“Voy a
hablar sin corsé, te voy a contar las cosas como las pienso y las veo”. Marcos
Ortuño Soto (Yecla, 1973) es alcalde de Yecla desde hace doce meses. Mi
solicitud de entrevista a través de Twitter (se considera “fanático” de las
redes sociales) pasó desapercibida en un primer momento. Cuando reiteré mi
petición, aceptaó tras reconocer que pensaba que era una broma. Lleguo a su
despacho un cuarto de hora antes de la cita acordaba. Mientras espero, intento
ojear la prensa, pero me centro solo en La
Verdad, pues junto a ella descansa el único diario nacional que se ofrece
al visitante: La Razón. Que cada cual
saque sus conclusiones. Puntual a la cita llega el otro hombre fuerte del
partido, José Jaime García Aguilar, secretario general de la agrupación
popular. Me entero entonces de que también va a participar en el encuentro.
Diez minutos después, excusándose por el retraso, llega Marcos Ortuño. Es la primera
vez que voy a entrevistarle y ambos coincidimos en que queremos un primer round
distendido y coloquial.
Se
siente cómodo en la distancia corta. Es seguro en las entrevistas. Ha dado
docenas en los diferentes cargos que ha ocupado a lo largo de su vida política.
Mira a los ojos cuando responde, entrelaza las manos apoyando los codos en la
mesa y mantiene la espalda recta. A veces titubea cuando le llegan preguntas a
bocajarro, pero casi siempre consigue salir bien airado. A veces marea y alarga
las respuestas. Y pocas veces levanta la voz. Pero sí algunas. Pese a su
juventud es un político veterano y sabe perfectamente medir la distancia y los
tiempos. Aunque también es cierto que cuando la entrevista sobrepasó los
sesenta minutos, la fatiga se vislumbraba en su cara. Imagino que algo parecido
se percibía en la mía. Tras hora y veintitrés minutos decidimos cerrar. Un
largo, larguísimo encuentro, que dio para mucho y donde hablamos casi de todo.
Lo desgrano por partes.







