18 de noviembre de 2011

Por qué no voy a votar ni a PP ni a PSOE

1.    El salario medio en España es de 21.500 euros brutos anuales, la mitad que en Alemania o Reino Unido. El 63% de los españoles es mileurista o algo peor.

2.    España es el segundo país de la UE-15 con mayor desigualdad económica, solo superado por Portugal. Es decir, los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres.

3.    La tasa de pobreza relativa en España supera el 20%. Se consideran pobres aquellos hogares que ingresan menos de 14.300 euros al año para una familia de dos adultos y un menor de 14 años; o menos de 16.680 para un matrimonio con dos hijos. ¿Eres pobre y no lo sabías?

4.    Uno de cada cinco jubilados es pobre y el 77% de ellos no llega a mileurista.

5.    La tasa de pobreza infantil es del 17,2% según datos de UNICEF. España es el país de la UE que menos dinero público invierte en infancia (0,7% del PIB).

6.    En cambio, los altos directivos españoles son los mejor pagados de Europa. Su salario no ha parado de crecer. En 2009, el peor año de la crisis, sus sueldos aumentaron un 15%.

7.    Los 584 altos directivos de las empresas del IBEX 35 (las más grandes de España) cobraron en 2009 un millón de euros de media. Un sueldo equivalente a 113 salarios mínimos.

8.    En 2010, se subieron el sueldo otro 20%, llegando los 90 consejeros mejor pagados de España a los 3,2 millones de euros anuales de media. Jamás habían cobrado tanto.

9.    Mientras, el sueldo real de los españoles baja. España es el único país de la OCDE (los 34 países más ricos del mundo) donde el salario medio no aumentó en los años de bonanza. Entre 1995 y 2005 el sueldo medio perdió un 4% de valor adquisitivo, mientras que los beneficios empresariales españoles crecieron un 73%.

10. Solo un 15% de los trabajadores está afiliado a un sindicato; el 72% de las empresas está afiliada a la patronal.

11. En 2010, las compañías del IBEX 35 ganaron cerca de 50.000 millones de euros, un 21% más que en 2009. Es el mejor resultado de toda su historia.

12. Telefónica ganó 10.167 millones en 2010. Es el mayor beneficio jamás declarado por una empresa española. Sin embargo, ha presupuestado 658 millones de euros en 2011 para reducir su plantilla.

13. El 82% de las empresas del IBEX 35 utiliza paraísos fiscales para declarar impuestos.

14. España también se ha convertido en paraíso fiscal para empresas extranjeras. ExxonMobile, la petrolera más grande del mundo, tiene una filial en España que ganó en dos años 9.907 millones de euros y no pagó ni un duro a Hacienda. Solo tiene en plantilla a un trabajador y se ha beneficiado de ayudas fiscales por valor de 1,5 millones de euros españoles.

15. España es uno de los países de la UE que menos invierte en I+D: el 1,38% del PIB frente al 2,01% de media del resto. La inversión militar en 2009 en España también equivalió al 1,3%. ¿Gastamos lo mismo en ejército que en I+D? No, todavía es peor, porque gran parte de lo que España contabiliza como I+D es también inversión militar.

16. Somos uno de los países de la UE con mayor desigualdad entre hombres y mujeres. La brecha salarial es del 22%, cinco puntos más que la media europea.

17. España es el país de la OCDE con mayor porcentaje de universitarios (44%) que trabajan en empleos muy por debajo de su preparación.

18. En cambio, en España tenemos al entrenador de fútbol mejor pagado del mundo: Mourinho cobra diez millones de euros, 1.133 veces el salario mínimo interprofesional.

19. También está el equipo deportivo que más dinero ingresa de todo el planeta: el F.C. Barcelona, que recaudó 445 millones de euros en 2010, una cifra que jamás ha ingresado ningún equipo NBA.

20. España también es el país europeo con más billetes de 500 euros. Uno de cada cuatro está aquí. Es más, el 65% de todo el dinero que se mueve en este país es con esos billetes. De los 52.244 millones de euros en billetes de 500 que circulan, más de 16.000 millones nunca ha pagado impuestos.

21. En España hay cuatro millones de empleos en economía sumergida y un desfalco anual de 32.000 millones de euros. Somos el único país del planeta donde hay un amplio sector de empresarios que declara ganar menos que sus propios trabajadores...

22. España es el país de Europa con más paro (20,7%), doblando al resto de países. ¿Tasas similares? En Mozambique (21%), Irak (19%) o Sudán (19%).

23. El paro juvenil supera el 46%, es decir, cinco de cada diez jóvenes menor de 25 años no trabaja. Además, el 16% ni estudia ni trabaja. Esto explica que más de la mitad de los jóvenes entre 18 y 34 años viva con sus padres (52,4%).

24. El salario medio de los jóvenes no llega a 16.000 euros anuales. En 2008, necesitaban un 95% de ese sueldo para comprarse una casa. Ahora, ‘solo’ un 77%.

25. Mientras tanto, ex diputados, ex ministros, ex senadores, ex presidentes de gobierno y demás altos cargos públicos cobran pensiones vitalicias a costa de nuestros impuestos, algunas de varios miles de euros.

¿Qué os parece? Cuando estalló la crisis y se salvó a los bancos con dinero público, los grandes mandatarios mundiales prometieron reformar el capitalismo, pero al final ha sido el capitalismo quien nos ha reformado a nosotros. Los trabajadores están perdiendo derechos adquiridos durante años de lucha y a nadie le preocupa. Se va a trabajar hasta los 67 años y con una precariedad que asusta. Nos amenazan con privatizar la sanidad y la educación y nadie se alarma. ¿Por qué hablan de “gasto sanitario” y, en cambio, dicen “inversión militar”? ¿No es todo inversión? ¿O acaso solo se gasta en lo que beneficia a los ciudadanos? Incluso bajo la dictadura franquista hubo manifestaciones para mejorar las condiciones de los ciudadanos. Ahora estamos alienados. Callados. Silenciados. Dormidos. ¿A qué esperáis para reaccionar?

El domingo, VOTA

El domingo hay que ir a votar. Es muy importante que ejerzas tu derecho a voto y deposites la papeleta en la urna. En las elecciones municipales, España sufrió la mayor abstención de su historia. Miles de ciudadanos decidieron no ejercer su derecho. ¿Sabéis qué pasó? Que apenas nadie se hizo eco de esa crispación silenciosa. El Partido Popular festejó su apabullante victoria sin importarle que solo fuera apoyado por una parte relativamente pequeña del electorado. Por ejemplo, en Yecla “la abstención” habría obtenido siete asientos en el pleno municipal. Por tanto, creo que no formar parte del sistema por mucho que se esté en contra de él no es la mejor solución, puesto que esos no-votos no cuentan para nuestros políticos.

El caso del referéndum para la Constitución Europea fue el más chocante. Según el Gobierno, de cara a la Unión Europea, fuimos el primer país en aprobar la Constitución Europea por mayoría en referéndum. El caso es que el 76% de los votos fue para el sí, por lo que la Constitución fue aprobada por una amplia mayoría. Eso sí, solo fue a votar el 42% del censo. Casi el 60% de los españoles se quedó en casa. Fue la participación más baja de toda la historia de la democracia. ¿Sirvió para demostrar algo? No.

Por lo tanto, en España, la abstención no significa que estés en contra del sistema. En España tu no-voto se va a tomar como un voto a la mayoría. Si realmente te da igual lo que salga, perfecto. Si te da igual que suba el paro, la gasolina, las hipotecas, la delincuencia… En fin, eres libre de no votar.

El voto nulo

Si no te sientes representado por ningún partido, sin duda esta es la mejor opción. Los votos con papeletas no oficiales, votos a más de un candidato, votos rotos, votos con dibujitos... todos esos son votos nulos, porque aunque el votante se ha personado para dar su voto, el voto no se atiene a las reglas.

Este voto, igual que las abstenciones, no suma votos en el cómputo global de votos emitidos y, para los efectos, es lo mismo. Se registra como nulo para que la contabilización al final de la jornada, entre válidos, nulos y abstenciones, sume el 100% y nadie diga que ha habido tongo. Aun así, esta es la mejor forma de protestar contra el sistema, pues tu voto se contabiliza como tal, pero no se suma a la mayoría, algo que sí ocurre con el voto en blanco.

El voto en blanco

Según la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, en su artículo 96, punto 5: “Se considera voto en blanco, pero válido, el sobre que no contenga papeleta y, además, en las elecciones para el Senado, las papeletas que no contengan indicación a favor de ninguno de los candidatos”.

¿Qué los diferencia de una abstención o un voto nulo? El tema de que sea un voto “válido”. El voto en blanco es válido porque sí cuenta para el cómputo final de votos. Pero si te piensas que se va a traducir en escaños en blanco, te equivocas de pleno. Entonces, ¿qué se hace con ellos?

Estos votos perjudican a los partidos menos votados. En España no se utiliza un sistema proporcional normal y lógico, en el que cada partido se lleva el tanto por ciento de escaños que ha conseguido en las urnas. En España utilizamos una complicada fórmula matemática, la ley d’Hont (explicada pasito a pasito aquí y aquí), con una regla de salida básica: si no llegas al 3% de los votos, no entras en el juego. Los votos en blanco, aunque no se le reparten a nadie, sí que hacen el saco de votos más grande, con lo que los porcentajes, se hacen más pequeños. Como consecuencia los partidos con menos votos salen perdiendo.

Además, los artículos 68 y 69 de la Constitución Española establecen que la circunscripción electoral para las elecciones generales (Congreso y Senado) es la provincia. Eso quiere decir que, aunque un partido se pase del 3% en el recuento de votos nacional, si provincia a provincia no llega al 3%, queda eliminado. En las últimas elecciones generales, le pasó a IU de manera escandalosa. Aunque sacó más votos que CiU en las elecciones al Congreso, sacó 8 diputados menos. ¿Por qué? Porque circunscripción a circunscripción había quedado eliminada, a pesar de tener un total nacional superior.

En todo caso, hay una iniciativa llamada “Escaños en Blanco” que te proponen que les votes a ellos. Ellos a cambio, cada escaño que consigan lo dejarán vacío, siempre que legalmente sea posible. Y cuando no lo sea, no lo defenderán ni votarán en los plenos, excepto si es para votar que los votos en blanco se conviertan en asientos vacíos en una futura Ley Electoral.

Mi propuesta

Nos podremos quejar todo lo que queramos, tenemos libertad de expresión, pero si no votamos el domingo, las cosas no van a cambiar. Claro, viendo que abstenerte no es una opción, romper tu papeleta no sirve de mucho y dejar el sobre vacío menos todavía, ¿qué hacemos?

No votar al Partido Popular ni al PSOE (ni a CIU ni PNV si tienes la opción de votarles). Elige entre los muchos partidos pequeños que se presentan. En la Región de Murcia puedes elegir, además de entre los más conocidos Izquierda Unida-Verdes, UPyD, Equo o los anteriormente mencionados de Escaños en blanco, entre otros tan dispares como el PACMA (Partido Contra el Maltrato Animal), Muerte al sistema, Foro Centro y Democracia, PCPE... Tienes hasta 12 alternativas a PP y PSOE. En esta web, si aplicas el filtro Murcia, podrás encontrarlos todos: www.socvot.com/partidos

En conclusión, no votes a los dos grandes partidos. A esos que acumulan casos de corrupción. Los mismos que están acabando con nuestro estado de bienestar mientras se venden a los grandes bancos y al sistema financiero. Porque los Estados los dirigen los ciudadanos, no los poderosos. El próximo domingo, muchos trabajadores, obreros, “clase media”... votarán al mismo partido que los banqueros. ¿De verdad os sentís como ellos? Ellos serán quienes acierten con su voto. No suelen equivocarse nunca. 


Fuente: Capítulo de Ignacio Escolar en Reacciona y #nolesvotes

13 de noviembre de 2011

El fin de la democracia: llegan los tecnócratas

Hace unos días, las presiones internacionales obligaron a dimitir a Berlusconi y Papandreu. En su lugar, se han formado dos “gobiernos tecnócratas”, encabezados por dos personajes llamados Monti y Papademos. ¿Sabéis quiénes son?

Algo está ocurriendo en Europa. Una crisis que va más allá de la económica: una crisis de soberanía. Una trama profunda, oculta, que se puede intentar explicar de muchos modos, pero que no es prudente dejar que se disuelva mientras la atención general se concentra en los personajes equivocados.

Los intereses de los mercados financieros, con los que nos machacan día tras día, no son más que la punta de un gran iceberg. Los medios de comunicación nos explican que estamos siendo controlados por un trío de hierro compuesto por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Y se nos dice que, por nuestro propio bien, tenemos que realizar una serie de reformas indispensables. Además, la falta de credibilidad que emerge de los países europeos ha llevado a que dos gobiernos cedieran su soberanía en apenas unos días. Papandreu y Berlusconi han dimitido cuando eso era lo único que no rondaba sus ajetreadas cabezas.

¿Por qué? Porque en Europa hemos empezado a creernos ese increíble principio que dice que la política no es capaz de llevar a cabo las tan impopulares medidas que se reclama el trío de hierro por miedo a perder el consenso electoral, por lo cual sería necesario confiar estas reformas a un gobierno alternativo, el así llamado gobierno técnico, preferiblemente bajo la dirección de un podestá extranjero.  

Papandreu
¿Qué significa esto? En Italia o Grecia, los representantes del pueblo, democráticamente elegidos, no están en grado de introducir las medidas impuestas porque los ciudadanos las rechazan, es decir, porque no representan la expresión de la voluntad popular. Sin embargo, se nos ha hecho creer que, a pesar del rechazo frontal de la ciudadanía, hay medidas que se tienen que aplicar cueste lo que cueste, a pesar de la voluntad popular. En otras palabras, mantienen que si la clase política no está en grado de hacerse cargo de estas impopulares medidas, deberá ser otro quien lo haga. Una voluntad invisible que toma las decisiones pasando por encima de la democracia existente. Una especie de oligarquía en la sombra o, mejor dicho, una sinarquía.

Cuando Grecia, no hace muchos días, tentó a su suerte anunciando un referéndum sobre las medidas de austeridad impuestas, el sistema bancario internacional reaccionó amenazando al país con no condonar el 50% de su deuda. Tras esta decisión, Papandreu fue convocado a una reunión preliminar del G-20, donde fue obligado a retirar la propuesta de referendo.

En esa misma reunión, también estaba presente Silvio Berlusconi, presidente del Consejo italiano. Después de estas premisas, es, cuanto menos intrigante, que ambos gobiernos cayeran apenas unos días después de esta reunión urgente. Todavía más preocupante si se toman en consideración los puntos en común de las alternativas ofrecidas para reemplazar a ambos ejecutivos: dos gobiernos técnicos guiados por hombres externos al mecanismo del consenso popular, es decir, dos podestá extranjeros, de los que hablaré más adelante.

Las amenazas de Merkel y Sarkozy

Después de que Papandreu anunciara su deseo de convocar un referéndum para que el pueblo griego decidiera sobre las medidas a tomar, Angela Merkel, presidenta de Alemania, y Nicolas Sarkozy, primer ministro francés, desenterraron viejos y preocupantes fantasmas olvidados.

Merkel y Sarkozy
Ante la grave situación que vive el euro, Merkel no se mordió la lengua: “Si cae el euro, Europa cae. Y si Europa cae, nadie podrá garantizar otros cincuenta años de paz”. Sarkozy tampoco se quedó corto. Reconoció que la entrada de Grecia en el euro fue un error, y amenazó diciendo que quien asuma la responsabilidad de hacer caer el euro, asumirá la responsabilidad de volver a encender la llama de los conflictos en Europa.

Estas fuertes presiones son las que culminan con la dimisión de ambos gobiernos. Dos gobiernos que, como decía, no tenían intención alguna de dimitir. De hecho, Papandreu había convocado un reférendum, claro ejemplo de que la dimisión no pasaba por su cabeza. Asimismo, Berlusconi había declarado en más de una ocasión que su objetivo era seguir al frente de Italia hasta 2013 o, al menos, la primavera de 2012.

En conclusión, se les obliga a dimitir y, en su lugar, se coloca a dos gobiernos técnicos con líderes decididos de antemano. El de Grecia se llama Lucas Demetrios Papademos y el de Italia, Mario Monti.

Pero, ¿quién son estos señores?

Mario Monti
Ambos tienen una formación consolidada en el extranjero, concretamente, en Estados Unidos. Mario Monti se licenció en la Universidad de Bolonia, pero se especializó en la Universidad de Yale. Por su parte, Papademos se licenció en Física e Ingeniería en el Messachussetts Institute of Technology, donde obtuvo también un máster en Economía. Tras esto, enseñó en la Universidad de Columbia de 1975 a 1984, donde coincide  con el señor Zbigniew Brzezinski.

De origen polaco, politólogo y geoestratega, Brzezinski ocupó poco después de aquel primer encuentro con Papademos un puesto extremadamente importante en el gobierno de Jimmy Carter: de 1977 a 1981 estuvo en el Consejo de Seguridad Nacional americano, influyendo con sus análisis estratégicos en las relaciones que los Estados Unidos tendrían en todos los procesos de transformación política más delicados de nuestra historia reciente, desde la invasión soviética de Afganistán a la guerra fría, pasando por la conversión de Irán de aliado de los Estados Unidos a enemigo jurado. No olvidéis este nombre: Brzezinski, porque pronto volveré a él.

Mientras tanto, las carreras de Monti y Papademos siguieron por buen camino. El primero se convierte en rector y, más tarde, en presidente de la Universidad Bocconi de Milán. Asimismo, desde 2005 es International Advisor (consejero internacional) para Goldman Sachs, uno de los grupos de inversión más grandes del mundo y presidente del think tank Bruegel, financiado por 16 estados y 28 multinacionales con el fin de influenciar desde el ámbito privado en las políticas económicas comunitarias. Además, en 2010, Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, le encarga un libro blanco sobre el futuro del mercado único.

Papademos
Por otro lado, el griego, en 1980 se convierte en economista sénior del Banco de la Reserva Federal de Boston (Federal Reserve Bank) y más tarde del Banco de Grecia, del cual asume el cargo de Gobernador. Después, fue nombrado vicepresidente del Banco Central Europeo, por lo que fue el propio Papademos el encargado de dirigir desde Atenas la transición del dracma al euro. Curioso que, tras haberse demostrado que Grecia falseó cifras para poder acceder a la moneda única, sea Papademos la persona más acertada para remediar los daños que, según parece, él mismo contribuyó a producir.

Pero es aquí donde entra en juego Zbiegniew Brzezinski. Este polaco fue la persona elegida por el prestigioso banquero estadounidense David Rockefeller en 1973 para crear y desarrollar un nuevo grupo de trabajo: la Comisión Trilateral. Esta comisión nace con la intención declarada de desarrollar las relaciones entre Estados Unidos, Europa y Japón. Es una organización privada, apolítica, donde sustancialmente se discuten las mejores políticas para facilitar las relaciones de interdependencia recíproca, culturales y, por qué no, de negocios. Un lugar de encuentro donde los más fuertes puedan discutir de aquello que es beneficioso para el mundo sin perderse en la lentitud impuesta por los parlamentos y por las burocracias diplomáticas. Un club. Un club con tres cargos fundamentales que representan a Norteamérica, Japón y Europa, esta última, casualmente, representada por el propio Mario Monti.

Zbiegniew Brzezinski
Pero, ¿y el griego? Resulta ciertamente significativo que entre los miembros de la Comisión Trilateral figure también desde 1998 Lucas Papademos, en virtud de las relaciones que desarrolló con Brzezinski en los años en que enseñaban en la Columbia University.

Ciertamente, si la idea que la Comisión Trilateral tiene de la democracia deriva de aquella de sus fundadores, tenemos que empezar a preocuparnos. En el St. Petersburg Times del 2 de agosto de 1974, Brzezinski publica las conclusiones de un informe titulado de forma muy explicativa: “The crisis of de democracy” (La crisis de la democracia). El informe evidencia como en los Estados Unidos, la eficiencia de la Casa Blanca fue invalidada por un exceso de democracia y como, desde los años 60, los gobiernos de la Europa del este fueron literalmente derrotados por la excesiva participación ciudadana y por las múltiples peticiones que la farragosa burocracia no era capaz de digerir, dotando de total ingobernabilidad a los sistemas políticos.

Parece que muchos de los miembros de la Comisión Trilateral, que tenían  un papel relevante en la administración Carter, fueron altamente influenciados por el informe de Brzezinski.

Conclusiones

Por tanto, tenemos dos gobiernos que están cediendo simultáneamente su soberanía ante las presiones internacionales. Y tenemos dos podestá extranjeros, estrechamente ligados al mundo de las finanzas, de los mercados, de la banca y, asimismo, miembros de la opaca Comisión Trilateral de Rockefeller. Ambos, en primera línea para sustituir a los dos gobiernos democráticamente elegidos para tomar decisiones claramente impopulares. Es decir, por definición, contrarias a la voluntad popular.

Pero, como si esta hemorragia de representación democrática no fuera suficiente, otro grupo de trabajo supranacional fundado sobre el secreto de sus propias resoluciones, el  hermético y privilegiado grupo Bilderberg, en su última reunión exclusiva celebrada en junio de este año en St. Moritz acogió entre sus invitados al mismísimo Mario Monti.  Pero no fue el único, pues también participaron en esta reunión secreta y casi ilegal, donde no se admite a la prensa y solo se puede acceder con exclusiva invitación, Joaquín Almunia, vicepresidente de la Comisión Europea; Juan Luis Cebrián, CEO de PRISA; María Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular; Bernardino León, secretario general de la Presidencia del Gobierno; Doña Sofía, Reina de España y Juan María Nin, presidente y CEO de La Caixa, entre otro centenar de personalidades procedentes principalmente de Estados Unidos y Europa.

De lo que se habla en esas reuniones, no sabemos nada. No hay democracia sin transparencia. Lo que actualmente existe y, sobre todo, lo que se ha impuesto a Italia y Grecia, es de todo menos democracia. La supresión de nuestro derecho de representación ha sucumbido ante la toma de decisiones a puerta cerrada, en sedes donde se tutelan intereses privados, donde una élite restringida decide la suerte de pueblos enteros sin que a éstos se les garantice una clara percepción de las cosas.

La soberanía popular ha muerto. En este momento es un concepto quimérico que está cediendo el paso a una sinarquía de hecho, es decir, a un gobierno sombra, que, aunque en términos de real politik siempre ha existido, se está convirtiendo en dominante hasta el punto de que sus efectos empiezan a ser más que evidentes.



Del blog de Claudio Messora

11 de noviembre de 2011

La guerra de Libia: Todo lo que no nos contaron

El apoyo a Gadafi fue masivo, aunque los medios de comunicación occidentales lo ocultaron desde el primer momento

Desgranar en un artículo todos los intereses que ha llevado a Occidente a invadir y destrozar el gobierno de Muammar Gadafi en Libia podría ser tedioso e incluso inviable. Hacer un juicio de valor sobre la figura del mandatario libio resultaría excesivo. Cada uno que lo juzgue como desee, ya que ni siquiera ha tenido ese derecho, puesto que lo asesinaron a quemarropa y sin opción a defenderse.

Sin embargo, hay muchos puntos negros en esta guerra. Tantos que, después de asimilar toda la información, me pregunto: ¿Quién es el “malo”: Gadafi o la OTAN? Los ciudadanos de Occidente parece que hemos interiorizado, gracias a los manipulados medios de comunicación, que siempre somos los buenos y salvamos al mundo de los malos. EEUU y Europa son como el Supermán del siglo XXI. Ayudamos a los más débiles para salvarlos de las tiranías que los oprimen. Así fue en Afganistán (¡hay que acabar con la amenaza de los talibanes!), en Irak (¡hemos de fulminar a Sadam Hussein porque quiere destruir el mundo!) y ahora en Libia (Gadafi está asesinando a su pueblo, ¡salvemos a los pobres libios!). ¿Vosotros os lo creéis? Yo no. Si Occidente fuera una especie de Madre Teresa de Calcuta salvadora de pueblos habría actuado en Somalia, en Siria, en Yemen o hasta en Birmania, donde han muerto más de 150.000 personas en una guerra fratricida que empezó en 1948. ¿Entonces?

Como imaginaréis, los intereses políticos, principalmente estratégicos, y energéticos (petróleo, gas) están  detrás del  papel protagonista de Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña en la operación militar en Libia.  El 2 de marzo de 2011, con la revuelta en Libia ya iniciada, la OTAN manifestó no estar dispuesta a intervenir en el país africano. Casualmente, una semana después, el ejército de Gadafi bombardea algunos enclaves petrolíferos del país alegando que los rebeldes estaban apoyados por Occidente con el único objetivo de controlar las fuentes energéticas del país. Una semana más tarde, Estados Unidos y la OTAN cambiaban su visión del conflicto y decidían intervenir. ¿Casualidad?

No, porque como comentaba antes, no es la primera vez que potencias occidentales atacan regiones en crisis por meros intereses económicos y geopolíticos, eso sí, ocultándolo siempre bajo un velo humanitario. Los bombardeos de la OTAN en 1994 y 1995 sobre tierra serbobosnia o contra Yugoslavia en 1999 son clara muestra de ello. Y cómo no, las acciones bélicas en Afganistán e Irak que, al igual que ha ocurrido en Libia, se enmarcan dentro de unos “nobles” motivos. Pues, ¿saben qué? Todo mentira. Por poner solo un ejemplo, los bombardeos de la OTAN en Yugoslavia fueron los que ocasionaron la verdadera catástrofe humanitaria, expresada en el éxodo de un millón de refugiados a países vecinos y de la destrucción de infraestructuras.

Hace unos días, vi en un canal británico una entrevista a una periodista inglesa que había estado cubriendo la guerra de Libia. Como bien dice, esta guerra ha sido una guerra a África. La OTAN ha atacado a multitud de civiles, civiles que se ofrecieron a defender su país cuando el imperialismo norteamericano decidió ampliar sus fronteras. Más de 100.000 libios, hombres y mujeres, lucharon para defender su capital.

Pero, como suele ocurrir, quien paga, manda. Así que, por enésima vez, los medios de comunicación manipularon según los parámetros marcados desde arriba. Todos dijeron que Gadafi asesinó a más de 600 personas en Bengasi, la capital de los rebeldes, pero nunca nos mostraron ni una sola imagen donde se corroborara. Repitieron hasta la saciedad que el gobierno libio estaba atacando a su propio pueblo desde el aire, pero tampoco lo demostraron. También nos contaron que Gadafi había contratado a mercenarios de otras partes de África, basándose solo en supuestas opiniones de testigos aparecidas en medios sin apenas reputación como el diario sueco Expresen. En cambio, sí que pudimos ver vídeos de libios negros y otros africanos negros siendo linchados en plazas públicas por rebeldes bajo la atenta mirada de tropas de la OTAN. Los rebeldes defendían una “limpieza étnica” de Libia, matando a los inmigrantes negros, simplemente por el color de su piel. Ninguna gran televisión se hizo eco de esto, y en Youtube solo es posible encontrar imágenes grabadas por vídeoaficionados:




(En este enlace tenéis otro ejemplo) Y, ¿se quejo alguien? Nadie.

Nos decían repetidamente que Gadafi era odiado por su pueblo, sin embargo, estos mismos medios nunca nos enseñaron a los casi dos millones de personas (1.700.000 personas, 95% de las censadas en la capital) que en un país de apenas seis millones ocupó el 1 de julio la Plaza Verde de Trípoli para apoyar a su mandatario. Tampoco nos mostraron a las miles de personas que salieron en Bani Walid, Sirte, Tarhuna o Sabha. Todos a una con Gadafi y con la Yamahiriya (“estado del pueblo”, nombre que recibía Libia hasta la caída de Trípoli y Sirte). Multitudes en apoyo a Gadafi que se repitieron a finales de julio y septiembre sin que resultaran interesantes para los medios occidentales.




Nunca nos mostraron a los miles de ciudadanos que se prestaron a defender a sus familias, a sus vecinos y a su país de las tropas que deseaban condenarlos a la esclavitud del Imperialismo. No cuentan tampoco que, aunque el 20 de agosto Trípoli cayó sin resistencia alguna, horas después, durante la noche, la OTAN masacró a más de 1.300 personas e hirió a otras 900.



Y a pesar de que Trípoli cayó sin resistencia armada, tampoco nos enseñaron las miles de personas que, a pesar del miedo, salieron a las calles de la ciudad el 22 de agosto ondeando banderas en apoyo a Gadafi.



Unas calles, que horas después, fueron bombardeadas por las tropas de la OTAN hasta en 63 ocasiones.



Tampoco nos contaron cómo acudía gente desde todo el país para defender la capital de los ataques de la OTAN ni como fueron atacados con misiles y helicópteros apache. Ni nos mostraron a los vecinos del distrito más pobre de Trípoli, Abu Salim, que durante cinco días resistieron al ataque de la OTAN. Finalmente, el ejército occidental decidió atacar a todo lo que se movía en ese barrio y montañas de cuerpos yacieron en sus calles. El vídeo es bastante duro, pero creo que necesario.



Y aunque el país parecía “liberado” de las garras del “tirano”, algunas ciudades como Beni Walid se mantenían fieles a Gadafi. Tanto que la OTAN decidió el 18 de octubre contraatacar de la forma más salvaje conocida: lanzando bombas de fósforo blanco sobre la ciudad. Unas armas químicas prohibidas por los convenios internacionales, que mata a todas las personas en un radio de 150 metros y deja graves secuelas en los supervivientes. Estas bombas queman los cuerpos y los disuelven hasta el hueso, dejando intacta la ropa. Y aquí van las pruebas aunque, como en el anterior, la dureza del vídeo ha llevado a Youtube a permitir su visión solo a usuarios registrados.


Pinche aquí para verlo


En este que os dejo se ve el lanzamiento de esas bombas.




Es decir, la resistencia nacional popular libia fue tan fuerte, a pesar de lo que nos quisieron contar, que la OTAN tuvo que recurrir a este armamento prohibido para poder concluir su plan de conquista e invasión. Dos días después, el 20 de octubre, Gadafi fue asesinado en Sirte, su ciudad natal y la otra que se mantenía firme, por tropas rebeldes.

El giro de Al-Jazeera

También sorprende el giro de la televisión Al-Jazeera, que pasó de ser una voz crítica con las guerras del Imperialismo en Irak, Afganistán o Palestina, a ser un facilitador abierto de la misma agresión contra Libia o Siria. Sin duda un grandísimo truco de propaganda. Este apoyo a los rebeldes fue un paso importante para conseguir que todos los círculos progresistas de Occidente se unieran en la criminalización de Gadafi, cuando por el contrario, estos mismos círculos deberían haber defendido la Yamahiriya libia y aprendido de ella.

¿Por qué ese cambio? Porque ya no se pueden esconder. Ahora todas las cartas están ya sobre la mesa. El director general de Al-Jazeera, Wadah Khanfar, dimitió después de que los cables de Wikileaks revelaran que mientras estuvo al frente de este medio solo siguió mandatos de la CIA. Tras su dimisión, fue reemplazado por un miembro de la familia real qatarí, familia que mantiene relaciones de amistad con el gobierno estadounidense. De hecho, Estados Unidos tiene en Qatar su mayor base militar de Oriente Medio.

Pero a pesar de que estaba claro el papel de Al-Jazeera en esta guerra, nadie criticó sus acciones y siguió tocando la fibra sensible de las audiencias occidentales con sus historias sobre la tragedia que vive el hemisferio sur por no “disfrutar” de las democracias de Occidente.

En definitiva, nos vendieron a Muammar Gadafi, como ese líder “odiado” por su pueblo. Por un pueblo que rogó ayuda a la OTAN... Cuando en verdad, gran parte del pueblo libio apoyaba a su mandatario y dieron su vida por él. Fueron tantas las pruebas en contra de la OTAN que hasta medios conservadores ingleses como el Telegraph tuvieron que sacar algunas a la luz. De hecho, este periódico publicó informes que mostraban que los rebeldes carecían del apoyo popular del que disfrutaba Gadafi.

Libia con Gadafi

“Vivíamos en democracia con Gadafi. No era un dictador. Las mujeres libias teníamos todos los derechos. No es que necesitemos a Muammar Gadafi de nuevo, solo queremos vivir como vivíamos antes”. Estas palabras pertenecen a Susan Fardan, una libia de Sirte. Y en verdad, no le falta razón. Con Gadafi, Libia se había convertido en uno de los países más fuertes de África, con una renta per cápita de 13.846 euros, (puesto 54 de 170) superando a países europeos como Rumanía, Bulgaria o a otros tan importantes como Brasil, China o Egipto.

En 1951 Libia era uno de los países más pobres del mundo. En 2011, justo antes de la invasión de la OTAN, los libios disfrutaban de la Renta per Cápita, el Índice de Desarrollo Humano y el nivel de vida más alto de África, más alto que el de Rusia o Arábia Saudí. Gadafi consideró la vivienda como un derecho humano (no como en España). Cada nuevo matrimonio recibe 50.000 dólares para la compra de una vivienda y la electricidad es gratis para todos, nacionales o extranjeros. Asimismo, se comprometió a dar una casa a todos los libios antes de que sus padres murieran. Es más, afirmó que sus padres serían los últimos en recibirla. Tan fielmente cumplió su palabra, que su padre murió apenas unos días antes de poder ser alojado en la vivienda que se le había asignado.

Antes de Gadafi la alfabetización en Libia era del 20% de la población, ahora, según datos de la ONU, es del 83%, todo gracias al sistema de enseñanza pública y gratuita que instauró, tanto elemental como universitaria. La Sanidad también era pública, gratuita, universal y de gran calidad. Además, si algún libio no puede encontrar la educación o sanidad que necesita en Libia, el Estado sufraga todos los gastos para que los obtenga en el extranjero independientemente de su situación económica. El 98% de la población accede a agua potable en sus viviendas.


El gobierno sufragaba el 50% de la compra de un coche a todo libio sin excepción. El precio de la gasolina estaba fijado en 0,14 dólares por litro en todo el país. Si un ciudadano solicitaba convertirse en agricultor, el gobierno le entregaba gratuitamente tierras, casa, equipamiento y semillas.
Asimismo, el Banco Central de Libia era propiedad del Estado. Por tanto, todos los créditos se concedían sin ningún tipo de interés. Y los beneficios bancarios, que no caen en manos privadas, eran los que se reinvertían en todas estas ayudas a la sociedad.
La esperanza de vida en Libia era de 77 años, la más alta de África. La Constitución reconocía total igualdad entre hombres y mujeres, y aunque los valores tradicionales persistían sobre todo en las zonas rurales, a nivel legal no había diferencias entre hombres y mujeres.  La poligamia era frontalmente rechazada por gran parte de la sociedad y los niveles educativos entre hombres y mujeres se habían reducido hasta casi igualarse.

En definitiva, Libia consiguió con Gadafi tener los niveles de vida más altos de África, un alto grado de alfabetización, asistencia sanitaria universal, educación gratuita universitaria y un alto estatus para las mujeres en la sociedad y el mayor grado de igualdad para la gran población negra de todo el norte de África y Oriente Medio.

¿Qué viene ahora?

A medida que Libia se encamina hacia las elecciones, empezamos a comprender lo que está por llegar. Los rebeldes ya se han pronunciado, y la Sharia (Ley Islámica) será el nuevo código que dirija el país. Esto supone una directriz mucho más conservadora y una limitación de los derechos de las mujeres. De hecho, el mismo día que fue proclamada la liberación del país, el líder provisional, Mustafa Abdul Jibril, dijo que en una nueva Libia quería que los hombres “fueran autorizados a tener cuatro esposas, sin tener que pedirle permiso a ninguna otra”. Además, añadió que cualquier ley que contradiga los principios del islam “será nula a todos los efectos”.

Resulta paradójico que la única intervención de la OTAN en la llamada “Primavera Árabe” haya sido en Libia, el único país de toda la región donde los rebeldes no buscaban una mejora de sus derechos ni mayores libertades (así ocurrió en Túnez o en Egipto), sino que luchaban, casi sin apoyo ciudadano, por instaurar un sistema más represivo y conservador.

Parece que la guerra colonial ha empezado. Hay que conseguir el resurgimiento de un golpeado sistema capitalista. Probablemente, Venezuela sea el próximo objetivo, y en ausencia de medios de comunicación antiimperialistas eficaces que puedan plantar cara a esta guerra sin precedentes, somos las personas quienes debemos alzar la voz y defender la soberanía de los estados del sur. De lo contrario, la mano de hierro norteamericana, paradójicamente dirigida por un premio Nobel de la Paz, irá acabando uno a uno con todos ellos en su afán por controlar todas las fuentes energéticas que se reparten por el mundo.

3 de noviembre de 2011

Internet y la comunicación no verbal


El investigador Albert Mehrabian, profesor emérito de la Universidad de California, descompuso en porcentajes el impacto de un mensaje, llegando a la conclusión de que se podría llegar hasta este extremo: 7% verbal, 38% vocal (entonación, tono, matices y otras características) y 55%  de el lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de las manos y los ojos...). El componente verbal se utiliza para comunicar información y el no verbal para comunicar estados y actitudes personales. Mehrabian afirma asimismo que en una conversación cara a cara normal el componente verbal es un 35%, mientras que más del 65% es comunicación no verbal.

Tras analizar estos datos, entenderéis mi preocupación hacia los chats que, a mi modo de ver, tienen más aspectos negativos que positivos. Hoy he decidido darles un descanso (Facebook y Messenger, principalmente, así como Wassap, una de las últimas modas de los smartphone). Tras mi decisión que, como muchas veces ha sido unilateral y sin reflexión, he publicado este debate en mi muro de Facebook y en mi perfil de Twitter. Y pronto ha llegado la “anhelada” interacción. Y digo anhelada porque ese es otro aspecto intrínseco al ser humano que se ha desarrollado exponencialmente con el uso de la Web 2.0. Seguro que a muchos de vosotros os molesta publicar algo que os parece realmente interesante en vuestro muro y que pase desapercibido por vuestros “amigos”. Ni un me gusta, ni un comentario. Necesitamos ese mínimo reconocimiento. Pero bueno, ese es otro tema sobre el que alguna vez volveré.

Volviendo a lo nuestro. Tras el debate surgido, me saltan muchas dudas. ¿Habré hecho bien “apagando” temporalmente mis diversos chats? Para aclararme he decidido escribir este post donde voy a intentar explicar los motivos por los que voy a descansar de esta cómoda, gratuita y directa forma de comunicación que, a veces, tan poco me satisface.

Cuando en 2003 fui a estudiar a Madrid, ni existía Facebook ni Tuenti y Messenger no era más que un programa rudimentario con tres años de vida y sin apenas funcionalidad. Además, por aquellos años, Internet era todavía un lujo del que muchas casas no podían hacer uso. Hablar con mis amigos se convirtió en algo costoso porque no podíamos pagar altas facturas de móvil ni teníamos opción gratuita para contarnos qué tal nos iba todo. Todavía recuerdo como los viernes avisaba a algunos de ellos vía sms para, a una hora concreta, hacer una quedada en casa “del amigo con Internet” para hacer conversaciones conjuntas vía Messenger, mientras yo me conectaba desde el locutorio que había dos calles más abajo de mi casa. Una hora, un euro.

Y ahí se acababa todo. En una hora cronometrada de conexión los tres o cuatro que nos juntábamos escribíamos lo más rápido que podíamos para contarnos todo lo que nos había pasado en la semana o dos semanas sin noticias. En aquellos momentos, los viajes a Yecla se convertían en una macrofiesta donde todos los que estábamos fuera quedábamos con el resto para organizar noches memorables.

Con el paso de los años, Internet llegó a mi casa. Al principio, no usaba el ordenador más que un par de horas al día, principalmente para hacer uso del Messenger. Pero claro, como mis amigos seguían sin disponer de internet, mi apartado de “conectados” se reducía al mínimo.

Ha llovido mucho desde entonces. Hoy, por motivos de trabajo, vivo pegado a un ordenador. Hasta hace unos meses vivía tan atado al correo electrónico que tuve que comprarme un Smartphone para poder salir de casa con libertad, pues muchas veces no podía hacerlo por tener que esperar un mail importante. Pero hoy, todavía se ha rizado más el rizo. Hasta hace apenas un año, las redes sociales no eran para mí más que una válvula de escape entre tanto mail, llamada, nota de prensa y dossier. Sin embargo, actualmente también se han convertido en parte de mi trabajo (administro cinco páginas de Facebook, tres perfiles de Twitter y una página de Tuenti, además de las mías propias).

¿Qué quiere esto decir? Que lo que antes era una válvula de escape donde pasaba una hora de mi larga jornada frente al ordenador, ahora se ha convertido en una serie de páginas que han de permanecer obligatoriamente abiertas en la barra de tareas. Y ahí ha surgido el problema. Los chats están abiertos y la interactividad ha pasado de ser diaria a ser casi de minuto a minuto.

¿Qué ha ocurrido? Creo que he dejado de echar de menos a la gente y viceversa. ¿Por qué? Porque si hablo con alguien diariamente, no tengo nada nuevo que contar. Estamos enterados de todo el uno del otro y ni siquiera fluyen las palabras. Además, cuando hablas con algún amigo a menudo por las redes sociales te encuentras, como comentaba en Facebook, con el problema de la carencia de comunicación no verbal. Es decir, y volviendo a la división de Albert Mehrabian, se pierde gran parte del sentido del mensaje.

Anteriormente, esto no ocurría tan frecuentemente porque si llevabas sin hablar con alguien durante dos semanas, cuando te conectabas a Internet pasabas la mayor parte del tiempo aportando información, sin más. En cambio, ahora, al pasar más tiempo interconectados, se llevan a la vida virtual conversaciones propias de la vida “real”, es decir, del face to face. Conversaciones e ideas que pueden llevar a malentendidos impensables en el cara a cara, pero que en un chat surgen por esa pérdida de comunicación no verbal. Es difícil saber lo que la persona al otro lado quiere realmente decir al perder el 65% del lenguaje, es decir, el que emana de los gestos, la entonación o el tono. Por eso, el uso frecuente e ininterrumpido de los chats me asusta, porque provoca tontos malentendidos que después son difícilmente superables.

Asimismo, en el Facebook ha surgido el tema de los emoticonos como sustitutivos de esta comunicación no verbal. Es un paso, pero sinceramente, creo que muy limitado para poder completar un mensaje de pleno significado.

Además, como comentaba antes, esta macro-interconectividad me está llevando a saber tanto de mis amigos, que no es que no me apetezca verlos, decir eso sería tergiversar la realidad, sino que no tienen nada nuevo que contarme. En cambio, no me importaría echarme una birra con amigos que quizá no lo son tanto por el mero hecho de que al no hablar con ellos tan asiduamente por los chats, el desconocimiento mutuo es mayor.

Así que, tras este breve análisis, me quedo con usar el chat solo esporádicamente para preguntar “qué tal” y poco más. Si lo sigo usando para complementar mis relaciones interpersonales creo que voy a salir mal parado. A partir de ahora, me abro a Skype que, al menos, solo te hace perder parte de la comunicación no verbal.

Porque, como dice mi sabio amigo Juan Martínez, no hay que olvidar que por Facebook no se habla, solo se escribe. ¿Quieres que hablemos? Descuelga el auricular o prepara las cervezas.

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