17 de octubre de 2014

Felipe González, el socialista aupado por Carrero Blanco y la CIA

Esta semana se cumplen 40 años del Congreso de Suresnes, aquel que acabó con los principios marxistas del PSOE y lo abrazó a la socialdemocracia capitalista impuesta por EEUU y Alemania



Hace una semana, asistí al Teatro del Barrio para ver “Autorretrato de un joven capitalista español”, del actor y director Alberto San Juan. En este intenso monólogo de hora y media, San Juan habla de su vida para hablar de la historia negra de nuestro país desde su nacimiento en 1968 hasta hoy. “Tengo mi dinero en uno de los bancos más importantes de este país, que es un banco que especula con alimentos. Entre otras actividades. Hace unas semanas estuvimos cenando juntos un grupo de amigos y pasamos la velada hablando de las injusticias que están ocurriendo. Cuando trajeron la cuenta, cada uno sacó su tarjeta de algunos de los bancos más importantes de este país, que son bancos que especulan con alimentos, echan a la gente de sus casas o comercian con armas prohibidas. (…) Sé que vivo en una sociedad injusta hasta la crueldad. Y quiero que cambie. Pero no sé si estoy dispuesto a arriesgarme a perder en el intento todo lo que tengo. Quiero conservar mi fama, mi cotización comercial, mis propiedades. Estoy hablando en serio. Soy un joven capitalista español”.
Con este prometedor arranque comienza el monólogo de San Juan que tiene bastantes momentos álgidos, casi todos conocidos por quienes intentamos leer un poco más allá de laHistoria Oficial, pero algunos realmente tan sorprendentes que podrían parecer conspirativos. Especial interés despertó en mí el pasaje que relataba la refundación del PSOE en aquel Congreso de Suresnes que proclamó a Felipe González como secretario general de la formación en 1974 y que marcaría el fin de su ideología marxista-leninista para abrazar los principios de la socialdemocracia capitalista.
Explicaba San Juan que en 1973, un año antes de llegar a Suresnes, el entonces desconocido Felipe González se reunió con José Folguera, uno de los líderes de la clandestinaOrganización Revolucionaria de Trabajadores (ORT). En aquel encuentro, explica San Juan que González aseguró a Folguera que el programa electoral del futuro PSOE tendría varias líneas ineludibles: nacionalización de toda la banca, nacionalización de las grandes empresas (agua, luz, combustibles…), juicio a los dirigentes franquistas y vaciar las cunetas de republicanos asesinados y recompensar a sus familiares, entre otras medidas casi revolucionarias para aquellos años en los que el Caudillo expiraba sus últimos alientos. Cuenta San Juan que Folguera se sorprendió tanto que no le quedó más remedio que preguntar a ese joven y desconocido andaluz: “¿De verdad que el PSOE va a hacer todo eso?”. A lo que el otro, orgulloso, contestó:“Sí, porque estás hablando con su futuro secretario general”.
Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros. Parece que en Suresnes, Felipe González aplicó la máxima de Groucho Marx sin apenas despeinarse. Entre los viejos dirigentes de la ORT parece que todavía se habla de aquel “antiguo Felipe”. Pero, ¿qué motivó a que el PSOE no solo se apartara de aquellos dignos principios sino que rompiera con ellos sin ningún tipo de escrúpulos?
El periodista Alfredo Grimaldos, además de ser un magnífico crítico flamenco, es también un gran investigador. Y en su libro “Las claves de la Transición (para adultos)”, explica el por qué de este importante viraje. Parece que San Juan revive parte de este emocionante relato en su monólogo.
“No es verdad todo lo que se ha dicho de la Transición. Como eso de que el rey fue el motor. Ni Suárez ni él fueron motores de nada, solo piezas importantes de un plan concebido al otro lado del Atlántico. Todo estuvo diseñado por la Secretaría de Estado y la CIA”. Este testimonio, recogido en el libro, pertenece a Manuel Fernández Monzón, que fue portavoz del ministerio de Defensa y uno de los generales más conocidos de la transición. Cuenta este oficial retirado que el SECED (los Servicios Secretos de Carrero Blanco –hoy conocido como CNI-), coordinados por la CIA, dieron los pasaportes oportunos a Felipe González, Alfonso Guerra, Manuel Chaves y compañía para cruzar la frontera e, incluso, escoltaron a los jóvenes socialistas hasta Suresnes.
Fernández Monzón era entonces capitán de estos Servicios Secretos: “El SECED expide los pasaportes que permiten a Felipe González y a los suyos viajar a Francia y escolta al emergente político sevillano hasta Suresnes. En un restaurante de la calle madrileña de Santa Engracia hablamos con Felipe González, en presencia de Enrique Múgica, para garantizarle su viaje a la ciudad francesa. Otros compañeros se entrevistaron con Nicolás Redondo que entendió enseguida que debía ceder el puesto a un secretario general más joven y con otras características”, asegura.
Felipe y Guerra puño en alto
Parece ser que un tal José Faura, entonces oficial del SECED franquista, tuvo un destacado papel en aquellos acontecimientos. “Parece que contaba los chistes más graciosos”, bromea Alberto San Juan en su obra. Fuere por lo que fuere, el tal Faura llegó a general y fue Jefe del Estado Mayor del Ejército veinte años después con Felipe González como presidente del gobierno. Y se mantuvo en el cargo hasta 1998, siendo el general que ha mandado durante más tiempo al Ejército español desde la muerte de Franco. ¿Casualidad?
El por qué de este apoyo claro del Franquismo y de EEUU a la refundación del Partido Socialista es fácil de entender. En los años 70’, con el Mayo del 68′ en la retina y la Guerra Fría en pleno retroceso, era comprensible que la CIA sospechara que tras la muerte de Franco, España –asfixiada tras 40 años de dictadura fascista- decidiera abrazarse a los principios socialistas que todavía emanaban de la antigua URSS. Por eso, se volcaron en organizar una Transición lenta, orquestada y supuestamente plural con la legalización de los partidos políticos. El único objetivo era que el nuevo PSOE ocupara el espectro de la izquierda, aniquilando al Partido Comunista de España que en aquel momento era quien verdaderamente tenía el apoyo social y estaba protagonizando y organizando las luchas en la calle.
Pero, ¿cómo dar peso a ese apoyo? Si en algún momento saltaba a la luz que Suresnes había sido preparado con el apoyo del SECED y de la CIA, la estrategia podría venirse abajo. “Le pedimos a Willy Brandt, líder del partido socialdemócrata alemán, que le diera la patente al sector renovador del PSOE. La operación salió perfecta. Felipe González fue el hombre más importante de la Transición y el que mejor la comprendió. No tuvo ninguna duda de que había que conservar la monarquía”, explica Fernández Monzón. Añadiría que salió más que perfecta, pues en Suresnes también estuvieron François Mitterrand –líder socialista francés- y Bruno Pittermann, presidente en ese momento de la Internacional Socialista. Desde ese momento, la socialdemocracia alemana de Brandt y la CIA se turnaron en la dirección de la Transición española para aniquilar así a la izquierda comunista que se vio ahogada, sin fuerza y sin el apoyo suficiente para reconquistar el lugar que el PSOE le había robado. Sin embargo, el PSOE no tuvo solo que romper con sus principios, sino con algunas de sus promesas estrella, como la negativa a formar parte de la OTAN. Además de dar vía libre a EEUU para que llenara nuestro país de bases militares algo  a lo que se oponía Carrero Blanco y que, aseguran, le costó la vida. 

otan no

La próxima semana se cumplen 40 años de aquel Congreso que elevó a Felipe González a la cumbre de la socialdemocracia española a la vez que tumbaba los principios marxistas del partido que, desde que alcanzara el poder en 1982, se ha turnado con el Partido Popular en el Gobierno de España, siempre bajo las órdenes de EEUU y Alemania. Gracias a esta Transición orquestada, las víctimas del franquismo nunca fueron honradas y sus verdugos no recibieron el justo castigo que merecían. Y es que choca que solo un año después del cruel asesinato de Salvador Allende en Chile, amparado por el capitalismo impuesto por EEUU y su Escuela de Chicago, el PSOE español abandonara los principios socialistas para abrazarse a Milton Friedman y sus políticas neoliberales y privatizadoras. La jugada les salió bien. Han copado el poder desde entonces y han robado a manos llenas. Por eso, supongo que celebran tan felizmente la efeméride. Por suerte, ya no engañan a casi nadie.

No hay comentarios: