La autogestión se acabará y todos los cubanos se endeudarán gracias a los créditos de Citibank para comprar las viviendas que habrán levantado Turner, Bechtel o incluso ACS.

En definitiva, normalizar la relación con la isla, que está solo a 90 kilómetros de distancia con Florida, abrirá un mercado que ha sido anhelo de las empresas estadounidenses durante décadas, como bien reconoce John Kavulich, asesor del Consejo Económico y Comercial de EEUU: “Lo que más atrae a las empresas estadounidenses desde antes incluso de la revolución es que en Cuba existe un gran aprecio a sus marcas”. Es decir, las empresas no necesitan invertir en márketing porque son más que conocidas –y anheladas- en la isla.

El director general de la compañía aérea Orbitz, una de las empresas más críticas con el embargo a Cuba, manifestó su alegría tras conocer la decisión: “Existen grandes beneficios económicos, sociales y culturales que se derivan de este acceso libre y abierto a Cuba. Nuestros clientes están ansiosos por visitar la isla”. Incluso en McDonald’s hablaban ayer, aunque con un mínimo de prudencia, del “Habana-Mac”.

Pues sí, porque aunque parezca surrealista, el anuncio de Obama impulsó las acciones de algunas empresas que pueden beneficiarse de la apertura de Cuba. Herzfeld Caribbean Basin Fund (CUBA), un fondo de inversión que pretende hacer suculentos negocios de esta normalización en las relaciones comerciales, vio como el precio de sus acciones se disparaba en la jornada de ayer. ¿Por qué? Muy sencillo: sus activos principales son las aerolíneas de Copa Holdings SA y Coca-Cola Femsa SAB, el mayor embotellador de Coca-Cola de todo el mundo. A su vez, las empresas de cruceros con sede en Florida mejoraron sus acciones hasta un 3% en promedio nada más conocerse la decisión del Ejecutivo estadounidense.
Por eso, creo que el discurso de Obama no puede entenderse como una derrota de EEUU frente al régimen cubano. Más bien, pienso que es la enésima victoria del capitalismo que, con esta decisión, gana once millones de consumidores y un país virgen donde levantar todo su emporio destructivo. ¿O podrán los Castro evitarlo y minimizar ese impacto salvaje sobre la isla?

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