El amor al líder parece “indiscutible”, pero ¿son felices los coreanos? ¿Qué depara el futuro a este país tras la muerte de Kim Jong-Il?
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Personas abatidas tras la muerte de Kim Jong-Il |
“Mi dios es el gran líder, el Sol del siglo XXI”. Esta es la respuesta que da cualquier norcoreano si le preguntas su opinión sobre Kim il Sung o Kim Jong-Il. Pero, ¿lo dicen de corazón? Tras muchas horas estudiando el estilo de vida en Corea del Norte, puedo afirmar que sí. Tras la muerte del Líder Supremo, las escenas de dolor se multiplicaron en las calles de Pyongyang. Gran parte de los analistas occidentales aseguraron que esas muestras de dolor eran fingidas. Pues, sinceramente, creo que estaban equivocados. Los norcoreanos aman a su líder por encima de todas las cosas porque es lo que se les enseña desde que nacen. El líder es un ser sobrenatural que cuida y ama a todos los norcoreanos. El español Alejandro Cao de Benós asegura que se vive como “en una gran familia”. El líder les protege. “Kim Jong-Il es un padre que nos lo da todo, que no quiere nada para él”, explicaba Cao de Benós en una entrevista hace unos meses.
La historia ha sido reescrita. Tras la guerra de Corea (1950-1953), Kim il Sung se encargó de reconstruir todo el país para salvar así al pueblo norcoreano. Diseñó las ciudades y “consiguió” que se construyera una casa cada 4,54 minutos, según atestigua el Libro Oficial. Es más, el líder nunca se equivoca. “Si él no existe, nosotros no existimos”, repiten los norcoreanos insistentemente. Por eso no entienden que haya países como Estados Unidos que quieran acabar con él y con su sistema de gobierno.
¿La ignorancia da la felicidad?
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Arirang Games |
Sin duda. En Corea del Norte no hay acceso a Internet, solo existe una intranet donde el Gobierno coloca los documentos y libros que son necesarios para sus ciudadanos. Existe también un correo electrónico interno que es revisado por los censores y la policía. Hay una fuerte censura y sus bibliotecas son revisadas constantemente. Los pocos turistas que entran al país tienen que dejar en el aeropuerto sus teléfonos móviles, ordenadores y hasta libros y documentos impresos. No pueden pasear solos por las calles ni dirigirse sin intermediación a ningún ciudadano. No hay forma de filtrar información desde el exterior. Por tanto, los norcoreanos solo conocen la verdad absoluta que ofrece su gobierno. Y son felices, porque desde niños se les ha enseñado a amar al líder y a adorarlo como a un dios.
Claro ejemplo de ello son los Arirang Games, un festival anual único en el mundo donde unas 120.000 personas, tras ensayar durante meses, ofrecen al Líder Supremo una coreografía espectacular con una sincronización perfecta donde se narra la historia de Corea y de sus dos líderes supremos. Un espectáculo soberbio que se repite varias noches seguidas para agasajo de las autoridades locales.
Por tanto, viven convencidos de que tienen todo lo que pueden desear. Así que apenas hay disidentes. De hecho, los norcoreanos que consiguen traspasar la frontera y colarse en su vecino del sur necesitan pasar un par de meses en unos centros especiales para asimilar toda la información que les golpea de inmediato.
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Museo de la Amistad |
El Museo Internacional de la Amistad también ayuda a alimentar la idea de que todos los dirigentes mundiales rinden honores a su querido líder. Situado entre montañas, el museo acoge miles de regalos procedentes de todos los rincones del mundo. Una especie de santuario de ofrendas a Kim il Sung y Kim Jong-Il. Nadie sabe exactamente dónde se encuentra. Se prohíbe a los turistas hacer fotos o grabar en su interior y los norcoreanos tienen que visitarlo al menos una vez en su vida.
Esta semana, los cristianos celebran el nacimiento de su dios. Nadie se alarma por eso. Sin embargo, cuando el 15 de abril de 2012 el pueblo norcoreano celebre con ofrendas, plegarias y espectáculos varios el centenario del nacimiento del padre de su patria, Kim il Sung, desde Occidente se les tachará de locos y oprimidos. ¿Por qué? En mi opinión, no es más que un fanatismo religioso más.
Y aunque pasen hambre o tengan que hacer costosos trabajos durante horas bajo un severo orden militar, no se quejarán. No por miedo, sino por desconocimiento. Ellos viven en el país elegido por el líder. ¿Se podrían sentir más afortunados?
Campos de concentración
Imagen de un campo tomada por Google |
Desde Amnistía Internacional se ha denunciado la existencia de campos de concentración en Corea del Norte. Y aunque el gobierno intenta ocultarlo alegando que ya no hay ninguno activo, diversas imágenes tomadas vía satélite han demostrado su existencia. En estos campos de trabajos forzados hay delincuentes y disidentes, en total, unas 200.000 personas, según han denunciado algunos organismos internacionales. Está claro que su existencia ha de ser denunciada por la grave violación de los Derechos Humanos que se comete, pero si miramos las cifras, ese número de presos no llega ni al 0,8% de la población total de Corea del Norte. Con eso, lo que quiero demostrar es que apenas hay disidentes o delincuentes.
Si comparamos estas cifras con otros países, podemos comprobar por ejemplo que en Estados Unidos hay más de 2.300.000 personas en sus cárceles. En tanto por ciento, equivale al 0,75% de su población, es decir, una cifra similar a la de Corea del Norte.
En los campos coreanos, los delincuentes trabajan hasta su muerte construyendo carreteras, cultivando el campo durante horas, levantando edificios o incluso barriendo calzadas. Los disidentes o presos políticos van al llamado Campo 15, donde son adoctrinados. Si aprenden de memoria los textos de Kim Jong-il son liberados, aunque bajo vigilancia policial.
Plan nuclear

Aun así, según el Tratado de No Proliferación Nuclear, Corea del Norte, que abandonó este tratado en 2003, sería el país con menos cabezas nucleares de los que se sabe que poseen esta mortífera arma. No superaría las diez. Rusia o Estados Unidos tienen más de 5.000, Israel unas 500, las mismas que la UE (sumando las 300 de Francia y las 200 de Reino Unido). Sin embargo, Corea del Norte es el enemigo a batir por Occidente, a pesar de repetir una y otra vez que no harán uso de ellas siempre que nadie invada su país. “Los Imperialistas solo entienden de armas, por eso empezamos a desarrollar estas bombas”, explica Alejandro Cao de Benós. “Si no las tuviéramos, ya habríamos sido atacados como ha ocurrido en Afganistán, Irak o Libia”, concluye.
Reunificación
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Monumento a la reunificación en Pyongyang |
Uno de los objetivos perseguidos por Corea del Norte es la unificación con su vecino del sur. “Corea es solo una”, repiten insistentemente. Dividido en plena Guerra Fría, las dos Coreas han evolucionado de forma muy diferente. La autarquía del norte frente al capitalismo del sur. “Estados Unidos quiere una unificación a la alemana para acabar con el socialismo y crear un único estado capitalista”, asegura el español Cao de Benós. “Pero nosotros defendemos una confederación, es decir, un norte comunista y un sur capitalista con libre circulación de ciudadanos”, añade. Sin embargo, el gobierno conservador del sur no está por la labor.
Aun así, aunque las relaciones son tensas entre ambos países, su cooperación económica ha mejorado considerablemente tras la apertura por la que apostó Corea del Norte en 2004. Fue en ese año cuando se construyó la primera fase de un gran parque industrial destinado a empresas extranjeras y situado en la ciudad de Kaesong, al sur del país y muy cerca de la frontera con el vecino capitalista. De hecho, empresas alemanas ya han mostrado su interés por invertir en este gran parque. Tanto que el banco de Corea (del Sur) prevé que para 2012 se haya generado empleo para 725.000 norcoreanos en Kaesong, generando a su vez un beneficio anual para Corea del Norte de 500 millones de dólares.
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Ciudad industrial de Kaesong |
Pero como siempre, hay problemas. Y, casualmente, vienen de fuera, ya que Estados Unidos ha rechazado todos los productos surcoreanos producidos en la planta de Kaesong, un hecho que ha puesto freno a la negociación de acuerdo de libre comercio que Pyongyang negociaba con Seúl, ya que esto podría debilitar las relaciones con Washington. Asimismo, las peticiones del norte han frenado el desarrollo de la planta. Kim Jong-Il exigió mejorar los sueldos de los trabajadores norcoreanos y subió el precio de arrendamiento. Fue entonces cuando Corea del Sur decidió invertir menos en esta planta al no tener los beneficios de los primeros años.
Conclusiones
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Desfile militar en Pyongyang |
Tras este extenso análisis sobre la situación y el estilo de vida en Corea del Norte, creo que las conclusiones son obvias. La sociedad está especialmente entregada a sus líderes, y en caso de invasión o ataque extranjero, no dudarán en unirse para defender su patria. Además, viven por y para el ejército desde niños. El gobierno coreano trabaja en generar odio hacia el imperialismo estadounidense. Año tras año, miles de niños visitan museos de tortura (para ver cómo el ejército americano acribillaba al pueblo norcoreano en la guerra de Corea), ven documentales antiimperialistas o aprenden canciones y consignas a favor de su patria y de sus líderes. En Corea del Norte no se conoce el blues, el rock o el jazz. No lo necesitan. Su música gira exclusivamente en torno a la salvaguardia de la patria, de las tradiciones y de los líderes. “Mataremos a los perros estadounidenses”, cantan una y otra vez desde que nacen.
Además, con el cuarto ejército más grande del mundo y con un arsenal nuclear probado, atacar a este país podría suponer más de un quebradero de cabeza a Occidente.
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La muerte de Kim Jong-Il abre el debate de la sucesión |
Por otro lado, el norcoreano es feliz. Es feliz como eran los protagonistas de “Un mundo feliz” de A. Huxley o los de “1984” de Orwell. El intenso cerrojazo informativo, acompañado de una propaganda política constante, lleva a que sus ciudadanos no cuestionen, no pregunten y no piensen más allá de lo que se les cuenta. Aprenden a tocar instrumentos musicales de forma soberbia para complacer al líder y salvar las tradiciones de la patria. Comen la comida que se les facilita y no se cuestionan sobre si podrían o no comer más cantidad o alimentos diferentes. A nuestros ojos, su situación es penosa, pero ellos saben que viven en el país elegido por el líder y, ese es el mayor de los regalos. Y por eso, lo defenderán con su vida si es necesario.